1 Cuando alguno
de vosotros tiene un pleito con otro, ¿se atreve a llevar la causa ante los
injustos, y no ante los santos?
2 ¿No sabéis que
los santos han de juzgar al mundo? Y si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no
sois acaso dignos de juzgar esas naderías?
3 ¿No sabéis que
hemos de juzgar a los ángeles? Y ¡cómo no las cosas de esta vida!
4 Y cuando tenéis
pleitos de este género ¡tomáis como jueces a los que la Iglesia tiene en
nada!
5 Para vuestra
vergüenza lo digo. ¿No hay entre vosotros algún sabio que pueda juzgar entre
los hermanos?
6 Sino que vais a
pleitear hermano contra hermano, ¡y eso, ante infieles!
7 De todos modos,
ya es un fallo en vosotros que haya pleitos entre vosotros. ¿Por qué no
preferís soportar la injusticia? ¿Por qué no dejaros más bien despojar?
8 ¡Al contrario!
¡Sois vosotros los que obráis la injusticia y despojáis a los demás! ¡Y
esto, a hermanos!
9 ¿No sabéis
acaso que los injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni
los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los
homosexuales,
10 ni los
ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los
rapaces heredarán el Reino de Dios.
11 Y tales
fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido
santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y
en el Espíritu de nuestro Dios.
12 «Todo me es
lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito»; mas ¡no me dejaré
dominar por nada!
13 La comida para
el vientre y el vientre para la comida. Mas lo uno y lo otro destruirá Dios.
Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor
para el cuerpo.
14 Y Dios, que
resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder.
15 ¿No sabéis que
vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros
de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo!
16 ¿O no sabéis
que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está
dicho: = Los dos se harán una sola carne. =
17 Mas el que se
une al Señor, se hace un solo espíritu con él.
18 ¡Huid de la
fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas
el que fornica, peca contra su propio cuerpo.
19 ¿O no sabéis
que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y
habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?
20 ¡Habéis sido
bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.
1 En cuanto a lo
que me habéis escrito, bien le está al hombre abstenerse de mujer.
2 No obstante,
por razón de la impureza, tenga cada hombre su mujer, y cada mujer su
marido.
3 Que el marido
dé a su mujer lo que debe y la mujer de igual modo a su marido.
4 No dispone la
mujer de su cuerpo, sino el marido. Igualmente, el marido no dispone de su
cuerpo, sino la mujer.
5 No os neguéis
el uno al otro sino de mutuo acuerdo, por cierto tiempo, para daros a la
oración; luego, volved a estar juntos, para que Satanás no os tiente por
vuestra incontinencia.
6 Lo que os digo
es una concesión, no un mandato.
7 Mi deseo sería
que todos los hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia
particular: unos de una manera, otros de otra.
8 No obstante,
digo a los célibes y a las viudas: Bien les está quedarse como yo.
9 Pero si no
pueden contenerse, que se casen; mejor es casarse que abrasarse.
10 En cuanto a
los casados, les ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del
marido,
11 mas en el caso
de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su marido, y
que el marido no despida a su mujer.
12 En cuanto a
los demás, digo yo, no el Señor: Si un hermano tiene una mujer no creyente y
ella consiente en vivir con él, no la despida.
13 Y si una mujer
tiene un marido no creyente y él consiente en vivir con ella, no le despida.
14 Pues el marido
no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda
santificada por el marido creyente. De otro modo, vuestros hijos serían
impuros, mas ahora son santos.
15 Pero si la
parte no creyente quiere separarse, que se separe, en ese caso el hermano o
la hermana no están ligados: para vivir en paz os llamó el Señor.
16 Pues ¿qué
sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si
salvarás a tu mujer?
17 Por lo demás,
que cada cual viva conforme le ha asignado el Señor, cada cual como le ha
llamado Dios. Es lo que ordeno en todas las Iglesias.
18 ¿Que fue uno
llamado siendo circunciso? No rehaga su prepucio. ¿Que fue llamado siendo
incircunciso? No se circuncide.
19 La
circuncisión es nada, y nada la incircuncisión; lo que importa es el
cumplimiento de los mandamientos de Dios.
20 Que permanezca
cada cual tal como le halló la llamada de Dios.
21 ¿Eras esclavo
cuando fuiste llamado? No te preocupes. Y aunque puedas hacerte libre,
aprovecha más bien tu condición de esclavo.
22 Pues el que
recibió la llamada del Señor siendo esclavo, es un liberto del Señor;
igualmente, el que era libre cuando recibió la llamada, es un esclavo de
Cristo.
23 ¡Habéis sido
bien comprados! No os hagáis esclavos de los hombres.
24 Hermanos,
permanezca cada cual ante Dios en el estado en que fue llamado.
25 Acerca de la
virginidad no tengo precepto del Señor. Doy, no obstante, un consejo, como
quien, por la misericordia de Dios, es digno de crédito.
26 Por tanto,
pienso que es cosa buena, a causa de la necesidad presente, quedarse el
hombre así.
27 ¿Estás unido a
una mujer? No busques la separación. ¿No estás unido a mujer? No la busques.
28 Mas, si te
casas, no pecas. Y, si la joven se casa, no peca. Pero todos ellos tendrán
su tribulación en la carne, que yo quisiera evitaros.
29 Os digo, pues,
hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si
no la tuviesen.
30 Los que
lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo
estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen.
31 Los que
disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la apariencia de este
mundo pasa.
32 Yo os quisiera
libres de preocupaciones. El no casado se preocupa de las cosas del Señor,
de cómo agradar al Señor.
33 El casado se
preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer;
34 está por tanto
dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se preocupa de las
cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas la casada
se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
35 Os digo esto
para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros a lo más
digno y al trato asiduo con el Señor, sin división.
36 Pero si alguno
teme faltar a la conveniencia respecto de su novia, por estar en la flor de
la edad, y conviene actuar en consecuencia, haga lo que quiera: no peca,
cásense.
37 Mas el que ha
tomado una firme decisión en su corazón, y sin presión alguna, y en pleno
uso de su libertad está resuelto en su interior a respetar a su novia, hará
bien.
38 Por tanto, el
que se casa con su novia, obra bien. Y el que no se casa, obra mejor.
39 La mujer está
ligada a su marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda
libre para casarse con quien quiera, pero sólo en el Señor.
40 Sin embargo,
será feliz si permanece así según mi consejo; que también yo creo tener el
Espíritu de Dios.
1 Respecto a lo
inmolado a los ídolos, es cosa sabida, pues todos tenemos ciencia. Pero la
ciencia hincha, el amor en cambio edifica.
2 Si alguien cree
conocer algo, aún no lo conoce como se debe conocer.
3 Mas si uno ama
a Dios, ése es conocido por él.
4 Ahora bien,
respecto del comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que el ídolo no es
nada en el mundo y no hay más que un único Dios.
5 Pues aun cuando
se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, de forma
que hay multitud de dioses y de señores,
6 para nosotros
no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y
para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las
cosas y por el cual somos nosotros.
7 Mas no todos
tienen este conocimiento. Pues algunos, acostumbrados hasta ahora al ídolo,
comen la carne como sacrificada a los ídolos, y su conciencia, que es débil,
se mancha.
8 No es
ciertamente la comida lo que nos acercará a Dios. Ni somos menos porque no
comamos, ni somos más porque comamos.
9 Pero tened
cuidado que esa vuestra libertad no sirva de tropiezo a los débiles.
10 En efecto, si
alguien te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo
de ídolos, ¿no se creerá autorizado por su conciencia, que es débil, a comer
de lo sacrificado a los ídolos?
11 Y por tu
conocimiento se pierde el débil: ¡el hermano por quien murió Cristo!
12 Y pecando así
contra vuestros hermanos, hiriendo su conciencia, que es débil, pecáis
contra Cristo.
13 Por tanto, si
un alimento causa escándalo a mi hermano, nunca comeré carne para no dar
escándalo a mi hermano.
1 ¿No soy yo
libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No
sois vosotros mi obra en el Señor?
2 Si para otros
no soy yo apóstol, para vosotros sí que lo soy; pues ¡vosotros sois el sello
de mi apostolado en el Señor!
3 He aquí mi
defensa contra mis acusadores.
4 ¿Por ventura no
tenemos derecho a comer y beber?
5 ¿No tenemos
derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles
y los hermanos del Señor y Cefas?
6 ¿Acaso
únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no trabajar?
7 ¿Quién ha
militado alguna vez a cosa propia? ¿Quién planta una viña y no come de sus
frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la leche del rebaño?
8 ¿Hablo acaso al
modo humano o no lo dice también la Ley?
9 Porque está
escrito en la Ley de Moisés: = «No pondrás bozal al buey que trilla.» = ¿Es
que se preocupa Dios de los bueyes?
10 O bien, ¿no lo
dice expresamente por nosotros? Por nosotros ciertamente se escribió, pues
el que ara, en esperanza debe arar; y el que trilla, con la esperanza de
recibir su parte.
11 Si en vosotros
hemos sembrado bienes espirituales, ¡qué mucho que recojamos de vosotros
bienes materiales!
12 Si otros
tienen estos derechos sobre vosotros, ¿no los tenemos más nosotros? Sin
embargo, nunca hemos hecho uso de estos derechos. Al contrario, todo lo
soportamos para no crear obstáculo alguno al Evangelio de Cristo.
13 ¿No sabéis que
los ministros del templo viven del templo? ¿Que los que sirven al altar, del
altar participan?
14 Del mismo
modo, también el Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan
del Evangelio.
15 Mas yo, de
ninguno de esos derechos he hecho uso. Y no escribo esto para que se haga
así conmigo. ¡Antes morir que...! Mi timbre de gloria ¡nadie lo eliminará!
16 Predicar el
Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me
incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!
17 Si lo hiciera
por propia iniciativa, ciertamente tendría derecho a una recompensa. Mas si
lo hago forzado, es una misión que se me ha confiado.
18 Ahora bien,
¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio entregándolo gratuitamente,
renunciando al derecho que me confiere el Evangelio.
19 Efectivamente,
siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más que
pueda.
20 Con los judíos
me he hecho judío para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley,
como quien está bajo la Ley - aun sin estarlo - para ganar a los que están
bajo ella.
21 Con los que
están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley,
no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo.
22 Me he hecho
débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos
para salvar a toda costa a algunos.
23 Y todo esto lo
hago por el Evangelio para ser partícipe del mismo.
24 ¿No sabéis que
en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio?
¡Corred de manera que lo consigáis!
25 Los atletas se
privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por
una incorruptible.
26 Así pues, yo
corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en
el vacío,
27 sino que
golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los
demás, resulte yo mismo descalificado.
1 No quiero que
ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y
todos atravesaron el mar;
2 y todos fueron
bautizados en Moisés, por la nube y el mar;
3 y todos
comieron el mismo alimento espiritual;
4 y todos
bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que
les seguía; y la roca era Cristo.
5 Pero la mayoría
de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos = quedaron tendidos
en el desierto. =
6 Estas cosas
sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos
lo codiciaron.
7 No os hagáis
idólatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura: = «Sentóse
el pueblo a comer y a beber y se levantó a divertirse.» =
8 Ni forniquemos
como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo día.
9 Ni tentemos al
Señor como algunos de ellos le tentaron y perecieron víctimas de las
serpientes.
10 Ni murmuréis
como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador.
11 Todo esto les
acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la
plenitud de los tiempos.
12 Así pues, el
que crea estar en pie, mire no caiga.
13 No habéis
sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no
permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la
tentación os dará modo de poderla resistir con éxito.
14 Por eso,
queridos, huid de la idolatría.
15 Os hablo como
a prudentes. Juzgad vosotros lo que digo.
16 La copa de
bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el
pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
17 Porque aun
siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos
de un solo pan.
18 Fijaos en el
Israel según la carne. Los que comen de las víctimas ¿no están acaso en
comunión con el altar?
19 ¿Qué digo,
pues? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? O ¿que los ídolos son algo?
20 Pero si lo que
inmolan los gentiles, = ¡lo inmolan a los demonios y no a Dios! = Y yo no
quiero que entréis en comunión con los demonios.
21 No podéis
beber de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis
participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios.
22 ¿O es que
queremos provocar los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?
23 «Todo es
lícito», mas no todo es conveniente. «Todo es lícito», mas no todo edifica.
24 Que nadie
procure su propio interés, sino el de los demás.
25 Comed todo lo
que se vende en el mercado sin plantearos cuestiones de conciencia;
26 pues = del
Señor es la tierra y todo cuanto contiene. =
27 Si un infiel
os invita y vosotros aceptáis, comed todo lo que os presente sin plantearos
cuestiones de conciencia.
28 Mas si alguien
os dice: «Esto ha sido ofrecido en sacrificio», no lo comáis, a causa del
que lo advirtió y por motivos de conciencia.
29 No me refiero
a tu conciencia, sino a la del otro; pues ¿cómo va a ser juzgada la libertad
de mi conciencia por una conciencia ajena?
30 Si yo tomo
algo dando gracias, ¿por qué voy a ser reprendido por aquello mismo que tomo
dando gracias?
31 Por tanto, ya
comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de
Dios.
32 No deis
escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la Iglesia de Dios;
33 lo mismo que
yo, que me esfuerzo por agradar a todos en todo, sin procurar mi propio
interés, sino el de la mayoría, para que se salven.
1 Sed mis
imitadores, como lo soy de Cristo.
2 Os alabo porque
en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como
os las he transmitido.
3 Sin embargo,
quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo; y la cabeza de la
mujer es el hombre; y la cabeza de Cristo es Dios.
4 Todo hombre que
ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza.
5 Y toda mujer
que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza; es como
si estuviera rapada.
6 Por tanto, si
una mujer no se cubre la cabeza, que se corte el pelo. Y si es afrentoso
para una mujer cortarse el pelo o raparse, ¡que se cubra!
7 El hombre no
debe cubrirse la cabeza, pues es imagen y reflejo de Dios; pero la mujer es
reflejo del hombre.
8 En efecto, no
procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre.
9 Ni fue creado
el hombre por razón de la mujer, sino la mujer por razón del hombre.
10 He ahí por qué
debe llevar la mujer sobre la cabeza una señal de sujeción por razón de los
ángeles.
11 Por lo demás,
ni la mujer sin el hombre, ni el hombre sin la mujer, en el Señor.
12 Porque si la
mujer procede del hombre, el hombre, a su vez, nace mediante la mujer. Y
todo proviene de Dios.
13 Juzgad por
vosotros mismos. ¿Está bien que la mujer ore a Dios con la cabeza
descubierta?
14 ¿No os enseña
la misma naturaleza que es una afrenta para el hombre la cabellera,
15 mientras es
una gloria para la mujer la cabellera? En efecto, la cabellera le ha sido
dada a modo de velo.
16 De todos
modos, si alguien quiere discutir, no es ésa nuestra costumbre ni la de las
Iglesias de Dios.
17 Y al dar estas
disposiciones, no os alabo, porque vuestras reuniones son más para mal que
para bien.
18 Pues, ante
todo, oigo que, al reuniros en la asamblea, hay entre vosotros divisiones, y
lo creo en parte.
19 Desde luego,
tiene que haber entre vosotros también disensiones, para que se ponga de
manifiesto quiénes son de probada virtud entre vosotros.
20 Cuando os
reunís, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor;
21 porque cada
uno come primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se
embriaga.
22 ¿No tenéis
casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y
avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no
los alabo!
23 Porque yo
recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en
que fue entregado, tomó pan,
24 y después de
dar gracias, lo partió y dijo: «Este es mi cuerpo que se da por vosotros;
haced esto en recuerdo mío.»
25 Asimismo
también la copa después de cenar diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en
mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío.»
26 Pues cada vez
que coméis este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta
que venga.
27 Por tanto,
quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo
y de la Sangre del Señor.
28 Examínese,
pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa.
29 Pues quien
come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.
30 Por eso hay
entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos.
31 Si nos
juzgásemos a nosotros mismos, no seríamos castigados.
32 Mas, al ser
castigados, somos corregidos por el Señor, para que no seamos condenados con
el mundo.
33 Así pues,
hermanos míos, cuando os reunáis para la Cena, esperaos los unos a los
otros.
34 Si alguno
tiene hambre, que coma en su casa, a fin de que no os reunáis para castigo
vuestro. Lo demás lo dispondré cuando vaya.
1 En cuanto a los
dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia.
2 Sabéis que
cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los ídolos
mudos.
3 Por eso os hago
saber que nadie, hablando con el Espíritu de Dios, puede decir: «¡Anatema es
Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!» sino con el Espíritu Santo.
4 Hay diversidad
de carismas, pero el Espíritu es el mismo;
5 diversidad de
ministerios, pero el Señor es el mismo;
6 diversidad de
operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos.
7 A cada cual se
le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común,
8 Porque a uno se
le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según
el mismo Espíritu;
9 a otro, fe, en
el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu;
10 a otro, poder
de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro,
diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas.
11 Pero todas
estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno
en particular según su voluntad.
12 Pues del mismo
modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los
miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo
cuerpo, así también Cristo.
13 Porque en un
solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo,
judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo
Espíritu.
14 Así también el
cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.
15 Si dijera el
pie: «Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte
del cuerpo por eso?
16 Y si el oído
dijera: «Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del
cuerpo por eso?
17 Si todo el
cuerpo fuera ojo ¿dónde quedaría el oído? Y si fuera todo oído ¿donde el
olfato?
18 Ahora bien,
Dios puso cada uno de los miembros en el cuerpo según su voluntad.
19 Si todo fuera
un solo miembro ¿dónde quedaría el cuerpo?
20 Ahora bien,
muchos son los miembros, mas uno el cuerpo.
21 Y no puede el
ojo decir a la mano: «¡No te necesito!» Ni la cabeza a los pies: «¡No os
necesito!»
22 Más bien los
miembros del cuerpo que tenemos por más débiles, son indispensables.
23 Y a los que
nos parecen los más viles del cuerpo, los rodeamos de mayor honor. Así a
nuestras partes deshonestas las vestimos con mayor honestidad.
24 Pues nuestras
partes honestas no lo necesitan. Dios ha formado el cuerpo dando más honor a
los miembros que carecían de él,
25 para que no
hubiera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se
preocuparan lo mismo los unos de los otros.
26 Si sufre un
miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los
demás toman parte en su gozo.
27 Ahora bien,
vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte.
28 Y así los puso
Dios en la Iglesia, primeramente como apóstoles; en segundo lugar como
profetas; en tercer lugar como maestros; luego, los milagros; luego, el don
de las curaciones, de asistencia, de gobierno, diversidad de lenguas.
29 ¿Acaso todos
son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de
milagros?
30 ¿Todos con
carisma de curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
31 ¡Aspirad a los
carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más excelente.
1 Aunque hablara
las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como
bronce que suena o címbalo que retiñe.
2 Aunque tuviera
el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia;
aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo
caridad, nada soy.
3 Aunque
repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo
caridad, nada me aprovecha.
4 La caridad es
paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se
engríe;
5 es decorosa; no
busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
6 no se alegra de
la injusticia; se alegra con la verdad.
7 Todo lo excusa.
Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
8 La caridad no
acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá
la ciencia.
9 Porque parcial
es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
10 Cuando vendrá
lo perfecto, desaparecerá lo parcial.
11 Cuando yo era
niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme
hombre, dejé todas las cosas de niño.
12 Ahora vemos en
un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara. Ahora conozco de un modo
parcial, pero entonces conoceré como soy conocido.
13 Ahora
subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de
todas ellas es la caridad.
1 Buscad la
caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la
profecía.
2 Pues el que
habla en lengua no habla a los hombres sino a Dios. En efecto, nadie le
entiende: dice en espíritu cosas misteriosas.
3 Por el
contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación,
exhortación y consolación.
4 El que habla en
lengua, se edifica a sí mismo; el que profetiza, edifica a toda la asamblea.
5 Deseo que
habléis todos en lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis. Pues el
que profetiza, supera al que habla en lenguas, a no ser que también
interprete, para que la asamblea reciba edificación.
6 Y ahora,
hermanos, supongamos que yo vaya donde vosotros hablándoos en lenguas, ¿qué
os aprovecharía yo, si mi palabra no os trajese ni revelación ni ciencia ni
profecía ni enseñanza?
7 Así sucede con
los instrumentos de música inanimados, tales como la flauta o la cítara. Si
no dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que toca la flauta o
la cítara?
8 Y si la
trompeta no da sino un sonido confuso, ¿quién se preparará para la batalla?
9 Así también
vosotros: si al hablar no pronunciáis palabras inteligibles, ¿cómo se
entenderá lo que decís? Es como si hablarais al viento.
10 Hay en el
mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay sin lenguaje.
11 Mas si yo
desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro para el que me habla; y el
que me habla, un bárbaro para mí.
12 Así pues, ya
que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la
edificación de la asamblea.
13 Por tanto, el
que habla en lengua, pida el don de interpretar.
14 Porque si oro
en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente queda sin fruto.
15 Entonces, ¿qué
hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré también con la mente. Cantaré
salmos con el espíritu, pero también los cantaré con la mente.
16 Porque si no
bendices más que con el espíritu ¿cómo dirá «amén» a tu acción de gracias el
que ocupa el lugar del no iniciado, pues no sabe lo que dices?
17 ¡Cierto!, tu
acción de gracias es excelente; pero el otro no se edifica.
18 Doy gracias a
Dios porque hablo en lenguas más que todos vosotros;
19 pero en la
asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi mente, para instruir a los
demás, que 10.000 en lengua.
20 Hermanos, no
seáis niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio.
21 Está escrito
en la Ley: = Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré
yo a este pueblo, y ni así me escucharán, dice el Señor.
22 Así pues, las
lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en
cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes.
23 Si, pues, se
reúne toda la asamblea y todos hablan en lenguas y entran en ella no
iniciados o infieles, ¿no dirán que estáis locos?
24 Por el
contrario, si todos profetizan y entra un infiel o un no iniciado, será
convencido por todos, juzgado por todos.
25 Los secretos
de su corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro en tierra, adorará
a Dios confesando que = Dios está verdaderamente entre vosotros. =
26 ¿Qué concluir,
hermanos? Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción,
una revelación, un discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea
para edificación.
27 Si se habla en
lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y por turno; y que haya un
interprete.
28 Si no hay
quien interprete, guárdese silencio en la asamblea; hable cada cual consigo
mismo y con Dios.
29 En cuanto a
los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen.
30 Si algún otro
que está sentado tiene una revelación, cállese el primero.
31 Pues podéis
profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean exhortados.
32 Los espíritus
de los profetas están sometidos a los profetas,
33 pues Dios no
es un Dios de confusión, sino de paz. Como en todas la Iglesias de los
santos,
34 las mujeres
cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra antes
bien, estén sumisas como también la Ley lo dice.
35 Si quieren
aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa; pues es indecoroso
que la mujer hable en la asamblea.
36 ¿Acaso ha
salido de vosotros la palabra de Dios? O ¿solamente a vosotros ha llegado?
37 Si alguien se
cree profeta o inspirado por el Espíritu, reconozca en lo que os escribo un
mandato del Señor.
38 Si no lo
conoce, tampoco él es conocido.
39 Por tanto,
hermanos, aspirad al don de la profecía, y no estorbéis que se hable en
lenguas.
40 Pero hágase
todo con decoro y orden.
1 Os recuerdo,
hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual
permanecéis firmes,
2 por el cual
también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué... Si no,
¡habríais creído en vano!
3 Porque os
transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por
nuestros pecados, según las Escrituras;
4 que fue
sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;
5 que se apareció
a Cefas y luego a los Doce;
6 después se
apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales todavía la
mayor parte viven y otros murieron.
7 Luego se
apareció a Santiago; más tarde, a todos los apóstoles.
8 Y en último
término se me apareció también a mí, como a un abortivo.
9 Pues yo soy el
último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido
a la Iglesia de Dios.
10 Mas, por la
gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no ha sido estéril en
mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo, sino la gracia
de Dios que está conmigo.
11 Pues bien,
tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
12 Ahora bien, si
se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan
diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos?
13 Si no hay
resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó.
14 Y si no
resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.
15 Y somos
convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios
que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no
resucitan.
16 Porque si los
muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.
17 Y si Cristo no
resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados.
18 Por tanto,
también los que durmieron en Cristo perecieron.
19 Si solamente
para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más
dignos de compasión de todos los hombres!
20 ¡Pero no!
Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron.
21 Porque,
habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la
resurrección de los muertos.
22 Pues del mismo
modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo.
23 Pero cada cual
en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su Venida.
24 Luego, el fin,
cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo
Principado, Dominación y Potestad.
25 Porque debe él
reinar = hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. =
26 El último
enemigo en ser destruido será la Muerte.
27 Porque = ha
sometido todas las cosas bajo sus pies. = Mas cuando diga que «todo está
sometido», es evidente que se excluye a Aquel que ha sometido a él todas las
cosas.
28 Cuando hayan
sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a
Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.
29 De no ser así
¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en
manera alguna ¿por qué bautizarse por ellos?
30 Y nosotros
mismos ¿por qué nos ponemos en peligro a todas horas?
31 Cada día estoy
a la muerte ¡sí hermanos! gloria mía en Cristo Jesús Señor nuestro, que cada
día estoy en peligro de muerte.
32 Si por motivos
humanos luché en Éfeso contra las bestias ¿qué provecho saqué? Si los
muertos no resucitan, = comamos y bebamos, que mañana moriremos. =
33 No os
engañéis: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.»
34 Despertaos,
como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes desconocen a
Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.
35 Pero dirá
alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?
36 ¡Necio! Lo que
tú siembras no revive si no muere.
37 Y lo que tú
siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo por
ejemplo o de alguna otra planta.
38 Y Dios le da
un cuerpo a su voluntad: a cada semilla un cuerpo peculiar.
39 No toda carne
es igual, sino que una es la carne de los hombres, otra la de los animales,
otra la de las aves, otra la de los peces.
40 Hay cuerpos
celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los cuerpos
celestes y otro el de los cuerpos terrestres.
41 Uno es el
resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de las estrellas. Y una
estrella difiere de otra en resplandor.
42 Así también en
la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita
incorrupción;
43 se siembra
vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza;
44 se siembra un
cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo
natural, hay también un cuerpo espiritual.
45 En efecto, así
es como dice la Escritura: = Fue hecho el primer hombre, = Adán, = alma
viviente; = el último Adán, espíritu que da vida.
46 Mas no es lo
espiritual lo que primero aparece, sino lo natural; luego, lo espiritual.
47 El primer
hombre, salido de la tierra, es terreno; el segundo, viene del cielo.
48 Como el hombre
terreno, así son los hombres terrenos; como el celeste, así serán los
celestes.
49 Y del mismo
modo que hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la
imagen del celeste.
50 Os digo esto,
hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos: ni
la corrupción hereda la incorrupción.
51 ¡Mirad! Os
revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos seremos transformados.
52 En un
instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, pues
sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros
seremos transformados.
53 En efecto, es
necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que
este ser mortal se revista de inmortalidad.
54 Y cuando este
ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista
de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: = La
muerte ha sido devorada en la victoria. =
55 = ¿Dónde está,
oh muerte, = tu victoria? = ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? =
56 El aguijón de
la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado, la Ley.
57 Pero ¡gracias
sean dadas a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo!
58 Así pues,
hermanos míos amados, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre
en la obra del Señor, conscientes de que vuestro trabajo no es vano el
Señor.
1 En cuanto a la
colecta en favor de los santos, haced también vosotros tal como mandé a las
Iglesias de Galacia.
2 Cada primer día
de la semana, cada uno de vosotros reserve en su casa lo que haya podido
ahorrar, de modo que no se hagan las colectas cuando llegue yo.
3 Cuando me halle
ahí, enviaré a los que hayáis considerado dignos, acompañados de cartas,
para que lleven a Jerusalén vuestra liberalidad.
4 Y si vale la
pena de que vaya también yo, irán conmigo.
5 Iré donde
vosotros después de haber atravesado Macedonia; pues por Macedonia pasaré.
6 Tal vez me
detenga entre vosotros y hasta pase ahí el invierno, para que vosotros me
encaminéis adonde haya de ir.
7 Pues no quiero
ahora veros sólo de paso: espero estar algún tiempo entre vosotros, si así
lo permite el Señor.
8 De todos modos,
seguiré en Éfeso hasta Pentecostés:
9 porque se me ha
abierto una puerta grande y prometedora, y los enemigos son muchos.
10 Si se presenta
Timoteo, procurad que esté sin temor entre vosotros, pues trabaja como yo en
la obra del Señor.
11 Que nadie le
menosprecie. Procurad que vuelva en paz a mí, que le espero con los
hermanos.
12 En cuanto a
nuestro hermano Apolo, le he insistido mucho para que vaya donde vosotros
con los hermanos; pero no tiene intención alguna de ir ahora. Irá cuando
tenga oportunidad.
13 Velad,
manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes.
14 Haced todo con
amor.
15 Os hago una
recomendación, hermanos. Sabéis que la familia de Estéfanas son las
primicias de Acaya y se han puesto al servicio de los santos.
16 También
vosotros mostraos sumisos a ellos y a todo aquel que con ellos trabaja y se
afana.
17 Estoy lleno de
alegría por la visita de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, que han
suplido vuestra ausencia.
18 Ellos han
tranquilizado mi espíritu y el vuestro. Sabed apreciar a estos hombres.
19 Las Iglesias
de Asia os saludan. Os envían muchos saludos Aquila y Prisca en el Señor,
junto con la Iglesia que se reúne en su casa.
20 Os saludan
todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con el beso santo.
21 El saludo va
de mi mano, Pablo.
22 El que no
quiera al Señor, ¡sea anatema! «Maran atha.»
23 ¡Que la gracia
del Señor Jesús sea con vosotros!
24 Os amo a todos
en Cristo Jesús.