Sobre religión y sociedad: un brevísimo recorrido sobre el estudio de la religión.


 “Las Culturas cambian constantemente:

El cambio es su forma de ser.”

Guillermo Bonfil Batalla

 Las iglesias no católicas en nuestro país han tenido una presencia cada vez más significativa en el concierto cultural de nuestros días. Numerosos estudios han tratado de abordar las causas y consecuencias que estas nuevas configuraciones de identidades traen consigo en su avance dentro de las prácticas sociales, pero carecemos de estudios que complementen la idea social y cultural del campo religioso.  Es así como la cultura religiosa, en particular la cultura evangélica, se desprende de la complicidad de la cultura popular y trasciende las fronteras entre las categorías que la ciencia se ha encargado de establecer entre lo que es el estudio de las religiones y el estudio de los sistemas de creencias. Así se descuida el papel cultural y social de la construcción simbólica de la realidad, por parte de una "capacidad" social llamada religiosidad y un estado antropológico de incompletitud y la necesidad socio-cultural desde una búsqueda de sentido (esto materializado en la relación entre el hombre y lo sagrado).

Nuestra posición aquí, sería la de establecer un diálogo entre toda esa teoría social con la visión de la religión, cuya historia paralela al hombre implica una multiplicidad con relación a su "estar" siendo dentro de la sociedad.

Implica así un recorrido que se esfuerza por entender, antes de clasificar, a los movimientos religiosos contemporáneos, inscritos en un campo espiritual tan lleno de historia y tan lleno de paradojas.

Nuestro trabajo nos acerca a la reflexión y construcción de diálogos entre lo que implica la visión de la religión y su importancia en la configuración de identidades, así como la complejidad que ésta nos llama a considerar. Partir desde un proyecto que implica, no todo el grueso de la sociedad, sino específicamente a las culturas juveniles y esto ubicando nuestra "trinchera" en el ámbito urbano, nos hace entender y comprender que la religión extiende su complejidad al interrelacionarse con muchas otras realidades y construcción de mundos.

La cultura religiosa inscribe mundos posibles, que deben ser habitables y mantenerse habitables para todo aquel que crea necesario compartir la visión del mundo según un grupo o congregación.

En nuestro caso, México, un país Católico, cuyo sincretismo ha cimentado las bases de una conquista espiritual y simbólica; y cuya tradición e historia legitiman aún más el mundo construido por la religión "oficial", llamada popular, llamada tradicional. Es así como la visión de la misma religión implica a su vez una visión sobre la religiosidad que la está mirando. Nuestra mirada es una mirada católica sobre el fenómeno religioso mexicano, que ya no es tan mexicano y tampoco es tan católico.

Esta mirada nos involucra en la historia de la mirada cultural, en la historia de la historia de la religión mexicana y lo que es más en la tradición omnímoda de ver nuestra mirada. ¿ Y cómo verla, si con ella miramos?.

La cultura religiosa va tornándose menos accesible, si se quiere ver como antes la veíamos y como queríamos verla. Siempre en un advenimiento de comparación y en un etiquetamiento sobre lo "protestante", lo sectario, lo no-católico y por consecuencia lo errado, lo equivocado, lo "no nuestro", lo otros.

Este principio de alteridad tradicionalmente mal tomada, construye identidad (la diferencia es el principio de identidad) que constituye grados de tolerancia y de reconocimiento.

Las iglesias no católicas tienen presencia en nuestro país desde hace más de 4 siglos, es decir a la par de nuestra historia y memoria como país. Desde agrupaciones religiosas de tradición judaica, hasta movimientos de origen oriental, local y/o "pagano", pasando por las variantes de iglesias judeo-cristianas, denominadas como iglesias históricas, por su reconocimiento como "troncos" a posteriores ramificaciones de lo que conocemos como protestantismo.

La presencia cultural no ha venido a menos con relación a la actividad y reconfiguración identitaria, que construyen los antecedentes y retribuciones de conversión y reorganizaciones culturales. La conversión, vista desde la sociología o antropología, es vista como una reorganización cognitiva, un cambio del "hábito" cultural y una reconfiguración de sentido y cosmovisión del mundo. El fenómeno no ha sido, ni para menos, ni para más, olvidado y poco explotado. La conversión a sido gatillador de muchos estudios.

La presencia "protestante" en nuestro paradójico país no sólo contribuye a reafirmar y tener clara la polarización entre lo propio y lo ajeno, dentro de nuestra cotidianidad. Es ese otro, lo ajeno, lo que nos motiva a indagar, apreciar y describir  la juventud religiosa urbana. Ciudad y jóvenes se unen a los macro conceptos por considerar y por saborear, uniéndolos en el paquete que nos motiva a construir los puentes de diálogo y empezar a otorgar voces a este tejido.

 La religión y la juventud, independientemente del contexto hipercomplejo de las ciudades, confirman la idea de los estudios sociales y antropológicos de la religiosidad. La necesidad antropológica de completarse, como la necesidad de buscar sentido en su cotidianidad nos impulsan a considerar los avances en este terrenos de lo social.

 Numerosas disciplinas siguen abordando de una manera particular y siguen dando razones para pensar en las identidades.

Los estudios sobre religión desde las ciencias sociales, a lo largo de la historia se han podido ir desprendiendo del dominio filosófico, especialmente teológico, para poder ser abordado desde el ámbito social; de ser estudios religiosos, pasaron a ser estudios sobre religión, primer paso que se dio en los paradigmas de la reforma y el paso a una reflexividad como lo fue el retorno humanista a finales de un renacimiento casi enciclopedista. Siguiendo en el breve repaso  sobre los estudios religiosos, debemos mencionar los intentos ya no clericales y definitivamente imparciales sobre el problema de lo religioso en las sociedades, fue así como los intentos de la “llamada física social” se cuestionaban sobre lo que las creencias determinaban al actor social, entendamos a la sociología y una precoz antropología, como pioneras en esta incursión sobre las explicaciones totales de una realidad totalmente inexplicable. Weber y Durkheim vieron en la religión un tejido frágil, además de fundamental para explicarse algunos elementos que desde las construcciones identitarias ya se sospechaba sobre su presunta implicación en lo que posteriormente llamarían una construcción simbólica del mundo o sedimentos claros de la construcción social del sentido. El filón sociológico realizó, si no grandes avances, si nuevas maneras de preguntarse y nuevas formas abordar el tema. La sociología atiende las practicas sociales que se dan en los diversos universos simbólicos que dan cuenta de realidades próximas. Berger, desde la sociología del conocimiento logra ubicar una nueva visión de la religión en los procesos cotidianos del ser social.

Posteriormente Geertz advertía sobre los procesos de secularización en cuanto al estudio de las religiones, advirtiendo las dos maneras de abordar tan importante aspecto de la sociedad. Primero nos menciona el hecho de observar a la religión desde las prácticas sociales y el de considerar sus consecuencias culturales en la memoria de los pueblos.

Siendo así la religión nos involucra de lleno en un universo extenso y constantemente en expansión, sobre lo eminentemente humano.

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