Crear y creer: construir para vivir.
Toda interpretación es una recreación
Eduardo Mata.
La construcción de mundos sobre otros mundos, nos plantea la re-creación de mundos no sólo de simbolización o de sentido, sino mundos "líquidos" (mundo impredecibles, fluctuantes), complementarios (mundos biográficos, como mundos de relato), mundos de interpretación (comunidades de sentido, mundos habitados por signos que interpretan signos) que siguen produciendo maneras de mirar y operar en el mundo. Es por eso que partimos de la mancuerna creer y crear, como una manera de ser y querer ser en materia de lo sagrado, en materia de lo espiritual, en materia de lo eminentemente identitario: es decir, la necesidad de "completarse" antropológica y socialmente en el constante resurgimiento de las obsesiones de identidad y pertenencia (Debray, 1996) que se da en el campo de la religión. Pero paradójicamente la misma religiosidad es un proceso inacabado, como tan necesario, donde la frontera adquiere un sentido de sobre vivencia y autoconstrucción permanente. Creer y crear nos permite plantearnos el concepto sustraído de las múltiples teorías de la conversión: la reorganización simbólica que se da en el cambio de una identidad religiosa a otra, lo que nos indica que es re-organización, o nueva interpretación es una recreación sobre el mundo que posee la capacidad de seguir siendo construido: el campo religioso, visto y apostado desde la cultura popular o cultura de masas y en nuestro caso, cultura urbana insertada en un mundo habitado y habitable denominado mundo o mundos juveniles. El hombre crea y en ese proceso su creación es creíble, es proyectada, exteriorizada y finalmente interiorizada, es decir que su creación se convierte en su creencia.Es así cuando la célebre frase:ver para creer se replantea,en un: crear para creer o mejor establecido por Foerster: creer para ver.