El clima es el resultado de un sistema circulatorio a escala planetaria, el movimiento de la masa de aire que rodea el globo bajo la influencia de la radiaci�n solar y el constante intercambio con oc�ano y suelo en un equilibrio din�mico muy complejo, regulado por una serie de factores cuya influencia apenas empezamos a comprender, y que sin embargo, tenemos la certeza de que estamos alter�ndolos de forma irreversible.
En �pocas pasadas las variaciones en la cantidad de irradiaci�n solar y en la composici�n de la atm�sfera dieron lugar a unas condiciones ambientales muy diferentes a las de hoy.
El clima evoluciona, la cuesti�n es con que rapidez y con que margen de adaptaci�n para los seres vivos. En poco mas de un siglo la actividad humana ha aumentado la cantidad de CO2 atmosf�rico en un 25% y doblado la concentraci�n de metano; el reforzamiento consiguiente del efecto invernadero necesariamente dar� lugar a un aumento de la temperatura, que se calcula de 1�C cada 30 a�os, mientras que desde la ultima glaciaci�n su ritmo de cambio ha sido de 1�C cada 500 a�os.
�Que transformaciones del clima pueden esperarse en adelante? Depende de la cantidad de emisiones de GI en los pr�ximos a�os, de que fracci�n de estos permanezca en la atm�sfera y de los fen�menos de reforzamiento o amortiguamiento del cambio que pongan en marcha las modificaciones del clima ya en curso.
El �nico modo que tienen los cient�ficos del clima de hacerse una idea de las consecuencias es elaborar modelos matem�ticos en ordenador. La precisi�n con que puede preverse el comportamiento clim�tico no es alta, pues la capacidad de calculo de los ordenadores limita el �rea m�nima en que puede calcularse la evoluci�n del clima. Tampoco es enteramente satisfactoria su exactitud, por la falta de conocimiento de las complejas y m�ltiples transferencias de gases y energ�a entre atm�sfera, mar, hielos, bosques, etc... y particularmente de la evoluci�n de las nubes y los oc�anos (un investigador estima en 10 o 15 a�os de trabajo el tiempo necesario para representar adecuadamente en los programas estos fen�menos, y otro tanto para resolver los problemas que se presenten). Aun as� hay suficiente acuerdo entre los cient�ficos del clima para prever un aumento de 1.5 a 4.5�C en la temperatura de la superficie. Este cambio es comparable a los 5�C que nos separan del m�ximo de la ultima era glacial (hace 18.000 a�os), pero desarrollado entre 10 y 100 veces mas deprisa.
Las consecuencias no ser�n uniformes geogr�ficamente; de nuevo van a pagar justos por pecadores. El ciclo hidrol�gico se vera alterado por la mayor evaporaci�n del agua (que a su vez refuerza el calentamiento). Se calcula un incremento de 10 a 30 cm para el 2030 y hasta 1 metro para el 2050. Una subida semejante significar�a la contaminaci�n de acu�feros, la recesi�n de costas y tierras h�medas. Se teme un retroceso de los bosques en el interior de los continentes, sustituidos por ecosistemas mas degenerados.
El calentamiento esperado excede con mucho la capacidad de migraci�n de comunidades naturales, resultando una destrucci�n sin reemplazo y un empobrecimiento de los ecosistemas, perdida de especies y en definitiva perdida de la capacidad de la Tierra para soportar vida.
Hay muchos fen�menos de gran alcance cuya evoluci�n frente al cambio clim�tico es incierta, por ejemplo, las consecuencias de un Oc�ano Artico sin hielo sobre las corrientes marinas y su influencia en la pesquer�a, o el probable desplazamiento de enfermedades tropicales hacia otras zonas de la Tierra.
�Por que se ha llegado a esta situaci�n y en un tiempo tan breve? La quema de combustibles f�siles. Los combustibles f�siles se queman casi exclusivamente para producir energ�a que, en el primer mundo es consumido 7 veces mas por habitante que en el Tercer Mundo.
El modelo econ�mico y productivo dominante identifica bienestar con expansi�n y esta con consumo de energ�a creciente (desde principios de siglo se ha multiplicado por 30). Sin haberlo planeado nos hemos topado con los limites del sistema econ�mico actual, bastante antes del anunciado agotamiento de los recursos.
La �nica defensa razonable ante el cambio clim�tico es la reducci�n dr�stica de emisiones de di�xido de carbono cambiando el sistema energ�tico y por tanto el econ�mico, renunciando a la devoradora filosof�a de desarrollo sin limites.
La propuesta de la conferencia de Toronto (1988) es que en el 2005 las emisiones procedentes de uso de la energ�a y procesos industriales sean inferiores en un 20% a las de 1990. Este objetivo m�nimo exige una revisi�n urgente de las pol�ticas econ�micas, energ�ticas y de transporte del mundo desarrollado.
Es fundamental que la demanda energ�tica de los piases en v�as de desarrollo se satisfaga con tecnolog�as eficientes, la utilizaci�n de la mejor tecnolog�a disponible podr�a proporcionar, en ciertos pa�ses, un nivel de servicios similar al de Europa en los 70 con un consumo de energ�a solo un 20% superior al que ten�an en los 80. Adem�s la eficiencia reduce el numero de centrales necesarias, por tanto libera capital y disminuye la sensibilidad al coste de suministros.
No faltan v�as de soluci�n a los problemas que enfrenta el planeta, sino voluntad pol�tica de llevarlas a cabo, como ejemplo v�ase que a lo largo de los �ltimos diez a�os menos del 1% de los prestamos del Banco Mundial se han dirigido a proyectos de eficiencia.
Para enfrentar el cambio clim�tico, la producci�n de energ�a el�ctrica por m�todos sin combusti�n basados en recursos renovables tiene ventajas abrumadoras.
En materia de generaci�n el�ctrica existen alternativas viables e incluso, hoy por hoy, competitivas en el mercado, para un uso energ�tico masivo y en crecimiento como es el transporte, la dependencia de derivados petrol�feros es superior al 95% sin que aparezca en el horizonte pr�ximo ninguna tecnolog�a que lo sustituya.
Las medidas aplicables para disminuir el impacto del transporte son, esencialmente, maximizar la eficiencia de los veh�culos mediante normas de obligado cumplimiento para fabricante y usuarios (limites de velocidad) y reducir su utilizaci�n fomentando una amplia red de transporte publico con incentivos para el tren, y una pol�tica urban�stica que favorezca el uso de la bicicleta y cierre el paso del coche al centro de la ciudad (todo lo contrario a la construcci�n de aparcamientos subterr�neos). Tambi�n planificaci�n del territorio para disminuir las necesidades del transporte y la dependencia del coche privado en el urbanismo disperso.
No hay mucho tiempo para la duda, el panorama con que se presenta el nuevo siglo es muy sombr�o y nuestra capacidad para modificarlo disminuye con la acumulaci�n de CO2. Cuanto mas se retrase la adopci�n de nuevas tecnolog�as energ�ticas eficientes y blandas mas dif�ciles ser�n las medidas a tomar.