1 En el octavo
mes del año segundo de Darío fue dirigida la palabra de Yahveh al profeta
Zacarías (hijo de Berekías), hijo de Iddó, en estos términos:
2 «Yahveh se ha
irritado mucho contra vuestros padres.»
3 Les dirás: «Así
dice Yahveh Sebaot: Volveos a mí - oráculo de Yahveh Sebaot - y yo me
volveré a vosotros, dice Yahveh Sebaot.
4 No seáis como
vuestros padres, a quienes los antiguos profetas gritaban así: "¡Volveos de
vuestros malos caminos y de vuestras malas obras!" Pero ellos no escucharon
ni me hicieron caso - oráculo de Yahveh -.
5 Vuestros padres
¿dónde están? Y los profetas ¿van a vivir por siempre?
6 Sin embargo,
mis palabras y preceptos que yo había prescrito a mis siervos los profetas
¿no alcanzaron a vuestros padres? Por eso se volvieron ellos y dijeron:
"Como Yahveh Sebaot había decidido tratarnos, según nuestros caminos y
nuestras obras, así nos ha tratado".»
7 El día
veinticuatro del undécimo mes (que es el mes de Sebat), el año segundo de
Darío, fue dirigida la palabra de Yahveh al profeta Zacarías (hijo de
(Berekías), hijo de Iddó, en estos términos:
8 He tenido una
visión esta noche. Era un hombre que montaba un caballo rojo; estaba de pie
entre los mirtos que hay en la hondonada; detrás de él, caballos rojos,
alazanes y blancos.
9 Yo dije:
«¿Quiénes son éstos, señor mío?» El ángel que hablaba conmigo me dijo: «Yo
te enseñaré quiénes son éstos.»
10 Y el hombre
que estaba entre los mirtos intervino y dijo: «Estos son los que ha enviado
Yahveh a recorrer la tierra.»
11 Entonces ellos
se dirigieron al ángel de Yahveh que estaba entre los mirtos y dijeron:
«Hemos recorrido la tierra y hemos visto que toda la tierra vive en paz.»
12 Tomó la
palabra el ángel de Yahveh y dijo: «Oh Yahveh Sebaot, ¿hasta cuándo seguirás
sin apiadarte de Jerusalén y de las ciudades de Judá, contra las cuales
estás irritado desde hace setenta años?»
13 Yahveh
respondió al ángel que hablaba conmigo palabras buenas, palabras de
consuelo.
14 Y el ángel que
hablaba conmigo me dijo: «Clama y di: Así dice Yahveh Sebaot: Celoso estoy
por Jerusalén y por Sión con gran celo,
15 y con gran
irritación irritado contra las naciones que se sienten seguras, y que,
cuando yo estaba poco irritado, contribuyeron al mal.
16 Por eso, así
dice Yahveh: A Jerusalén me vuelvo con piedad: en ella será reedificada mi
Casa - oráculo de Yahveh Sebaot - y el cordel será tendido sobre Jerusalén.
17 Clama también
y di: Así dice Yahveh Sebaot: Aún han de rebosar mis ciudades de bienes; aún
consolará Yahveh a Sión y aún elegirá a Jerusalén.»
1 Alcé luego mis
ojos y tuve una visión: Eran cuatro cuernos.
2 Y dije al ángel
que hablaba conmigo: «¿Qué son éstos?» Me dijo: «Son los cuernos que
dispersaron a Judá (a Israel) y a Jerusalén.»
3 Yahveh me hizo
ver después cuatro herreros.
4 Y dije: «¿Qué
vienen a hacer éstos?» El habló y dijo: «(Aquellos son los cuernos que
dispersaron a Judá, hasta que nadie osó levantar cabeza.) Y éstos han venido
a espantarlos (a abatir los cuernos de las naciones que alzaron el cuerno
contra la tierra de Judá para dispersarla).»
5 Alcé los ojos y
tuve una visión: Era un hombre con una cuerda de medir en la mano.
6 Le dije: «¿A
dónde vas?» Me dijo: «A medir a Jerusalén, a ver cuánta es su anchura y
cuánta su longitud.»
7 En esto, salió
el ángel que hablaba conmigo, y otro ángel salió a su encuentro
8 y le dijo:
«Corre, habla a ese joven y dile: Como las ciudades abiertas será habitada
Jerusalén, debido a la multitud de hombres y ganados que habrá dentro de
ella.
9 Y yo seré para
ella - oráculo de Yahveh - muralla de fuego en torno, y dentro de ella seré
gloria.»
10 ¡Hala, hala,
huid del país del Norte - oráculo de Yahveh, - ya que a los cuatro vientos
del cielo os esparcí yo! - oráculo de Yahveh -
11 ¡Hala,
sálvate, Sión, tú que moras en Babilonia!
12 Pues así dice
Yahveh Sebaot que tras la gloria me ha enviado a las naciones que os
despojaron: «El que os toca a vosotros a la niña de mi ojo toca.»
13 He aquí que yo
alzo mi mano contra ellas, y serán despojo de sus mismos esclavos. Sabréis
así que Yahveh Sebaot me ha enviado.
14 Grita de gozo
y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti,
oráculo de Yahveh.
15 Muchas
naciones se unirán a Yahveh aquel día: serán para mí un pueblo, y yo moraré
en medio de ti. Sabrás así que Yahveh Sebaot me ha enviado a ti.
16 Poseerá Yahveh
a Judá, porción suya en la Tierra Santa, y elegirá de nuevo a Jerusalén.
17 ¡Silencio,
toda carne, delante de Yahveh, porque él se despierta de su santa Morada!
1 Me hizo ver
después al sumo sacerdote Josué, que estaba ante el ángel de Yahveh; a su
derecha estaba el Satán para acusarle.
2 Dijo el ángel
de Yahveh al Satán: «¡Yahveh te reprima, Satán, reprímate Yahveh, el que ha
elegido a Jerusalén! ¿No es éste un tizón sacado del fuego?»
3 Estaba Josué
vestido de ropas sucias, en pie delante del ángel.
4 Tomó éste la
palabra y habló así a los que estaban delante de él: «¡Quitadle esas ropas
sucias y ponedle vestiduras de fiesta; le dijo: «Mira, yo he pasado por alto
tu culpa.»
5 Y colocad en su
cabeza una tiara limpia!» Se le vistió de vestiduras de fiesta y se le
colocó en la cabeza la tiara limpia. El ángel de Yahveh que seguía en pie.
6 Luego el ángel
de Yahveh advirtió a Josué diciendo:
7 «Así dice
Yahveh Sebaot: Si andas por mis caminos y guardas mis prescripciones, tú
gobernarás mi Casa, y tú mismo guardarás mis atrios: yo te daré plaza entre
estos que están aquí.»
8 Escucha, pues,
Josué, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan en tu presencia -
pues son hombres de presagio -: He aquí que yo voy a traer a mi siervo
«Germen».
9 Y he aquí la
piedra que yo pongo delante de Josué; en esta única piedra hay siete ojos;
yo mismo grabaré su inscripción - oráculo de Yahveh Sebaot - y quitaré la
culpa de esta tierra en un solo día.
10 Aquel día -
oráculo de Yahveh Sebaot - os invitaréis unos a otros bajo la parra y bajo
la higuera.
1 Volvió el ángel
que hablaba conmigo y me despertó como a un hombre que es despertado de su
sueño.
2 Y me dijo:
«¿Qué ves?» Dije: «Veo un candelabro todo de oro, con una ampolla en su
vértice: tiene siete lámparas y siete boquillas para las siete lámparas que
lleva encima.
3 Hay también dos
olivos junto a él, uno a su derecha y el otro a su izquierda.»
4 Proseguí y dije
al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué es esto, señor mío?»
5 Me respondió el
ángel que hablaba conmigo y me dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi
señor.»
6 Prosiguió él y
me habló así: Esta es la palabra de Yahveh a Zorobabel. No por el valor ni
por la fuerza, sino sólo por mi Espíritu - dice Yahveh Sebaot -.
7 ¿Quién eres tú,
gran monte? Ante Zorobabel serás una explanada, y él extraerá la piedra de
remate, a los gritos de «¡Bravo, bravo por ella!».
8 Me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
9 Las manos de
Zorobabel echaron el cimiento a esta Casa y sus manos la acabarán; (sabréis
así que Yahveh Sebaot me ha enviado a vosotros).
10 ¿Quién
menospreció el día de los modestos comienzos? ¡Se alegrará al ver la plomada
en la mano de Zorobabel! « Esos siete son los ojos de Yahveh: ellos recorren
toda la tierra.»
11 Entonces tomé
la palabra y le dije: «¿Qué son esos dos olivos a derecha e izquierda del
candelabro?»
12 (Añadí de
nuevo y le dije: «¿Qué son las dos ramas de olivo que por los dos tubos de
oro vierten de sí aceite dorado?»)
13 El me habló y
dijo: «¿No sabes qué es esto?» Dije: «No, mi señor.»
14 Y él me dijo:
«Estos son los dos Ungidos que están en pie junto al Señor de toda la
tierra.»
1 Volví a alzar
los ojos y tuve una visión: Era un rollo volando.
2 Y me dijo el
ángel: «¿Qué ves?» Respondí: «Veo un rollo volando, de veinte codos de largo
y veinte de ancho.»
3 Me dijo: «Eso
es la Maldición que sale sobre la haz de toda esta tierra. Pues todo ladrón
será, según ella, echado de aquí, y todo el que jura será, según ella,
echado de aquí.
4 Yo la he hecho
salir - oráculo de Yahveh Sebaot - para que entre en casa del ladrón y en
casa del que jura por mi nombre en falso, para que se aloje en medio de su
casa y la consuma, con su maderamen y sus piedras.»
5 Salió el ángel
que hablaba conmigo y me dijo: «Alza ahora tus ojos y mira qué es eso que
sale.»
6 Yo dije: «¿Qué
es?» Dijo: «Es la medida que sale.» Y añadió: «Esta es la culpa de ellos en
todo el país.»
7 En esto, se
levantó la tapa de plomo y había una Mujer sentada en medio de la medida.
8 Dijo él: «Esta
es la Maldad.» La echó dentro de la medida y volvió a poner la tapa de plomo
en su boca.
9 Alcé luego los
ojos y tuve una visión: Dos mujeres aparecieron, con viento en sus alas,
porque tenían alas como de cigüeña. Y levantaron la medida entre la tierra y
el cielo.
10 Dije entonces
al ángel que hablaba conmigo: «¿A dónde llevan ésas la medida?»
11 Me respondió:
«Van a edificarle una casa en el país de Senaar, y cuando esté a punto será
colocada allí sobre su base.»
1 Alcé otra vez
los ojos y tuve una visión: Eran cuatro carros que salían de entre dos
montes; y los montes eran montes de bronce.
2 En el primer
carro había caballos rojos, en el segundo carro caballos negros,
3 en el tercer
carro caballos blancos, y en el cuarto carro caballos tordos.
4 Tomé la palabra
y dije al ángel que hablaba conmigo: «¿Qué son éstos, señor mío?»
5 El ángel
respondió y me dijo: «Son los cuatro vientos del cielo que salen después de
presentarse ante el Señor de toda la tierra.
6 Donde están los
caballos negros, salen hacía el país del norte; los blancos salen detrás de
ellos y los tordos salen hacía el país del sur.»
7 Briosos salían,
impacientes por recorrer la tierra. Les dijo: «Id, recorred la tierra.» Y
recorrieron la tierra.
8 Y a mí me gritó
y me habló así: «Mira, los que salen hacia el país del norte van a aplacar
mi espíritu en el país del norte.»
9 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
10 «Haz una
colecta entre los deportados: Jelday, Tobías y Yedaías; vienes aquel día y
entras en la casa de Josías, hijo de Sefanías, a donde han llegado de
Babilonia,
11 tomas la plata
y el oro, haces una corona, la pones en la cabeza del sumo sacerdote Josué,
hijo de Yehosadaq,
12 y le hablas de
esta manera: Así dice Yahveh Sebaot: He aquí un hombre cuyo nombre es
Germen: debajo de él habrá germinación (y él edificará el Templo de Yahveh).
13 El edificará
el Templo de Yahveh; él llevará las insignias reales, se sentará y dominará
en su trono; habrá un sacerdote a su derecha, y consejo de paz habrá entre
ellos dos.
14 Será la corona
para Jelday, Tobías y Yedaías, y para el hijo de Sefanías, un memorial de
gracia en el Templo de Yahveh.
15 Y los que
están lejos vendrán y reedificarán el Templo de Yahveh. Sabréis entonces que
Yahveh Sebaot me ha enviado a vosotros. Así será si de verdad escucháis la
voz de Yahveh vuestro Dios.»
1 El año cuarto
del rey Darío, la palabra de Yahveh fue dirigida a Zacarías, el día cuatro
del noveno mes, el mes de Kisléu.
2 Betel había
enviado a Sar Eser y a Réguem Mélek, con su gente, a ablandar el rostro de
Yahveh,
3 y a decir a los
sacerdotes de la Casa de Yahveh Sebaot y a los profetas: «¿Deberé llorar en
el quinto mes haciendo abstinencia como lo he hecho durante tantos años?»
4 Me fue dirigida
la palabra de Yahveh en estos términos:
5 Habla a todo el
pueblo de la tierra y a los sacerdotes y di: «Cuando habéis ayunado y
plañido, en el quinto y séptimo mes, y esto durante setenta años, ¿habéis
ayunado de verdad por mí?
6 Y cuando coméis
y bebéis, ¿no sois vosotros los que coméis y bebéis?
7 ¿No conocéis
las palabras que Yahveh proclamó por ministerio de los antiguos profetas,
cuando Jerusalén vivía en paz, con sus ciudades de alrededor, y estaban
habitados el Négueb y la Tierra Baja?
8 (La palabra de
Yahveh fue dirigida a Zacarías en estos términos:
9 Así dijo Yahveh
Sebaot): Juicio fiel juzgad, y amor y compasión practicad cada cual con su
hermano.
10 No oprimáis a
la viuda, al huérfano, al forastero, ni al pobre; y no maquinéis mal uno
contra otro en vuestro corazón.
11 Para ellos no
quisieron hacer caso; hombro rebelde presentaron y endurecieron sus oídos
para no escuchar;
12 su corazón
hicieron de diamante para no oír la Ley y las palabras que Yahveh Sebaot
había dirigido por su espíritu, por ministerio de los antiguos profetas.
Hubo entonces gran enojo de Yahveh Sebaot.
13 Y sucedió que,
como él había clamado y ellos no habían escuchado, así ellos clamaban y yo
no les escuchaba, dice Yahveh Sebaot.
14 Sino que los
dispersé entre todas las naciones que no conocían, y la tierra quedó
devastada detrás de ellos: ya nadie iba ni venía. Y así convirtieron una
tierra de delicias en desolación.»
1 Fue dirigida la
palabra de Yahveh en estos términos:
2 Así dice Yahveh
Sebaot: Con gran celo he celado a Sión, con gran ira la he celado.
3 Así dice
Yahveh: Me he vuelto a Sión, y en medio de Jerusalén habito. Jerusalén se
llamará Ciudad-de-Fidelidad, y el monte de Yahveh Sebaot, Monte-de-Santidad.
4 Así dice Yahveh
Sebaot: Aún se sentarán viejos y viejas en las plazas de Jerusalén, cada
cual con su bastón en la mano, por ser muchos sus días;
5 las plazas de
la ciudad se llenarán de muchachos y muchachas en sus plazas jugando.
6 Así dice Yahveh
Sebaot: Si ello parece imposible a los ojos del Resto de este pueblo, en
aquellos días, ¿también a mis ojos va a ser imposible?, oráculo de Yahveh
Sebaot.
7 Así dice Yahveh
Sebaot: He aquí que yo salvo a mi pueblo del país del oriente y del país
donde se pone el sol;
8 voy a traerlos
para que moren en medio de Jerusalén. Y serán mi pueblo y yo seré su Dios
con fidelidad y con justicia.
9 Así dice Yahveh
Sebaot: Reafírmense vuestras manos, vosotros que oís en estos días esas
palabras de la boca de los profetas, desde el día en que se echaron los
cimientos de la Casa de Yahveh Sebaot, para la reconstrucción del Templo.
10 Porque hasta
estos días no había paga para los hombres ni paga para el ganado; paz
ninguna había, a causa del enemigo, para el que salía y entraba, y yo había
dado rienda suelta a todos los hombres unos contra otros.
11 Pero ahora ya
no soy yo para el Resto de este pueblo como en días pasados, oráculo de
Yahveh Sebaot.
12 Porque hay
simiente de paz: la vid dará su fruto, la tierra dará su producto y los
cielos darán su rocío; yo daré en posesión al Resto de este pueblo todas
estas cosas.
13 Y sucederá que
así como habéis sido maldición entre las naciones, casa de Judá y casa de
Israel, así os salvaré yo, y seréis bendición; ¡no tengáis miedo, y que se
reafirmen vuestras manos!
14 Pues así dice
Yahveh Sebaot: Como yo había decidido haceros mal, cuando me irritaron
vuestros padres - dice Yahveh Sebaot - y no me arrepentí de ello,
15 así en cambio
he decidido en estos días hacer bien a Jerusalén y a la casa de Judá: ¡no
temáis!
16 He aquí las
cosas que debéis hacer: Decid verdad unos a otros; juicio de paz juzgad en
vuestras puertas;
17 mal unos
contra otros no meditéis en vuestro corazón, y juramento falso no améis,
porque todas estas cosas las odio yo, oráculo de Yahveh.
18 La palabra de
Yahveh me fue dirigida en estos términos:
19 «Así dice
Yahveh Sebaot: El ayuno del cuarto mes, el ayuno del quinto, el ayuno del
séptimo y el ayuno del décimo se convertirán para la casa de Judá en
regocijo, alegría y faustas solemnidades. Amad, pues, la verdad y la paz.»
20 Así dice
Yahveh Sebaot: Todavía habrá pueblos que vengan, y habitantes de grandes
ciudades.
21 Y los
habitantes de una ciudad irán a la otra diciendo: «Ea, vamos a ablandar el
rostro de Yahveh y a buscar a Yahveh Sebaot: ¡yo también voy!»
22 Y vendrán
pueblos numerosos y naciones poderosas a buscar a Yahveh Sebaot en
Jerusalén, y a ablandar el rostro de Yahveh.
23 Así dice
Yahveh Sebaot: En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas de las
naciones asirán por la orla del manto a un judío diciendo: «Queremos ir con
vosotros, porque hemos oído decir que Dios está con vosotros.»
1 Oráculo. La
palabra de Yahveh, en el país de Jadrak y en Damasco, su reposo; porque de
Yahveh es la fuente de Aram, como todas las tribus de Israel;
2 y también Jamat
que está en su frontera, (Tiro) y Sidón, la que es tan sabia.
3 Se ha
construido Tiro una fortaleza, ha amontonado plata como polvo y oro como
barro de las calles.
4 He aquí que el
Señor va a apoderarse de ello: hundirá en el mar su poderío, y ella misma
será devorada por el fuego.
5 Ascalón lo verá
y temerá, Gaza también, y se retorcerá de dolor y Ecrón, pues su esperanza
ha fracasado; desaparecerá de Gaza el rey, Ascalón no será ya habitada,
6 y un bastardo
habitará en Asdod. Yo truncaré el orgullo de los filisteos;
7 quitaré su
sangre de su boca, y sus abominaciones de sus dientes. Quedará él también
como resto para nuestro Dios, será como un familiar en Judá, y Ecrón será
como el jebuseo.
8 Yo acamparé
junto a mi Casa como guardia contra quien va y quien viene; y no pasará más
opresor sobre ellos, porque ahora miro yo con mis ojos.
9 ¡Exulta sin
freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene
a ti tu rey: justo él y victorioso, humilde y montado en un asno, en un
pollino, cría de asna.
10 El suprimirá
los cuernos de Efraím y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de
combate, y él proclamará la paz a las naciones. Su dominio irá de mar a mar
y desde el Río hasta los confines de la tierra.
11 En cuanto a
ti, por la sangre de tu alianza, yo soltaré a tus cautivos de la fosa en la
que no hay agua.
12 Volved a la
fortaleza, cautivos de la esperanza; hoy mismo, yo lo anuncio, el doble te
he de devolver.
13 Porque he
entesado para mí a Judá, el arco he cargado con Efraím. Voy a incitar a tus
hijos, Sión, contra tus hijos, Yaván, y te haré como espada de un bravo.
14 Yahveh
aparecerá sobre ellos, y saldrá como relámpago su flecha; (el Señor) Yahveh
tocará el cuerno y avanzará en los torbellinos del sur.
15 Yahveh Sebaot
los escudará; y devorarán y pisotearán las piedras de la honda, beberán la
sangre como vino, y se llenarán como copa de aspersiones, como los cuernos
del altar.
16 Los salvará
Yahveh su Dios el día aquel, como rebaño de su pueblo, porque serán piedras
de diadema refulgentes sobre su suelo.
17 ¡Qué
espléndido será, qué hermoso! El trigo hará florecer a los mancebos y el
mosto a las doncellas.
1 Pedid a Yahveh
la lluvia en tiempo de primavera. Yahveh, el que hace las nubes de tormenta,
lluvia copiosa les dará, hierba en su campo a cada uno.
2 Porque los
terafim predicen falsedad y los adivinos ven mentira, porque sueños de
ilusión predicen y con cosa vana quieren consolar, por eso emigran ellos
como ovejas, abatidos porque no hay pastor.
3 Contra los
pastores arde mi cólera y a los machos cabríos visitaré. Cuando Yahveh
Sebaot visite a su rebaño, la Casa de Judá, hará de ellos como su caballo de
honor en el combate.
4 De él saldrá el
Angulo, de él la Clavija, de él el Arco de combate, de él todos los
Caudillos. Juntos
5 serán como
bravos que pisarán el barro de las calles en el combate; combatirán, porque
Yahveh está con ellos, y serán confundidos los que montan caballos.
6 Yo haré fuerte
la casa de Judá y victoriosa la casa de José; los recobraré porque me apiado
de ellos, y serán como si yo no los hubiera desechado, pues yo soy Yahveh su
Dios, y los atenderé.
7 Como bravos
serán los de Efraím, estará alegre su corazón como de vino; sus hijos lo
verán y se alegrarán, exultará en Yahveh su corazón.
8 Yo les silbaré
para reunirlos, pues los he rescatado, y serán tan numerosos como eran.
9 Yo los sembré
entre los pueblos, mas en lejanas tierras se acordarán de mí, criarán a sus
hijos y retornarán.
10 Los haré
volver del país de Egipto, de Asur los recogeré, y los conduciré al país de
Galaad y al Líbano, donde no habrá bastante para ellos.
11 Atravesarán el
mar de la angustia, (él herirá en el mar las ondas), y quedarán secas todas
las honduras del Nilo. Será abatido el orgullo de Asur, y el cetro de Egipto
llegará a su fin.
12 Yo los haré
fuertes en Yahveh, y en su Nombre marcharán, oráculo de Yahveh.
1 Abre tus
puertas, Líbano, y el fuego devore tus cedros.
2 Gime, ciprés,
porque ha caído el cedro, porque los majestuosos han sido arrasados. Gemid,
encinas de Basán, porque ha sido abatida la selva impenetrable.
3 Se oye gemido
de pastores, porque ha sido arrasado su esplendor, se oye rugido de leones,
porque ha sido arrasada la gloria del Jordán.
4 Así dice Yahveh
mi Dios: Apacienta las ovejas de matadero,
5 esas que sus
compradores matan impunemente, mientras sus vendedores dicen: «¡Bendito sea
Yahveh; ya soy rico!», y a las que no perdonan los pastores.
6 Pues yo no
perdonaré más a los habitantes de esta tierra, oráculo de Yahveh; mas he
aquí que voy a entregar a los hombres, a cada uno en manos de su vecino y en
manos de su rey; ellos aplastarán la tierra y yo no los libraré de sus
manos.
7 Apacenté, pues,
las ovejas de matadero destinadas a los tratantes de ovejas, y me procuré
dos cayados: a uno lo llamé «Gracia» y al otro «Vínculo». Me puse a
apacentar las ovejas,
8 y me deshice de
los tres pastores en un mes. Pero mi alma se impacientó con ellos y su alma
también se hastió de mí.
9 Entonces dije:
«¡No os apacentaré más; la que tenga que morir, que muera, la que tenga que
desaparecer, que desaparezca, y las que queden, que se coman unas a otras!»
10 Tomé luego mi
cayado «Gracia» y lo partí, para romper la alianza que Yahveh había
concluido con todos los pueblos.
11 Quedó roto
aquel día, y los tratantes de ovejas que me observaban supieron que era una
palabra de Yahveh.
12 Yo les dije:
«Si os parece bien, dadme mi jornal; sino, dejadlo.» Ellos pesaron mi
jornal: treinta siclos de plata.
13 Yahveh me
dijo: «¡Echalo al tesoro, esa lindeza de precio en que me han apreciado!»
Tomé, pues, los treinta siclos de plata y los eché en la Casa de Yahveh, en
el tesoro.
14 Después partí
mi segundo cayado «Vínculo», para romper la fraternidad entre Judá e Israel.
15 Yahveh me dijo
entonces: «Toma todavía el hato de un pastor necio.
16 Pues he aquí
que yo voy a suscitar en esta tierra un pastor que no hará caso de la oveja
perdida, ni buscará a la extraviada, ni curará a la herida, ni se ocupará de
la sana, sino que comerá la carne de la cebada, y hasta las uñas les
arrancará.
17 ¡Ay del pastor
inútil que abandona las ovejas! ¡Espada sobre su brazo y sobre su ojo
derecho; que su brazo se seque del todo, y del todo se oscurezca su ojo!»
1 Oráculo.
Palabra de Yahveh sobre Israel. Oráculo de Yahveh, el que despliega los
cielos, funda la tierra y forma el espíritu del hombre en su interior.
2 He aquí que yo
hago de Jerusalén una copa de vértigo para todos los pueblos del contorno
(durante el asedio contra Jerusalén).
2-b (y también
sobre Judá).
3 Aquel día haré
yo de Jerusalén una piedra de levantamiento para todos los pueblos: todos
los que la levanten se desgarrarán completamente. Y contra ella se
congregarán todas las naciones de la tierra.
4 Aquel día -
oráculo de Yahveh - heriré de aturdimiento a todo caballo, y a su caballero,
de locura. Y a todos los pueblos heriré de ceguera. (Mas sobre la casa de
Judá abriré mis ojos.)
5 Entonces dirán
en su corazón los jefes de Judá: «La fuerza de los habitantes de Jerusalén
está en Yahveh Sebaot su Dios.»
6 Aquel día haré
de los jefes de Judá como un brasero con fuego de leña, como una antorcha
con fuego de gavillas; y devorarán a derecha e izquierda a todos los pueblos
del contorno, mientras que Jerusalén será de nuevo habitada en su lugar.
7 Salvará Yahveh
en primer lugar a las tiendas de Judá, para que el prestigio de la casa de
David y el prestigio de los habitantes de Jerusalén no se crezca sobre Judá.
8 Aquel día
protegerá Yahveh a los habitantes de Jerusalén: el más flaco entre ellos
será aquel día como David, y la casa de David será como Dios, como un ángel
de Yahveh, al frente de ellos.
9 Aquel día me
dispondré a destruir a todas las naciones que vengan contra Jerusalén;
10 derramaré
sobre la casa de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de
gracia y de oración; y mirarán hacia mí. En cuanto a aquél a quien
traspasaron, harán lamentación por él como lamentación por hijo único, y le
llorarán amargamente como se llora amargamente a un primogénito.
11 Aquel día será
grande la lamentación en Jerusalén, como la lamentación de Hadad Rimmón en
la llanura de Meguiddó.
12 Y se lamentará
el país, cada familia aparte: la familia de la casa de David aparte y sus
mujeres aparte; la familia de la casa de Natán aparte y sus mujeres aparte;
13 la familia de
la casa de Leví aparte; y sus mujeres aparte; la familia de la casa de Semeí
aparte y sus mujeres aparte;
14 todas las
demás familias, cada familia aparte y sus mujeres aparte.
1 Aquel día habrá
una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén,
para lavar el pecado y la impureza.
2 Aquel día -
oráculo de Yahveh Sebaot - extirparé yo de esta tierra los nombres de los
ídolos y no se volverá a mentarlos; igualmente a los profetas y el espíritu
de impureza los quitaré de esta tierra.
3 Y, si todavía
alguien se pone a profetizar, le dirán su padre y su madre que le
engendraron: «¡No has de vivir tú, que dices mentiras en nombre de Yahveh!»
Y su padre y su madre que le engendraron le traspasarán mientras esté
profetizando.
4 Aquel día se
avergonzarán los profetas, cada cual de su visión, cuando profeticen, y no
se vestirán el manto de pelo con ánimos de mentir,
5 sino que dirán
cada uno: «¡Yo no soy profeta; soy un campesino, pues la tierra es mi
ocupación desde mi juventud!»
6 Y si alguien le
dice: «¿Y esas heridas que hay entre tus manos?», responderá: «Las he
recibido en casa de mis amigos.»
7 ¡Despierta,
espada, contra mi pastor, y contra el hombre de mi compañía!, oráculo de
Yahveh Sebaot. ¡Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas, y yo tornaré
mi mano contra los pequeños!
8 Y sucederá en
toda esta tierra - oráculo de Yahveh - que dos tercios serán en ella
exterminados (perecerán) y el otro tercio quedará en ella.
9 Yo meteré en el
fuego este tercio: los purgaré como se purga la plata y los probaré como se
prueba el oro. Invocará él mi nombre y yo le responderé; diré: «¡El es mi
pueblo!» y él dirá: «¡Yahveh es mi Dios!»
1 He aquí que
viene el Día de Yahveh en que serán repartidos tus despojos en medio de ti.
2 Yo reuniré a
todas las naciones en batalla contra Jerusalén. Será tomada la ciudad, las
casas serán saqueadas y violadas las mujeres. La mitad de la ciudad partirá
al cautiverio, pero el Resto del pueblo no será extirpado de la ciudad.
3 Saldrá entonces
Yahveh y combatirá contra esas naciones como el día en que él combate, el
día de la batalla.
4 Se plantarán
sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén,
al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a
occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al
norte y la otra mitad al sur.
5 Y huiréis al
valle de mis montes, porque el valle de los montes llegará hasta Yasol;
huiréis como huisteis a causa del terremoto en los días de Ozías, rey de
Judá. Y vendrá Yahveh mi Dios y todos los santos con él.
6 Aquel día no
habrá ya luz, sino frío y hielo.
7 Un día único
será - conocido sólo de Yahveh -: no habrá día y luego noche, sino que a la
hora de la tarde habrá luz.
8 Sucederá aquel
día que saldrán de Jerusalén aguas vivas, mitad hacia el mar oriental, mitad
hacia el mar occidental: las habrá tanto en verano como en invierno.
9 Y será Yahveh
rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único Yahveh y único su nombre!
10 Toda esta
tierra se tornará llanura, desde Gueba hasta Rimmón, al sur de Jerusalén. Y
ésta, encumbrada, será habitada en su lugar, desde la Puerta de Benjamín
hasta el emplazamiento de la antigua Puerta, es decir, hasta la Puerta de
los Ángulos, y desde la torre de Jananel hasta los Lagares del rey.
11 Se habitará en
ella y no habrá más anatema: ¡Jerusalén será habitada en seguridad!
12 Y ésta será la
plaga con que herirá Yahveh a todos los pueblos que hayan hecho la guerra a
Jerusalén: pudrirá su carne estando ellos todavía en pie, sus ojos se
pudrirán en sus cuencas, y su lengua se pudrirá en su boca.
13 Y cundirá
aquel día entre ellos un inmenso pánico de Yahveh: agarrará cada uno la mano
de su prójimo y levantarán la mano unos contra otros.
14 También Judá
combatirá en Jerusalén. Y serán reunidas las riquezas de todas las naciones
de alrededor: oro, plata y vestidos en cantidad inmensa.
15 Semejante será
la plaga de los caballos, mulos, camellos y asnos, y de todo el ganado que
haya en aquellos campamentos: ¡una plaga como ésa!
16 Y todos los
supervivientes de todas las naciones que hayan venido contra Jerusalén
subirán de año en año a postrarse ante el Rey Yahveh Sebaot y a celebrar la
fiesta de las Tiendas.
17 Y para aquella
familia de la tierra que no suba a Jerusalén a postrarse ante el Rey Yahveh
Sebaot no habrá lluvia.
18 Si la familia
de Egipto no sube ni viene, caerá sobre ella la plaga con que Yahveh herirá
a las naciones que no suban a celebrar la fiesta de las Tiendas.
19 Tal será el
castigo de Egipto y el castigo de todas las naciones que no suban a celebrar
la fiesta de las Tiendas.
20 Aquel día se
hallará en los cascabeles de los caballos: «Consagrado a Yahveh», y serán
las ollas en la Casa de Yahveh como copas de aspersión delante del altar.
21 Y toda olla,
en Jerusalén y Judá, estará consagrada a Yahveh Sebaot; todos los que
quieran sacrificar vendrán a tomar de ellas, y en ellas cocerán; y no habrá
más comerciante en la Casa de Yahveh Sebaot el día aquel.