"EVANGELIO SEGUN SAN MATEO"

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Mateo 11

1 Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades.

2 Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a decirle:

3 «¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?»

4 Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis:

5 los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;

6 ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!»

7 Cuando éstos se marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?

8 ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes.

9 Entonces ¿a qué salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.

10 Este es de quien está escrito: = He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino. =

11 «En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.

12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.

13 Pues todos los profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.

14 Y, si queréis admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.

15 El que tenga oídos, que oiga.

16 «¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:

17 "Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os habéis lamentado."

18 Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Demonio tiene."

19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»

20 Entonces se puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de sus milagros, porque no se habían convertido:

21 «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza se habrían convertido.

22 Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras.

23 Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? = ¡Hasta el Hades te hundirás! = Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.

24 Por eso os digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que para ti.»

25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.

26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.

27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.

29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y hallaréis descanso para vuestras almas. =

30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Mateo 12

1 En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.

2 Al verlo los fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado.»

3 Pero él les dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban,

4 cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes?

5 ¿Tampoco habéis leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa?

6 Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el Templo.

7 Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: = Misericordia quiero, que no sacrificio, = no condenaríais a los que no tienen culpa.

8 Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.»

9 Pasó de allí y se fue a la sinagoga de ellos.

10 Había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en sábado, para poder acusarle.

11 El les dijo: «¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca?

12 Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado.»

13 Entonces dice al hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida, sana como la otra.

14 Pero los fariseos, en cuanto salieron, se confabularon contra él para ver cómo eliminarle.

15 Jesús, al saberlo, se retiró de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos.

16 Y les mandó enérgicamente que no le descubrieran;

17 para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías:

18 = He aquí mi Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. =

19 = No disputará ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. =

20 = La caña cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la victoria el juicio: =

21 = en su nombre pondrán las naciones su esperanza. =

22 Entonces le fue presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le curó, de suerte que el mudo hablaba y veía.

23 Y toda la gente atónita decía: «¿No será éste el Hijo de David?»

24 Mas los fariseos, al oírlo, dijeron: «Este no expulsa los demonios más que por Beelzebul, Príncipe de los demonios.»

25 El, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir.

26 Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, va a subsistir su reino?

27 Y si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por eso, ellos serán vuestros jueces.

28 Pero si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios.

29 «O, ¿cómo puede uno entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte? Entonces podrá saquear su casa.

30 «El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

31 «Por eso os digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada.

32 Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.

33 «Suponed un árbol bueno, y su fruto será bueno; suponed un árbol malo, y su fruto será malo; porque por el fruto se conoce el árbol.

34 Raza de víboras, ¿cómo podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.

35 El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas.

36 Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio.

37 Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»

38 Entonces le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti.»

39 Mas él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás.

40 Porque de la misma manera que Jonás = estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, = así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches.

41 Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.

42 La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón.

43 «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca de reposo, pero no lo encuentra.

44 Entonces dice: "Me volveré a mi casa, de donde salí." Y al llegar la encuentra desocupada, barrida y en orden.

45 Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio. Así le sucederá también a esta generación malvada.»

46 Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él.

47 Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»

48 Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?»

49 Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.

50 Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

Mateo 13

1 Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.

2 Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera.

3 Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.

4 Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron.

5 Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra;

6 pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.

7 Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.

8 Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.

9 El que tenga oídos, que oiga.»

10 Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»

11 El les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.

12 Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará.

13 Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.

14 En ellos se cumple la profecía de Isaías: = Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. =

15 = Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. =

16 «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!

17 Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

18 «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador.

19 Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino.

20 El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría;

21 pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida.

22 El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto.

23 Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»

24 Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.

25 Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue.

26 Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.

27 Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?"

28 El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?"

29 Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo.

30 Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."»

31 Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo.

32 Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas.»

33 Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»

34 Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas,

35 para que se cumpliese el oráculo del profeta: = Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo. =

36 Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»

37 El respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;

38 el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno;

39 el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.

40 De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo.

41 El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad,

42 y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

43 Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

44 «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.»

45 «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas,

46 y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.

47 «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases;

48 y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos.

49 Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos

50 y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.

51 «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.»

52 Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.»

53 Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.

54 Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?

55 ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

56 Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?»

57 Y se escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio.»

58 Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

Mateo 14

1 En aquel tiempo se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús,

2 y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»

3 Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.

4 Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla.»

5 Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.

6 Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes,

7 que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese.

8 Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».

9 Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese,

10 y envió a decapitar a Juan en la cárcel.

11 Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre.

12 Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.

13 Al oírlo Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades.

14 Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.

15 Al atardecer se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.»

16 Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.»

17 Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»

18 El dijo: «Traédmelos acá.»

19 Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.

20 Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.

21 Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.

22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.

25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.

26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.

27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»

28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»

29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.

30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!»

31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»

32 Subieron a la barca y amainó el viento.

33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios.»

34 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.

35 Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.

36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.

Mateo 15

1 Entonces se acercan a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le dicen:

2 «¿Por qué tus discípulos traspasan la tradición de los antepasados?; pues no se lavan las manos a la hora de comer.»

3 El les respondió: «Y vosotros, ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?

4 Porque Dios dijo: = Honra a tu padre y a tu madre, = y: = El que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte. =

5 Pero vosotros decís: El que diga a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir como ayuda es ofrenda",

6 ése no tendrá que honrar a su padre y a su madre. Así habéis anulado la Palabra de Dios por vuestra tradición.

7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:

8 = Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. =

9 = En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.» =

10 Luego llamó a la gente y les dijo: «Oíd y entended.

11 No es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre.»

12 Entonces se acercan los discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?»

13 El les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz.

14 Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.»

15 Tomando Pedro la palabra, le dijo: «Explícanos la parábola.»

16 El dijo: «¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia?

17 ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado?

18 En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre.

19 Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias.

20 Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.»

21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.

22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.»

23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.»

24 Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»

25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»

26 El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»

27 «Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.»

28 Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

29 Pasando de allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí.

30 Y se le acercó mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos; los pusieron a sus pies, y él los curó.

31 De suerte que la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al Dios de Israel.

32 Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.»

33 Le dicen los discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a una multitud tan grande?»

34 Díceles Jesús: «¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos.»

35 El mandó a la gente acomodarse en el suelo.

36 Tomó luego los siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los discípulos, y los discípulos a la gente.

37 Comieron todos y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.

38 Y los que habían comido eran 4.000 hombres, sin contar mujeres y niños.

39 Despidiendo luego a la muchedumbre, subió a la barca, y se fue al término de Magadán.

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