El alcoholismo como enfermedad

    Hoy estamos dispuestos a aceptar la idea de que, en lo que a nosotros concierne, el alcoholismo es una enfermedad, una enfermedad progresiva que nunca puede "curarse" pero, al igual que algunas otras enfermedades, puede ser detenida. Estamos de acuerdo en que padecer una enfermedad no tiene nada de vergonzoso, con tal que nos enfrentemos al problema honestamente y tratemos de hacer algo para solucionarlo. Estamos perfectamente dispuestos a admitir que somos al�rgicos al alcohol y que es simplemente de sentido com�n el alejarnos de lo que produce nuestra alergia.

    Ahora comprendemos que una persona, una vez que haya cruzado la frontera invisible entre beber mucho y beber con una obsesi�n alcoh�lica, siempre seguir� siendo alcoh�lica. Que sepamos nosotros, no puede recobrar nunca la capacidad para ser bebedor social o "normal". Tenemos que vivir reconociendo el sencillo hecho de que "una vez alcoh�lico, alcoh�lico para siempre".

    Hemos aprendido tambi�n que hay pocas alternativas para los alcoh�licos. Si siguen bebiendo, su problema continuara empeorando progresivamente; parece cierto que est�n destinados a los barrios bajos, los hospitales, las c�rceles u otras instituciones, o a una muerte prematura. La �nica alternativa es dejar de beber completamente, abstenerse de tomar siquiera la mas m�nima cantidad de alcohol en cualquier forma. Si est�n dispuestos a seguir este curso, y a aprovechar la ayuda que les esta disponible, una nueva vida puede abrirse para los alcoh�licos.

    En nuestra carrera de bebedores, hubo ocasiones en que estabamos convencidos de que, para controlar la bebida, no ten�amos que hacer mas que dejar de beber despu�s del segundo trago, o del quinto, o cualquier otro numero. Poco a poco logramos darnos cuenta de que no era el quinto ni el d�cimo ni el vig�simo el que nos emborrachaba, sino el primero. El primer trago era el que nos hacia da�o. Con el primer trago nos sub�amos al carrusel. Era el primer trago el que desataba la reacci�n en cadena del pensamiento alcoh�lico que nos conduc�a a beber de manera descontrolada.

    En A.A. tenemos un refr�n que lo expresa: "Para un alcoh�lico un trago es demasiado y mil no son suficientes".

    Otra cosa que muchos de nosotros aprendimos durante nuestros d�as de bebedores fue que la sobriedad forzada no era en general una experiencia agradable. Algunos de nosotros de vez en cuando pod�amos mantenernos sobrios durante un plazo de d�as, de semanas o incluso de a�os. Pero no disfrut�bamos de nuestra sobriedad. Nos sent�amos como m�rtires. Nos empe��bamos en esperar la hora en que pudi�ramos volver a beber.

    Ahora que estamos en A.A., tenemos un nuevo punto de vista sobre la sobriedad. Disfrutamos de una sensaci�n de libertad, de ser liberados aun del deseo de beber. Ya que no podemos esperar beber normalmente en ning�n tiempo futuro, nos concentramos en vivir una vida plena sin alcohol hoy. No hay nada en absoluto que podamos hacer respecto al d�a de ayer. Y ma�ana nunca viene. Hoy es el �nico d�a por el que tenemos que preocuparnos. Sabemos por experiencia que aun el "peor" borracho puede pasar veinticuatro horas sin un trago. Puede que tengan que aplazar el pr�ximo trago por una hora, o un minuto, pero descubren que se puede aplazar por alg�n periodo de tiempo.

    Cuando o�mos hablar de A.A. por primera vez, nos pareci� un milagro que una persona que hab�a sido un bebedor verdaderamente desconsolado, pudiera lograr la clase de sobriedad de la que hablaban los miembros veteranos de A.A. Algunos de nosotros tend�amos a cree que nuestro beber era de alg�n tipo especial, que nuestras experiencias hab�an sido "distintas", que A.A. pod�a dar resultados para otra gente, pero para nosotros no podr�a hacer nada. Otros que no sufr�amos tan graves heridas por nuestro beber, razon�bamos que, aunque A.A. les fuese de mucha ayuda a los borrachos perdidos de los barrios bajos, nosotros probablemente podr�amos tratar el problema por nosotros mismos.

    Nuestra experiencia en A.A. nos ha ense�ado dos cosas importantes. En primer lugar, todos los alcoh�licos se ven confrontados con los mismos problemas b�sicos, ya sea que vayan mendigando para poder comprar una cervecita o trabajen como ejecutivos de alguna empresa grande. Segundo, ahora sabemos que el programa de A.A. de recuperaci�n da resultados para casi cualquier alcoh�lico que sinceramente desee que los d�, sin importar cu�les sean sus antecedentes, su procedencia o su costumbre particular de beber.

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