Por ejemplo no hacemos promesas solemnes, no decimos que no vamos a beber "nunca". En lugar de esto, intentamos seguir lo que llamamos en A.A. el "plan de 24 horas." Nos concentramos en mantenernos sobrios durante 24 horas. Sencillamente, tratamos de pasar los d�as, uno a uno, sin beber. Si sentimos el deseo de beber, ni cedemos ni nos resistimos. Aplazamos tomar este trago por un d�a, hasta ma�ana.
En lo que concierne al alcohol, tratamos de mantener una forma de pensar honesta y realista. Si nos sentimos tentados a beber - y la tentaci�n normalmente se desvanece despu�s de los primeros meses en A.A. - nos preguntamos si, teniendo en cuenta las consecuencias que hemos experimentado en el pasado a causa de la bebida, este trago que nos estamos proponiendo vale realmente la pena. Tenemos presente que somos perfectamente libres de emborracharnos, si as� lo queremos; que la decisi�n de beber es exclusivamente nuestra. Y lo m�s importante intentamos enfrentarnos con la realidad de que, sea cual sea el tiempo por el que nos hayamos mantenido sin beber, seremos alcoh�licos para siempre y, que sepamos nosotros, los alcoh�licos nunca pueden volver a ser bebedores normales o sociales.
Tambi�n seguimos la experiencia de los venturosos "veteranos" en otro aspecto. Normalmente seguimos asistiendo regularmente a las reuniones del grupo de A.A. local, del cual nos hemos hecho miembros. No hay ninguna regla que haga obligatoria esta asistencia. Ni podemos siempre explicar por qu� el o�r las historias e interpretaciones de otros miembros parece darnos �nimo. No obstante, la mayor�a de nosotros creemos que la asistencia a las reuniones y otros contactos informales con nuestros compa�eros de A.A. son factores que contribuyen de manera importante al mantenimiento de nuestra sobriedad.