1 ¿Qué diremos,
pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se
multiplique? ¡De ningún modo!
2 Los que hemos
muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él?
3 ¿O es que
ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en
su muerte?
4 Fuimos, pues,
con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que
Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre,
así también nosotros vivamos una vida nueva.
5 Porque si hemos
hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo
seremos por una resurrección semejante;
6 sabiendo que
nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido
este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado.
7 Pues el que
está muerto, queda librado del pecado.
8 Y si hemos
muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,
9 sabiendo que
Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la
muerte no tiene ya señorío sobre él.
10 Su muerte fue
un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para
Dios.
11 Así también
vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo
Jesús.
12 No reine,
pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus
apetencias.
13 Ni hagáis ya
de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más
bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y
vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios.
14 Pues el pecado
no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la
gracia.
15 Pues ¿qué?
¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? ¡De ningún
modo!
16 ¿No sabéis que
al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os hacéis esclavos de
aquel a quien obedecéis: bien del pecado, para la muerte, bien de
obediencia, para la justicia?
17 Pero gracias a
Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a
aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados,
18 y liberados
del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia. -
19 Hablo en
términos humanos, en atención a vuestra flaqueza natural -. Pues si en otros
tiempos ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y al
desorden hasta desordenaros, ofrecedlos igualmente ahora a la justicia para
la santidad.
20 Pues cuando
erais esclavos del pecado, erais libres respecto de la justicia.
21 ¿Qué frutos
cosechasteis entonces de aquellas cosas que al presente os avergüenzan? Pues
su fin es la muerte.
22 Pero al
presente, libres del pecado y esclavos de Dios, fructificáis para la
santidad; y el fin, la vida eterna.
23 Pues el
salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida
eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
1 ¿O es que
ignoráis, hermanos, - hablo a quienes entienden de leyes - que la ley no
domina sobre el hombre sino mientras vive?
2 Así, la mujer
casada está ligada por la ley a su marido mientras éste vive; mas, una vez
muerto el marido, se ve libre de la ley del marido.
3 Por eso,
mientras vive el marido, será llamada adultera si se une a otro hombre; pero
si muere el marido, queda libre de la ley, de forma que no es adultera si se
casa con otro.
4 Así pues,
hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por el
cuerpo de Cristo, para pertenecer a otro: a aquel que fue resucitado de
entre los muertos, a fin de que fructificáramos para Dios.
5 Porque, cuando
estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas, excitadas por la ley,
obraban en nuestros miembros, a fin de que produjéramos frutos de muerte.
6 Mas, al
presente, hemos quedado emancipados de la ley, muertos a aquello que nos
tenía aprisionados, de modo que sirvamos con un espíritu nuevo y no con la
letra vieja.
7 ¿Qué decir,
entonces? ¿Que la ley es pecado? ¡De ningún modo! Sin embargo yo no conocí
el pecado sino por la ley. De suerte que yo hubiera ignorado la
concupiscencia si la ley no dijera: = ¡No te des a la concupiscencia! =
8 Mas el pecado,
tomando ocasión por medio del precepto, suscitó en mi toda suerte de
concupiscencias; pues sin ley el pecado estaba muerto.
9 ¡Ah! ¡Vivía yo
un tiempo sin ley!, pero en cuanto sobrevino el precepto, revivió el pecado,
10 y yo morí; y
resultó que el precepto, dado para vida, me fue para muerte.
11 Porque el
pecado, tomando ocasión por medio del precepto, me = sedujo =, y por él, me
mató.
12 Así que, la
ley es santa, y santo el precepto, y justo y bueno.
13 Luego ¿se
habrá convertido lo bueno en muerte para mí? ¡De ningún modo! Sino que el
pecado, para aparecer como tal, se sirvió de una cosa buena, para procurarme
la muerte, a fin de que el pecado ejerciera todo su poder de pecado por
medio del precepto.
14 Sabemos, en
efecto, que la ley es espiritual, mas yo soy de carne, vendido al poder del
pecado.
15 Realmente, mi
proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que
aborrezco.
16 Y, si hago lo
que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena;
17 en realidad,
ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí.
18 Pues bien sé
yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el
bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo,
19 puesto que no
hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero.
20 Y, si hago lo
que no quiero, no soy yo quien lo obra, sino el pecado que habita en mí.
21 Descubro,
pues, esta ley: aun queriendo hacer el bien, es el mal el que se me
presenta.
22 Pues me
complazco en la ley de Dios según el hombre interior,
23 pero advierto
otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza
a la ley del pecado que está en mis miembros.
24 ¡Pobre de mí!
¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?
25 ¡Gracias sean
dadas a Dios por Jesucristo nuestro Señor! Así pues, soy yo mismo quien con
la razón sirve a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado.
1 Por
consiguiente, ninguna condenación pesa ya sobre los que están en Cristo
Jesús.
2 Porque la ley
del espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y
de la muerte.
3 Pues lo que era
imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo
enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden
al pecado, condenó el pecado en la carne,
4 a fin de que la
justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos una conducta, no
según la carne, sino según el espíritu.
5 Efectivamente,
los que viven según la carne, desean lo carnal; mas los que viven según el
espíritu, lo espiritual.
6 Pues las
tendencias de la carne son muerte; mas las del espíritu, vida y paz,
7 ya que las
tendencias de la carne llevan al odio a Dios: no se someten a la ley de
Dios, ni siquiera pueden;
8 así, los que
están en la carne, no pueden agradar a Dios.
9 Mas vosotros no
estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita
en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece;
10 mas si Cristo
está en vosotros, aunque el cuerpo haya muerto ya a causa del pecado, el
espíritu es vida a causa de la justicia.
11 Y si el
Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en
vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos dará también la
vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros.
12 Así que,
hermanos míos, no somos deudores de la carne para vivir según la carne,
13 pues, si vivís
según la carne, moriréis. Pero si con el Espíritu hacéis morir las obras del
cuerpo, viviréis.
14 En efecto,
todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
15 Pues no
recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien,
recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá,
Padre!
16 El Espíritu
mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de
Dios.
17 Y, si hijos,
también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que
sufrimos con él, para ser también con él glorificados.
18 Porque estimo
que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria
que se ha de manifestar en nosotros.
19 Pues la
ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de
Dios.
20 La creación,
en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que
la sometió, en la esperanza
21 de ser
liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa
libertad de los hijos de Dios.
22 Pues sabemos
que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.
23 Y no sólo
ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros
mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.
24 Porque nuestra
salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues
¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?
25 Pero esperar
lo que no vemos, es aguardar con paciencia.
26 Y de igual
manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no
sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede
por nosotros con gemidos inefables,
27 y el que
escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su
intercesión a favor de los santos es según Dios.
28 Por lo demás,
sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman;
de aquellos que han sido llamados según su designio.
29 Pues a los que
de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su
Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos;
30 y a los que
predestinó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos
también los glorificó.
31 Ante esto ¿qué
diremos? Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?
32 El que no
perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo
no nos dará con él graciosamente todas las cosas?
33 ¿Quién acusará
a los elegidos de Dios? = Dios es quien justifica. =
34 = ¿Quién
condenará? = ¿Acaso Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el
que está a la diestra de Dios, y que intercede por nosotros?
35 ¿Quién nos
separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la
persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?,
36 como dice la
Escritura: = Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas
destinadas al matadero. =
37 Pero en todo
esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó.
38 Pues estoy
seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni
lo presente ni lo futuro ni las potestades
39 ni la altura
ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios
manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.
1 Digo la verdad
en Cristo, no miento, - mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo
-,
2 siento una gran
tristeza y un dolor incesante en el corazón.
3 Pues desearía
ser yo mismo anatema, separado de Cristo, por mis hermanos, los de mi raza
según la carne,
4 - los
israelitas -, de los cuales es la adopción filial, la gloria, las alianzas,
la legislación, el culto, las promesas,
5 y los
patriarcas; de los cuales también procede Cristo según la carne, el cual
está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.
6 No es que haya
fallado la palabra de Dios. Pues no todos los descendientes de Israel son
Israel.
7 Ni por ser
descendientes de Abraham, son todos hijos. Sino que = «por Isaac llevará tu
nombre una descendencia»; =
8 es decir: no
son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de la promesa
se cuentan como descendencia.
9 Porque éstas
son las palabras de la promesa: = «Por este tiempo volveré; y Sara tendrá un
hijo.» =
10 Y más aún;
también Rebeca concibió de un solo hombre, nuestro padre Isaac;
11 ahora bien,
antes de haber nacido, y cuando no habían hecho ni bien ni mal - para que se
mantuviese la libertad de la elección divina,
12 que depende no
de las obras sino del que llama - le fue dicho a Rebeca: = El mayor servirá
al menor, =
13 como dice la
Escritura: = Amé a Jacob y odié a Esaú. =
14 ¿Qué diremos,
pues? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo!
15 Pues dice él a
Moisés: = Seré misericordioso con quien lo sea: me apiadaré de quien me
apiade. =
16 Por tanto, no
se trata de querer o de correr, sino de que Dios tenga misericordia.
17 Pues dice la
Escritura a Faraón: = Te he suscitado precisamente para mostrar en ti mi
poder, y para que mi nombre sea conocido en toda la tierra. =
18 Así pues, usa
de misericordia con quien quiere, y endurece a quien quiere.
19 Pero me dirás:
Entonces ¿de qué se enoja? Pues ¿quién puede resistir a su voluntad?
20 ¡Oh hombre!
Pero ¿quién eres tú para pedir cuentas a Dios? ¿Acaso = la pieza de barro
dirá a quien la modeló: "por qué me hiciste así"? =
21 O ¿es que el
alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos
nobles y otras para usos despreciables?
22 Pues bien, si
Dios, queriendo manifestar su cólera y dar a conocer su poder, soportó con
gran paciencia objetos de cólera preparados para la perdición,
23 a fin de dar a
conocer la riqueza de su gloria con los objetos de misericordia que de
antemano había preparado para gloria:
24 con nosotros,
que hemos sido llamados no sólo de entre los judíos sino también de entre
los gentiles...
25 Como dice
también en Oseas: = Llamaré pueblo mío al que no es mi pueblo: y amada mía a
la que no es mi amada. =
26 = Y en el
lugar mismo en que se les dijo: No sois mi pueblo, serán llamados: Hijos de
Dios vivo. =
27 Isaías también
clama en favor de Israel: = Aunque los hijos de Israel fueran numerosos como
las arenas del mar, sólo el resto será salvo. =
28 = Porque
pronta y perfectamente cumplirá el Señor su palabra sobre la tierra. =
29 Y como predijo
Isaías: = Si el Señor de los ejércitos no nos dejara una descendencia, como
Sodoma hubiéramos venido a ser, y semejantes a Gomorra. =
30 ¿Qué diremos,
pues? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, han hallado la justicia
- la justicia de la fe -
31 mientras
Israel, buscando una ley de justicia, no llegó a cumplir la ley.
32 ¿Por qué?
Porque la buscaba no en la fe sino en las obras. = Tropezaron contra la
piedra de tropiezo, =
33 como dice la
Escritura: = He aquí que pongo en Sión piedra de tropiezo y roca de
escándalo; mas el que crea en él, no será confundido.
1 Hermanos, el
anhelo de mi corazón y mi oración a Dios en favor de ellos es que se salven.
2 Testifico en su
favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento.
3 Pues
desconociendo la justicia de Dios y empeñándose en establecer la suya
propia, no se sometieron a la justicia de Dios.
4 Porque el fin
de la ley es Cristo, para justificación de todo creyente.
5 En efecto,
Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: = Quien la cumpla,
vivirá por ella. =
6 Mas la justicia
que viene de la fe dice así: = No digas = en tu corazón = ¿quién subirá al
cielo?, = es decir: para hacer bajar a Cristo;
7 o bien: ¿quién
bajará al abismo?, es decir: para hacer subir a Cristo de entre los muertos.
8 Entonces, ¿qué
dice? = Cerca de ti está la palabra: en tu boca y en tu corazón, = es decir,
la palabra de la fe que nosotros proclamamos.
9 Porque, si
confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le
resucitó de entre los muertos, serás salvo.
10 Pues con el
corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se confiesa para
conseguir la salvación.
11 Porque dice la
Escritura: = Todo el que crea en él no será confundido. =
12 Que no hay
distinción entre judío y griego, pues uno mismo es el Señor de todos, rico
para todos los que le invocan.
13 Pues = todo el
que invoque el nombre del Señor se salvará. =
14 Pero ¿cómo
invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no
han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique?
15 Y ¿cómo
predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: = ¡Cuán hermosos los
pies de los que anuncian el bien! =
16 Pero no todos
obedecieron a la Buena Nueva. Porque Isaías dice: = ¡Señor!, ¿quién ha
creído a nuestra predicación? =
17 Por tanto, la
fe viene de la predicación, y la predicación, por la Palabra de Cristo.
18 Y pregunto yo:
¿Es que no han oído? ¡Cierto que sí! = Por toda la tierra se ha difundido su
voz y hasta los confines de la tierra sus palabras. =
19 Pero pregunto:
¿Es que Israel no comprendió? Moisés es el primero en decir: = Os volveré
celosos de una que no es nación; contra una nación estúpida os enfureceré. =
20 Isaías, a su
vez, se atreve a decir: = Fui hallado de quienes no me buscaban; me
manifesté a quienes no preguntaban por mi. =
21 Mas a Israel
dice: = Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo incrédulo y rebelde. =
1 Y pregunto yo:
= ¿Es que ha rechazado Dios a su pueblo? = ¡De ningún modo! ¡Que también yo
soy israelita, del linaje de Abraham, de la tribu de Benjamín!
2 Dios no ha
rechazado a su pueblo, en quien de antemano puso sus ojos. ¿O es que
ignoráis lo que dice la Escritura acerca de Elías, cómo se queja ante Dios
contra Israel?
3 ¡Señor!, = han
dado muerte a tus profetas; han derribado tus altares; y he quedado yo solo
y acechan contra mi vida. =
4 Y ¿qué le
responde el oráculo divino? = Me he reservado 7.000 hombres que no han
doblado la rodilla ante Baal. =
5 Pues bien, del
mismo modo, también en el tiempo presente subsiste un resto elegido por
gracia.
6 Y, si es por
gracia, ya no lo es por las obras; de otro modo, la gracia no sería ya
gracia.
7 Entonces, ¿qué?
Que Israel no consiguió lo que buscaba; mientras lo consiguieron los
elegidos. Los demás se endurecieron,
8 como dice la
Escritura: = Dióles Dios un espíritu de embotamiento: ojos para no ver y
oídos para no oír, hasta el día de hoy. =
9 David también
dice: = Conviértase su mesa en trampa = y lazo, = en piedra de tropiezo y
justo pago, =
10 = oscurézcanse
sus ojos para no ver; agobia sus espaldas sin cesar. =
11 Y pregunto yo:
¿Es que han tropezado para quedar caídos? ¡De ningún modo! Sino que su caída
ha traído la salvación a los gentiles, para llenarlos de celos.
12 Y, si su caída
ha sido una riqueza para el mundo, y su mengua, riqueza para los gentiles
¡qué no será su plenitud!
13 Os digo, pues,
a vosotros, los gentiles: Por ser yo verdaderamente apóstol de los gentiles,
hago honor a mi ministerio,
14 pero es con la
esperanza de despertar celos en los de mi raza y salvar a alguno de ellos.
15 Porque si su
reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino
una resurrección de entre los muertos?
16 Y si las
primicias son santas, también la masa; y si la raíz es santa también las
ramas.
17 Que si algunas
ramas fueron desgajadas, mientras tú - olivo silvestre - fuiste injertado
entre ellas, hecho participe con ellas de la raíz y de la savia del olivo,
18 no te engrías
contra las ramas. Y si te engríes, sábete que no eres tú quien sostiene la
raíz, sino la raíz que te sostiene.
19 Pero dirás:
Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.
20 ¡Muy bien! Por
su incredulidad fueron desgajadas, mientras tú, por la fe te mantienes. ¡No
te engrías!; más bien, teme.
21 Que si Dios no
perdonó a las ramas naturales, no sea que tampoco a ti te perdone.
22 Así pues,
considera la bondad y la severidad de Dios: severidad con los que cayeron,
bondad contigo, si es que te mantienes en la bondad; que si no, también tú
serás desgajado.
23 En cuanto a
ellos, si no se obstinan en la incredulidad, serán injertados; que poderoso
es Dios para injertarlos de nuevo.
24 Porque si tú
fuiste cortado del olivo silvestre que eras por naturaleza, para ser
injertado contra tu natural en un olivo cultivado, ¡con cuánta más razón
ellos, según su naturaleza, serán injertados en su propio olivo!
25 Pues no quiero
que ignoréis, hermanos, este misterio, = no sea que presumáis de sabios: =
el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la
totalidad de los gentiles,
26 y así, todo
Israel será salvo, como dice la Escritura: = Vendrá de Sión el Libertador;
alejará de Jacob las impiedades. =
27 = Y esta será
mi Alianza con ellos, cuando haya borrado sus pecados. =
28 En cuanto al
Evangelio, son enemigos para vuestro bien; pero en cuanto a la elección
amados en atención a sus padres.
29 Que los dones
y la vocación de Dios son irrevocables.
30 En efecto, así
como vosotros fuisteis en otro tiempo rebeldes contra Dios, mas al presente
habéis conseguido misericordia a causa de su rebeldía,
31 así también,
ellos al presente se han rebelado con ocasión de la misericordia otorgada a
vosotros, a fin de que también ellos consigan ahora misericordia.
32 Pues Dios
encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de
misericordia.
33 ¡Oh abismo de
la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son
sus designios e inescrutables sus caminos!
34 En efecto, =
¿quién conoció el pensamiento de Señor? = O = ¿quién fue su consejero? = O =
¿quién le dio primero que tenga derecho a la recompensa? =
35 Porque de él,
por él y para él son todas las cosas. ¡A él la gloria por los siglos! Amén.
1 Os exhorto,
pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcáis vuestros cuerpos
como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto
espiritual.
2 Y no os
acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación
de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de
Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.
3 En virtud de la
gracia que me fue dada, os digo a todos y a cada uno de vosotros: No os
estiméis en más de lo que conviene; tened más bien una sobria estima según
la medida de la fe que otorgó Dios a cada cual.
4 Pues, así como
nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos
los miembros la misma función,
5 así también
nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo,
siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros.
6 Pero teniendo
dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada, si es el don de
profecía, ejerzámoslo en la medida de nuestra fe;
7 si es el
ministerio, en el ministerio; la enseñanza, enseñando;
8 la exhortación,
exhortando. El que da, con sencillez; el que preside, con solicitud; el que
ejerce la misericordia, con jovialidad.
9 Vuestra caridad
sea sin fingimiento; detestando el mal, adhiriéndoos al bien;
10 amándoos
cordialmente los unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros;
11 con un celo
sin negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al Señor;
12 con la alegría
de la esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración;
13 compartiendo
las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
14 Bendecid a los
que os persiguen, no maldigáis.
15 Alegraos con
los que se alegran; llorad con los que lloran.
16 Tened un mismo
sentir los unos para con los otros; sin complaceros en la altivez; atraídos
más bien por lo humilde; = no os complazcáis en vuestra propia sabiduría. =
17 Sin devolver a
nadie mal por mal; = procurando el bien = ante = todos los hombres: =
18 en lo posible,
y en cuanto de vosotros dependa, en paz con todos los hombres;
19 no tomando la
justicia por cuenta vuestra, queridos míos, dejad lugar a la Cólera, pues
dice la Escritura: = Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, = dice el
Señor.
20 Antes al
contrario: = si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale
de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza. =
21 No te dejes
vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.
1 Sométanse todos
a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de
Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas.
2 De modo que,
quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los
rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación.
3 En efecto, los
magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el
mal. ¿Quieres no temer la autoridad? Obra el bien, y obtendrás de ella
elogios,
4 pues es para ti
un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en
vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y
castigar al que obra el mal.
5 Por tanto, es
preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia.
6 Por eso
precisamente pagáis los impuestos, porque son funcionarios de Dios, ocupados
asiduamente en ese oficio.
7 Dad a cada cual
lo que se debe: a quien impuestos, impuestos; a quien tributo, tributo; a
quien respeto, respeto; a quien honor, honor.
8 Con nadie
tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo, ha
cumplido la ley.
9 En efecto, lo
de: = No adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás = y todos los
demás preceptos, se resumen en esta fórmula: = Amarás a tu prójimo como a ti
mismo. =
10 La caridad no
hace mal al prójimo. La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud.
11 Y esto,
teniendo en cuenta el momento en que vivimos. Porque es ya hora de
levantaros del sueño; que la salvación está más cerca de nosotros que cuando
abrazamos la fe.
12 La noche está
avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las
tinieblas y revistámonos de las armas de la luz.
13 Como en pleno
día, procedamos con decoro: nada de comilonas y borracheras; nada de
lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias.
14 Revestíos más
bien del Señor Jesucristo y no os preocupéis de la carne para satisfacer sus
concupiscencias.
1 Acoged bien al
que es débil en la fe, sin discutir opiniones.
2 Uno cree poder
comer de todo, mientras el débil no come más que verduras.
3 El que come, no
desprecie al que no come; y el que no come, tampoco juzgue al que come, pues
Dios le ha acogido.
4 ¿Quién eres tú
para juzgar al criado ajeno? Que se mantenga en pie o caiga sólo interesa a
su amo; pero quedará en pie, pues poderoso es el Señor para sostenerlo.
5 Este da
preferencia a un día sobre todo; aquél los considera todos iguales.
¡Aténgase cada cual a su conciencia!
6 El que se
preocupa por los días, lo hace por el Señor; el que come, lo hace por el
Señor, pues da gracias a Dios: y el que no come, lo hace por el Señor, y da
gracias a Dios.
7 Porque ninguno
de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo.
8 Si vivimos,
para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, ya
vivamos ya muramos, del Señor somos.
9 Porque Cristo
murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos.
10 Pero tú ¿por
qué juzgas a tu hermano? Y tú ¿por qué desprecias a tu hermano? En efecto,
todos hemos de comparecer ante el tribunal de Dios,
11 pues dice la
Escritura: = ¡Por mi vida!, = dice el Señor, = que toda rodilla se doblará
ante mí, y toda lengua bendecirá a Dios. =
12 Así pues, cada
uno de vosotros dará cuenta de sí mismo a Dios.
13 Dejemos, por
tanto, de juzgarnos los unos a los otros: juzgad más bien que no se debe
poner tropiezo o escándalo al hermano. -
14 Bien sé, y
estoy persuadido de ello en el Señor Jesús, que nada hay de suyo impuro; a
no ser para el que juzga que algo es impuro, para ése si lo hay -.
15 Ahora bien, si
por un alimento tu hermano se entristece, tú no procedes ya según la
caridad. ¡Que por tu comida no destruyas a aquel por quien murió Cristo!
16 Por tanto, no
expongáis a la maledicencia vuestro privilegio.
17 Que el Reino
de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu
Santo.
18 Toda vez que
quien así sirve a Cristo, se hace grato a Dios y aprobado por los hombres.
19 Procuremos,
por tanto, lo que fomente la paz y la mutua edificación.
20 No vayas a
destruir la obra de Dios por un alimento. Todo es puro, ciertamente, pero es
malo comer dando escándalo.
21 Lo bueno es no
comer carne, ni beber vino, ni hacer cosa que sea para tu hermano ocasión de
caída, tropiezo o debilidad.
22 La fe que tú
tienes, guárdala para ti delante de Dios. ¡Dichoso aquel que no se juzga
culpable a sí mismo al decidirse!
23 Pero el que
come dudando, se condena, porque no obra conforme a la fe; pues todo lo que
no procede de la buena fe es pecado.
1 Nosotros, los
fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no buscar
nuestro propio agrado.
2 Que cada uno de
nosotros trate de agradar a su prójimo para el bien, buscando su
edificación;
3 pues tampoco
Cristo buscó su propio agrado, antes bien, como dice la Escritura: = Los
ultrajes de los que te ultrajaron cayeron sobre mi. =
4 En efecto todo
cuanto fue escrito en el pasado, se escribió para enseñanza nuestra, para
que con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la
esperanza.
5 Y el Dios de la
paciencia y del consuelo os conceda tener los unos para con los otros los
mismos sentimientos, según Cristo Jesús,
6 para que
unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo.
7 Por tanto,
acogeos mutuamente como os acogió Cristo para gloria de Dios.
8 Pues afirmo que
Cristo se puso al servicio de los circuncisos a favor de la veracidad de
Dios, para dar cumplimiento a las promesas hechas a los patriarcas,
9 y para que los
gentiles glorificasen a Dios por su misericordia, como dice la Escritura: =
Por eso te bendeciré entre los gentiles y ensalzaré tu nombre. =
10 Y en otro
lugar: = Gentiles, regocijaos juntamente con su pueblo; =
11 y de nuevo: =
Alabad, gentiles todos, al Señor y cántenle himnos todos los pueblos. =
12 Y a su vez
Isaías dice: = Aparecerá el retoño de Jesé, el que se levanta para imperar
sobre los gentiles. En él pondrán los gentiles su esperanza. =
13 El Dios de la
esperanza os colme de todo gozo y paz en vuestra fe, hasta rebosar de
esperanza por la fuerza del Espíritu Santo.
14 Por mi parte
estoy persuadido, hermanos míos, en lo que a vosotros toca, de que también
vosotros estáis llenos de buenas disposiciones, henchidos de todo
conocimiento y capacitados también para amonestaros mutuamente.
15 Sin embargo,
en algunos pasajes os he escrito con cierto atrevimiento, como para reavivar
vuestros recuerdos, en virtud de la gracia que me ha sido otorgada por Dios,
16 de ser para
los gentiles ministro de Cristo Jesús, ejerciendo el sagrado oficio del
Evangelio de Dios, para que la oblación de los gentiles sea agradable,
santificada por el Espíritu Santo.
17 Tengo, pues,
de qué gloriarme en Cristo Jesús en lo referente al servicio de Dios.
18 Pues no me
atreveré a hablar de cosa alguna que Cristo no haya realizado por medio de
mi para conseguir la obediencia de los gentiles, de palabra y de obra,
19 en virtud de
señales y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios, tanto que desde
Jerusalén y en todas direcciones hasta el Ilírico he dado cumplimiento al
Evangelio de Cristo;
20 teniendo así,
como punto de honra, no anunciar el Evangelio sino allí donde el nombre de
Cristo no era aún conocido, para no construir sobre cimientos ya puestos por
otros,
21 antes bien,
como dice la Escritura: = Los que ningún anuncio recibieron de él, le verán,
y los que nada oyeron, comprenderán. =
22 Esa era la
razón por la cual siempre me veía impedido de llegar hasta vosotros.
23 Mas ahora, no
teniendo ya campo de acción en estas regiones, y deseando vivamente desde
hace muchos años ir donde vosotros,
24 cuando me
dirija a España... Pues espero veros al pasar, y ser encaminado por vosotros
hacia allá, después de haber disfrutado un poco de vuestra compañía.
25 Mas, por
ahora, voy a Jerusalén para el servicio de los santos,
26 pues Macedonia
y Acaya tuvieron a bien hacer una colecta en favor de los pobres de entre
los santos de Jerusalén.
27 Lo tuvieron a
bien, y debían hacérselo; pues si los gentiles han participado en sus bienes
espirituales, ellos a su vez deben servirles con sus bienes temporales.
28 Así que, una
vez terminado este asunto, y entregado oficialmente el fruto de la colecta,
partiré para España, pasando por vosotros.
29 Y bien sé que,
al ir a vosotros, lo haré con la plenitud de las bendiciones de Cristo.
30 Pero os
suplico, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu
Santo, que luchéis juntamente conmigo en vuestras oraciones rogando a Dios
por mí,
31 para que me
vea libre de los incrédulos de Judea, y el socorro que llevo a Jerusalén sea
bien recibido por los santos;
32 y pueda
también llegar con alegría a vosotros por la voluntad de Dios, y disfrutar
de algún reposo entre vosotros.
33 El Dios de la
paz sea con todos vosotros. Amén.
1 Os recomiendo a
Febe, nuestra hermana, diaconisa de la Iglesia de Cencreas.
2 Recibidla en el
Señor de una manera digna de los santos, y asistidla en cualquier cosa que
necesite de vosotros, pues ella ha sido protectora de muchos, incluso de mí
mismo.
3 Saludad a
Prisca y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús.
4 Ellos
expusieron sus cabezas para salvarme. Y no soy solo en agradecérselo, sino
también todas las Iglesias de la gentilidad;
5 saludad también
a la Iglesia que se reúne en su casa. Saludad a mi querido Epéneto,
primicias del Asia para Cristo.
6 Saludad a
María, que se ha afanado mucho por vosotros.
7 Saludad a
Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de prisión, ilustres entre los
apóstoles, que llegaron a Cristo antes que yo.
8 Saludad a
Ampliato, mi amado en el Señor.
9 Saludad a
Urbano, colaborador nuestro en Cristo; y a mi querido Estaquio.
10 Saludad a
Apeles, que ha dado buenas pruebas de sí en Cristo. Saludad a los de la casa
de Aristóbulo.
11 Saludad a mi
pariente Herodión. Saludad a los de la casa de Narciso, en el Señor.
12 Saludad a
Trifena y a Trifosa, que se han fatigado en el Señor. Saludad a la amada
Pérside, que trabajó mucho en el Señor.
13 Saludad a
Rufo, el escogido del Señor; y a su madre, que lo es también mía.
14 Saludad a
Asíncrito y Flegonta, a Hermes, a Patrobas, a Hermas y a los hermanos que
están con ellos.
15 Saludad a
Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, lo mismo que a Olimpas y a todos
los santos que están con ellos.
16 Saludaos los
unos a los otros con el beso santo. Todas las Iglesias de Cristo os saludan.
17 Os ruego,
hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra
la doctrina que habéis aprendido; apartaos de ellos,
18 pues esos
tales no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio vientre, y, por
medio de suaves palabras y lisonjas, seducen los corazones de los sencillos.
19 Vuestra
obediencia se ha divulgado por todas partes; por lo cual, me alegro de
vosotros. Pero quiero que seáis ingeniosos para el bien e inocentes para el
mal.
20 Y el Dios de
la paz aplastará bien pronto a Satanás bajo vuestros pies. La gracia de
nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.
21 Os saluda
Timoteo, mi colaborador, lo mismo que Lucio, Jasón y Sosípatro, mis
parientes.
22 Os saludo en
el Señor yo, Tercio, que he escrito esta carta.
23 Os saluda
Gayo, huésped mío y de toda la Iglesia.
25 Os saluda
Erasto, cuestor de la ciudad, y Cuarto, nuestro hermano. A Aquel que puede
consolidaros conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo:
revelación de un Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos,
26 pero
manifestado al presente, por la Escrituras que lo predicen, por disposición
del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la
fe,
27 a Dios, el
único sabio, por Jesucristo, ¡a él la gloria por los siglos de los siglos!
Amén.