"EVANGELIO SEGUN SAN MATEO"
Versiculo anterior >> Mateo 10:42
1 Y sucedió que,
cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de
allí para enseñar y predicar en sus ciudades.
2 Juan, que en la
cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a
decirle:
3 «¿Eres tú el
que ha de venir, o debemos esperar a otro?»
4 Jesús les
respondió: «Id y contad a Juan lo que oís y veis:
5 los ciegos ven
y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los
muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva;
6 ¡y dichoso
aquel que no halle escándalo en mí!»
7 Cuando éstos se
marchaban, se puso Jesús a hablar de Juan a la gente: «¿Qué salisteis a ver
en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
8 ¿Qué salisteis
a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten con
elegancia están en los palacios de los reyes.
9 Entonces ¿a qué
salisteis? ¿A ver un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta.
10 Este es de
quien está escrito: = He aquí que yo envío mi mensajero delante de ti, que
preparará por delante tu camino. =
11 «En verdad os
digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el
Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que
él.
12 Desde los días
de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos sufre violencia, y
los violentos lo arrebatan.
13 Pues todos los
profetas, lo mismo que la Ley, hasta Juan profetizaron.
14 Y, si queréis
admitirlo, él es Elías, el que iba a venir.
15 El que tenga
oídos, que oiga.
16 «¿Pero, con
quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados
en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:
17 "Os hemos
tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no os
habéis lamentado."
18 Porque vino
Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Demonio tiene."
19 Vino el Hijo
del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis un comilón y un borracho,
amigo de publicanos y pecadores." Y la Sabiduría se ha acreditado por sus
obras.»
20 Entonces se
puso a maldecir a las ciudades en las que se habían realizado la mayoría de
sus milagros, porque no se habían convertido:
21 «¡Ay de ti,
Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho
los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que en sayal y ceniza
se habrían convertido.
22 Por eso os
digo que el día del Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para
vosotras.
23 Y tú,
Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? = ¡Hasta el Hades te
hundirás! = Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han
hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.
24 Por eso os
digo que el día del Juicio habrá menos rigor para la tierra de Sodoma que
para ti.»
25 En aquel
tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del
cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e
inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
26 Sí, Padre,
pues tal ha sido tu beneplácito.
27 Todo me ha
sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni
al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo
quiera revelar.
28 «Venid a mí
todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
29 Tomad sobre
vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; = y
hallaréis descanso para vuestras almas. =
30 Porque mi yugo
es suave y mi carga ligera.»
1 En aquel tiempo
cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre
y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas.
2 Al verlo los
fariseos, le dijeron: «Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer
en sábado.»
3 Pero él les
dijo: «¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que
le acompañaban,
4 cómo entró en
la Casa de Dios y comieron los panes de la Presencia, que no le era lícito
comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes?
5 ¿Tampoco habéis
leído en la Ley que en día de sábado los sacerdotes, en el Templo,
quebrantan el sábado sin incurrir en culpa?
6 Pues yo os digo
que hay aquí algo mayor que el Templo.
7 Si hubieseis
comprendido lo que significa aquello de: = Misericordia quiero, que no
sacrificio, = no condenaríais a los que no tienen culpa.
8 Porque el Hijo
del hombre es señor del sábado.»
9 Pasó de allí y
se fue a la sinagoga de ellos.
10 Había allí un
hombre que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en
sábado, para poder acusarle.
11 El les dijo:
«¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en
sábado, no la agarra y la saca?
12 Pues, ¡cuánto
más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en
sábado.»
13 Entonces dice
al hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió, y quedó restablecida, sana
como la otra.
14 Pero los
fariseos, en cuanto salieron, se confabularon contra él para ver cómo
eliminarle.
15 Jesús, al
saberlo, se retiró de allí. Le siguieron muchos y los curó a todos.
16 Y les mandó
enérgicamente que no le descubrieran;
17 para que se
cumpliera el oráculo del profeta Isaías:
18 = He aquí mi
Siervo, a quien elegí, mi Amado, en quien mi alma se complace. Pondré mi
Espíritu sobre él, y anunciará el juicio a las naciones. =
19 = No disputará
ni gritará, ni oirá nadie en las plazas su voz. =
20 = La caña
cascada no la quebrará, ni apagará la mecha humeante, hasta que lleve a la
victoria el juicio: =
21 = en su nombre
pondrán las naciones su esperanza. =
22 Entonces le
fue presentado un endemoniado ciego y mudo. Y le curó, de suerte que el mudo
hablaba y veía.
23 Y toda la
gente atónita decía: «¿No será éste el Hijo de David?»
24 Mas los
fariseos, al oírlo, dijeron: «Este no expulsa los demonios más que por
Beelzebul, Príncipe de los demonios.»
25 El, conociendo
sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda
asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir.
26 Si Satanás
expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, va a
subsistir su reino?
27 Y si yo
expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan vuestros hijos?
Por eso, ellos serán vuestros jueces.
28 Pero si por el
Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el
Reino de Dios.
29 «O, ¿cómo
puede uno entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero
al fuerte? Entonces podrá saquear su casa.
30 «El que no
está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
31 «Por eso os
digo: Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia
contra el Espíritu no será perdonada.
32 Y al que diga
una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga
contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro.
33 «Suponed un
árbol bueno, y su fruto será bueno; suponed un árbol malo, y su fruto será
malo; porque por el fruto se conoce el árbol.
34 Raza de
víboras, ¿cómo podéis vosotros hablar cosas buenas siendo malos? Porque de
lo que rebosa el corazón habla la boca.
35 El hombre
bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo
saca cosas malas.
36 Os digo que de
toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del
Juicio.
37 Porque por tus
palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado.»
38 Entonces le
interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal
hecha por ti.»
39 Mas él les
respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará
otra señal que la señal del profeta Jonás.
40 Porque de la
misma manera que Jonás = estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres
noches, = así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres
días y tres noches.
41 Los ninivitas
se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos
se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás.
42 La reina del
Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará;
porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón,
y aquí hay algo más que Salomón.
43 «Cuando el
espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos en busca
de reposo, pero no lo encuentra.
44 Entonces dice:
"Me volveré a mi casa, de donde salí." Y al llegar la encuentra desocupada,
barrida y en orden.
45 Entonces va y
toma consigo otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí,
y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio. Así le
sucederá también a esta generación malvada.»
46 Todavía estaba
hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron
fuera y trataban de hablar con él.
47 Alguien le
dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.»
48 Pero él
respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis
hermanos?»
49 Y, extendiendo
su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos.
50 Pues todo el
que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana
y mi madre.»
1 Aquel día,
salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar.
2 Y se reunió
tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la
gente quedaba en la ribera.
3 Y les habló
muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar.
4 Y al sembrar,
unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las
comieron.
5 Otras cayeron
en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener
hondura de tierra;
6 pero en cuanto
salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron.
7 Otras cayeron
entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron.
8 Otras cayeron
en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta.
9 El que tenga
oídos, que oiga.»
10 Y acercándose
los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»
11 El les
respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del
Reino de los Cielos, pero a ellos no.
12 Porque a quien
tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le
quitará.
13 Por eso les
hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
14 En ellos se
cumple la profecía de Isaías: = Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar,
miraréis, pero no veréis. =
15 = Porque se ha
embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos
han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su
corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. =
16 «¡Pero
dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!
17 Pues os
aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero
no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.
18 «Vosotros,
pues, escuchad la parábola del sembrador.
19 Sucede a todo
el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y
arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo
del camino.
20 El que fue
sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con
alegría;
21 pero no tiene
raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una
tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumba enseguida.
22 El que fue
sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero los
preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y
queda sin fruto.
23 Pero el que
fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste
sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»
24 Otra parábola
les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que
sembró buena semilla en su campo.
25 Pero, mientras
su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se
fue.
26 Cuando brotó
la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.
27 Los siervos
del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu
campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?"
28 El les
contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres,
pues, que vayamos a recogerla?"
29 Díceles: "No,
no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo.
30 Dejad que
ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los
segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y
el trigo recogedlo en mi granero."»
31 Otra parábola
les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que
tomó un hombre y lo sembró en su campo.
32 Es ciertamente
más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las
hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen
y anidan en sus ramas.»
33 Les dijo otra
parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una
mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo.»
34 Todo esto dijo
Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas,
35 para que se
cumpliese el oráculo del profeta: = Abriré en parábolas mi boca, publicaré
lo que estaba oculto desde la creación del mundo. =
36 Entonces
despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos
diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo.»
37 El respondió:
«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;
38 el campo es el
mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del
Maligno;
39 el enemigo que
la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son
los ángeles.
40 De la misma
manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al
fin del mundo.
41 El Hijo del
hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos
y a los obradores de iniquidad,
42 y los
arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de
dientes.
43 Entonces los
justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos,
que oiga.
44 «El Reino de
los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al
encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va,
vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.»
45 «También es
semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas
finas,
46 y que, al
encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra.
47 «También es
semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge
peces de todas clases;
48 y cuando está
llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y
tiran los malos.
49 Así sucederá
al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los
justos
50 y los echarán
en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes.
51 «¿Habéis
entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.»
52 Y él les dijo:
«Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es
semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.»
53 Y sucedió que,
cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.
54 Viniendo a su
patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados:
«¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros?
55 ¿No es éste el
hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago,
José, Simón y Judas?
56 Y sus
hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo
esto?»
57 Y se
escandalizaban a causa de él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su
patria y en su casa carece de prestigio.»
58 Y no hizo allí
muchos milagros, a causa de su falta de fe.
1 En aquel tiempo
se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús,
2 y dijo a sus
criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y
por eso actúan en él fuerzas milagrosas.»
3 Es que Herodes
había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa
de Herodías, la mujer de su hermano Filipo.
4 Porque Juan le
decía: «No te es lícito tenerla.»
5 Y aunque quería
matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.
6 Mas llegado el
cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando
tanto a Herodes,
7 que éste le
prometió bajo juramento darle lo que pidiese.
8 Ella, instigada
por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el
Bautista».
9 Entristecióse
el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le
diese,
10 y envió a
decapitar a Juan en la cárcel.
11 Su cabeza fue
traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su
madre.
12 Llegando
después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a
informar a Jesús.
13 Al oírlo
Jesús, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En
cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las
ciudades.
14 Al
desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus
enfermos.
15 Al atardecer
se le acercaron los discípulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la
hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y
se compren comida.»
16 Mas Jesús les
dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.»
17 Dícenle ellos:
«No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»
18 El dijo:
«Traédmelos acá.»
19 Y ordenó a la
gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos
peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo
los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.
20 Comieron todos
y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.
21 Y los que
habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.
22 Inmediatamente
obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la
otra orilla, mientras él despedía a la gente.
23 Después de
despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba
solo allí.
24 La barca se
hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas,
pues el viento era contrario.
25 Y a la cuarta
vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.
26 Los
discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un
fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.
27 Pero al
instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis.»
28 Pedro le
respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas.»
29 «¡Ven!», le
dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo
hacia Jesús.
30 Pero, viendo
la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó:
«¡Señor, sálvame!»
31 Al punto
Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué
dudaste?»
32 Subieron a la
barca y amainó el viento.
33 Y los que
estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo
de Dios.»
34 Terminada la
travesía, llegaron a tierra en Genesaret.
35 Los hombres de
aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella
comarca y le presentaron todos los enfermos.
36 Le pedían que
tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron
salvados.
1 Entonces se
acercan a Jesús algunos fariseos y escribas venidos de Jerusalén, y le
dicen:
2 «¿Por qué tus
discípulos traspasan la tradición de los antepasados?; pues no se lavan las
manos a la hora de comer.»
3 El les
respondió: «Y vosotros, ¿por qué traspasáis el mandamiento de Dios por
vuestra tradición?
4 Porque Dios
dijo: = Honra a tu padre y a tu madre, = y: = El que maldiga a su padre o a
su madre, sea castigado con la muerte. =
5 Pero vosotros
decís: El que diga a su padre o a su madre: "Lo que de mí podrías recibir
como ayuda es ofrenda",
6 ése no tendrá
que honrar a su padre y a su madre. Así habéis anulado la Palabra de Dios
por vuestra tradición.
7 Hipócritas,
bien profetizó de vosotros Isaías cuando dijo:
8 = Este pueblo
me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. =
9 = En vano me
rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres.» =
10 Luego llamó a
la gente y les dijo: «Oíd y entended.
11 No es lo que
entra en la boca lo que contamina al hombre; sino lo que sale de la boca,
eso es lo que contamina al hombre.»
12 Entonces se
acercan los discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han
escandalizado al oír tu palabra?»
13 El les
respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será
arrancada de raíz.
14 Dejadlos: son
ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán
en el hoyo.»
15 Tomando Pedro
la palabra, le dijo: «Explícanos la parábola.»
16 El dijo:
«¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia?
17 ¿No
comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa
al excusado?
18 En cambio lo
que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina
al hombre.
19 Porque del
corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones,
robos, falsos testimonios, injurias.
20 Eso es lo que
contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al
hombre.»
21 Saliendo de
allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón.
22 En esto, una
mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten
piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.»
23 Pero él no le
respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo,
que viene gritando detrás de nosotros.»
24 Respondió él:
«No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»
25 Ella, no
obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
26 El respondió:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
27 «Sí, Señor -
repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la
mesa de sus amos.»
28 Entonces Jesús
le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde
aquel momento quedó curada su hija.
29 Pasando de
allí Jesús vino junto al mar de Galilea; subió al monte y se sentó allí.
30 Y se le acercó
mucha gente trayendo consigo cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos;
los pusieron a sus pies, y él los curó.
31 De suerte que
la gente quedó maravillada al ver que los mudos hablaban, los lisiados
quedaban curados, los cojos caminaban y los ciegos veían; y glorificaron al
Dios de Israel.
32 Jesús llamó a
sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de la gente, porque hace ya
tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero
despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.»
33 Le dicen los
discípulos: «¿Cómo hacernos en un desierto con pan suficiente para saciar a
una multitud tan grande?»
34 Díceles Jesús:
«¿Cuántos panes tenéis?» Ellos dijeron: «Siete, y unos pocos pececillos.»
35 El mandó a la
gente acomodarse en el suelo.
36 Tomó luego los
siete panes y los peces y, dando gracias, los partió e iba dándolos a los
discípulos, y los discípulos a la gente.
37 Comieron todos
y se saciaron, y de los trozos sobrantes recogieron siete espuertas llenas.
38 Y los que
habían comido eran 4.000 hombres, sin contar mujeres y niños.
39 Despidiendo
luego a la muchedumbre, subió a la barca, y se fue al término de Magadán.