* PRELUDIO DE LA Expulsión *
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andok nació en una gran montaña en las tierras lejanas del sur, la
gran montaña de fuego, llamada así por
encontrarse en unas regiones muy cálidas y rodeadas de roca de un color rojizo. Chackdras era el
nombre de la montaña, y en su cima se encontraba The Dwarf Summit, la cima
enana, una fortificación construida por los enanos que habitaban allí, Kandok
era uno de ellos. Con estos pequeños guerreros se encontraban los Dragones,
seres voladores de gran tamaño que vivían en simbiosis con los enanos.
Este tratado de amistad se
inició hace mucho tiempo cuando un enano buscador de fortuna, llamado
Dunvendolrm, entró en la guarida de un viejo dragón llamado Thoriklendbersek
dispuesto a vencerle, este dragón era muy temido y un gran luchador, le costó
mas de un día acabar el combate, y no le venció, quedaron en tablas. Ambos
estuvieron en la guarida hablando, conversando, y peleándose. El enano la hablo
de su población de enanos, faltos de comida y de alojo después de una gran batalla,
y a su vez el dragón hablo sobre su Tonak, o clan de dragones. Este Tonak se
hallaba disperso ya que se habían separado, hace milenios todos su clan a raíz
de una disputa entre lideres, entonces ambos se propusieron la convivencia de
ambas razas, y la llevaron a cabo. Fue entonces cuando los dragones
transportaron a los enanos hasta Chackdras, una antigua colonia de los dragones
del Tonak de Thoriklend. Al llegar allí encontraron que la montaña no había
estado deshabitada después de que se
marcharan, unos hombres, habían saqueado las entrañas de Chakdras, juntos
Dragones y enanos lucharon y limpiaron Chakdras de intrusos y fijaron allí su
nueva morada.
Con el paso del tiempo,
Thoriklen, que ya era muy mayor cuando lo encontró Dunvendolrm, decidió emprender
su ultimo viaje hacia su muerte, entonces, Dunvendolrm, después de tantas
batallas juntos, decidió marchar con él y morir junto a su mejor compañero. Por
eso desde entonces, siempre se ha dicho que
los Harak tienen el alma unida a su Dragón y que cuando muere uno, muere
el otro.
El Principio
Llegada la época de la caída de
hoja del Daimon, nacía un enano en Chakdras, la mas alta montaña de piedra roja
del Sur. Menwar y Solwar, los dos astros luminosos del cielo, ya se escondían
en el horizonte y su luz anaranjada bañaba la Dwarf Summit, dentro de esta gran
plaza fuerte de la montaña, en una recóndita habitación del interior de la
montaña, Lantha Hoja de Alce se encontraba con su marido Kathak, en un momento
critico de su parto.
Un foco de luz proveniente del
exterior de la montaña, iluminaba los pies de la cama, el olor a sudor y hojas
medicinales impregnaba toda la atmósfera, el padre preocupado, la
partera y la próxima mama eran
los únicos en la estancia. Hacia rato que la partera, una vieja enana, experta
en su trabajo y vieja amiga de la familia, había comunicado al padre, que la
madre expulsaba demasiada sangre, y la hemorragia no se cortaba, paños de
sangre cubrían las piernas de la madre y los alrededores. Cuando empezó a
asomar la cabeza del bebé, la madre ya desfallecía, su mirada estaba perdida en
la vieja partera, sabia lo que iba a pasar. La vieja amiga de la familia tenia
los ojos vidriosos y lanzaba miradas del padre a la madre, no sabia como salvar
a esta. El cuerpo del niño casi había salido, faltaba el empujón final,
entonces la madre pareció rendirse, pero el harak se abalanzó sobre ella y
acunándola en brazos, le susurró unas palabras al oído y le besó en los labios,
ese instante, que duraría toda una vida para los dos, duró pocos segundos. Los
dos se separaron, despacio, mirándose el uno al otro, no había temor, no había
miedo, en el rostro de ella solo había paz, una paz que en su semblante se
torno en determinación. Sus manos se juntaron en un fuerte apretón, el rostro
de Lantha se endureció, y volvió a apretar con fuerza. El niño acabó de salir y
sonriente, la partera lo levantó en alto y lo acunó en sus brazos, las lagrimas
recorrían su rostro, entonces, reparó en la madre, tenia la vista fija en el
niño, sonrió, miró a su marido, este sonreía, pero la alegría se juntaba con el
dolor y las lagrimas que bajaban de su rostro, miró a su esposa, y esta cerro
los ojos, y se durmió en brazos de su esposo, para siempre.
Los años pasaron en la montaña,
y el bebé enano se convirtió en un mozalbete, el nombre que su padre kathak, le
había puesto, era Kandok, hijo del cielo. Ahora, el joven Kandok se encontraba
en la situación más peligrosa en la que había estado, dentro de un circulo
pintado en el suelo, miraba a su alrededor buscando a su enemigo. Las calles de
esta zona de la ciudad subterránea, dentro de la montaña, estaban muy poco
iluminadas. Ella podría venir en cualquier momento, su honor estaba en juego,
un desliz y seria carne de Tulkas. De pronto, creyó atisbar una silueta que se
movía por su derecha, con un veloz giro, se encaro con su objetivo, nada. Se
agacho en busca de algún indicio, nada, el halo de luz de la antorcha lo
iluminaba perfectamente a él, pero no los alrededores, cerca de la pared, en
las sombras de estas, se podría esconder perfectamente ella. Tendría que estar
atento si quería sobrevivir, entonces, lo escucho, pisadas, muy fuertes,
dirigiéndose hacia él. Kandok se encaro con la esperada visita, puso un gesto
feroz, y grito, pero otro grito mas fuerte y con mas temple acalló el suyo.
Entonces, una figura pequeña, rechoncha, se abalanzó sobre él, de cabeza. En un
acto reflejo, Kandok se agachó y se
tapo la cabeza con ambas manos huyendo del peligro. La figura, muy diestra y de
movimientos rápidos, rodó por encima de la espalda del joven Harak aterrizando
cerca de el, agachándose, recogiendo el objetivo de se ataque. Victoriosa, la
figura ahora visible de una joven enana, con el cabello pelirrojo de fuego
suelto en la cara, levanta en alto su trofeo. Una película de sudor perlaba su
frente, respirando entrecortadamente, observaba al vencido. Éste, la miraba de
reojo, decaído, se sentó cansadamente en el suelo, y una pequeña nube de polvo,
se formó a su alrededor. Pronto la feroz cara de la guerrera se tornó de consuelo,
y se agachó despacio al lado de su amigo, su voz profunda y melodiosa, le hablo
al oído.
- Vamos Kandi – le encantaba
llamrle por ese diminutivo - no pasa nada, la próxima vez ganaras tu- volvió la cara de su amigo y la enfrento a
sus brillantes ojos azules oscuros.
- ¡Ya!, eso es lo que dices siempre Delian, pero nunca te cojo, ¡No
es justo!, porque siendo yo un guerrero harak y tu una mujer, has de ser tú la
que gane siempre – dijo esto mientras se levantaba y la señalaba – los mayores
dicen que yo de mayor seré un gran guerrero y que tú trabajaras en casa con las
demás mujeres – Kandok mostraba una cara de frustración
- ¡Yo no seré como las demás
mujeres!, seré guerrera y montaré en los enormes Dragones de Dwarf Summit –
Afirmó ella convencida.
Entonces una estertorea
carcajada llamo la atención de los dos pequeños. Vueltos hacia la penumbra
vieron aparecer la rechoncha figura de un enano, que por su corta barba no
devia de ser muy viejo.
- ¡oH! Pobrecita la niño, esta enfadada porque de mayor solo
será una cocinera-freagandera de alguna casa de enano respetable -, dijo la voz
en tono insultante.
Al instante los dos jóvenes
supieron de quien se trataba.
- ¡Robasth!, Cállate o te parto
los morros – Delian no aguantaba que la tratasen como a una niña, pero tampoco
quería que la llamasen niño. Kandok
olvidó pronto al nuevo visitante, se levanto y continuó andando en dirección
contraria a Robasth. -¡Kandok! – Del vigiló mucho de no llamrle por su
apelativo cariñoso delante del otro enano- ¡Kandok!, ¡Espera, no te vallas! -
haciendo un ademán desdeñoso contra Robasth marchó detrás de su amigo. Mientras
Rob sonreía al verlos marchar juntos.
- ¡Adiós parejita!, No hagáis
cosas feas ¿eh? – Robasth se dio media vuelta y echo a correr entre carcajadas.
Delian se paró al instante y le lanzó al huido una mirada de muerte, ya iba a ir por él, cuando el susurro de la voz
de Kandok la detuvo.
- Vamos Del no piques, te dice
eso porque sabe que te molesta – el pequeño harak continuó andando sin mirar
atrás.
Los dos pequeños amigos
continuaron andando en las penumbras de la calle, todavía no se había cortado
el silencio reinante entre los dos desde hacia un rato, hasta que, Delian
pregunto en voz baja.
- Kandi, ¿Por qué te dejas
insultar por ese tipejo?, No es mucho mas mayor que tu, podrías darle una zurra
y... – Del levantaba los puños como si se estuviese pegando ella en realidad.
- Del, nunca he sabido pelear,
¿Por qué he de seguirle el juego a ese idiota?, ¿Por qué he de ir a su
terreno?, Odio no ser capaz de dominar mi fuerza – el pequeño Harak estaba
hablando cada vez mas alto, como pidiéndole un ruego a algún dios. Entonces se
fijó en que Del se había parado y le miraba perpleja.
- A veces no te entiendo Kandi,
siendo chico, no se como no le retuerces el pescuezo a ese chulo de Robasth, no
te volvería a molestar nunca... –
Los ojos de ella brillaban de
excitación, él se quedó mirándolos un buen rato, eran unos preciosos ojos
azules, como el cielo. Adoraba a esta pequeña revoltosa de cabello de fuego y
corazón acorde con su pelo. La sonrió, la agarró de la mano y salieron
corriendo de esa calle.
De los 102 niveles que formaban
la gran montaña, el joven Kandok vivía entre los mas altos, allí donde se
solían poner la mayoría de los herreros, ya que el calor de sus forjas se
podría acumular en los niveles por encima de ellos, y en una región de perenne
calor como son las tierras de piedra roja, sería mortal. Así, el actual Gran
Maestro de los Herreros de Chackdras, Kathak Fuego Impetuoso, vivía en el nivel
20, y todas las forjas a su cargo estaban del nivel 21 al 18, estas eran la
fuente de calor que acomodaban a todos los dragones que viven en The Dwarf
Summit. La cima enana, era una fortificación de base circular, construida en
piedra caliza, que no era parte de la montaña, fue un trabajo de enanos, en
honor a sus colosales hermanos. De cimientos muy profundos, se dice que en su
construcción intervino magia dragónica. Allí es donde habitan las grandes
bestias ahora, del nivel 17 al 1, este ultimo está a cielo abierto, llamado el
circulo negro, es el lugar de reuniones de los dragones ancestrales.
En este momento, en el nivel 20,
el Gran Maestro preparaba la cena de ambos, ya que por muy alto rango que
tuviese un enano, nadie ajeno a la familia convivía con esta. La servidumbre
era una palabra que no existía en la lengua
enanil. El adulto Harak de unos 175 años cocinaba las patatas en el
puchero echando miradas de reojo a su pequeño, éste ponía la mesa despacio, a
desgana, con una mirada perdida en la roca de la pared. El padre sonrió al ver
la figura de su hijo, la pequeña melena despeinada, castaña, como la de su
madre, y unos pelillos de barba tardía
que se negaban a crecer. Era el mayor trauma de Kandok, no tenía barba, a los
26. Un enano normal tenía una mata de pelo en la barbilla ya a los 20,
pero la de su hijo se hacía de rogar.
Kandok se sentó a la mesa pesadamente, tanto que hizo crujir la silla. Una
mirada dura, de los ojos color carbón del padre, hizo que el pequeño soltase un
inaudible – lo siento – con una voz ronca, del que lleva sin hablar toda la
tarde. Casi inmediatamente empezó a comer Kathak, su larga barba del color del
astro Menwar, roja, no paraba de subir y bajar mientras comía, el niño la
miraba embobado. Cuando el viejo se percató dijo.
-¡Menuda mata de pelo lleva ya
la barba de mi hijo!, pronto, te harás tu primera trenza–El padre buscaba la
sonrisa de su hijo, pero solo recibió una liguera mueca, y la mirada triste de
color marrón tirando a rojo volvió al plato. El mayor no desistió – Has hecho
otra hermosa figurita de madera - hizo una pausa para cogerla del estante que
tenía alado – Es un yunque, ¿verdad?,
¡uhm!, lo has representado muy bien - hubo un momento de silencio, mientras la
dejaba encima de la mesa, y el padre reflexionaba, entonces, un brillo iluminó
sus ojos - ¿Por qué no vienes conmigo a la forja mañana por la mañana?, nos lo
pasaremos bien, y... – fue interrumpido por una mirada de dolor que pasó por el
rostro del joven. “¡Valla!, lo había olvidado, Kandok no se siente a gusto
entre ascuas de la forja” penso Kathak. Y era cierto, aún siendo el hijo del
Gran Maestro, el joven Pirias no era lo que cabría esperar de un herrero enano,
sus trabajos eran sencillos y poco imaginativos. Los demás chicos lo tenían
como el advenedizo de los aprendices. Pero no había querido dejarlo, orgulloso
de ser un Pirias, no quería abandonar delante de su padre, se esforzaba, pero
ya ni siquiera rendía como antes. Estaba perdido, y no sabía que camino
recorrer. El viejo acabó el plato y mientras se limpiaba la barba, su hijo hizo
ademán de levantarse – Espera Kandok – la expresión de su padre era seria, éste
apartó el plato y apoyó los codos encima de la mesa, mirando fijamente al
pequeño, continuó - ¿Qué pasa hijo mío?, me han dicho que has dejado de ir a
las clases del maestro Nathig – El rostro del chico se mortifico y bajó la
vista, un asentimiento con la cabeza fue la única respuesta que recibió el
padre. Pasó un momento y volvió a hablar – Ya me dirás, no pienso dejar que
salgas de esta habitación hasta que me digas que es lo que quieres hacer, si no
es la forja, ni es la agricultura de Chackdras, ¿Qué es? – el silencio reino en
la estancia durante un minuto, algo quería salir del hijo, pero era costoso
expulsarlo. La mirada escrutadora de Kathak asaltó al joven, y justo cuando iba
a hablar, retoma la palabra el mayor de los dos, - Llega un momento en la vida,
en la que has de elegir un camino, sin miedo a lo que puedan pensar los demás,
tu vida es tuya y nadie... – fue cortado por la voz, recia segura de un hijo
que estaba madurando – Quiero luchar – levantó la mirada y la clavó a cincel en
los ojos de su padre, éste la mantuvo firme, y frunciendo el ceño se levantó, y
dijo - ¿estas seguro? -, su voz era fría un sentimiento que detectase su hijo,
un matiz de apoyo, o de ser reacio a la idea. Kandok se levantó afianzo los
pies en el suelo, y tras inspirar respondió, tajante, - ¡Si! - , el hijo sabía
lo que pensaba su padre de la guerra –un medio estúpido de zanjar las
diferencias- diría él, pero el lo quería, era su destino, lo sabía. Lo había
esquivado durante demasiado tiempo, las largas horas perdidas –diría su
maestro- escuchando historias de aventuras. Tenía el mismo problema de Delian,
a la vista de la sociedad, un buen hijo es el que sigue los pasos de su padre,
y una hija de su madre. Kathak se dirigió a la salida de la estancia cojeando,
pues tal era su desgracia, en una reyerta en una cantina recibió un tajo en la
articulación de su rodilla, dejándolo lisiado. Por unos momentos se quedó parado
junto a la puerta y antes de salir dijo
–¡ Sígueme ¡-
Les habían dejado pasar a
escondidas, debía ser la 1 de la mañana, ha esta hora, no estaba permitido
entrar allí, pero el Gran Maestro tenía un amigo que les salvó de la guardia.
La gran sala de entrenamiento de la guardia real. De base circular estaba abovedada y tenía una luz de 50 metros.
No había decoración alguna, la fría roca roja de Chackdras estaba recubierta de
sillares de piedra gris que daban una gran sobriedad a la estancia. Solo dos estandartes
reposaban en la pared, el símbolo de la corona y el yunque en plata sobre fondo
azul marino, del reinado del Tonak; y el símbolo de el hacha, la alabarda y la
espada corta de los soldados de Chackdras. La boca de Kandok no se había
cerrado desde que entraron en la sala, paso mas de 5 minutos admirándola – La
sala de entrenamiento de los guerreros – susurro para si, se sobresaltó cuando
se percato de que su padre lo miraba fijamente a varios metros de él. Se quedo
quieto mientras su padre se desabrochaba la capa con capucha gris de ribetes
plateados y empezaba a hablar – Kandok – su voz sonaba apaciguadora – yo no
tuve tampoco las ideas claras cuando era joven, mi primer deseo fue el de ser
aventurero, lidiar en muchas batallas y llevarme a la mas hermosa de las
doncellas en apuros – acabó de soltarse el broche de la capa y esta, cayó al
suelo. Kandok pegó un brinco, una armadura de chapa completa era en lo que
estaba investido su padre, el crío observó los emblemas de su hombrera,
-comandante- el anciano sonrió, pero nno de satisfacción sino de melancolía, a
la vista de su hijo, había ganado cien años. –Si, yo podía haber sido General,
pero mi destino eligió otro camino – dijo esto golpeándose la rodilla lisiada –
ahora yo soy herrero, pero tu vas a aprender las habilidades de un guerrero, y
honraras el nombre de tu padre, llegando tan arriba como te permitan tus cortas
piernas- Cogiendo una armadura de cuero, se la lanzó y sonriendo a su hijo dijo
- ¡Que empiece el juego! -
-¡Kandok!, ¡Kandok!, va a
empezar, va a empezar, como no te des prisa telo perderás- Los ojos de ya joven
moza Delian chispeaban de emoción, era una hija de la lucha, ya pronto
anunciaría su candidatura a soldado. Los dos jóvenes corretearon entre los
cuerpos apelotonados de sus mayores, abriéndose paso al espectáculo. Este, eran
dos Titanes en las formas de dos enanos enfrentados, uno era Tonkan muerde
tuercas, alto incluso para su raza, de pelo castaño claro con betas blancas por
la edad. Estaba sonriendo afable del que tiene el as que es la experiencia, un
brillo de felicidad ardía en sus ojos. Su contendiente era Lohas martillo
negro, con una barba de color azabache, haciendo honor a su apellido. Este
provenía de un linaje muy antiguo, se decía que su antepasado Sarkas, había derribado
al gran dragón negro Gigrahan, cuando intentó adueñarse de la gran montaña, el
año del gran viaje de los dragones, y que su martillo de guerra se volvió de
este color cuando acabó con la vida del gran reptil volador. Además era el
padre de Lothón amigo de Kandok, y un gran dragonero. El joven enano, hijo del
gran maestro, imaginaba como sería pelear contra tan temible adversario, pero
pronto se volatilizaron sus pensamientos, la contienda iba a comenzar.
Los dos enanos, desnudos de
cintura para arriba, se miraban mutuamente a los ojos, el odio y la ira no
habitaba en ellos, sino una profunda rivalidad bañada en el griterío de los
espectadores que ensalzaba los corazones guerreros que pronto quedarían
saciados.
Empezaron a moverse en circulo,
calculando las posibilidades del otro, una espiral que fue acercándolos hasta
llegar a un metro de distancia, Lohas sonrió a su contrincante, y lanzo un puño
demoledor a la altura del estomago, Tonkas se giro pero no pudo evitar el
golpe, el coro de espectadores gritó en una salva al unísono al ver como caía
de rodillas, doblado de costado. El contendiente que seguía en pie no esperó a
que se recuperase el caído. Un puñetazo certero le rompió la nariz, y
maldiciendo a media ciudad, cayó al suelo gritando de dolor. El enano vencedor
rompió a carcajadas, uniéndose a sus compañeros de coro, empezó a ridiculizar
al enano veterano. Delian se sentía ultrajada, aquel enano era muy mayor, se
sabia de antemano quien iba a ganar, no hacia falta insultar al adversario. Kandok
notaba como la rabia se acumulaba en sus facciones y sus puños crispados.
-¡Que macho eres pegando a un
anciano!- Saltó la joven, el coro de voces se fue callando, y la gente buscaba
entre el albedrío al valiente que había soltado esas palabras, al enano mas
reconocido en la pelea cuerpo a cuerpo. Cuando una personita de largos cabellos
color fuego se abrió paso entre la muchedumbre para quedar en el centro del
corredor todos se quedaron callados. -¡una niña!, se me enfrenta una cría- dijo
en un murmullo de asombro. La dama estaba plantada frente a él con los pies
separados y una mirada que habría tumbado a un tulkas rabioso. –¡Vamos
valiente, pelea conmigo!, si eres hombre- esto ultimo lo dijo mirándolo de
arriba abajo, con una mirada desdeñosa. Al principio el enano de brazos recios
como troncos de cedro, enrojeció de pura rabia, pero mirando a sus compañeros
de bronca y ver que se asombraban ante la idea de que pegase a una joven, acabó
calmándose. -¡Va!, no vales la pena niña- dijo insultante. Se dio la vuelta y
encamino el final del camino. Cuando de pronto una patada que le resintió por
toda la columna, le hizo dar un salto de medio metro en el aire. Rabioso se
volteó para encontrarse de cara con una decidida enana a vengar el honor
perdido. -¡Vamos valiente!- El enano de barbas negras, gritó un rugido de
guerra que resonó en toda la estancia, y en varios corredores mas. Lanzó un
puñetazo que la joven esquivó ágilmente a su derecha, el puño del mastodonte se
estrelló con una pared con tal fuerza que desprendió un trozo. Tras varios
intentos mas, el enano que no era conocido por ser tonto se serenó un poco.
En ese instante la doncella
lanzó dos puñetazos que restallaron en la cara del barbiluengo, éste los
recibió con una sonrisa. -¡Nada!. Empiezo a pensar que no eres muy buena en
esto, ¿eh?- La enana lanzo dos puñetazos que dieron al aire, Lohas soltó una
carcajada -¿no deberías volver con mama a la cocina?- La enana profirió un
grito de guerra que mas de uno dio un respingo y lanzo una patada demoledora
que hendió su blanco en la entrepierna del enano, éste cayó de rodillas y
apoyando su cabeza en el suelo soltó un gritito que fue inaudible. De pronto la
voz de Tonkas que se había recostado en el suelo, mientras taponaba su
sangrante nariz atrajo la atención de todos. –Eso ha estado muy bien, doncella
guerrera- este fue el nombre con el que se le conoció desde entonces.
La enana le hizo un saludo y se
carcajeo ante la audiencia, Kandok sonreía ante su mejor amiga. Por eso no se
percato del enfurecido enano que la dirigió un puñetazo que explotó en su
mejilla lanzándola contra la pared, dejándola sin resuello en ese instante. La
doncella cayó al suelo en un grito ahogado, dejando su melena rojiza esparcida
por el suelo. -¡KuzKarian!- un grito de guerra que algunos ya habían olvidado,
resonó en la estancia, creando ecos por todas las salas de esos pasillos,
acompañado este por un puñetazo que Lonhas recordaría toda su vida, el impacto
le lanzó contra sus amigos y todos cayeron al suelo en un pataleo. Una joven
figura había echo su aparición, era un enano de edad joven, quizá los 35. Su
barba era marrón clara, aunque era un poco corta, ya estaba frondosa, pero lo
que llamó la atención de los que quedaban en pie, fueron sus musculosos brazos,
ya fibrosos en su juventud, en su piel de tez morena, y la extraña postura de
combate que mostraba el joven. Reposaba el peso del cuerpo en el pie de atrás,
dejando el otro mas ligero, un puño lo
mantenía a media distancia del cuerpo, mientras el otro lo pegaba a su cara, poniendo
todo el pecho en sentido lateral, muy distinto a la forma de lucha común en los
enanos, de los pies separados, el cuerpo de frente y los dos puños separados a
la altura del rostro, uno delante del otro, con la cabeza muy agachada.
Mientras que Kandok, el joven de pocas primaveras en cuentas enaniles tenía la
espalda recia, esperando el ataque de Lohas, que se estaba poniendo en pie. Los
puños del rabioso enano de barba negra estaban apretados, formando dos rocas de
pura ira, vibrando como las venas de su cuello y su cara enrojecida hizo que
mas de uno se echase atrás. El joven de cabellos castaños titubeo, pero cuando
escucho un débil gemido procedente del cuerpo de su amiga de la infancia, no
hubo dudas tumbaría al gigante o caería el en el intento.
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