"EVANGELIO SEGUN SAN MATEO"
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1 Cuando se
aproximaron a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos,
entonces envió Jesús a dos discípulos,
2 diciéndoles:
«Id al pueblo que está enfrente de vosotros, y enseguida encontraréis un
asna atada y un pollino con ella; desatadlos y traédmelos.
3 Y si alguien os
dice algo, diréis: El Señor los necesita, pero enseguida los devolverá.»
4 Esto sucedió
para que se cumpliese el oráculo del profeta:
5 = Decid a la
hija de Sión: He aquí que tu Rey viene a ti, manso y montado en un asna y un
pollino, hijo de animal de yugo. =
6 Fueron, pues,
los discípulos e hicieron como Jesús les había encargado:
7 trajeron el
asna y el pollino. Luego pusieron sobre ellos sus mantos, y él se sentó
encima.
8 La gente, muy
numerosa, extendió sus mantos por el camino; otros cortaban ramas de los
árboles y las tendían por el camino.
9 Y la gente que
iba delante y detrás de él gritaba: = «¡Hosanna = al Hijo de David! =
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna = en las alturas!»
10 Y al entrar él
en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió. «¿Quién es éste?» decían.
11 Y la gente
decía: «Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.»
12 Entró Jesús en
el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo;
volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas.
13 Y les dijo:
«Está escrito: = Mi Casa será llamada Casa de oración. = ¡Pero vosotros
estáis haciendo de ella una = cueva de bandidos!» =
14 También en el
Templo se acercaron a él algunos ciegos y cojos, y los curó.
15 Mas los sumos
sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños
que gritaban en el Templo: «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron
16 y le dijeron:
«¿Oyes lo que dicen éstos?» «Sí - les dice Jesús -. ¿No habéis leído nunca
que = De la boca de los niños y de los que aún maman te preparaste
alabanza?» =
17 Y dejándolos,
salió fuera de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.
18 Al amanecer,
cuando volvía a la ciudad, sintió hambre;
19 y viendo una
higuera junto al camino, se acercó a ella, pero no encontró en ella más que
hojas. Entonces le dice: «¡Que nunca jamás brote fruto de ti!» Y al momento
se secó la higuera.
20 Al verlo los
discípulos se maravillaron y decían: «¿Cómo al momento quedó seca la
higuera?»
21 Jesús les
respondió: «Yo os aseguro: si tenéis fe y no vaciláis, no sólo haréis lo de
la higuera, sino que si aun decís a este monte: "Quítate y arrójate al mar",
así se hará.
22 Y todo cuanto
pidáis con fe en la oración, lo recibiréis.»
23 Llegado al
Templo, mientras enseñaba se le acercaron los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo diciendo: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Y quién te ha
dado tal autoridad?»
24 Jesús les
respondió: «También yo os voy a preguntar una cosa; si me contestáis a ella,
yo os diré a mi vez con qué autoridad hago esto.
25 El bautismo de
Juan, ¿de dónde era?, ¿del cielo o de los hombres?» Ellos discurrían entre
sí: «Si decimos: "Del cielo", nos dirá: "Entonces ¿por qué no le creísteis?"
26 Y si decimos:
"De los hombres", tenemos miedo a la gente, pues todos tienen a Juan por
profeta.»
27 Respondieron,
pues, a Jesús: «No sabemos.» Y él les replicó asimismo: «Tampoco yo os digo
con qué autoridad hago esto.»
28 «Pero ¿qué os
parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: "Hijo,
vete hoy a trabajar en la viña."
29 Y él
respondió: "No quiero", pero después se arrepintió y fue.
30 Llegándose al
segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: "Voy, Señor", y no fue.
31 ¿Cuál de los
dos hizo la voluntad del padre?» - «El primero» - le dicen. Díceles Jesús:
«En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que
vosotros al Reino de Dios.
32 Porque vino
Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que
los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os
arrepentisteis después, para creer en él.
33 «Escuchad otra
parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca,
cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se
ausentó.
34 Cuando llegó
el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus
frutos.
35 Pero los
labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron,
a otro le apedrearon.
36 De nuevo envió
otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la
misma manera.
37 Finalmente les
envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán."
38 Pero los
labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero.
Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia."
39 Y agarrándole,
le echaron fuera de la viña y le mataron.
40 Cuando venga,
pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
41 Dícenle: «A
esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros
labradores, que le paguen los frutos a su tiempo.»
42 Y Jesús les
dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: = La piedra que los
constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor
quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? =
43 Por eso os
digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus
frutos.»
45 Los sumos
sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba
refiriéndose a ellos.
46 Y trataban de
detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.
1 Tomando Jesús
de nuevo la palabra les habló en parábolas, diciendo:
2 «El Reino de
los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su
hijo.
3 Envió sus
siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir.
4 Envió todavía
otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: "Mirad, mi banquete
está preparado, se han matado ya mis novillos y animales cebados, y todo
está a punto; venid a la boda."
5 Pero ellos, sin
hacer caso, se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio;
6 y los demás
agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.
7 Se airó el rey
y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su
ciudad.
8 Entonces dice a
sus siervos: "La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos.
9 Id, pues, a los
cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda."
10 Los siervos
salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y
buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.
11 «Entró el rey
a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de
boda,
12 le dice:
"Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado.
13 Entonces el
rey dijo a los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las
tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes."
14 Porque muchos
son llamados, mas pocos escogidos.»
15 Entonces los
fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en
alguna palabra.
16 Y le envían
sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que
eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa
por nadie, porque no miras la condición de las personas.
17 Dinos, pues,
qué te parece, ¿es lícito pagar tributo al César o no?»
18 Mas Jesús,
conociendo su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?
19 Mostradme la
moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario.
20 Y les dice:
«¿De quién es esta imagen y la inscripción?»
21 Dícenle: «Del
César.» Entonces les dice: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de
Dios a Dios.»
22 Al oír esto,
quedaron maravillados, y dejándole, se fueron.
23 Aquel día se
le acercaron unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le
preguntaron:
24 «Maestro,
Moisés dijo: Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se casará con la
mujer de aquél para dar descendencia a su hermano.
25 Ahora bien,
había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y, no
teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano.
26 Sucedió lo
mismo con el segundo, y con el tercero, hasta los siete.
27 Después de
todos murió la mujer.
28 En la
resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la
tuvieron.»
29 Jesús les
respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder
de Dios.
30 Pues en la
resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como
ángeles en el cielo.
31 Y en cuanto a
la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído aquellas palabras de Dios
cuando os dice:
32 = Yo soy el
Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? = No es un Dios de
muertos, sino de vivos.»
33 Al oír esto,
la gente se maravillaba de su doctrina.
34 Mas los
fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se
reunieron en grupo,
35 y uno de ellos
le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:
36 «Maestro,
¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»
37 El le dijo: =
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda
tu mente. =
38 Este es el
mayor y el primer mandamiento.
39 El segundo es
semejante a éste: = Amarás a tu prójimo como a ti mismo. =
40 De estos dos
mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»
41 Estando
reunidos los fariseos, les propuso Jesús esta cuestión:
42 «¿Qué pensáis
acerca del Cristo? ¿De quién es hijo?» Dícenle: «De David.»
43 Díceles: «Pues
¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor, cuando dice:
44 = Dijo el
Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos
debajo de tus pies?
45 Si, pues,
David le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»
46 Nadie era
capaz de contestarle nada; y desde ese día ninguno se atrevió ya a hacerle
más preguntas.
1 Entonces Jesús
se dirigió a la gente y a sus discípulos
2 y les dijo: «En
la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
3 Haced, pues, y
observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y
no hacen.
4 Atan cargas
pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo
quieren moverlas.
5 Todas sus obras
las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las
filacterias y bien largas las orlas del manto;
6 quieren el
primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
7 que se les
salude en las plazas y que la gente les llame "Rabbí".
8 «Vosotros, en
cambio, no os dejéis llamar "Rabbí", porque uno solo es vuestro Maestro; y
vosotros sois todos hermanos.
9 Ni llaméis a
nadie "Padre" vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del
cielo.
10 Ni tampoco os
dejéis llamar "Directores", porque uno solo es vuestro Director: el Cristo.
11 El mayor entre
vosotros será vuestro servidor.
12 Pues el que se
ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.
13 «¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino
de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando
no les dejáis entrar.
15 «¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para
hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación
el doble que vosotros!
16 «¡Ay de
vosotros, guías ciegos, que decís: "Si uno jura por el Santuario, eso no es
nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!"
17 ¡Insensatos y
ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el
oro?
18 Y también: "Si
uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está
sobre él, queda obligado."
19 ¡Ciegos! ¿Qué
es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda?
20 Quien jura,
pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él.
21 Quien jura por
el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita.
22 Y quien jura
por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él.
23 «¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta,
del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la
justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar,
aunque sin descuidar aquello.
24 ¡Guías ciegos,
que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
25 «¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y
el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña e intemperancia!
26 ¡Fariseo
ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede
pura!
27 «¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros
blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de
huesos de muertos y de toda inmundicia!
28 Así también
vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro
estáis llenos de hipocresía y de iniquidad.
29 «¡Ay de
vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de
los profetas y adornáis los monumentos de los justos,
30 y decís: "Si
nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos
tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!"
31 Con lo cual
atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los
profetas.
32 ¡Colmad
también vosotros la medida de vuestros padres!
33 «¡Serpientes,
raza de víboras! ¿Cómo vais a escapar a la condenación de la gehenna?
34 Por eso, he
aquí que yo envío a vosotros profetas, sabios y escribas: a unos los
mataréis y los crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras sinagogas y
los perseguiréis de ciudad en ciudad,
35 para que caiga
sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, desde la
sangre del inocente Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a
quien matasteis entre el Santuario y el altar.
36 Yo os aseguro:
todo esto recaerá sobre esta generación.
37 «¡Jerusalén,
Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados!
¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus
pollos bajo las alas, y no habéis querido!
38 Pues bien, se
os va a dejar desierta vuestra casa.
39 Porque os digo
que ya no me volveréis a ver hasta que digáis: = ¡Bendito el que viene en
nombre del Señor!» =
1 Salió Jesús del
Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las
construcciones del Templo.
2 Pero él les
respondió: «¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre
piedra que no sea derruida.»
3 Estando luego
sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus
discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal
de tu venida y del fin del mundo.»
4 Jesús les
respondió: «Mirad que no os engañe nadie.
5 Porque vendrán
muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo", y engañarán a
muchos.
6 Oiréis también
hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso
es necesario que suceda, pero no es todavía el fin.
7 Pues se
levantará nación contra nación y reino contra reino, y habrá en diversos
lugares hambre y terremotos.
8 Todo esto será
el comienzo de los dolores de alumbramiento.
9 «Entonces os
entregarán a la tortura y os matarán, y seréis odiados de todas las naciones
por causa de mi nombre.
10 Muchos se
escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente.
11 Surgirán
muchos falsos profetas, que engañarán a muchos.
12 Y al crecer
cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará.
13 Pero el que
persevere hasta el fin, ése se salvará.
14 «Se proclamará
esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas
las naciones. Y entonces vendrá el fin.
15 «Cuando veáis,
pues, = la abominación de la desolación, = anunciada por el profeta Daniel,
erigida en el Lugar Santo (el que lea, que entienda),
16 entonces, los
que estén en Judea, huyan a los montes;
17 el que esté en
el terrado, no baje a recoger las cosas de su casa;
18 y el que esté
en el campo, no regrese en busca de su manto.
19 ¡Ay de las que
estén encinta o criando en aquellos días!
20 Orad para que
vuestra huida no suceda en invierno ni en día de sábado.
21 Porque habrá
entonces una gran = tribulación, cual no la hubo = desde el principio del
mundo = hasta el presente = ni volverá a haberla.
22 Y si aquellos
días no se abreviasen, no se salvaría nadie; pero en atención a los elegidos
se abreviarán aquellos días.
23 «Entonces, si
alguno os dice: "Mirad, el Cristo está aquí o allí =, no lo creáis.
24 Porque
surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y
prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos.
25 ¡Mirad que os
lo he predicho!
26 «Así que si os
dicen: "Está en el desierto", no salgáis; "Está en los aposentos", no lo
creáis.
27 Porque como el
relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del
Hijo del hombre.
28 Donde esté el
cadáver, allí se juntarán los buitres.
29
«Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se
oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, y
las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
30 Entonces
aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre; y entonces se golpearán
el pecho todas las razas de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre
las nubes del cielo con gran poder y gloria.
31 El enviará a
sus ángeles con sonora trompeta, y reunirán de los cuatro vientos a sus
elegidos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.
32 «De la higuera
aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las
hojas, sabéis que el verano está cerca.
33 Así también
vosotros, cuando veáis todo esto, sabed que El está cerca, a las puertas.
34 Yo os aseguro
que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda.
35 El cielo y la
tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
36 Mas de aquel
día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino
sólo el Padre.
37 «Como en los
días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre.
38 Porque como en
los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido,
hasta el día en que entró Noé en el arca,
39 y no se dieron
cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos, así será también la
venida del Hijo del hombre.
40 Entonces,
estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado;
41 dos mujeres
moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada.
42 «Velad, pues,
porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
43 Entendedlo
bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el
ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa.
44 Por eso,
también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis,
vendrá el Hijo del hombre.
45 «¿Quién es,
pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su
servidumbre para darles la comida a su tiempo?
46 Dichoso aquel
siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
47 Yo os aseguro
que le pondrá al frente de toda su hacienda.
48 Pero si el mal
siervo aquel se dice en su corazón: "Mi señor tarda",
49 y se pone a
golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos,
50 vendrá el
señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe,
51 le separará y
le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el
rechinar de dientes.
1 «Entonces el
Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en
la mano, salieron al encuentro del novio.
2 Cinco de ellas
eran necias, y cinco prudentes.
3 Las necias, en
efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite;
4 las prudentes,
en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas.
5 Como el novio
tardara, se adormilaron todas y se durmieron.
6 Mas a media
noche se oyó un grito: "¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!"
7 Entonces todas
aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas.
8 Y las necias
dijeron a las prudentes: "Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se
apagan."
9 Pero las
prudentes replicaron: "No, no sea que no alcance para nosotras y para
vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis."
10 Mientras iban
a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al
banquete de boda, y se cerró la puerta.
11 Más tarde
llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!"
12 Pero él
respondió: "En verdad os digo que no os conozco."
13 Velad, pues,
porque no sabéis ni el día ni la hora.
14 «Es también
como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su
hacienda:
15 a uno dio
cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y
se ausentó.
16 Enseguida, el
que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros
cinco.
17 Igualmente el
que había recibido dos ganó otros dos.
18 En cambio el
que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero
de su señor.
19 Al cabo de
mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con
ellos.
20 Llegándose el
que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: "Señor,
cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado."
21 Su señor le
dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de
lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."
22 Llegándose
también el de los dos talentos dijo: "Señor, dos talentos me entregaste;
aquí tienes otros dos que he ganado."
23 Su señor le
dijo: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de
lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor."
24 Llegándose
también el que había recibido un talento dijo: "Señor, sé que eres un hombre
duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste.
25 Por eso me dio
miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es
tuyo."
26 Mas su señor
le respondió: "Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré
y recojo donde no esparcí;
27 debías, pues,
haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría
cobrado lo mío con los intereses.
28 Quitadle, por
tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos.
29 Porque a todo
el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que
tiene se le quitará.
30 Y a ese siervo
inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar
de dientes."
31 «Cuando el
Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces
se sentará en su trono de gloria.
32 Serán
congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de
los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
33 Pondrá las
ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.
34 Entonces dirá
el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la
herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
35 Porque tuve
hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era
forastero, y me acogisteis;
36 estaba
desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y
vinisteis a verme."
37 Entonces los
justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de
comer; o sediento, y te dimos de beber?
38 ¿Cuándo te
vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?
39 ¿Cuándo te
vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?"
40 Y el Rey les
dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos
más pequeños, a mí me lo hicisteis."
41 Entonces dirá
también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno
preparado para el Diablo y sus ángeles.
42 Porque tuve
hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
43 era forastero,
y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la
cárcel, y no me visitasteis."
44 Entonces dirán
también éstos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o
desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
45 Y él entonces
les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de
estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo."
46 E irán éstos a
un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.»
1 Y sucedió que,
cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos:
2 «Ya sabéis que
dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado
para ser crucificado.»
3 Entonces los
sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron en el palacio del
Sumo Sacerdote, llamado Caifás;
4 y resolvieron
prender a Jesús con engaño y darle muerte.
5 Decían sin
embargo: «Durante la fiesta no, para que no haya alboroto en el pueblo.»
6 Hallándose
Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso,
7 se acercó a él
una mujer que traía un frasco de alabastro, con perfume muy caro, y lo
derramó sobre su cabeza mientras estaba a la mesa.
8 Al ver esto los
discípulos se indignaron y dijeron: «¿Para qué este despilfarro?
9 Se podía haber
vendido a buen precio y habérselo dado a los pobres.»
10 Mas Jesús,
dándose cuenta, les dijo: «¿Por qué molestáis a esta mujer? Pues una "obra
buena" ha hecho conmigo.
11 Porque pobres
tendréis siempre con vosotros, pero a mí no me tendréis siempre.
12 Y al derramar
ella este ungüento sobre mi cuerpo, en vista de mi sepultura lo ha hecho.
13 Yo os aseguro:
dondequiera que se proclame esta Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará
también de lo que ésta ha hecho para memoria suya.»
14 Entonces uno
de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,
15 y les dijo:
«¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta
monedas de plata.
16 Y desde ese
momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
17 El primer día
de los Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde
quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»
18 El les dijo:
«Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi tiempo
está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos."»
19 Los discípulos
hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
20 Al atardecer,
se puso a la mesa con los Doce.
21 Y mientras
comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará.»
22 Muy
entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?»
23 El respondió:
«El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
24 El Hijo del
hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo
del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
25 Entonces
preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele:
«Sí, tú lo has dicho.»
26 Mientras
estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus
discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.»
27 Tomó luego una
copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos,
28 porque ésta es
mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los
pecados.
29 Y os digo que
desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que
lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre.»
30 Y cantados los
himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
31 Entonces les
dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque
está escrito: = Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño =.
32 Mas después de
mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.»
33 Pedro
intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me
escandalizaré.»
34 Jesús le dijo:
«Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado
tres veces.»
35 Dícele Pedro:
«Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré.» Y lo mismo dijeron
también todos los discípulos.
36 Entonces va
Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos:
«Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.»
37 Y tomando
consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y
angustia.
38 Entonces les
dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad
conmigo.»
39 Y
adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío,
si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino
como quieras tú.»
40 Viene entonces
donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no
habéis podido velar una hora conmigo?
41 Velad y orad,
para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne
es débil.»
42 Y alejándose
de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar
sin que yo la beba, hágase tu voluntad.»
43 Volvió otra
vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
44 Los dejó y se
fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
45 Viene entonces
donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad,
ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de
pecadores.
46 ¡Levantaos!,
¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca.»
47 Todavía estaba
hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo
numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los
ancianos del pueblo.
48 El que le iba
a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es;
prendedle.»
49 Y al instante
se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.
50 Jesús le dijo:
«Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano
a Jesús y le prendieron.
51 En esto, uno
de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al
siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
52 Dícele
entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen
espada, a espada perecerán.
53 ¿O piensas que
no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de
doce legiones de ángeles?
54 Mas, ¿cómo se
cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»
55 En aquel
momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a
prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para
enseñar, y no me detuvisteis.
56 Pero todo esto
ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas.» Entonces
los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
57 Los que
prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se
habían reunido los escribas y los ancianos.
58 Pedro le iba
siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro,
se sentó con los criados para ver el final.
59 Los sumos
sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra
Jesús con ánimo de darle muerte,
60 y no lo
encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se
presentaron dos,
61 que dijeron:
«Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días
edificarlo.»
62 Entonces, se
levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que
éstos atestiguan contra ti?»
63 Pero Jesús
seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que
nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios.»
64 Dícele Jesús:
«Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis = al hijo
del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del
cielo.» =
65 Entonces el
Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad
tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
66 ¿Qué os
parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte.»
67 Entonces se
pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle,
68 diciendo:
«Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»
69 Pedro,
entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y
le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo.»
70 Pero él lo
negó delante de todos: «No sé qué dices.»
71 Cuando salía
al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba
con Jesús el Nazoreo.»
72 Y de nuevo lo
negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
73 Poco después
se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú
también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»
74 Entonces él se
puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
Inmediatamente cantó un gallo.
75 Y Pedro se
acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me
habrás negado tres veces.» Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
1 Llegada la
mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron
consejo contra Jesús para darle muerte.
2 Y después de
atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.
3 Entonces Judas,
el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el
remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos
sacerdotes y a los ancianos,
4 diciendo:
«Pequé entregando sangre inocente.» Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú
verás.»
5 El tiró las
monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.
6 Los sumos
sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el
tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre.»
7 Y después de
deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura
para los forasteros.
8 Por esta razón
ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy.
9 Entonces se
cumplió el oráculo del profeta Jeremías: = «Y tomaron las treinta monedas de
plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron precio algunos
hijos de Israel, =
10 = y las dieron
por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor.» =
11 Jesús
compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey
de los judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices.»
12 Y, mientras
los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada.
13 Entonces le
dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»
14 Pero él a nada
respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.
15 Cada Fiesta,
el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que
quisieran.
16 Tenían a la
sazón un preso famoso, llamado Barrabás.
17 Y cuando ellos
estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a
Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?»,
18 pues sabía que
le habían entregado por envidia.
19 Mientras él
estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con
ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa.»
20 Pero los sumos
sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la
libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
21 Y cuando el
procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?»,
respondieron: «¡A Barrabás!»
22 Díceles
Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Y todos a una:
«¡Sea crucificado!» -
23 «Pero ¿qué mal
ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza:
«¡Sea crucificado!»
24 Entonces
Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto,
tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de
la sangre de este justo. Vosotros veréis.»
25 Y todo el
pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
26 Entonces, les
soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que
fuera crucificado.
27 Entonces los
soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron
alrededor de él a toda la cohorte.
28 Le desnudaron
y le echaron encima un manto de púrpura;
29 y, trenzando
una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha
una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo:
«¡Salve, Rey de los judíos!»;
30 y después de
escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
31 Cuando se
hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le
llevaron a crucificarle.
32 Al salir,
encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su
cruz.
33 Llegados a un
lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,
34 le dieron a
beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso
beberlo.
35 Una vez que le
crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
36 Y se quedaron
sentados allí para custodiarle.
37 Sobre su
cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es Jesús, el Rey
de los judíos.»
38 Y al mismo
tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la
izquierda.
39 Los que
pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:
40 «Tú que
destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si
eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
41 Igualmente los
sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él
diciendo:
42 «A otros salvó
y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz,
y creeremos en él.
43 Ha puesto su
confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que
dijo: "Soy Hijo de Dios."»
44 De la misma
manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él.
45 Desde la hora
sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
46 Y alrededor de
la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: = «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», =
esto es: = «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?» =
47 Al oírlo
algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama éste.»
48 Y enseguida
uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y,
sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.
49 Pero los otros
dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle.»
50 Pero Jesús,
dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
51 En esto, el
velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las
rocas se hendieron.
52 Se abrieron
los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
53 Y, saliendo de
los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa
y se aparecieron a muchos.
54 Por su parte,
el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto
y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era
Hijo de Dios.»
55 Había allí
muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús
desde Galilea para servirle.
56 Entre ellas
estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de
los hijos de Zebedeo.
57 Al atardecer,
vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también
discípulo de Jesús.
58 Se presentó a
Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le
entregase.
59 José tomó el
cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
60 y lo puso en
su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una
gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
61 Estaban allí
María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
62 Al otro día,
el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se
reunieron ante Pilato
63 y le dijeron:
«Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días
resucitaré."
64 Manda, pues,
que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus
discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de entre los
muertos", y la última impostura sea peor que la primera.»
65 Pilato les
dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis.»
66 Ellos fueron y
aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.
1 Pasado el
sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra
María fueron a ver el sepulcro.
2 De pronto se
produjo un gran terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y,
acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.
3 Su aspecto era
como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.
4 Los guardias,
atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos.
5 El Ángel se
dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a
Jesús, el Crucificado;
6 no está aquí,
ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba.
7 Y ahora id
enseguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos e
irá delante de vosotros a Galilea; allí le veréis." Ya os lo he dicho.»
8 Ellas partieron
a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la
noticia a sus discípulos.
9 En esto, Jesús
les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!» Y ellas, acercándose,
se asieron de sus pies y le adoraron.
10 Entonces les
dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí
me verán.»
11 Mientras ellas
iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos
sacerdotes todo lo que había pasado.
12 Estos,
reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de
dinero a los soldados,
13
advirtiéndoles: «Decid: "Sus discípulos vinieron de noche y le robaron
mientras nosotros dormíamos."
14 Y si la cosa
llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos
complicaciones.»
15 Ellos tomaron
el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa
versión entre los judíos, hasta el día de hoy.
16 Por su parte,
los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había
indicado.
17 Y al verle le
adoraron; algunos sin embargo dudaron.
18 Jesús se
acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en
la tierra.
19 Id, pues, y
haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo,
20 y enseñándoles
a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros
todos los días hasta el fin del mundo.»