-La historia de Riva Silvercrown.

Escrito por: Riva.

           

                  Bueno, esta es mi historia, la historia de Riva Silvercrown, caballero de la corona. Que la disfrutes.

                   Nací en el castillo Silvercrown, donde también crecí, aunque mi madre murió al nacer yo. Esto produjo que me criase mi padre, Elgin Silvercrown, el cual, pese a intentarlo con todas sus fuerzas y paciencia, no consiguió apartarme de cosas como los libros, y el aprendizaje del manejo de las armas. Él pensaba que eran tonterías de jovencita, así que lo dejo pasar.

                  Paso el tiempo, y mi hermano mayor fue a las pruebas de caballero, que supero; aunque cuando volvió lo hizo convertido en un borracho y la vergüenza de mi familia. Algún tiempo después se comenzaron a oír rumores de extrañas criaturas (entonces no lo sabía, pero eran los draconianos) que comenzaron a atacar las tierras del norte. Como mi padre no se decidía a ir, y mi hermano solo se preocupaba de lo que veía en el fondo de su botella, yo tome la determinación de averiguar lo que ocurría.

 

                  Para ello conseguí un caballo y armas y me dirigí al norte, donde después de muchas aventuras y de matar a un ogro, conseguí el medallón de Majere (el Dios Majere, nada que ver con Caramon y Raistlin) y emprendí la vuelta a mi hogar. Por el camino conocí a Sturm Brightblade, que me ayudo en una escaramuza contra unos draconianos. Fuimos juntos hasta el monasterio de Majere, donde yo decidí quedarme a descansar una noche, mientras él siguió su camino hasta un lugar llamado Solace.

 

                  Estando en el monasterio conocí a un monje llamado Vandar Brightblade, que resulto ser el tío de Sturm y él último ser que vio con vida a su padre. Justo cuando iba a preguntarle por que no había revelado a Sturm quien era, Lord Soth nos ataco, lo que no obligo a salir huyendo, no sin antes recuperar una lanza que había en el monasterio y que resulto ser la dragonlance. Cuando parecía que estabamos acabados, Vandar vio el medallón de Majere, e invocando un hechizo, consiguió que este nos cubriese la retirada, lanzando sus ejércitos de insectos contra las huestes infernales de Soth (hemos de recordar que Majere es el dios de las pequeñas cosas). Así nos dirigimos hacia el castillo de mi padre.

 

                   Durante el camino, Vandar me hizo pronunciar el juramento de ingreso a la orden, puesto que al ser él un monje no podía portar armas. Así me convertí en caballero, al menos a sus ojos. Esa misma noche un draconiano nos ataco, aunque nos salvaron un chico y un viejo llamado Fizban, que decidieron unirse a nosotros.

 

                   Al llegar al castillo de mi padre este reconoció a Vandar, que había sido caballero de la Rosa, hasta que desencantado se convirtió en monje. Mi padre pensaba que habíamos dado excesiva importancia a los rumores y no nos creyó, hasta que el que pensábamos era mi hermano se descubrió como un bonzo (ya sabéis, un draconiano mago) al intentar asesinar a Fizban. Yo conseguí acabar con él, pero no antes de que Fizban cayese por una de las almenas.

 

                  Unos días después, las fuerzas de Kitiara intentaron conquistar el castillo, y lo habrían conseguido de no ser por la vuelta de Fizban (no me preguntéis como lo hizo, es algo que solo Paladine sabe) y el que Vandar descubriese su lugar en el orden de las cosas. Yo conseguí acabar con un drago rojo, pero en la lucha contra Kitiara, esta me hirió y habría acabado conmigo, de no ser por la aparición de Vandar, que utilizando el medallón consiguió una armadura y a punto estuvo de vencer a Kitiara... de no ser porque Skie acabo con él por la espalda.

 

                   A pesar de todo, las fuerzas malignas se retiraron y poco después Guntar, maestre de la Orden, me nombro caballero y me dio el mando de mi propia escuadrilla de dragonlance. Mi montura era una dragona dorara, de nombre Kthaarh, con la que pase muchas aventuras, lo que me dio el sobrenombre de Matadragones, aunque esta sea otra historia.....

 

                   Después de todas esas aventuras que quizás algún día relate, viajé por todos los reinos conocidos guiada por los ideales de los caballeros Solamnicos, y así llegué un día hasta un lago. Cuando me asomé al lago para refrescarme, vi un extraño reflejo en él. Extraño, porque reflejaba una batalla entre un troll y un humano contra un montón de criaturas extrañas y execrables. De pronto vi como el troll me miraba y gritaba ``¡Ayudanos! ´´ Sin pensarlo me monte en mi caballo y entre en el lago, sintiéndome transportada de pronto hacia otro mundo...

 

                    Aparecí en el centro del combate, y no tardé en dar cuenta de varios de esos repugnantes seres, de modo que los otros dos guerreros pudieron moverse con mayor libertad y acabar con el resto de esas criaturillas. Cuando incineramos los cadáveres, los misteriosos guerreros se identificaron; el troll se llamaba Undo y era el líder de los escribas de los Guardianes, mientras que el mago se llamaba Sran y era su homologo en los magos de esta misteriosa orden.

 

                  Según me contaron, su orden era parecida a la de los caballeros de Solamnia, con la diferencia de que ellos actuaban sin que se supiera que los hacían. Así se podían mover con mayor libertad, y sus familias no corrían tantos riesgos. También me enteré de que el representante de los guerreros de la Orden, y maestre de la misma, había muerto hacía poco tiempo y le estaban buscando un sustituto. Cuando pregunté porque no lo escogían entre los miembros de la Orden, estos me contestaron: ``Lo habríamos hecho, pero unos extraños sueños y la ultima orden del maestre nos han traído hasta estas montañas, y hasta ti. ´´ ``¿Yo? ´´ ``Sí, tú. Coincides con la descripción de nuestros sueños. Una guerrera que surgirá de los cielos cuando más la necesitemos. Y te necesitamos. El rey murió el mismo día q nuestro maestre, sin dejar descendencia, así pues se han convocado unas pruebas para elegir a nuestro nuevo gobernante, y debemos impedir que El Cruel gané. ´´ ``¿El Cruel? ¿Qué clase de nombre es ese? Y, además, como podéis estar tan seguros de que yo soy vuestra escogida. ´´ ``Porque la escogida debería superar la prueba de la Valentía, la prueba de la Destreza y la prueba de la Humildad... y tú las acabas de superar con tus palabras. ´´ ``¿De verdad? ´´ Les pregunté confusa. ``Sí. Superaste la prueba de la Valentía al defender a dos completos desconocidos de criaturas totalmente extrañas para ti. La de la Destreza al vencer a esas criaturas, que no sabías que habilidades para el combate tenían. Y la de la Humildad al tratar de quitarte importancia, y no arrojarte ansiosa sobre la oportunidad de regir el bello reino de Thangtar. ´´

 

                   Después de todo esto, no pude seguir negándome, y nos dirigimos a la capital de Thangtar, donde debería luchar por el trono de un reino desconocido, en un mundo igualmente extraño para mí. Al llegar, lo primero que hicimos fue ir al Templo de Tanthyla, donde me prepararon para las pruebas dándome nuevas armas, ya que, aunque seguía y sigo siendo Caballero de Solamnia, los símbolos que había en ellas no tenían ningún significado aquí. Mis nuevas armas tenían todas una especie de nudo sin fin en ellas, que simboliza la unidad y el que no existe principio ni fin, sino continuidad. En la espada el escudo y el casco, además, había dos animales tallados: el halcón, símbolo de la diosa Tanthyla; y el lobo, símbolo de Alak, el fundador de la Orden de los Guardianes.

 

                  Con mis nuevas armas me dirigí al lugar donde debía inscribirse los participantes al torneo y me inscribí. Las pruebas eran pruebas sencillas de habilidad con las distintas armas que culminarían con una serie de combates hasta que solo quedase un participante. Poco a poco fui pasando las pruebas, que tampoco es que fueran para tanto, hasta llegar a los combates. Pasé la primera criba sin ningún problema, y lo mismo hice con las siguientes. Sin embargo, cuando quedábamos solo diez combatientes, me hice daño en la rodilla, aunque no fue nada de importancia... en ese momento.

 

                   Finalmente, solo quedamos dos. ¿Adivináis quienes? ¿No? Bueno, pues éramos El Cruel y yo. Él era un buen combatiente: rápido, ágil, fuerte y con muchos trucos sucios que utilizar en el combate. Cuando el combate comenzó, intercambiamos unos cuantos golpes, midiendo las capacidades del otro, hasta que él comenzó con un ataque que hubiese resultado mortal, de no ser por mis reflejos. Sin embargo, no pude esquivarlo del todo por mi rodilla herida, de modo que se cayó mi casco, dejando mi  rostro al descubierto... y al Cruel bastante sorprendido (era increíble ver su rostro cuando se dio cuenta de que le iba a ganar... una mujer.), momento que aproveché para lanzar un contraataque que decidió rápidamente la pelea a mi favor. Cuando todos los presentes asimilaron que había ganado el trono de Thangtar una mujer, se preparó mi coronación en el templo de Tanthyla. Varios días después comenze mi entrenamiento como miembro de esta misteriosa hermandad que debo regir...

 

                   De modo que aquí estoy, rigiendo los destinos de un reino y una hermandad como creo que es más adecuado. Mis ideas han tenido que cambiar mucho, he tenido que aceptar la magia como parte básica de este mundo (incluso trató de aprender a manejarla...). Pero hay cosas que nunca cambiaran, como el hecho de que siempre seguiré la senda del bien, y que no olvidaré el código y la medida...

 

                   Esta es mi historia, viajero.

 

 

 

 

 

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