El ojo
de Tanthyla.
Escrito
por: Riva.
Era un día nublado, aunque dentro del
bosque que llevaba a La Ciudadela de Thangtar eso no se podía saber con
certeza; puesto que allí todos los días eran oscuros. Un jinete solitario se
acercaba por el camino. Era un guerrero humano, eso se podía ver de lejos, pero
si uno se acercaba lo suficiente, vería que era joven y apuesto, pero con unos
ojos mucho mas antiguos de lo que correspondían a su edad. Eran los ojos de
quien ha visto mucho, y no todo bueno.
-Mi fiel Viento, ¿qué haré ahora que mi
padre ha muerto y yo he sido desterrado?-. Pregunto con su profunda voz.
-Sobrevivir, Alak, como siempre hemos hecho
y siempre haremos. Es cierto que las cosas se han puesto difíciles ahora que tu
tío, el usurpador, ha puesto precio a tu cabeza, pero de cosas peores hemos
salido... Y tienes la espada-. Contesto el corcel plateado, que había sido un
regalo de su maestro, Magius el mago, y por tanto era un caballo encantado.
-Sobrevivir... cierto. Al igual que es
cierto que tengo la espada: El ojo de Tanthyla, que según la leyenda fue
entregada a mis ancestros por la diosa a la que debe el nombre la piedra de su
empuñadura. Pero... ¿qué es ese ruido?- preguntó mientras escuchaba- parece...
Una batalla. Corre Viento, se oyen voces de mujer.
El caballo corrió hacia el origen de los
ruidos, que resulto ser una mujer que estaba peleando con una banda de
hobgoblins?. Cuando Alak y Viento llegaron, la mujer estaba siendo atacada por
una docena de seres, que tuvieron una muerte precoz debido a la misteriosa
espada que Alak había denominado Ojo de Tanthyla.
-¿Estáis bien, milady?
-Sí, lo estoy. Gracias por acudir en mi
ayuda, puesto que me estaba empezando a enfurecer, porque por mas hobgoblins
que matase, otros ocupaban su lugar... Parece ser que el traidor de Hushen ya
se ha percatado de mi presencia aquí...
-¿Hushen? ¿De que conocéis al usurpador?
-Nos hemos enfrentado ya varias veces...
¿Usurpador? ¿Qué ha ocurrido con el joven príncipe?
-Ha desaparecido – mintió Alak, puesto que
él era el príncipe.
-Entonces mi misión es más urgente que
nunca... – susurró ella, - Pero disculpad mi descortesía, soy Gwenda ap Zontar
y vos sois...
-Alec ap Crow, para serviros, mi señora.- volvió
a mentir, pero sin saber todavía si podía confiar en ella- ¿Os dirigís, por
algún casual, a La Ciudadela?
-En efecto, ese es mi destino. ¿Por qué me
lo preguntáis?
-Porque en ese caso, podríamos ir juntos.
Seguramente habrá más hobgoblins cerca, y siempre es mejor tener dos espadas
que una, ¿no creéis?
-No podría estar mas de acuerdo.- dijo
mientras silbaba, haciendo que una yegua pintada se acercase.- ¿Vamos?
-Encantado.- dijo el caballo, atrayendo la
mirada de Gwenda – Soy un caballo mágico. Pero no muerdo, si exceptuamos a este
zopenco que tengo por jinete...
-¡Viento!
¡Para ya!- dijo Alak mientras le espoleaba.
Y así la misteriosa guerrera y el caballo
mágico se pusieron a hablar mientras el príncipe fugitivo les miraba asombrado.
Al poco tiempo comenzó a anochecer y Alak sugirió que acampasen en un claro de
bosque. Una vez prepararon el campamento Gwenda dijo que ella haría la primera
guardia, y justo cuando lo dijo, Alak se lanzó sobre ella... para apartarla de
la trayectoria de una flecha que se dirigía a su cuello. Mientras la empujaba, Alak había
desenfundado una daga y la había lanzado hacia el lugar de donde partió la
flecha. El grito ahogado y el golpe sordo confirmaron su blanco, que resultó
ser un asesino. Una vez recupero su daga, registro el cadáver, obteniendo unas
cuantas monedas, un carcaj de flechas y unas cuantas dagas más. El resto de las
armas y venenos los dejo. Sin perdida de tiempo cavó una tumba y enterró el
cuerpo.
-Gracias por salvarme la vida otra vez. Esto
comienza a convertirse en una costumbre.- le dijo Gwenda mientras Alak
enterraba el cuerpo.- Pero, Alec, ¿por qué te tomas tantas molestias con su
cadáver?
-Él no tiene la culpa de esto. Cumplía con
su trabajo. Ten por seguro que no me tomaré tantas molestias. Vamonos de aquí,
puesto este sitio ya no es seguro frente a criaturas malignas.
-¿¡Crees en fantasmas!? ¡JA, JA, JA...!
-Bien, digamos que ese demonio que esta
detrás de ti me parece suficiente motivo para levantar el campamento.- murmuró
enfurruñado.
-Vale, vale... No hace falta que te pongas
así.
De modo que levantaron el campamento y
buscaron otro sitio para pasar la noche. Al amanecer Viento les despertó y
continuaron su camino hacía La Ciudadela. Poco antes del anochecer encontraron
una posada, y entraron en ella para cenar y pasar la noche.
-¡Posadero!
-¿Sí, señor? ¿Qué deseáis?
-Danos algo para cenar, y prepáranos un par
de habitaciones para pasar la noche.
-Señor... Hay un pequeño problema respecto a
las habitaciones... Veréis, una caravana de comerciantes ha ocupado todas las
habitaciones menos una...
-Nos la quedamos.- Dijo Gwenda. –Pero...
¿podría subirnos otro catre?
-Aunque... podría subirles otro catre... -
Dijo el posadero, como si estuviera ido.
-Perfecto.- Dijo Alak.- Ahora, vayamos a
comer.
El posadero les mostró una mesa y se metió
en la cocina pensando sobre porque tendría la urgente e inexplicable necesidad
de subir otro catre a la habitación que había alquilado a esos extraños
viajeros...
-Buen truco. Me tienes que enseñar ese
conjuro.- Comentó Alak.
-Vaya, pense que no se había notado tanto.-
Le contestó Gwenda.- Pero en el lugar al que vamos te enseñaran muchos más
conjuros.
-¿Lugar? Perdona, pero yo voy a La Ciudadela
y.. Bueno, ya hablaremos luego, que la comida esta aquí.
-Aquí tenéis, estofado y vino. Son dos
monedas de plata.- Alak pagó lo que pedía el posadero.- Gracias, señor. Su
habitación ya esta lista.
Después del estofado, que estaba algo
quemado, y el vino, que era agua roja más que vino, Alak se temía lo peor
respecto a la habitación... Hasta que atravesó la puerta y vio un cuarto
pequeño pero acogedor con una mesa, dos sillas y dos catres, uno junto a cada
pared. Gwenda se quitó la capa y Alak vio su rostro y su figura como si los
viese por primera vez. Era una mujer joven, de ojos ambarinos y bastante
hermosa; además, se notaba que su figura era hermosa no por el control de la
comida, sino por el ejercicio. Alak también se quito la capa, y comenzó a
preparar la chimenea para encenderla. Mientras tanto ella le observaba de un
modo un tanto extraño y cuando él acabó de encender el fuego ella continuo la
conversación que habían comenzado en el comedor de la posada.
-Bien, alteza, antes de reclamar lo que es
vuestro por derecho, deberéis prepararos...
-¿Alteza?,- Preguntó él extrañado- creo que
me confundes... Yo soy Alec ap Crow...
-Príncipe Alak, os he reconocido en cuanto
vi el Ojo de Tanthyla. Nadie que no pertenezca a vuestra estirpe puede
empuñarlo..., aunque debemos ocultarlo de miradas indiscretas, puesto que igual
que yo te he reconocido, cualquiera puede hacerlo.
-Supongo que tienes razón.- Susurro él.-
Pero yo no voy a ir a ningún sitio hasta que me expliques porque tienes tanto
interés en mi...
-Veras, Alak, mi padre me dijo que debía de
cuidar el equilibrio de Thangtar, y eso es lo que hago. Mi estirpe lo lleva
haciendo desde antes de los tiempos del Rey Atrus; pero uno de mis hermanos ha
decidido que él es más adecuado para gobernar que tu gente así que... Por eso
estoy aquí. He de restaurar el equilibrio ayudándote a recuperar el trono.
-¿Estas insinuando que Hushen, el traidor,
esta siendo controlado por tu hermano...?
-En efecto, pero no lo insinúo; lo afirmo.
Aunque antes de recuperar tu trono, debemos ir al Templo de Tanthyla, para que
aprendas todo lo necesario para vencer a los usurpadores...
-Bien... Mañana hablaremos sobre eso. Ahora
yo me voy a dormir...
Y
diciendo eso, Alak se metió en la cama. Gwenda se quedo observando como se
dormía y, cuando estuvo segura de que estaba profundamente dormido, comenzó a
llorar mientras susurraba:
-Así que este es el precio que he de pagar
por intervenir. Padre, ¿por qué me haces esto?
-Porque para salvarles tienes que
comprenderles. Sus pasiones, sus miedos, sus inquietudes... - Parecía que le
susurraba el viento.
Al día siguiente Alak despertó oyendo el
sonido de una persona andando por la habitación. Cuando abrió los ojos vio que
esa persona era Gwenda, que se estaba poniendo la armadura. Rápidamente, él
también comenzó a prepararse y partieron en cuanto amaneció. Alak estuvo muy
silencioso el resto del trayecto hasta que llegaron a.. La Ciudadela. Entonces
se entero de que el Templo de Tanthyla estaba en La ciudadela, aunque era tan
grande como el castillo en el que él había pasado la mayor parte de su vida.
Cuando
entraron Alak vio como los monjes trataban a Gwenda con deferencia, y
rápidamente les condujeron frente al superior del templo. Este confirmó que
Alak debía pasar algún tiempo preparándose y dijo que ellos le enseñarían todo
lo que necesitase, hasta el momento de la coronación de Hushen, momento en el
que Alak debería recuperar el trono.
Y así Alak aprendió a pelear tanto con la
espada como con el hacha, el bastón y otras muchas armas; a tirar con arco y
con ballesta; a lanzar conjuros; y a tal cantidad de cosas, que el simple hecho
de enumerarlas llevaría paginas y paginas. Todas las noches, Alak salía a
pasear con Gwenda y poco a poco se fue enamorando de ella.
Pero un día, mientras paseaban por los
jardines del templo, una pareja de mercenarios intentaron acabar con ambos;
claro que no sabían donde se metían?...(Al final se metieron en un hoyo a un
par de metros bajo el nivel del suelo...) Aunque lograron una proeza: herir a
Alak en el brazo. Cuando Gwenda lo vio, rasgo su capa y le vendó la herida.
Cuando acabó, Alak se acercó y mientras susurraba algo sobre el miedo que había
tenido de perderla, la besó. En el momento en que se separaron el uno del otro,
en los ojos de Gwenda hubo un destello de comprensión seguido de un dolor más
profundo del que ella nunca hubiese pensado que podría sentir, que culminó con
su huida al templo. Alak no sabía que era lo que había hecho, pero cuando bajó
la mirada vio que un pequeño broche de plata se le había caído al suelo. Tenía
la forma del halcón, que es el símbolo de Tanthyla.
Los días pasaron y Alak no volvió a ver a
Gwenda, y cuando intento preguntar a los monjes, solo recibía evasivas. Sin
embargo, un halcón de alas plateadas había aparecido y siempre estaba
revoloteando alrededor de Alak.
Finalmente
este acabo su entrenamiento, y el abad le comunicó que la coronación de Hushen
iba a ser en dos semanas, por lo que deberían pensar en algún plan de acción.
-¿Por qué no llamamos a mi primo Dirk? Es la
única persona de palacio en la que confío, y sé que él nos puede proporcionar
mucha ayuda.
-Bien, - dijo el abad- además, nos puede dar
una idea de cómo están las cosas entre los servidores reales.
Y así Dirk ap Afallon ayudó a los monjes y
a Alak a planear lo que debían hacer, que básicamente consistía en colarse en
la celebración (que sería en ese mismo templo) y, blandiendo la mágica espada,
reclamar el trono. En caso de que hubiese muchos problemas, los monjes eran los
mejores guerreros de todo el reino.
Finalmente, llego el día de la coronación.
Allí estaba reunida toda la nobleza de Thangtar y un desconocido que llevaba
una capucha que le ocultaba el rostro. Cuando el abad llegó al punto en que
preguntaba si había algún motivo por el que ese hombre (Hushen) no fuese digno
de convertirse en rey, se oyó una voz:
-¡Yo tengo un motivo!- era Alak quien hablaba.-
Es un asesino. Asesino a mis padres, e intento asesinarme a mí y a otra persona
en dos ocasiones. Además yo, Alak ap Cornwal ap Zurkoth, soy el legitimo
heredero.
-¡Mientes!- rugió el desconocido- El
príncipe esta muerto. Tu solo eres un brujo que intenta confundir a la gente.
-Durkhan, no debes intervenir.- era la voz
de Gwenda, la que ahora hablaba.
-¿Qué pasa, Tanthyla, papá te ha mandado
para restaurar su precioso equilibrio? ¡Bah, tonterías!
´´Tanthyla’’ penso Alak, ‘’¿ella es la
diosa Tanthyla? ¿Me he enamorado de una diosa?’’
-Conoces
las reglas Durkhan. Ellos deben luchar para saber quien es el que debe ocupar
el trono.
En ese momento, Hushen se lanzó sobre Alak
para intentar matarle, pero este, aunque sorprendido y triste, le esquivó
fácilmente. Así comenzó el combate, en el que Alak peleaba como un autómata,
puesto que ahora que tenía la certeza de que iba a perder a Gwenda/Tanthyla, de
poco le importaba ganar o perder... Hasta que Hushen le hirió, y Alak vio como
la mujer a la que amaba se había puesto pálida. Aunque parezca poco, el hecho
de saber que ella se preocupaba por lo que le pasase, aunque solo fuese por el
equilibrio en Thangtar, fue suficiente para que acabase rápida y limpiamente
con el combate; pero cuando Hushen estaba a punto de expirar debido a la herida
que Alak le había hecho en el pecho, susurro algo muy simple y aterrador:
-Da... igual... que me... hayas matado...
Pronto... el veneno de la hoja... te hará reunirte... conmigo.- y en ese momento
expiró.
-Vaya, vaya, vaya... Después de todo he
logrado mi propósito.- dijo Durkhan mientras desaparecía con una carcajada.
-Bueno, Dirk, parece que después de todo tú
eres el que se va a ocupar de arreglar este desastre.- susurró Alak, a quien el
veneno ya empezaba a hacer efecto.- Cuida de Viento, puede que sea un poco
cascarrabias, pero es un buen amigo.
En ese momento un mago apareció junto al
príncipe y murmurando un conjuro adormecedor le cogió en brazos y lo llevo a
sus aposentos. Allí le acostó y se puso de inmediato a trabajar en un contra
veneno. Cuando el abad pregunto quien era ese mago, alguien le contó que era
Magius, el maestro y protector del príncipe.
Dirk no perdió tiempo y se puso a
arreglar todos los problemas que había causado la mala administración de Hushen
mientras rezaba para que su primo se curase.
Tanthyla vio todo esto e hizo algo que
sabía aumentaría su castigo por intervenir de un modo tan directo en los
asuntos de los hombres; pero que en cierto modo, era parte del precio que ya
había pagado: enamorarse de un mortal, sabiendo que era algo imposible el que
saliese bien; pero no iba a dejar que ese mortal muriese envenenado, por lo que
se dirigió a las habitaciones de Alak y se limito a cogerle de la mano mientras
le curaba, lenta pero inexorablemente. Sin embargo este proceso le llevo tres
días. Tres angustiosos días en los que le oía susurrar en sueños muchos por
qué, unos cuantos te amo y cierta cantidad de no puede ser verdad. Finalmente
el enfermo se recobró y fue una semana de fiestas por todo el reino.
Era un día soleado. El día de otra
coronación. La del príncipe Alak. La nobleza en pleno estaba allí, junto a su
diosa Tanthyla, la cual estaba rodeada de una aureola dorada que impedía que la
mirasen directamente. Era un día de fiesta. El abad estaba pronunciando de
nuevo los ritos de coronación, cuando llegado el momento de preguntar si era
considerado digno Alak dijo:
-No. No soy digno para ocupar este trono,
puesto que en estos días se ha demostrado que hay alguien más digno que yo.
Dirk, te cedo a ti el trono y la espada de nuestros antepasados. Ven, ocupa mi
puesto y que la ceremonia continúe.
-Acepto el trono, Alak, pero no puedo aceptar
la espada que te corresponde por derecho. Es la espada del Guardián del reino.
Y ese eres tú.
Y así Dirk fue coronado. Esa misma noche,
en el baile que habían organizado, Alak estaba solo en los jardines. En el
lugar donde la había besado; cuando oyó pasos.
-¿Quién va?- pregunto desenfundado su espada.
-Soy yo, Alak. Soy Tanthyla.
-¿En quepuede este humilde siervo ayudaros,
mi señora?- dijo arrodillándose y sin mirarla al rostro, para que ella no
pudiese ver el dolor que reflejaban sus ojos.
-Alak, sabes que tu no necesitas humillarte
en mi presencia. Por favor, levántate y mírame a la cara... - rogó ella.
-Si lo ordenáis, mi señora.
-¿Así va a ser todo a partir de ahora? ¿No
harás nada a no ser que se te ordene?
-Mi señora, yo siempre os he tratado con este
mismo respeto.- siseó.
-Pero... aquella noche...
-Aquella noche yo besé a Gwenda ap Zontar. Y
ella me rechazó. Desde entonces no la he vuelto a ver.
-¿Qué? ¿Es qué no lo entiendes?- comenzó a
susurrar mientras él vio como el brillo que la rodeaba desaparecía mientras
ella se cubría el rostro con las manos.- ¿No puedes entender el miedo que me
dio todo lo que sentí cuando me besaste? ¿No puedes entender que te amo?
-¿Qué tu me...? ¿A mí? ¿A un simple mortal?
Por favor, - dijo mientras la abrazaba- no llores. No llores por lo que
sientes.- Y en ese momento enjugó sus lagrimas con el dorso de la mano y la
besó.
Esa misma noche mucha gente de La
Ciudadela juraría que oyó al viento reír, no como lo había hecho Durkhan al
huir, sino como un padre que ve como sus hijos ya no son los niños que él
creía.
Al día siguiente Dirk invito a comer al
abad del templo, a Alak y a Tanthyla, para agradecerles su ayuda y preguntarles
que harían a partir de ese momento. El abad y Tanthyla seguirían cuidando del
reino como habían hecho desde siempre, pero al llegar a Alak, este explico sus
planes:
-Vereis; como tú bien dijiste el día de la
coronación, Dirk, he pensado en formar una hermandad secreta, para que siempre
haya guardianes en este reino. De este modo, no se volvería a correr tanto
peligro como ahora. Sería una hermandad que aceptase seres de todas las razas,
y que estaría controlada por un consejo. Sí bien es cierto que habría un
maestre, este sería algo representativo, únicamente. Y, quizás con el tiempo,
acabaría extendiéndose por todo Thangtar. Pero esta hermandad no se encargaría
de problemas que pueden solucionar la guardia de las distintas ciudades; solo
se encargaría y prepararía para aquello que pudiese deteriorar el equilibrio de
los poderes de Thangtar. Por ello, abad, debo pediros que adiestréis, como me
adiestrasteis a mí, a todos los aspirantes que os envíe; a ti, Dirk, debo
pedirte un lugar en La Ciudadela que pueda utilizar como base, pero que la
gente piense que es un monasterio o algo así... (aunque la hermandad no será
monástica, por supuesto) y Tanthyla, a ti solo te pido tu apoyo...
-Te daré algo más, Alak. Te daré el poder de
manejar el mágico Ojo de Tanthyla que esta engastado en la empuñadura de tu
espada. Esa piedra tiene poderes mágicos tan grandes, que servirían para
repeler cualquier intento de alterar el equilibrio.
-Bien, así podré cumplir una misión para la
que necesite todo lo aprendido, - y continuó en un susurro que solo Tanthyla
oyó- y servir a mi dama por siempre jamas...
En los cielos, a alturas que solo algunas
aves podían verlo, un hombre vio todo lo que sucedía en esa cena y sonreía
mientras decía, más para sí mismo que para algún oyente casual:
-Bien,
por fin he acabado este proyecto... Aunque cuando mi hija Tanthyla se entere
del porque de su misión y su ‘’castigo’’ probablemente se enfurezca...
Mientras, en el palacio la comida había
terminado y Alak y Tanthyla paseaban por los jardines. Iban en silencio, porque
ambos sabían que era incierto el que se volviesen a encontrar en un futuro
cercano. Sin embargo, una promesa susurrada por Tanthyla y sellada por un beso
hizo sonreír al anciano monarca de los cielos. La promesa era esta:
-Algún día podremos estar juntos para
siempre...
Historia
deThangtar.
Volumen
XVIII
Escriba:
Undo, el Troll.
.
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