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1 Los israelitas
hicieron lo que desagradaba a Yahveh y Yahveh los entregó durante siete años
en manos de Madián,
2 y la mano de
Madián pesó sobre Israel. Para escapar de Madián, los israelitas se valieron
de las hendiduras de las montañas, de las cuevas y las cumbres escarpadas.
3 Cuando sembraba
Israel, venía Madián, con Amalec y los hijos de Oriente: subían contra
Israel,
4 acampaban en
sus tierras y devastaban los productos de la tierra hasta la entrada de
Gaza. No dejaban víveres en Israel: ni ovejas, ni bueyes, ni asnos,
5 porque subían
numerosos como langostas, con sus ganados y sus tiendas. Ellos y sus
camellos eran innumerables e invadían el país para saquearlo.
6 Así Madián
redujo a Israel a una gran miseria y los israelitas clamaron a Yahveh.
7 Cuando los
israelitas clamaron a Yahveh por causa de Madián,
8 Yahveh envió a
los israelitas un profeta que les dijo: «Así habla Yahveh, Dios de Israel:
Yo os hice subir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre.
9 Os libré de la
mano de los egipcios y de todos los que os oprimían. Los arrojé de delante
de vosotros, os di su tierra,
10 y os dije: "Yo
soy Yahveh, vuestro Dios. No veneréis a los dioses de los amorreos, en cuya
tierra habitáis." Pero no habéis escuchado mi voz.»
11 Vino el Ángel
de Yahveh y se sentó bajo el terebinto de Ofrá, que pertenecía a Joás de
Abiézer. Su hijo Gedeón majaba trigo en el lagar para ocultárselo a Madián,
12 cuando el
Ángel de Yahveh se le apareció y le dijo: «Yahveh contigo, valiente
guerrero.»
13 Contestó
Gedeón: «Perdón, señor mío. Si Yahveh está con nosotros ¿por qué nos ocurre
todo esto? ¿Dónde están todos esos prodigios que nos cuentan nuestros padres
cuando dicen: "¿No nos hizo subir Yahveh de Egipto?" Pero ahora Yahveh nos
ha abandonado, nos ha entregado en manos de Madián...»
14 Entonces
Yahveh se volvió hacia él y dijo: «Vete con esa fuerza que tienes y salvarás
a Israel de la mano de Madián. ¿No soy yo el que te envía?»
15 Le respondió
Gedeón: «Perdón, señor mío, ¿cómo voy a salvar yo a Israel? Mi clan es el
más pobre de Manasés y yo el último en la casa de mi padre.»
16 Yahveh le
respondió: «Yo estaré contigo y derrotarás a Madián como si fuera un hombre
solo.»
17 Gedeón le
dijo: «Si he hallado gracia a tus ojos dame una señal de que eres tú el que
me hablas.
18 No te marches
de aquí, por favor, hasta que vuelva donde ti. Te traeré mi ofrenda y la
pondré delante de ti». El respondió: «Me quedaré hasta que vuelvas.»
19 Gedeón se fue,
preparó un cabrito y con una medida de harina hizo unas tortas ázimas; puso
la carne en un canastillo y el caldo en una olla, y lo llevó bajo el
terebinto. Cuando se acercaba,
20 le dijo el
Ángel de Yahveh: «Toma la carne y las tortas ázimas, ponlas sobre esa roca y
vierte el caldo.» Gedeón lo hizo así.
21 Entonces el
Ángel de Yahveh extendió la punta del bastón que tenía en la mano y tocó la
carne y las tortas ázimas. Salió fuego de la roca, consumió la carne y las
tortas ázimas, y el Ángel de Yahveh desapareció de su vista.
22 Entonces
Gedeón se dio cuenta de que era el Ángel de Yahveh y dijo: «¡Ay, mi señor
Yahveh! ¡Pues he visto al Ángel de Yahveh cara a cara!»
23 Yahveh le
respondió: «La paz sea contigo. No temas, no morirás.»
24 Gedeón levantó
en aquel lugar un altar a Yahveh y lo llamó Yahveh-Paz. Todavía hoy está en
Ofrá de Abiezer.
25 Sucedió que
aquella misma noche Yahveh dijo a Gedeón: «Toma el toro de tu padre, el toro
de siete años; vas a derribar el altar de Baal propiedad de tu padre y
cortar el cipo que está junto a él.
26 Luego
construirás a Yahveh tu Dios, en la cima de esa altura escarpada, un altar
bien preparado. Tomarás el toro y lo quemarás en holocausto, con la leña del
cipo que habrás cortado.»
27 Gedeón tomó
entonces diez hombres de entre sus criados e hizo como Yahveh le había
ordenado. Pero, como temía a su familia y a la gente de la ciudad, en lugar
de hacerlo de día, lo hizo de noche.
28 A la mañana
siguiente se levantó la gente de la ciudad; el altar de Baal estaba
derruido, el cipo que se alzaba junto a él, cortado; y el toro había sido
ofrecido en holocausto sobre el altar recién construido.
29 Entonces se
dijeron unos a otros: «¿Quién habrá hecho esto?» Tras indagar y buscar
dijeron: «Es Gedeón, hijo de Joás, el que lo ha hecho.»
30 La gente de la
ciudad dijo entonces a Joás: «Haz salir a tu hijo, y que muera, pues ha
derruido el altar de Baal y cortado el cipo que se alzaba a su lado.»
31 Joás respondió
a todos los que tenía delante: «¿Es que vosotros vais a salir en defensa de
Baal? ¿Vosotros le vais a salvar? (El que defiende a Baal, tiene que morir
antes del amanecer.) Si es dios, que pleitee con él, ya que le destruyó su
altar.»
32 Aquel día se
llamó a Gedeón Yerubbaal, porque decían: «¡Que Baal pleitee con él, pues le
destruyó su altar!».
33 Todo Madián,
Amalec y los hijos de Oriente se juntaron, pasaron el Jordán, y acamparon en
la llanura de Yizreel.
34 El espíritu de
Yahveh revistió a Gedeón; él tocó el cuerno y Abiezer se reunió a él.
35 Envió
mensajeros por todo Manasés, que se reunió también con él; y envió
mensajeros por Aser, Zabulón y Neftalí, que le salieron al encuentro.
36 Gedeón dijo a
Dios: «Si verdaderamente vas a salvar por mi mano a Israel, como has dicho,
37 yo voy a
tender un vellón sobre la era; si hay rocío solamente sobre el vellón y todo
el suelo queda seco, sabré que tú salvarás a Israel por mi mano, como has
prometido.»
38 Así sucedió.
Gedeón se levantó de madrugada, estrujó el vellón y exprimió su rocío, una
copa llena de agua.
39 Gedeón dijo a
Dios: «No te irrites contra mí si me atrevo a hablar de nuevo. Por favor,
quisiera hacer por última vez la prueba con el vellón: que quede seco sólo
el vellón y que haya rocío por todo el suelo.»
40 Y Dios lo hizo
así aquella noche. Quedó seco solamente el vellón y por todo el suelo había
rocío.
1 Madrugó
Yerubbaal (o sea Gedeón), así como todo el pueblo que estaba con él, y
acampó junto a En Jarod; el campamento de Madián quedaba al norte del suyo,
al pie de la colina de Moré, en el valle.
2 Yahveh dijo a
Gedeón: «Demasiado numeroso es el pueblo que te acompaña para que ponga yo a
Madián en sus manos; no se vaya a enorgullecer Israel de ello a mi costa
diciendo: "¡Mi propia mano me ha salvado!"
3 Ahora pues,
pregona esto a oídos del pueblo: "El que tenga miedo y tiemble, que se
vuelva y mire desde el monte Gelboé". 22.000 hombres de la tropa se
volvieron y quedaron 10.000.
4 Yahveh dijo a
Gedeón: «Hay todavía demasiada gente; hazles bajar al agua y allí te los
pondré a prueba. Aquel de quien te diga: "Que vaya contigo", ése irá
contigo. Y aquel de quien te diga: "Que no vaya contigo", no ha de ir.»
5 Gedeón hizo
bajar la gente al agua y Yahveh le dijo: «A todos los que lamieren el agua
con la lengua como lame un perro, los pondrás a un lado y a todos los que se
arrodillen para beber, los pondrás al otro.»
6 El número de
los que lamieron el agua con las manos a la boca resultó ser de trescientos.
Todo el resto del pueblo se había arrodillado para beber.
7 Entonces Yahveh
dijo a Gedeón: «Con los trescientos hombres que han lamido el agua os
salvaré, y entregaré a Madián en tus manos. Que todos los demás vuelvan cada
uno a su casa.»
8 Tomaron en sus
manos las provisiones del pueblo y sus cuernos, y mandó a todos los
israelitas cada uno a su tienda, quedándose sólo con los trescientos
hombres. El campamento de Madián estaba debajo del suyo en el valle.
9 Aquella noche
le dijo Yahveh: «Levántate y baja al campamento, porque lo he puesto en tus
manos.
10 No obstante,
si temes bajar, baja al campamento con tu criado Purá,
11 y escucha lo
que dicen. Se fortalecerá tu mano con ello y luego bajarás a atacar al
campamento. Bajó, pues, con su criado Purá hasta la extremidad de las
avanzadillas del campamento.
12 Madián, Amalec
y todos los hijos de Oriente habían caído sobre el valle, numerosos como
langostas, y sus camellos eran innumerables como la arena de la orilla del
mar.
13 Se acercó
Gedeón y he aquí que un hombre contaba un sueño a su vecino; decía: «He
tenido un sueño: una hogaza de pan de cebada rodaba por el campamento de
Madián, llegó hasta la tienda, chocó contra ella y la volcó lo de arriba
abajo.»
14 Su vecino le
respondió: «Esto no puede significar más que la espada de Gedeón, hijo de
Joás, el israelita. Dios ha entregado en sus manos a Madián y a todo el
campamento.»
15 Cuando Gedeón
oyó la narración del sueño y su explicación, se postró, volvió al campamento
de Israel y dijo: « ¡Levantaos! porque Yahveh ha puesto en vuestras manos el
campamento de Madián.»
16 Gedeón dividió
a los trescientos hombres en tres cuerpos. Les dio a todos cuernos y
cántaros vacíos, con antorchas dentro de los cántaros.
17 Les dijo:
«Miradme a mí y haced lo mismo. Cuando llegue yo al extremo del campamento,
lo que yo haga lo haréis vosotros.
18 Yo y todos mis
compañeros tocaremos los cuernos; vosotros también tocaréis los cuernos
alrededor del campamento y gritaréis: ¡Por Yahveh y por Gedeón!»
19 Gedeón y los
cien hombres que le acompañaban llegaron al extremo del campamento al
comienzo de la guardia de la medianoche, cuando acababan de hacer el relevo
de los centinelas; tocaron los cuernos y rompieron los cántaros que llevaban
en la mano.
20 Entonces los
tres cuerpos del ejército tocaron los cuernos, y rompieron los cántaros; en
la izquierda tenían las antorchas y en la derecha los cuernos para tocarlos;
gritaban: «Espada por Yahveh y por Gedeón!»
21 Y se quedaron
quietos cada uno en su lugar alrededor del campamento. Todo el campamento se
despertó y, lanzando alaridos, se dieron a la fuga.
22 Mientras los
trescientos tocaban los cuernos, Yahveh volvió la espada de cada uno contra
su compañero por todo el campamento. La tropa huyó hasta Bet Hassittá, hacia
Sartán, hasta la orilla de Abel Mejolá frente a Tabbat.
23 Los hombres de
Israel se reunieron, de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, y persiguieron a
Madián.
24 Gedeón envió
mensajeros por toda la montaña de Efraím diciendo: «Bajad al encuentro de
Madián y cortadles los vados hasta Bet Bará y el Jordán.» Se reunieron todos
los hombres de Efraím y ocuparon los vados hasta Bet Bará y el Jordán.
25 Hicieron
prisioneros a los dos jefes de Madián, Oreb y Zeeb; mataron a Oreb en la
Peña de Oreb y a Zeeb en el Lagar de Zeeb. Persiguieron a Madián y llevaron
a Gedeón, al otro lado del Jordán, las cabezas de Oreb y Zeeb.
1 La gente de
Efraím dijo a Gedeón: «¿Por qué has hecho esto con nosotros, no
convocándonos cuando has ido a combatir a Madián?» Y discutieron con él
violentamente.
2 El les
respondió: «¿Qué he hecho yo en comparación de lo que habéis hecho vosotros?
¿No vale más el rebusco de Efraím que la vendimia de Abiézer?
3 Dios ha
entregado a los jefes de Madián en vuestras manos, a Oreb y a Zeeb. ¿Qué he
podido hacer yo en comparación con vosotros?» Con estas palabras que les
dijo, se calmó su animosidad contra él.
4 Gedeón llegó al
Jordán y lo pasó; pero él y los trescientos hombres que tenía consigo
estaban agotados por la persecución.
5 Dijo, pues, a
la gente de Sukkot: «Dad, por favor, tortas de pan a la tropa que me sigue,
porque está agotada, y voy persiguiendo a Zébaj y a Salmunná, reyes de
Madián.
6 Pero los jefes
de Sukkot respondieron: «¿Acaso has sujetado ya las manos de Zébaj y
Salmunná para que demos pan a tu ejército?»
7 Gedeón les
respondió: «Bien; cuando Yahveh haya entregado en mis manos a Zébaj y a
Salmunná, os desgarraré las carnes con espinas del desierto y con cardos.»
8 De allí subió a
Penuel y les habló de igual manera. Pero la gente de Penuel le respondió
como lo había hecho la gente de Sukkot.
9 El respondió a
los de Penuel: «Cuando vuelva vencedor, derribaré esa torre.»
10 Zébaj y
Salmunná estaban en Carcor con su ejército, unos 15.000 hombres, todos los
que habían quedado del ejército de los hijos de Oriente. Los que habían
caído eran 120.000 guerreros.
11 Gedeón subió
por el camino de los que habitan en tiendas, al este de Nóbaj y de Yogbohá,
y derrotó al ejército, cuando se creían ya seguros.
12 Zébaj y
Salmunná huyeron. El los persiguió e hizo prisioneros a los dos reyes de
Madián, Zébaj y Salmunná. Y destruyó todo el ejército.
13 Después de la
batalla, Gedeón, hijo de Joás, volvió por la pendiente de Jares.
14 Habiendo
detenido a un joven de la gente de Sukkot, le interrogó, y él le dio por
escrito los jefes de Sukkot y los ancianos: 77 hombres.
15 Gedeón se
dirigió entonces a la gente de Sukkot y dijo: «Aquí tenéis a Zébaj y
Salmunná, a propósito de los cuales me injuriasteis diciendo: ¿Acaso has
sujetado ya las manos de Zébaj y Salmunná para que demos pan a tus tropas
agotadas?»
16 Tomó entonces
a los ancianos de la ciudad y cogiendo espinas del desierto y cardos,
desgarró a los hombres de Sukkot.
17 Derribó la
torre de Penuel y mató a los habitantes de la ciudad.
18 Luego dijo a
Zébaj y Salmunná: «¿Cómo eran los hombres que matasteis en el Tabor?» Ellos
respondieron: «Se parecían a ti; cualquiera de ellos tenía la apariencia de
un hijo de rey.»
19 Respondió
Gedeón: «Eran mis hermanos, hijos de mi madre. ¡Vive Yahveh que, si los
hubieseis dejado vivos, no os mataría!»
20 Y dijo a
Yéter, su hijo mayor: «¡Levántate! ¡Mátalos!» Pero el muchacho no desenvainó
la espada; no se atrevía, porque era todavía muy joven.
21 Zébaj y
Salmunná dijeron entonces: «Levántate tú, hiérenos, porque según es el
hombre es su valentía.» Gedeón se levantó, mató a Zébaj y a Salmunná y tomó
las lunetas que sus camellos llevaban al cuello.
22 Los hombres de
Israel dijeron a Gedeón: «Reina sobre nosotros tú, tu hijo y tu nieto, pues
nos has salvado de la mano de Madián.»
23 Pero Gedeón
les respondió: «No seré yo el que reine sobre vosotros ni mi hijo; Yahveh
será vuestro rey.»
24 Y añadió
Gedeón: «Os voy a pedir una cosa: que cada uno me dé un anillo de su botín.»
Porque los vencidos tenían anillos de oro, pues eran ismaelitas.
25 Respondieron
ellos: «Te los damos con mucho gusto.» Extendió él su manto y ellos echaron
en él cada uno un anillo de su botín.
26 El peso de los
anillos de oro que les había pedido, se elevó a 1.700 siclos de oro, sin
contar las lunetas, los pendientes y los vestidos de púrpura que llevaban
los reyes de Madián, ni tampoco los collares que pendían del cuello de sus
camellos.
27 Gedeón hizo
con todo ello un efod, que colocó en su ciudad, en Ofrá. Y todo Israel se
prostituyó allí tras él y vino a ser una trampa para Gedeón y su familia.
28 Allí fue
humillado Madián ante los israelitas, y no volvió a levantar cabeza. El país
estuvo tranquilo cuarenta años, mientras vivió Gedeón.
29 Se fue, pues,
Yerubbaal, hijo de Joás, y se quedó en su casa.
30 Gedeón tuvo
setenta hijos, nacidos de él, pues tenía muchas mujeres.
31 Y la concubina
que tenía en Siquem, le dio a luz también un hijo, a quien puso por nombre
Abimélek.
32 Murió Gedeón,
hijo de Joás, después de una dichosa vejez y fue enterrado en la tumba de su
padre Joás, en Ofrá de Abiézer.
33 Después de la
muerte de Gedeón, los israelitas volvieron a prostituirse ante los Baales y
tomaron por dios a Baal Berit.
34 Los israelitas
olvidaron a Yahveh su Dios, que los había librado de la mano de todos los
enemigos de alrededor.
35 No fueron
agradecidos con la casa de Yerubbaal-Gedeón, por todo el bien que había
hecho a Israel.
1 Abimélek, hijo
de Yerubbaal, marchó a Siquem, donde los hermanos de su madre, y les dijo a
ellos y a todo el clan de la familia de su madre:
2 «Decid esto,
por favor, a oídos de todos los señores de Siquem: ¿Qué es mejor para
vosotros, que os estén mandando setenta hombres, todos los hijos de
Yerubbaal, o que os mande uno solo? Recordad además que yo soy de vuestros
huesos y de vuestra carne.»
3 Los hermanos de
su madre hablaron de él en los mismos términos a todos los señores de
Siquem, y su corazón se inclinó hacia Abimélek, porque se decían: «Es
nuestro hermano.»
4 Le dieron
setenta siclos de plata del templo de Baal Berit, con los que Abimélek
contrató a hombres miserables, y vagabundos, que se fueron con él.
5 Fue entonces a
casa de su padre, en Ofrá, y mató a sus hermanos, los hijos de Yerubbaal,
setenta hombres, sobre una misma piedra. Sólo escapó Jotam, el hijo menor de
Yerubbaal, porque se escondió.
6 Luego se
reunieron todos los señores de Siquem y todo Bet Milló, y fueron y
proclamaron rey a Abimélek junto al Terebinto de la estela que hay en
Siquem.
7 Se lo
anunciaron a Jotam, quien se colocó en la cumbre del monte Garizim, alzó la
voz y clamó: «Escuchadme, señores de Siquem, y que Dios os escuche.
8 Los árboles se
pusieron en camino para ungir a uno como su rey. Dijeron al olivo: "Sé tú
nuestro rey."
9 Les respondió
el olivo: "¿Voy a renunciar a mi aceite con el que gracias a mí son honrados
los dioses y los hombres, para ir a vagar por encima de los árboles?"
10 Los árboles
dijeron a la higuera: "Ven tú, reina sobre nosotros."
11 Les respondió
la higuera: "¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a
vagar por encima de los árboles?
12 Los árboles
dijeron a la vid: "Ven tú, reina sobre nosotros."
13 Les respondió
la vid: "¿Voy a renunciar a mi mosto, el que alegra a los dioses y a los
hombres, para ir a vagar por encima de los árboles?"
14 Todos los
árboles dijeron a la zarza: "Ven tú, reina sobre nosotros."
15 La zarza
respondió a los árboles: "Si con sinceridad venís a ungirme a mí para reinar
sobre vosotros, llegad y cobijaos a mi sombra. Y si no es así, brote fuego
de la zarza y devore los cedros del Líbano."»
16 «Ahora pues,
¿habéis obrado con sinceridad y lealtad al elegir rey a Abimélek? ¿Os habéis
portado bien con Yerubbaal y su casa y le habéis tratado según el mérito de
sus manos?
17 Mi padre
combatió por vosotros, arriesgó su vida, os libró de la mano de Madián;
18 y vosotros os
habéis alzado hoy contra la casa de mi padre, habéis matado a sus hijos,
setenta hombres sobre una misma piedra, y habéis puesto por rey a Abimélek,
el hijo de su esclava, sobre los señores de Siquem, por ser él vuestro
hermano.
19 Si, pues,
habéis obrado con sinceridad y lealtad con Yerubbaal y con su casa en el día
de hoy, que Abimélek sea vuestra alegría y vosotros la suya.
20 De lo
contrario, que salga fuego de Abimélek y devore a los señores de Siquem y de
Bet Milló; y que salga fuego de los señores de Siquem y Bet Milló y devore a
Abimélek.»
21 Y Jotam huyó,
se puso a salvo y fue a Beer, donde se estableció, lejos del alcance de su
hermano Abimélek.
22 Abimélek
gobernó tres años en Israel.
23 Pero Dios
envió un espíritu de discordia entre Abimélek y los señores de Siquem; y los
señores de Siquem traicionaron a Abimélek,
24 para que el
crimen cometido contra los setenta hijos de Yerubbaal fuera vengado y su
sangre cayera sobre su hermano Abimélek, que los había asesinado, y sobre
los señores de Siquem, que le habían ayudado a asesinar a sus hermanos.
25 Los señores de
Siquem prepararon contra él emboscadas en las cimas de los montes y
saqueaban a todo el que pasaba cerca por el camino. Y se dio aviso a
Abimélek.
26 Gaal, hijo de
Obed, acompañando a sus hermanos, vino a pasar por Siquem y se ganó la
confianza de los señores de Siquem.
27 Salieron éstos
al campo a vendimiar sus viñas, pisaron las uvas, hicieron fiesta y entraron
en el templo de su dios. Comieron y bebieron y maldijeron a Abimélek.
28 Entonces Gaal,
hijo de Obed, exclamó: «¿Quién es Abimélek y qué es Siquem para que le
sirvamos? ¿por qué el hijo de Yerubbaal y Zebul, su lugarteniente, no han de
servir a la gente de Jamor, padre de Siquem? ¿Por qué hemos de servirles
nosotros?
29 ¡Quién pusiera
este pueblo en mis manos! Yo echaría a Abimélek y le diría: Refuerza tu
ejército y sal a la lucha.»
30 Zebul,
gobernador de la ciudad, se enteró de la propuesta de Gaal, hijo de Obed, y
montó en cólera.
31 Envió
secretamente mensajeros donde Abimélek, para decirle: «Mira que Gaal, hijo
de Obed, con sus hermanos, ha llegado a Siquem y están soliviantando a la
ciudad contra ti.
32 Por tanto,
levántate de noche, tú y la gente que tienes contigo, y tiende una emboscada
en el campo;
33 por la mañana
temprano, en cuanto salga el sol, te levantas y te lanzas contra la ciudad.
Cuando Gaal salga a tu encuentro con su gente, harás con él lo que te venga
a mano.»
34 Abimélek se
levantó de noche con todas las tropas de que disponía y tendieron una
emboscada frente a Siquem, repartidos en cuatro grupos.
35 Cuando Gaal,
hijo de Obed, salió y se detuvo a la entrada de la puerta de la ciudad,
Abimélek y la tropa que le acompañaba salieron de su emboscada.
36 Gaal vio la
tropa y dijo a Zebul: «Mira la gente que baja de las cumbres de los montes.»
Zebul respondió: «Es la sombra de los montes lo que ves y te parecen
hombres.»
37 Gaal volvió a
decir: «Mirad la gente que baja del lado del Ombligo de la Tierra, y otra
partida llega por el camino de la Encina de los Adivinos.»
38 Zebul le dijo
entonces: «¿Qué has hecho de tu boca tú que decías: "¿Quién es Abimélek para
que le sirvamos?" ¿ No es esa la gente que despreciaste? Sal, pues, ahora y
pelea contra ellos.»
39 Gaal salió al
frente de los señores de Siquem y presentó batalla a Abimélek.
40 Abimélek
persiguió a Gaal, pero se le escapó; y muchos cayeron muertos antes de
llegar a la puerta.
41 Abimélek
habitó en Arumá; y Zebul expulsó a Gaal y a sus hermanos y no les dejó
habitar en Siquem.
42 Al día
siguiente el pueblo salió al campo. Se dio aviso de ello a Abimélek,
43 que tomó su
tropa, la repartió en tres grupos y tendió una emboscada en el campo. Cuando
vio que la gente salía de la ciudad, cayó sobre ellos y los derrotó.
44 Abimélek y el
grupo que estaba con él, atacó y tomó posiciones a la entrada de la puerta
de la ciudad; los otros dos grupos se lanzaron contra todos los que estaban
en el campo y los derrotaron.
45 Todo aquel día
estuvo Abimélek atacando a la ciudad. Cuando la tomó, mató a la población,
arrasó la ciudad y la sembró de sal.
46 Al saberlo los
vecinos de Migdal Siquem se metieron en la cripta del templo de El Berit.
47 Se comunicó a
Abimélek que todos los señores de Migdal Siquem estaban juntos;
48 entonces
Abimélek subió al monte Salmón, con toda su tropa, y tomando un hacha en sus
manos, cortó una rama de árbol, la alzó y echándosela al hombro dijo a la
tropa que le acompañaba: «Lo que me habéis visto hacer, deprisa, hacedlo
también vosotros.»
49 Y todos sus
hombres cortaron cada uno su rama; luego siguieron a Abimélek, pusieron las
ramas sobre la cripta y prendieron fuego a la cripta con ellos debajo. Así
murieron también todos los habitantes de Migdal Siquem, unos mil hombres y
mujeres.
50 Marchó
Abimélek contra Tebés, la asedió y tomó.
51 Había en medio
de la ciudad una torre fuerte, y en ella se refugiaron todos los hombres y
mujeres, y todos los señores de la ciudad. Cerraron por dentro y subieron a
la terraza de la torre.
52 Abimélek llegó
hasta la torre, la atacó y alcanzó la puerta de la torre con ánimo de
prenderle fuego.
53 Entonces una
mujer le arrojó una muela de molino a la cabeza y le partió el cráneo.
54 El llamó
enseguida a su escudero y le dijo: «Desenvaina tu espada y mátame, para que
no digan de mí: Lo ha matado una mujer.» Su escudero lo atravesó y murió.
55 Cuando la
gente de Israel vio que Abimélek había muerto, se volvió cada uno a su
lugar.
56 Así devolvió
Dios a Abimélek el mal que había hecho a su padre al matar a sus setenta
hermanos.
57 Y también
sobre la cabeza de la gente de Siquem hizo Dios caer toda su maldad. De este
modo se cumplió en ellos la maldición de Jotam, hijo de Yerubbaal.
1 Después de
Abimélek surgió para salvar a Israel Tolá, hijo de Puá, hijo de Dodó. Era de
Isacar y habitaba en Samir, en la montaña de Efraím.
2 Fue juez de
Israel veintitrés años; murió y fue sepultado en Samir.
3 Tras él surgió
Yaír, de Galaad, que fue juez de Israel veintidós años.
4 Tenía treinta
hijos que montaban treinta pollinos y tenían treinta ciudades, que se llaman
todavía hoy los Aduares de Yaír, en el país de Galaad.
5 Murió Yaír, y
fue sepultado en Camón.
6 Los israelitas
volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahveh. Sirvieron a los Baales y a
las Astartés, a los dioses de Aram y Sidón, a los dioses de Moab, a los de
los ammonitas y de los filisteos. Abandonaron a Yahveh y ya no le servían.
7 Entonces se
encendió la cólera de Yahveh contra Israel y los entregó en manos de los
filisteos y en manos de los ammonitas.
8 Estos
molestaron y oprimieron a los israelitas desde aquel año durante dieciocho
años, a todos los israelitas que vivían en Transjordania, en el país amorreo
de Galaad.
9 Los ammonitas
pasaron el Jordán para atacar también a Judá, a Benjamín y a la casa de
Efraím, e Israel pasó por grave aprieto.
10 Los israelitas
clamaron a Yahveh diciendo: «Hemos pecado contra ti, porque hemos abandonado
a Yahveh nuestro Dios para servir a los Baales.»
11 Y Yahveh dijo
a los israelitas: «Cuando los egipcios, los amorreos, los ammonitas, los
filisteos,
12 los sidonios,
Amalec y Madián os oprimían y clamasteis a mí ¿no os salvé de sus manos?
13 Pero vosotros
me habéis abandonado y habéis servido a otros dioses. Por eso no he de
salvaros otra vez.
14 Id y gritad a
los dioses que habéis elegido: que os salven ellos en el tiempo de vuestra
angustia».
15 Los israelitas
respondieron a Yahveh: «Hemos pecado, haz con nosotros todo lo que te
plazca; pero, por favor, sálvanos hoy.»
16 Y retiraron de
en medio de ellos a los dioses extranjeros y sirvieron a Yahveh. Y Yahveh no
pudo soportar el sufrimiento de Israel.
17 Los ammonitas
se concentraron y vinieron a acampar en Galaad. Los israelitas se reunieron
y acamparon en Mispá.
18 Entonces el
pueblo, los jefes de Galaad, se dijeron unos a otros: «¿Quién será el hombre
que emprenda el ataque contra los hijos de Ammón? El estará al frente de
todos los habitantes de Galaad.»
1 Jefté el
galaadita, era un valiente guerrero. Era hijo de una prostituta. Y era
Galaad el que había engendrado a Jefté.
2 Pero la mujer
de Galaad le había dado hijos, y crecieron los hijos de la mujer y echaron a
Jefté diciéndole: « Tú no tendrás herencia en la casa de nuestro padre,
porque eres hijo de otra mujer.»
3 Jefté huyó
lejos de sus hermanos y se quedó en el país de Tob. Se le juntó una banda de
gente miserable, que hacía correrías con él.
4 Andando el
tiempo, los ammonitas vinieron a combatir contra Israel.
5 Y cuando los
ammonitas estaban atacando a Israel, los ancianos de Galaad fueron a buscar
a Jefté al país de Tob.
6 Dijeron a
Jefté: «Ven, tú serás nuestro caudillo en la guerra con los ammonitas.»
7 Pero Jefté
respondió a los ancianos de Galaad: «¿No sois vosotros los que me odiasteis
y me echasteis de la casa de mi padre? ¿Por qué acudís a mí ahora que estáis
en aprieto?»
8 Los ancianos de
Galaad replicaron a Jefté: «Por eso ahora volvemos donde ti: ven con
nosotros; tú atacarás a los ammonitas y serás nuestro jefe y el de todos los
habitantes de Galaad.»
9 Jefté respondió
a los ancianos de Galaad: «Si me hacéis volver para combatir a los ammonitas
y Yahveh me los entrega, yo seré vuestro jefe.»
10 Respondieron a
Jefté los ancianos de Galaad: «Yahveh sea testigo entre nosotros si no
hacemos como tú has dicho.»
11 Jefté partió
con los ancianos de Galaad y el pueblo le hizo su jefe y caudillo; y Jefté
repitió todas sus condiciones delante de Yahveh en Mispá.
12 Jefté envió al
rey de los ammonitas mensajeros que le dijeran: «¿Qué tenemos que ver tú y
yo para que vengas a atacarme en mi propio país?»
13 El rey de los
ammonitas respondió a los mensajeros de Jefté: «Porque Israel, cuando subía
de Egipto, se apoderó de mi país desde el Arnón hasta el Yabboq y el Jordán.
Así que ahora devuélvemelo por las buenas.»
14 Jefté envió de
nuevo mensajeros al rey de los ammonitas
15 y le dijo:
«Así habla Jefté: Israel no se ha apoderado ni del país de Moab ni del de
los ammonitas.
16 Cuando subió
de Egipto, Israel caminó por el desierto hasta el mar de Suf y llegó a
Cadés.
17 Entonces
Israel envió mensajeros al rey de Edom para decirle: "Déjame, por favor,
pasar por tu país", pero el rey de Edom no les atendió. Los envió también al
rey de Moab, el cual tampoco accedió, e Israel se quedó en Cadés;
18 luego,
avanzando por el desierto, rodeó el país de Edom y el de Moab y llegó al
oriente del país de Moab. Acamparon a la otra parte del Arnón, sin cruzar la
frontera de Moab, pues el Arnón es el límite de Moab.
19 Israel envió
mensajeros a Sijón, rey de los amorreos, que reinaba en Jesbón, y le dijo:
"Déjame, por favor, pasar por tu país hasta llegar a mi destino."
20 Pero Sijón le
negó a Israel el paso por su territorio, reunió toda su gente, que acampó en
Yahsá, y atacó a Israel.
21 Yahveh, Dios
de Israel, puso a Sijón y a todo su pueblo en manos de Israel, que los
derrotó, y conquistó Israel todo el país de los amorreos que habitaban allí.
22 Así
conquistaron todo el territorio de los amorreos, desde el Arnón hasta el
Yabboq y desde el desierto hasta el Jordán.
23 Con que
Yahveh, Dios de Israel, quitó su heredad a los amorreos en favor de su
pueblo Israel, ¿y tú se la vas a quitar?
24 ¿No posees ya
todo lo que tu dios Kemós ha quitado para ti a sus poseedores? Igualmente
nosotros poseemos todo lo que Yahveh nuestro Dios ha quitado para nosotros a
sus poseedores.
25 ¿Vas a ser tú
más que Balaq, hijo de Sippor, rey de Moab? ¿Pudo acaso él hacerse fuerte
contra Israel y luchar contra él?
26 Cuando se
estableció Israel en Jesbón y en sus filiales, en Aroer y en sus filiales y
en todas las ciudades que están a ambos lados del Arnón, (trescientos años)
¿por qué no las habéis recuperado desde entonces?
27 Yo no te he
ofendido; eres tú el que te portas mal conmigo si me atacas. Yahveh, el
Juez, juzgue hoy entre los hijos de Israel y los hijos de Ammón.»
28 Pero el rey de
los ammonitas no hizo caso de las palabras que Jefté le mandó decir.
29 El espíritu de
Yahveh vino sobre Jefté, que recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispá de
Galaad y de Mispá de Galaad pasó donde los ammonitas.
30 Y Jefté hizo
un voto a Yahveh: «Si entregas en mis manos a los ammonitas,
31 el primero que
salga de las puertas de mi casa a mi encuentro cuando vuelva victorioso de
los ammonitas, será para Yahveh y lo ofreceré en holocausto.»
32 Jefté pasó
donde los ammonitas para atacarlos, y Yahveh los puso en sus manos.
33 Los derrotó
desde Aroer hasta cerca de Minnit (veinte ciudades) y hasta Abel Keramim.
Fue grandísima derrota y los ammonitas fueron humillados delante de los
israelitas.
34 Cuando Jefté
volvió a Mispá, a su casa, he aquí que su hija salía a su encuentro bailando
al son de las panderetas. Era su única hija; fuera de ella no tenía ni hijo
ni hija.
35 Al verla,
rasgó sus vestiduras y gritó: «¡Ay, hija mía! ¡Me has destrozado! ¿Habías de
ser tú la causa de mi desgracia? Abrí la boca ante Yahveh y no puedo
volverme atrás.»
36 Ella le
respondió: «Padre mío, has abierto tu boca ante Yahveh, haz conmigo lo que
salió de tu boca, ya que Yahveh te ha concedido vengarte de tus enemigos los
ammonitas.»
37 Después dijo a
su padre: «Que se me conceda esta gracia: déjame dos meses para ir a vagar
por las montañas y llorar con mis compañeras mi virginidad.»
38 El le dijo:
«Vete.» Y la dejó marchar dos meses. Ella se fue con sus compañeras y estuvo
llorando su virginidad por los montes.
39 Al cabo de los
dos meses, volvió donde su padre y él cumplió en ella el voto que había
hecho. La joven no había conocido varón. Y se hizo costumbre en Israel:
40 de año en año
las hijas de Israel van a lamentarse cuatro días al año por la hija de Jefté
el galaadita.
1 Los hombres de
Efraím se juntaron, pasaron el Jordán en dirección a Safón y dijeron a
Jefté: «Por qué has ido a atacar a los ammonitas y no nos has invitado a
marchar contigo? Vamos a prender fuego a tu casa contigo dentro.»
2 Jefté les
respondió: «Teníamos un gran conflicto mi pueblo y yo con los ammonitas; os
pedí ayuda y no me librasteis de sus manos.
3 Cuando vi que
nadie venía a ayudarme, arriesgué la vida, marché contra los ammonitas y
Yahveh los entregó en mis manos. ¿Por qué, pues, habéis subido hoy contra mí
para hacerme la guerra?»
4 Entonces Jefté
reunió a todos los hombres de Galaad y atacó a Efraím, los de Galaad
derrotaron a los de Efraím, porque éstos decían: «vosotros los galaaditas
sois fugitivos de Efraím, en medio de Efraím, en medio de Manasés.»
5 Galaad cortó a
Efraím los vados del Jordán y cuando los fugitivos de Efraím decían:
«Dejadme pasar», los hombres de Galaad preguntaban: «¿Eres efraimita?» Y si
respondía: «No»,
6 le añadían:
«Pues di Sibbólet». Pero él decía: «Sibbólet» porque no podía pronunciarlo
así. Entonces le echaban mano y lo degollaban junto a los vados del Jordán.
Perecieron en aquella ocasión 42.000 hombres de Efraím.
7 Jefté juzgó a
Israel seis años; luego Jefté el galaadita murió y fue sepultado en su
ciudad, Mispá de Galaad.
8 Después de él
fue juez en Israel Ibsán de Belén.
9 Tenía treinta
hijos y treinta hijas. A éstas las casó fuera y de fuera trajo treinta
mujeres para sus hijos. Fue juez en Israel siete años.
10 Y murió Ibsán
y fue sepultado en Belén.
11 Después de él
fue juez en Israel Elón de Zabulón. Juzgó a Israel diez años.
12 Y murió Elón
de Zabulón y fue sepultado en Ayyalón, en tierra de Zabulón.
13 Después de él
fue juez en Israel Abdón, hijo de Hillel, de Piratón.
14 Tenía cuarenta
hijos y treinta nietos, que montaban setenta pollinos. Juzgó a Israel ocho
años.
15 Y murió Abdón,
hijo de Hillel de Piratón, y fue sepultado en Piratón, en tierra de Efraím,
en la montaña de los amalecitas.
1 Los israelitas
volvieron a hacer lo que desagradaba a Yahveh y Yahveh los entregó a merced
de los filisteos durante cuarenta años.
2 Había un hombre
en Sorá, de la tribu de Dan, llamado Manóaj. Su mujer era estéril y no había
tenido hijos.
3 El ángel de
Yahveh se apareció a esta mujer y le dijo: «Bien sabes que eres estéril y
que no has tenido hijos,
4 pero concebirás
y darás a luz un hijo. En adelante guárdate de beber vino ni bebida
fermentada y no comas nada impuro.
5 Porque vas a
concebir y a dar a luz un hijo. No pasará la navaja por su cabeza, porque el
niño será nazir de Dios desde el seno de su madre. El comenzará a salvar a
Israel de la mano de los filisteos.»
6 La mujer fue a
decírselo a su marido: «Un hombre de Dios ha venido donde mí; su aspecto era
como el del Ángel de Dios, muy terrible. No le he preguntado de dónde venía
ni él me ha manifestado su nombre.
7 Pero me ha
dicho: "Vas a concebir y a dar a luz un hijo. En adelante no bebas vino ni
bebida fermentada y no comas nada impuro, porque el niño será nazir de Dios
desde el seno de su madre hasta el día de su muerte.»
8 Manóaj invocó a
Yahveh y dijo: «Te ruego, Señor, que el hombre de Dios que has enviado venga
otra vez donde nosotros y nos enseñe lo que hemos de hacer con el niño
cuando nazca.»
9 Dios escuchó a
Manóaj y el Ángel de Dios vino otra vez donde la mujer cuando estaba sentada
en el campo. Manóaj, su marido, no estaba con ella.
10 La mujer
corrió enseguida a informar a su marido y le dijo: «Mira, se me ha aparecido
el hombre que vino donde mí el otro día.»
11 Manóaj se
levantó y, siguiendo a su mujer, llegó donde el hombre y le dijo: «¿Eres tú
el que has hablado con esta mujer?» El respondió: «Yo soy.»
12 Le dijo
Manóaj: «Cuando tu palabra se cumpla ¿cuál deberá ser la norma del niño y su
conducta?»
13 El Ángel de
Yahveh respondió a Manóaj: «Deberá abstenerse él de todo lo que indiqué a
esta mujer.
14 No probará
nada de lo que procede de la viña, no beberá vino ni bebida fermentada, no
comerá nada impuro y observará todo lo que yo le he mandado.»
15 Manóaj dijo
entonces al Ángel de Yahveh: «Permítenos retenerte y prepararte un cabrito.»
16 Pero el Ángel
de Yahveh dijo a Manóaj: «Aunque me obligues a quedarme no probaré tu
comida. Pero si quieres preparar un holocausto, ofréceselo a Yahveh.» Porque
Manóaj no sabía que era el Ángel de Yahveh.
17 Manóaj dijo
entonces al Ángel de Yahveh: «¿Cuál es tu nombre para que, cuando se cumpla
tu palabra, te podamos honrar?»
18 El Ángel de
Yahveh le respondió: «¿Por qué me preguntas el nombre, si es maravilloso?.»
19 Manóaj tomó el
cabrito y la oblación y lo ofreció en holocausto, sobre la roca, a Yahveh,
que obra maravillas. Manóaj y su mujer estaban mirando.
20 Cuando la
llama subía del altar hacia el cielo, el Ángel de Yahveh subía en la llama.
Manóaj y su mujer lo estaban viendo y cayeron rostro en tierra.
21 Al desaparecer
el Ángel de Yahveh de la vista de Manóaj y su mujer, Manóaj se dio cuenta de
que era el Ángel de Yahveh.
22 Y dijo Manóaj
a su mujer: «Seguro que vamos a morir, porque hemos visto a Dios.»
23 Su mujer le
respondió: «Si Yahveh hubiera querido matarnos no habría aceptado de nuestra
mano el holocausto ni la oblación, no nos habría mostrado todas estas cosas
ni precisamente ahora nos habría hecho oír esto.»
24 La mujer dio a
luz un hijo y le llamó Sansón. El niño creció y Yahveh le bendijo.
25 Y el espíritu
de Yahveh comenzó a excitarle en el Campamento de Dan, entre Sorá y Estaol.
1 Sansón bajó a
Timná y se fijó en Timná en una mujer entre las hijas de los filisteos.
2 Subió y se lo
dijo a su padre y a su madre: «He visto en Timná una mujer de entre las
hijas de los filisteos: tomádmela para esposa.»
3 Su padre y su
madre le dijeron: «¿No hay ninguna mujer entre las hijas de tus hermanos y
en todo mi pueblo, para que vayas a tomar mujer entre esos filisteos
incircuncisos?» Pero Sansón respondió a su padre: «Toma a ésa para mí,
porque esa es la que me gusta.»
4 Su padre y su
madre no sabían que esto venía de Yahveh, que buscaba un pretexto contra los
filisteos, pues por aquel tiempo los filisteos dominaban a Israel.
5 Sansón bajó a
Timná y al llegar a las viñas de Timná, vio un leoncillo que venía rugiendo
a su encuentro.
6 El espíritu de
Yahveh le invadió, y sin tener nada en la mano, Sansón despedazó al león
como se despedaza un cabrito; pero no contó ni a su padre ni a su madre lo
que había hecho.
7 Bajó y habló
con la mujer, la cual le agradó.
8 Algún tiempo
después, volvió Sansón para casarse con ella. Dio un rodeo para ver el
cadáver del león y he aquí que en el cuerpo del león había un enjambre de
abejas con miel.
9 La recogió en
su mano y según caminaba la iba comiendo. Cuando llegó donde su padre y su
madre les dio miel y comieron, pero no les dijo que la había cogido del
cadáver del león.
10 Su padre bajó
donde la mujer y Sansón hizo allí un banquete, pues así suelen hacer los
jóvenes.
11 Pero, al
verle, eligieron treinta compañeros para que estuvieran con él.
12 Sansón les
dijo: «Os voy a proponer una adivinanza. Si me dais la solución dentro de
los siete días de la fiesta y acertáis, os daré treinta túnicas y treinta
mudas.
13 Pero si no
podéis darme la solución, entonces me daréis vosotros treinta túnicas y
treinta mudas.» Ellos le dijeron: «Propón tu adivinanza, que te escuchamos.»
14 El les dijo:
«Del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura.» A los tres días aún
no habían acertado la adivinanza.
15 Al cuarto día
dijeron a la mujer de Sansón: «Convence a tu marido para que nos explique la
adivinanza. Si no, te quemaremos a ti y a la casa de tu padre. ¿O es que nos
habéis invitado para robarnos?»
16 La mujer de
Sansón se puso a llorar sobre él, y dijo: «Tú me odias y no me amas. Has
propuesto una adivinanza a los hijos de mi pueblo y a mí no me la has
explicado.» El le respondió: «Ni a mi padre ni a mi madre se la he explicado
¿y te la voy a explicar a ti?»
17 Ella estuvo
llorando encima de él los siete días que duró la fiesta. Por fin el séptimo
día se la explicó, porque lo tenía asediado y ella explicó la adivinanza a
los hijos de su pueblo.
18 El séptimo
día, antes que entrara en la alcoba, la gente de la ciudad dijo a Sansón:
«¿Qué hay más dulce que la miel, y qué más fuerte que el león?» El les
respondió: «Si no hubierais arado con mi novilla, no habríais acertado mi
adivinanza.»
19 Luego el
espíritu de Yahveh le invadió, bajó a Ascalón y mató allí a treinta hombres,
tomó sus despojos y entregó las mudas a los acertantes de la adivinanza;
luego, encendido en cólera, subió a la casa de su padre.
20 La mujer de
Sansón pasó a ser de un compañero suyo, el que había sido su amigo de
confianza.
1 Algún tiempo
después, por los días de la siega del trigo, fue Sansón a visitar a su mujer
llevando un cabrito y dijo: «Quiero llegarme a mi mujer, en la alcoba.» Pero
el padre de ella no le dejó entrar.
2 y le dijo: «Yo
pensé que ya no la querías y se la di a tu compañero. ¿No vale más su
hermana menor? Sea tuya en lugar de la otra.»
3 Sansón les
replicó: «Esta vez no tengo culpa con los con los filisteos si les hago
daño.»
4 Se fue Sansón,
y cazó trescientas zorras; cogió unas teas y, juntando a los animales cola
con cola, puso una tea en medio entre las dos colas.
5 Prendió fuego a
las teas y luego, soltando las zorras por las mieses de los filisteos,
incendió las gavillas y el trigo todavía en pie y hasta las viñas y
olivares.
6 Los filisteos
preguntaron: «¿Quién ha hecho esto?» Y les respondieron: «Sansón, el yerno
del timnita, porque éste tomó a su mujer y se la dio a su compañero.»
Entonces los filisteos subieron y quemaron a aquella mujer y la casa de su
padre.
7 Sansón les
dijo: «Ya que os portáis así no he de parar hasta vengarme de vosotros.»
8 Y les midió las
costillas causándoles un gran estrago. Después bajó a la gruta de la roca de
Etam y se quedó allí.
9 Los filisteos
subieron a acampar en Judá e hicieron una incursión por Lejí.
10 Y les dijeron
los hombres de Judá: «¿Por qué habéis subido contra nosotros?» Respondieron:
«Hemos subido para amarrar a Sansón, para hacer con él lo que él ha hecho
con nosotros.»
11 3.000 hombres
de Judá bajaron a la gruta de la roca de Etam y dijeron a Sansón: «¿No sabes
que los filisteos nos están dominando? ¿Qué nos has hecho?» El les
respondió: «Como me trataron a mí, les he tratado yo a ellos.»
12 Ellos le
dijeron: «Hemos bajado para amarrarte y entregarte en manos de los
filisteos.» Sansón les dijo: «Juradme que no me vais a matar vosotros
mismos.»
13 Le
respondieron: «No; sólo queremos amarrarte y entregarte, no te mataremos.»
Lo amarraron, pues, con dos cordeles nuevos y lo sacaron de entre las rocas.
14 Cuando llegaba
a Lejí y los filisteos corrían a su encuentro, con gritos de triunfo, el
espíritu de Yahveh vino sobre él: los cordeles que sujetaban sus brazos
fueron como hilos de lino que se queman al fuego y las ligaduras se
deshicieron entre sus manos.
15 Encontró una
quijada de asno todavía fresca, alargó la mano, la cogió y mató con ella a
mil hombres.
16 Sansón dijo
entonces: «Con quijada de asno los amontoné. Con quijada de asno, a mil
hombres sacudí.»
17 Cuando terminó
de hablar, tiró la quijada: por eso se llamó aquel lugar Ramat Lejí.
18 Entonces
sintió una sed terrible e invocó a Yahveh diciendo: «Tú has logrado esta
gran victoria por mano de tu siervo y ahora ¿voy a morir de sed y a caer en
manos de los incircuncisos?»
19 Entonces Dios
hendió la cavidad que hay en Lejí y brotó agua de ella. Sansón bebió,
recobró su espíritu y se reanimó. Por eso se dio el nombre de En Haccoré a
la fuente que existe todavía hoy en Lejí.
20 Sansón fue
juez en Israel en la época de los filisteos por espacio de veinte años.
1 De allí Sansón
se dirigió a Gaza, vio allí una meretriz y entró donde ella.
2 Se dio aviso a
los hombres de Gaza: «Ha venido Sansón.» Ellos le rodearon y le estuvieron
acechando a la puerta de la ciudad. Estuvieron quietos toda la noche
pensando: «Esperemos hasta que despunte el día y lo mataremos.»
3 Sansón estuvo
durmiendo hasta media noche; y a media noche se levantó, cogió las hojas de
la puerta de la ciudad con sus dos jambas, las arrancó junto con la barra,
se las cargó a la espalda, y las subió hasta la cumbre del monte que está
frente a Hebrón.
4 Después de
esto, se enamoró de una mujer de la vaguada de Soreq, que se llamaba Dalila.
5 Los tiranos de
los filisteos subieron donde ella y le dijeron: «Sonsácale y entérate de
dónde le viene esa fuerza tan enorme, y cómo podríamos dominarlo para
amarrarlo y tenerlo sujeto. Nosotros te daremos cada uno 1.100 siclos de
plata.»
6 Dalila dijo a
Sansón: «Dime, por favor, ¿de dónde te viene esa fuerza tan grande y con qué
habría que atarte para tenerte sujeto?»
7 Sansón le
respondió: «Si me amarraran con siete cuerdas de arco todavía frescas, sin
dejarlas secar, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.»
8 Los tiranos de
los filisteos llevaron a Dalila siete cuerdas de arco frescas, sin secar
aún, y lo amarró con ellas.
9 Tenía ella
hombres apostados en la alcoba y le gritó: «Los filisteos contra ti,
Sansón». El rompió las cuerdas de arco como se rompe el hilo de estopa en
cuanto siente el fuego. Así no se descubrió el secreto de la fuerza.
10 Entonces
Dalila dijo a Sansón: «Te has reído de mí y me has dicho mentiras; dime
pues, por favor, con qué habría que atarte.»
11 El le
respondió: «Si me amarraran bien con cordeles nuevos sin usar, me
debilitaría y sería como un hombre cualquiera.»
12 Dalila cogió
unos cordeles nuevos, lo amarró con ellos y le gritó: «Los filisteos contra
ti, Sansón.» Tenía ella hombres apostados en la alcoba, pero él rompió los
cordeles de sus brazos como un hilo.
13 Entonces
Dalila dijo a Sansón: «Hasta ahora te has estado burlando de mi y no me has
dicho más que mentiras. Dime con qué habría de amarrarte.» El le respondió:
«Si tejieras las siete trenzas de mi cabellera con la trama y las clavaras
con la clavija del tejedor, me debilitaría y sería como un hombre
cualquiera.»
14 Ella le hizo
dormir, tejió luego las siete trenzas de su cabellera con la trama, las
clavó con la clavija y le gritó: «Los filisteos contra ti, Sansón.» El se
despertó de su sueño y arrancó la trama y la clavija. Así no se descubrió el
secreto de su fuerza.
15 Dalila le
dijo: «¿Cómo puedes decir: "Te amo ", si tu corazón no está conmigo? Tres
veces te has reído ya de mí y no me has dicho en qué consiste esa fuerza tan
grande.»
16 Como todos los
días le asediaba con sus palabras y le importunaba, aburrido de la vida,
17 le abrió todo
su corazón y le dijo: «La navaja no ha pasado jamás por mi cabeza, porque
soy nazir de Dios desde el vientre de mi madre. Si me rasuraran, mi fuerza
se retiraría de mí, me debilitaría y sería como un hombre cualquiera.»
18 Dalila
comprendió entonces que le había abierto todo su corazón, mandó llamar a los
tiranos de los filisteos y les dijo: «Venid esta vez, pues me ha abierto
todo su corazón.» Y los tiranos de los filisteos vinieron donde ella con el
dinero en la mano.
19 Ella hizo
dormir a Sansón sobre sus rodillas y llamó a un hombre que le cortó las
siete trenzas de su cabeza. Entonces ella comenzó a humillarlo, y se retiró
de él su vigor.
20 Ella gritó:
«Los filisteos contra ti, Sansón.» El se despertó de su sueño y se dijo:
«Saldré como las otras veces y me desembarazaré.» No sabía que Yahveh se
había apartado de él.
21 Los filisteos
le echaron mano, le sacaron los ojos, y lo bajaron a Gaza. Allí lo ataron
con una doble cadena de bronce y daba vueltas a la muela en la cárcel.
22 Pero el pelo
de su cabeza, nada más rapado, empezó a crecer.
23 Los tiranos de
los filisteos se reunieron para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagón y
hacer gran fiesta. Decían: «Nuestro dios ha puesto en nuestras manos a
Sansón nuestro enemigo.»
24 En cuanto lo
vio la gente, alababa a su dios diciendo: «Nuestro dios ha puesto en
nuestras manos a Sansón nuestro enemigo, al que devastaba nuestro país y
multiplicaba nuestras víctimas.»
25 Y como su
corazón estaba alegre, dijeron: «Llamad a Sansón para que nos divierta.»
Trajeron, pues, a Sansón de la cárcel, y él les estuvo divirtiendo; luego lo
pusieron de pie entre las columnas.
26 Sansón dijo
entonces al muchacho que lo llevaba de la mano: «Ponme donde pueda tocar las
columnas en las que descansa la casa para que me apoye en ellas.»
27 La casa estaba
llena de hombres y mujeres. Estaban dentro todos los tiranos de los
filisteos y, en el terrado, unos 3.000 hombres y mujeres contemplando los
juegos de Sansón.
28 Sansón invocó
a Yahveh y exclamó: «Señor Yahveh, dígnate acordarte de mí, hazme fuerte
nada más que esta vez, oh Dios, para que de un golpe me vengue de los
filisteos por mis dos ojos.»
29 Y Sansón palpó
las dos columnas centrales sobre las que descansaba la casa, se apoyó contra
ellas, en una con su brazo derecho, en la otra con el izquierdo,
30 y gritó:
«¡Muera yo con los filisteos!» Apretó con todas sus fuerzas y la casa se
derrumbó sobre los tiranos y sobre toda la gente allí reunida. Los muertos
que mató al morir fueron más que los que había matado en vida.
31 Sus hermanos y
toda la casa de su padre bajaron y se lo llevaron. Lo subieron y sepultaron
entre Sorá y Estaol, en el sepulcro de su padre Manóaj. Había juzgado a
Israel por espacio de veinte años.
1 Había en la
montaña de Efraím un hombre llamado Miqueas.
2 Dijo a su
madre: «Los 1.100 siclos de plata que te quitaron y por los que lanzaste una
maldición, incluso oí que dijiste... esa plata la tengo yo; yo la robé.» Su
madre respondió: «Que mi hijo sea bendito de Yahveh».
3 Y él le
devolvió los 1.100 siclos de plata. Y su madre dijo: «Yo consagré solemne y
espontáneamente, por mi hijo, esta plata a Yahveh, para hacer con ella una
imagen y un ídolo de fundición, pero ahora te la devuelvo.» Y él devolvió la
plata a su madre.
4 Su madre tomó
doscientos siclos de plata y los entregó al fundidor. Este le hizo una
imagen (y un ídolo de metal fundido) que quedó en casa de Miqueas.
5 Este hombre,
Miká, tenía una Casa de Dios; hizo un efod y unos terafim e invistió a uno
de sus hijos que vino a ser su sacerdote.
6 En aquel tiempo
no había rey en Israel y hacía cada uno lo que le parecía bien.
7 Había un joven
de Belén de Judá, de la familia de Judá, que era levita y residía allí como
forastero.
8 Este hombre
dejó la ciudad de Belén de Judá para ir a residir donde pudiera. Haciendo su
camino llegó a la montaña de Efraím, a la casa de Miká.
9 Miká le
preguntó: «¿De dónde vienes?» Le respondió: «Soy un levita de Belén de Judá.
Vengo de paso para residir donde pueda.»
10 Miká le dijo:
«Quédate en mi casa, y serás para mí un padre y un sacerdote; yo te daré
diez siclos de plata al año, el vestido y la comida.»
11 El levita
accedió a quedarse en casa de aquel hombre y el joven fue para él como uno
de sus hijos.
12 Miká invistió
al levita; el joven fue su sacerdote y se quedó en casa de Miká.
13 Y dijo Miká:
«Ahora sé que Yahveh me favorecerá, porque tengo a este levita como
sacerdote.»
1 Por aquel
tiempo no había rey en Israel. Por entonces la tribu de Dan buscaba un
territorio donde habitar, pues hasta aquel día no le había tocado heredad
entre las tribus de Israel.
2 Los danitas
enviaron a cinco hombres de su familia, hombres valientes de Sorá y Estaol,
para recorrer el país y explorarlo. Y les dijeron: «Id a explorar esa
tierra.» Llegaron a la montaña de Efraím cerca de la casa de Miká, y pasaron
allí la noche.
3 Como estaban
cerca de la casa de Miká, reconocieron la voz del joven levita, y llegándose
allá le dijeron: «¿Quién te ha traído por acá?, ¿qué haces en este lugar?
¿qué se te ha perdido aquí?»
4 El les
respondió: «Esto y esto ha hecho por mí Miká. Me ha tomado a sueldo y soy su
sacerdote.»
5 Le dijeron:
«Consulta, pues, a Dios, para que sepamos si el viaje que estamos haciendo
tendrá feliz término.»
6 Les respondió
el sacerdote: «Id en paz; el viaje que hacéis está bajo la mirada de
Yahveh.»
7 Los cinco
hombres partieron y llegaron a Lais. Vieron que las gentes que habitaban
allí vivían seguras, según las costumbres de los sidonios, tranquilas y
confiadas; que nada faltaba allí de cuanto produce la tierra, que estaban
lejos de los sidonios y no tenían relaciones con los arameos.
8 Volvieron
entonces donde sus hermanos, a Sorá y Estaol, y éstos les preguntaron: «¿Qué
noticias traéis?»
9 Ellos
respondieron: «¿Arriba!, vayamos contra ellos, porque hemos visto el país y
es excelente. Pero ¿por qué estáis parados sin decir nada? No dudéis en
partir para ir a conquistar aquella tierra.
10 Cuando
lleguéis, os encontraréis con un pueblo tranquilo. El país es espacioso:
Dios lo ha puesto en nuestras manos; es un lugar en el que no falta nada de
lo que puede haber sobre la tierra.»
11 Partieron,
pues, de allí, del clan de los danitas, de Sorá y Estaol, seiscientos
hombres bien armados.
12 Subieron y
acamparon en Quiryat Yearim, en Judá. Por eso, todavía hoy, se llama aquel
lugar el Campamento de Dan. Está detrás de Quiryat Yearim.
13 De allí
pasaron a la montaña de Efraím y llegaron a la casa de Miká.
14 Los cinco
hombres que habían ido a recorrer la tierra, tomaron la palabra y dijeron a
sus hermanos: «¿No sabéis que hay aquí en estas casas un efod, unos terafim,
una imagen y un ídolo de metal fundido? Considerad, pues, lo que habéis de
hacer.»
15 Llegándose
allá entraron en la casa del joven levita, la casa de Miká, y le dieron el
saludo de paz.
16 Los
seiscientos hombres danitas con sus armas de guerra estaban en el umbral de
la puerta.
17 Los cinco
hombres que habían ido a recorrer la tierra subieron, entraron dentro y
cogieron la imagen, el efod, los terafim y el ídolo de fundición; entre
tanto el sacerdote estaba en el umbral de la puerta con los seiscientos
hombres armados.
18 Aquéllos,
pues, entrando en la casa de Miká, cogieron la imagen, el efod, los terafim
y el ídolo de fundición. El sacerdote les dijo: «¿Qué estáis haciendo?»
19 «Calla - le
contestaron - pon la mano en la boca y ven con nosotros. Serás para nosotros
padre y sacerdote. ¿Prefieres ser sacerdote de la casa de un particular a
ser sacerdote de una tribu y de un clan de Israel?»
20 Se alegró con
ello el corazón del sacerdote, tomó el efod, los terafim y la imagen y se
fue en medio de la tropa.
21 Reemprendieron
el camino colocando en la cabeza a las mujeres, los niños, los rebaños y los
objetos preciosos.
22 Estaban ya
lejos de la casa de Miká, cuando los hombres de las casas vecinas a la casa
de Miká dieron la alarma y salieron en persecución de los danitas,
23 y les
gritaron. Se volvieron éstos y dijeron a Miká: «¿Qué te pasa para gritar
así?»
24 Respondió: «Me
habéis quitado a mi dios, el que yo me había hecho, y a mi sacerdote.
Vosotros os marcháis, y a mí ¿qué me queda? y encima me decís: ¿Qué te
pasa?»
25 Los danitas le
contestaron: «Calla de una vez, no sea que algunos irritados caigan sobre
vosotros y pierdas tu vida y la de tu casa.»
26 Los danitas
siguieron su camino; y Miká, viendo que eran más fuertes, se volvió a su
casa.
27 Ellos tomaron
el dios que Miká había fabricado y el sacerdote que tenía, y marcharon
contra Lais, pueblo tranquilo y confiado. Pasaron a cuchillo a la población
e incendiaron la ciudad.
28 Nadie vino en
su ayuda, porque estaba lejos de Sidón y no tenía relaciones con los
arameos. Estaba situada en el valle que se extiende hacia Bet Rejob.
Reconstruyeron la ciudad, se establecieron en ella,
29 y le pusieron
el nombre de Dan, en recuerdo de su padre Dan, hijo de Israel. Aunque
antiguamente la ciudad se llamaba Lais.
30 Los danitas
erigieron para sí la imagen. Jonatán, hijo de Guersón, hijo de Moisés, y
después sus hijos, fueron sacerdotes de la tribu de Dan hasta el día de la
deportación del país.
31 Se erigieron
la imagen que había hecho Miká y allí permaneció mientras estuvo en Silo la
casa de Dios.
1 En aquel
tiempo, cuando aún no había rey en Israel, hubo un hombre, levita, que
residía como forastero en los confines de la montaña de Efraím. Tomó por
concubina a una mujer de Belén de Judá.
2 Se enfadó con
él su concubina y lo dejó para volver a la casa de su padre en Belén de
Judá, donde permaneció bastante tiempo, unos cuatro meses.
3 Su marido se
puso en camino y fue donde ella, para hablarle al corazón y hacerla volver;
llevaba consigo a su criado y un par de asnos. Cuando llegó a casa del padre
de ella, le vio el padre de la joven y salió contento a su encuentro.
4 Su suegro, el
padre de la joven, lo retuvo y él se quedó con él tres días; comieron y
bebieron y pasaron allí la noche.
5 Al cuarto día
se levantaron de madrugada y el levita se dispuso a partir; el padre de la
joven dijo a su yerno: «Toma un bocado de pan para cobrar ánimo, y luego
marcharás.»
6 Se sentaron, y
se pusieron a comer y beber los dos juntos. Luego el padre de la joven dijo
al hombre: «Decídete, pasa aquí la noche y que se alegre tu corazón.»
7 Se levantó el
hombre para marchar, pero el suegro le porfió y se quedó aquella noche.
8 Al quinto día
madrugó para marchar, pero el padre de la joven le dijo: «Cobra ánimo
primero, por favor.» Y pasaron el tiempo hasta declinar el día y comieron
juntos.
9 Se levantaron
para marchar el marido con su concubina y su siervo, pero su suegro, el
padre de la joven, le dijo: «Mira que la tarde está al caer. Pasa aquí la
noche y que se alegre tu corazón. Mañana de madrugada marcharéis y volverás
a tu tienda.»
10 Pero el hombre
no quiso pasar la noche allí; se levantó, partió y llegó frente a Jebús, o
sea, Jerusalén. Llevaba consigo los dos asnos cargados, su concubina y su
criado.
11 Cuando
llegaban cerca de Jebús, era ya hora muy avanzada. El criado dijo a su amo:
«Vamos, dejemos el camino y entremos en esa ciudad de los jebuseos para
pasar allí la noche.»
12 Su amo le
respondió: «No vamos a entrar en una ciudad de extranjeros, que no son
israelitas; pasaremos de largo hasta Guibeá.»
13 Y añadió a su
criado: «Vamos a acercarnos a uno de esos poblados; pasaremos la noche en
Guibeá o Ramá.»
14 Pasaron, pues,
de largo y continuaron su marcha. Y a la puesta del sol, llegaron frente a
Guibeá de Benjamín.
15 Se desviaron
hacia allí y fueron a pasar la noche en Guibeá. El levita entró y se sentó
en la plaza de la ciudad, pero no hubo nadie que les ofreciera casa donde
pasar la noche.
16 Llegó un viejo
que volvía por la tarde de sus faenas del campo. Era un hombre de la montaña
de Efraím que residía como forastero en Guibeá; mientras que la gente del
lugar era benjaminita.
17 Alzando los
ojos, se fijó en el viajero que estaba en la plaza de la ciudad, y el
anciano le dijo: «¿A dónde vas y de dónde vienes?»
18 Y el otro le
respondió: «Estamos de paso, venimos de Belén de Judá y vamos hasta los
confines de la montaña de Efraím, de donde soy. Fui a Belén de Judá y ahora
vuelvo a mi casa, pero nadie me ha ofrecido su casa.
19 Y eso que
tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y pan y vino para mí, para tu
sierva y para el joven que acompaña a tu siervo. No nos falta de nada.»
20 El viejo le
dijo: «La paz sea contigo; yo proveeré a todas tus necesidades; pero no
pases la noche en la plaza.»
21 Le llevó,
pues, a su casa y echó pienso a los asnos. Y ellos se lavaron los pies,
comieron y bebieron.
22 Mientras
alegraban su corazón, los hombres de la ciudad, gente malvada, cercaron la
casa y golpeando la puerta le dijeron al viejo, dueño de la casa: «Haz salir
al hombre que ha entrado en tu casa para que lo conozcamos.»
23 El dueño de la
casa salió donde ellos y les dijo: «No, hermanos míos; no os portéis mal.
Puesto que este hombre ha entrado en mi casa no cometáis esa infamia.
24 Aquí está mi
hija, que es doncella. Os la entregaré. Abusad de ella y haced con ella lo
que os parezca; pero no cometáis con este hombre semejante infamia.»
25 Pero aquellos
hombres no quisieron escucharle. Entonces el hombre tomó a su concubina y se
la sacó fuera. Ellos la conocieron, la maltrataron toda la noche hasta la
mañana y la dejaron al amanecer.
26 Llegó la mujer
de madrugada y cayó a la entrada de la casa del hombre donde estaba su
marido; allí quedó hasta que fue de día.
27 Por la mañana
se levantó su marido, abrió las puertas de la casa y salió para continuar su
camino; y vio que la mujer, su concubina, estaba tendida a la entrada de la
casa, con las manos en el umbral,
28 y le dijo:
«Levántate, vámonos.» Pero no le respondió. Entonces el hombre la cargó
sobre su asno y se puso camino de su pueblo.
29 Llegado a su
casa, cogió un cuchillo y tomando a su concubina la partió miembro por
miembro en doce trozos y los envió por todo el territorio de Israel.
30 Y dio esta
orden a su emisarios: «Esto habéis de decir a todos los israelitas: ¿Se ha
visto alguna vez cosa semejante desde que los israelitas subieron del país
de Egipto hasta hoy? Pensad en ello, pedid consejo y tomad una decisión.» Y
todos los que lo veían, decían: «Nunca ha ocurrido ni se ha visto cosa igual
desde que los israelitas subieron del país de Egipto hasta hoy.»
1 Salieron, pues,
todos los israelitas y se reunió toda la comunidad como un solo hombre,
desde Dan hasta Berseba y el país de Galaad, delante de Yahveh, en Mispá.
2 Los principales
de todo el pueblo y todas las tribus de Israel acudieron a la asamblea del
pueblo de Dios: 400.000 hombres de a pie, armados de espada.
3 Oyeron los
benjaminitas que los hijos de Israel habían subido a Mispá... Los israelitas
dijeron: «Decidnos cómo ha sido el crimen.»
4 El levita,
marido de la mujer asesinada, tomó la palabra y dijo: «Había llegado yo con
mi concubina a Guibeá de Benjamín para pasar la noche.
5 Los señores de
Guibeá se levantaron contra mí y rodearon por la noche la casa; intentaron
matarme a mí, y abusaron tanto de mi concubina que murió.
6 Tomé entonces a
mi concubina, la descuarticé y la envié por todo el territorio de la heredad
de Israel, porque habían cometido una vergüenza y una infamia en Israel.
7 Aquí estáis
todos, israelitas: tratadlo y tomad aquí mismo una resolución.»
8 Todo el pueblo
se levantó como un solo hombre diciendo: «Ninguno de nosotros marchará a su
tienda, nadie volverá a su casa.
9 Esto es lo que
hemos de hacer con Guibeá. Echaremos a suertes
10 y tomaremos de
todas las tribus de Israel diez hombres por cada cien, cien por cada mil, y
mil por cada 10.000; ellos recogerán víveres para la tropa, para hacer, en
cuanto lleguen, con Guibeá de Benjamín según la infamia que han cometido en
Israel.»
11 Así se juntó
contra la ciudad toda la gente de Israel como un solo hombre.
12 Las tribus de
Israel enviaron emisarios a toda la tribu de Benjamín diciendo: «¿Qué crimen
es ése que se ha cometido entre vosotros?
13 Ahora, pues,
entregadnos a esos hombres malvados de Guibeá, para que los matemos y
desaparezca el mal de Israel.» Pero los benjaminitas no quisieron hacer caso
a sus hermanos los israelitas.
14 Los
benjaminitas, dejando sus ciudades, se reunieron en Guibeá para salir al
combate contra los israelitas.
15 Aquel día los
benjaminitas llegados de las diversas ciudades hicieron el censo, que dio en
total 25.000 hombres armados de espada, sin contar los habitantes de Guibeá.
16 En toda esta
tropa había setecientos hombres elegidos, zurdos, capaces todos ellos de
lanzar una piedra con la honda contra un cabello sin errar el tiro.
17 La gente de
Israel hizo también el censo. Sin contar a Benjamín, eran 400.000 armados de
espada; todos hombres de guerra.
18 Partieron,
pues, y subieron a Betel. Consultaron a Dios y le preguntaron los
israelitas: «¿Quién de nosotros subirá el primero a combatir contra los
benjaminitas?» Y Yahveh respondió: «Judá subirá primero.»
19 Los israelitas
se levantaron temprano y acamparon frente a Guibeá.
20 Salieron los
hombres de Israel para combatir contra Benjamín y se pusieron en orden de
batalla frente a Guibeá.
21 Pero los
benjaminitas salieron de Guibeá y dejaron muertos en tierra aquel día a
22.000 hombres de Israel.
22 Los israelitas
subieron a llorar delante de Yahveh hasta la tarde y luego consultaron a
Yahveh diciendo: «¿He de entablar combate otra vez contra los hijos de mi
hermano Benjamín?» Yahveh respondió: «Subid contra él.»
23 Entonces la
tropa de Israel recobró su valor y volvió a ponerse en orden de batalla en
el mismo lugar que el primer día.
24 El segundo día
los israelitas se acercaron a los benjaminitas;
25 pero también
aquel segundo día Benjamín salió de Guibeá a su encuentro y volvió a dejar
tendidos en tierra a 18.000 israelitas; todos ellos armados de espada.
26 Entonces todos
los israelitas y todo el pueblo subieron hasta Betel, lloraron, se quedaron
allí delante de Yahveh, ayunaron todo el día hasta la tarde y ofrecieron
holocaustos y sacrificios de comunión delante de Yahveh.
27 Consultaron
luego los israelitas a Yahveh, pues el arca de la alianza de Dios se
encontraba allí,
28 y Pinjás, hijo
de Eleazar, hijo de Aarón, estaba entonces a su servicio. Dijeron: «¿He de
salir otra vez a combatir a los hijos de mi hermano Benjamín o debo
dejarlo?» Yahveh respondió: «Subid, porque mañana lo entregaré en vuestras
manos.»
29 Israel puso
gente emboscada alrededor de Guibeá.
30 Al tercer día
los israelitas marcharon contra los benjaminitas y se pusieron en orden de
batalla como las otras veces frente a Guibeá.
31 Los
benjaminitas salieron a su encuentro y se dejaron atraer lejos de la ciudad.
Comenzaron como las otras veces a matar gente del pueblo por los caminos que
suben, uno a Betel y otro a Guibeá, a campo raso: unos treinta hombres de
Israel.
32 Los
benjaminitas se dijeron: «Han sido derrotados ante nosotros como la primera
vez.» Pero los israelitas se habían dicho: «Vamos a huir para atraerlos
lejos de la ciudad hacia los caminos.»
33 Entonces todos
los hombres de Israel se levantaron de sus puestos, tomaron posiciones en
Baal Tamar, y los emboscados de Israel atacaron desde su puesto al oeste de
Gueba.
34 10.000 hombres
elegidos de todo Israel llegaron frente a Guibeá. El combate se endureció;
los benjaminitas no se daban cuenta de la calamidad que se les venía encima.
35 Yahveh derrotó
a Benjamín ante Israel y aquel día los israelitas mataron en Benjamín a
25.100 hombres, todos ellos armados de espada.
36 Los
benjaminitas se vieron derrotados. Los hombres de Israel habían cedido
terreno a Benjamín porque contaban con la emboscada que habían puesto contra
Guibeá.
37 Los emboscados
marcharon a toda prisa contra Guibeá, se desplegaron y pasaron a cuchillo a
toda la ciudad.
38 La gente de
Israel y los emboscados habían convenido en levantar una humareda, como
señal, desde la ciudad;
39 entonces
harían frente a los combatientes de Israel. Benjamín comenzó matando a
algunos israelitas, unos treinta hombres. Y se decían: «Están completamente
derrotados ante nosotros, como en la primera batalla.»
40 Pero entonces,
la señal, la columna de humo, comenzó a levantarse de la ciudad, y Benjamín,
mirando atrás, vio que toda la ciudad subía en llamas al cielo.
41 Entonces los
hombres de Israel hicieron frente y los benjaminitas temblaron al ver la
calamidad que se les venía encima.
42 Volvieron la
espalda ante la gente de Israel camino del desierto, pero los combatientes
los acosaban, y los que venían de la ciudad los destrozaban cogiéndolos en
medio.
43 Así
envolvieron a Benjamín, lo persiguieron sin descanso y lo aplastaron hasta
llegar frente a Gueba por el oriente.
44 Cayeron de
Benjamín 18.000 hombres, todos ellos hombres valerosos.
45 Volvieron la
espalda y huyeron al desierto, hacia la Peña de Rimmón. Los israelitas
fueron atrapando por los caminos a 5.000 hombres. Luego persiguieron a
Benjamín hasta Guidom y le mataron 2.000 hombres.
46 El total de
los benjaminitas que cayeron aquel día fue de 25.000 hombres, armados de
espada, todos ellos hombres valerosos.
47 Seiscientos
hombres habían podido volverse y escapar al desierto, hacia la Peña de
Rimmón. Se quedaron en la Peña de Rimmón cuatro meses.
48 Las tropas de
Israel se volvieron contra los benjaminitas, y pasaron a cuchillo a los
varones de la ciudad, al ganado, y a todo lo que encontraron. Incendiaron
también todas las ciudades que encontraron.
1 Los hombres de
Israel habían jurado en Mispá: «Ninguno de nosotros dará su hija en
matrimonio a Benjamín.»
2 El pueblo fue a
Betel y allí permaneció delante de Dios hasta la tarde clamando y llorando
con grandes gemidos.
3 Decían:
«Yahveh, Dios de Israel, ¿por qué ha de suceder esto en Israel, que
desaparezca hoy de Israel una de sus tribus?»
4 Al día
siguiente el pueblo se levantó de madrugada, construyó allí un altar, y
ofreció holocaustos y sacrificios de comunión.
5 Dijeron los
israelitas: «¿Quién de entre todas las tribus de Israel no acudió a la
asamblea ante Yahveh?» Porque se había jurado solemnemente que el que no
subiera a Mispá ante Yahveh tenía que morir.
6 Los israelitas
estaban apenados por su hermano Benjamín y decían: «Hoy ha sido arrancada
una tribu de Israel.
7 ¿Qué haremos
para proporcionar mujeres a los que quedan? Pues nosotros hemos jurado por
Yahveh no darles nuestras hijas en matrimonio.»
8 Entonces se
dijeron: «¿Cuál es la única tribu de Israel que no subió ante Yahveh a
Mispá?» Y vieron que nadie de Yabés de Galaad había ido al campamento, a la
asamblea.
9 Hicieron el
censo del pueblo y no había ninguno de los habitantes de Yabés de Galaad.
10 Entonces la
comunidad mandó allá 12.000 hombres de los valientes y les dio esta orden:
«Id y pasad a cuchillo a los habitantes de Yabés de Galaad, incluidos las
mujeres y los niños.
11 Esto es lo que
habéis de hacer: Consagraréis al anatema a todo varón y a toda mujer que
haya conocido varón, pero dejaréis con vida a las doncellas.» Así lo
hicieron.
12 Entre los
habitantes de Yabés de Galaad encontraron cuatrocientas muchachas vírgenes
que no habían conocido varón y las llevaron al campamento (de Silo, que está
en el país de Canaán).
13 Toda la
comunidad mandó emisarios a los benjaminitas que estaban en la Peña de
Rimmón para hacer las paces.
14 Volvió
entonces Benjamín. Les dieron las mujeres de Yabés de Galaad que habían
quedado con vida, pero no hubo suficientes para todos.
15 El pueblo se
compadeció de Benjamín, pues Yahveh había abierto una brecha entre las
tribus de Israel.
16 Decían los
ancianos de la comunidad: «¿Qué podemos hacer para proporcionar mujeres a
los que quedan, pues las mujeres de Benjamín han sido exterminadas?»
17 Y añadían:
«¿Cómo conservar un resto a Benjamín para que no sea borrada una tribu de
Israel?
18 Porque
nosotros no podemos darles nuestras hijas en matrimonio.» Es que los
israelitas habían pronunciado este juramento: «Maldito sea el que dé mujer a
Benjamín.»
19 Pero se
dijeron: «Es ahora la fiesta de Yahveh, la que se celebra todos los años en
Silo.» (La ciudad está al norte de Betel, al oriente de la calzada que sube
de Betel a Siquem y al sur de Leboná.)
20 Dieron esta
orden a los benjaminitas: «Id a poner una emboscada entre las viñas.
21 Estaréis
alerta, y cuando las muchachas de Silo salgan para danzar en corro, saldréis
de las viñas y raptaréis cada uno una mujer de entre las muchachas de Silo y
os iréis a la tierra de Benjamín.
22 Si sus padres
o sus hermanos vienen a querellarse contra vosotros, les diremos: "Hacednos
el favor de perdonarles, pues no hemos podido tomar cada uno una mujer en el
combate; porque no sois vosotros los que se las habéis dado, porque entonces
seríais culpables.»
23 Así lo
hicieron los benjaminitas y se llevaron tantas mujeres cuantos eran ellos de
entre las danzarinas que raptaron; luego se fueron, volvieron a su heredad,
reedificaron las ciudades y se establecieron en ellas.
24 Los israelitas
se marcharon entonces de allí cada uno a su tribu y a su clan y partieron de
allí cada uno a su heredad.
25 Por aquel
tiempo no había rey en Israel y cada uno hacía lo que le parecía bien.