SEXO, PODER
Y GOBIERNO DE LA IDENTIDAD.
Michel Foucault (Entrevista)
En sus obras, da a entender que la emancipación sexual es menos la
revelación de las verdades profundas sobre uno mismo o su deseo que en
un elemento en el proceso de delineación y construcción del deseo.
¿Qué consecuencias prácticas se derivan de esta precisión?
Lo que quería decir es que, a mi juicio, el movimiento homosexual tiene
más falta de un arte de vivir que de una ciencia o un conocimiento científico
(o pseudocientífico) de lo que es la sexualidad. La sexualidad forma
parte de nuestro comportamiento, es un elemento más de nuestra libertad.
La sexualidad es obra nuestra - es una creación personal y no la revelación
de aspectos secretos de nuestro deseo-. A partir y por medio de nuestros deseos,
podemos establecer nuevas modalidades de relaciones, nuevas modalidades amorosas
y nuevas formas de creación. El sexo no es una fatalidad, no; es una
posibilidad de vida creativa.
O sea, idéntica conclusión a la que llega cuando dice que deberíamos
tratar de convertirnos en homosexuales y no limitarnos a reafirmar nuestra identidad
homosexual.
Justamente. Hay que renunciar al descubrimiento de la propia homosexualidad.
¿Así como su posible sentido?
Exactamente. Debemos, más bien, crear una forma de vida homosexual.
Un convertirnos en homosexuales.
¿Y
se trata de un proceso abierto?
Desde luego. Si examinamos los distintos modos a través de los cuales
los individuos han experimentado su libertad sexual - el modo en que han delineado
su estilo vital- o es forzoso concluir que la sexualidad, tal como la entendemos
en la actualidad, se ha convertido en una de las fuentes más productivas
tanto en la esfera social como en la vital. Personalmente, considero que hay
que entender la sexualidad de otro modo. Es común pensar que la sexualidad
subyace en el fondo de toda vida cultural creativa; pero es más bien
un proceso inseparable de nuestra presente necesidad de crear, al hilo de nuestras
opciones sexuales, una cultura vital.
Una de las consecuencias prácticas de este intento de revelación
ha sido que el movimiento homosexual no ha superado la etapa de la reivindicación
de los derechos políticos o de las libertades públicas relativas
a la sexualidad, es decir, la emancipación sexual se ha limitado a una
mera demanda de tolerancia sexual.
Ciertamente, pero se trata de un aspecto que no podemos dejar de lado. De entrada
es esencial que cualquier individuo cuente con la posibilidad y el derecho de
elegir su sexualidad. Los derechos individuales relativos a la sexualidad tienen
una gran importancia y más cuando en muchos lugares todavía son
ignorados. En este momento, no podemos considerarlo como una cuestión
resuelta. Desde principios de los años sesenta se ha producido indiscutiblemente
un efectivo proceso de liberación, positivo tanto en el plano práctico
como en el de las mentalidades, aunque la cuestión no está completamente
estabilizada. Debemos ir más allá y uno de los factores de estabilización
pasa por la creación de nuevas formas de vida, relaciones, tratos amistosos
en la sociedad, en el arte y en la cultura, de nuevas formas que se establecerán
a partir de nuestras opciones sexuales, éticas y políticas. No
se trata sólo de defendernos, sino también de afirmarnos y no
únicamente en lo concerniente a la identidad sino en lo que hace referencia
a la capacidad creativa.
Muchas de las cosas que dice recuerdan los intentos del movimiento feminista
por definir una cultura y un lenguaje propios.
Si, aunque no estoy seguro de que debamos crear una cultura "propia".
Debemos crear una cultura, debemos llevar a efecto creaciones culturales, pero
ahí nos topamos con la cuestión 000de la identidad. Desconozco
cómo debemos afrentar la realización de estas creaciones e igualmente
las formas que adoptarán. Por poner un ejemplo, no me parece que la mejor
forma de creación literaria que puede esperarse de los homosexuales sea
la narrativa homosexual.
De hecho, jamás se nos hubiera ocurrido decirlo. Sería partir
de un esencialismo que debemos justamente eludir.
Ciertamente. ¿Qué se entiende por "pintura homosexual"?.
No obstante, no me cabe ninguna duda de que a partir de nuestras opciones sexuales,
éticas podemos crear algo que en cierto modo tenga relación con
la homosexualidad, que no debe ser la mera traducción de la homosexualidad
en la esfera de la música, la pintura, etc. principalmente porque no
creo que sea factible.
¿Qué opinión le merece la extraordinaria proliferación,
en estos diez o quince últimos años, de las prácticas homosexuales
masculinas, la sensualización de ciertas partes del cuerpo, hasta ahora
ocultas o la aparición de nuevos deseos?. Estoy pensando, por supuesto,
en los aspectos más llamativos de lo que conocemos como circuito del
cine porno, las salas sadomasoquistas o el fist-fucking? ¿Se trata de
una simple transposición, en otro ámbito, de la proliferación
general de los discursos sexules desde el siglo XIX o más bien de un
proceso distinto propio de este concreto contexto histórico?
Verdaderamente, de lo que nos interesa hablar más es de las innovaciones
que llevan consigo estas prácticas. Consideramos la subcultura sadomasoquista,
por usar una locución cara a nuestra amiga Gayle Rubin. No creo en absoluto
que esa multiplicación de prácticas sexuales guarde ninguna relación
con la actualización o la revelación de tendencias sadomasoquistas
escondidas en el profundo de nuestro inconsciente. El sadomasoquismo es mucho
más; es la creación efectiva de nuevas e imprevistas posibilidades
de placer. La creencia de que el sadomasoquismo guarda relación con una
violencia latente, que su práctica es un medio para liberar esa violencia,
de dar rienda suelta a la agresividad es un punto menos que estúpida.
Es bien sabido que no hay ninguna agresividad en las prácticas de los
amantes sadomasoquistas ; inventan nuevas posibilidades de placer haciendo uso
de ciertas partes inusitadas del cuerpo, erotizándolo. Se trata de una
suerte de creación, de proyecto creativo, una de cuyas notas destacadas
es lo que me permito denominar desexualización del placer. La creencia
de que el placer físico procede simplemente del placer sexual y de que
el placer sexual es la base de cualquier posible placer es de todo punto falsa.
Las prácticas sadomasoquistas lo que prueban es que podemos procurarnos
placer a partir de objetos extraños, haciendo uso de partes inusitadas
de nuestro cuerpo, en circunstancias nada habituales, etc.
La identificación entre placer y sexo está pues superada.
Así es. La posibilidad de hacer uso de nuestro cuerpo como fuente de
una pluralidad de placeres reviste una enorme importancia. Si nos atenemos a
la construcción tradicional del placer, comprobamos que los placeres
físicos o carnales tienen su origen siempre en la bebida, en la alimentación
y en el sexo. A mi juicio, ahí quiebra nuestra inteligencia del cuerpo,
de los placeres. Es desesperante, por ejemplo, que no consideremos el problema
de las drogas más que desde el punto de vista de la libertad o de la
prohibición. Las drogas deben convertirse en un elemento cultural.
¿Cómo fuente de placer?
Por supuesto, como fuente de placer. Debemos conocer las drogas, probar las
drogas; producir buenas drogas, que induzcan placeres intensos. El puritanismo
que reina en relación con las drogas - un puritanismo que obliga a estar
a favor o en contra- es un craso error. Las drogas son parte integrante de nuestra
cultura: igual que existe buena y mala música, hay buenas y malas drogas.
E igual que sería estúpido decir que estamos contra la música,
es estúpido decir que estamos contra las drogas.
No se trata sino de sondear el placer y todas sus posibilidades.
Exacto. El placer debe también formar parte de nuestra cultura. No está
de más señalar que desde hace siglos, la mayoría de las
personas - incluidos también médicos, psiquiatras y hasta los
movimientos de liberación- vienen
hablando del deseo, nunca de placer. "Debemos liberar nuestro deseo",
afirman. ¡No!. Debemos crear placeres nuevos: acaso surja entonces el
deseo.
¿Qué significado puede tener que algunas identidades se constituyan
con base en las nuevas prácticas sexuales como el sadomasoquismo?. Esas
identidades estimulan la exploración de nuevas prácticas; preservan
el derecho pleno del individuo a cultivar su identidad. ¿Pero no limitan
también sus posibilidades?
Veamos. Si la identidad consiste en un juego, en un procedimiento para fomentar
relaciones sociales y de placer sexual que determinen nuevos vínculos
amistosos, entonces es útil. Ahora bien, si la identidad se convierte
en el problema capital de la vida sexual, si la gente cree que ha de descubrir
su propia identidad y que esta identidad ha de erigirse en norma, principio
y pauta de existencia; si la pregunta que se formulan de continuo es: "¿Actúo
de acuerdo con mi identidad?", entonces retrocederán a una especie
de ética semejante a la de la virilidad heterosexual tradicional. Si
hemos de pronunciarnos respecto a la cuestión de la identidad, hemos
de partir de nuestra condición de seres únicos. Las relaciones
que debemos trabar con nosotros mismos no son de identidad, sino más
bien de diferenciación, creación e innovación. Es un fastidio
ser siempre el mismo. No debemos descartar la identidad si a través de
ella obtenemos placer, pero nunca debemos exigir esa identidad en norma ética
universal.
Pero hasta ahora la identidad sexual ha sido sumamente útil en el
plano político.
Si, útil en grado sumo, pero esa identidad nos constriñe y tengo
para mí que nos asiste (que debe asistirnos) el derecho de ser libres.
Queremos que algunas de nuestras prácticas sexuales sean prácticas
de resistencia, en el sentido político o social. ¿Cómo
es posible esto, cuando el fomento del placer puede dar pie a ejercer un dominio?
¿Cómo estar seguros de que no se producirá una explotación
de esos nuevos placeres - y pienso en el modo en como la publicidad hace uso
del fomento del placer como instrumento de dominio social?
No podemos dar seguridad de que no habrá explotación. En realidad,
es seguro que habrá algún tipo de explotación; las innovaciones,
los avances y los progresos que se vayan alcanzando, en un momento u otro, serán
utilizados en la dirección de la explotación. Es consustancial
a la vida, a la lucha y a la historia humana: lo que no supone, a mi juicio,
objeción seria a esos movimientos . Pero tiene toda la razón del
mundo al señalar que debemos actuar con prudencia y plena conciencia
del hecho de que hemos de seguir adelante, plantearse otras necesidades. El
guetto sadomasoquista de San Francisco es un ejemplo acertado de una comunidad
que desarrolla la experiencia del placer. Esta segregación, esta identificación,
este proceso de
marginación, etc. desencadenan también efectos de retorno. No
me atrevería a emplear el término dialéctica pero no debe
andar muy lejos.
Usted sostiene que el poder no es sólo una fuerza negativa sino también
una fuerza productiva: que el poder siempre está presente, que donde
hay poder hay resistencia, que la resistencia no se encuentra extramuros del
poder. ¿Visto así, cómo no llegar a la conclusión
de que estamos atrapados en esa relación, de que no tenemos escapatoria
posible?
En realidad, no creo que la palabra atrapados sea la apropiada. Se trata de
una lucha, pero mi propósito al hablar de relaciones de poder es decir
que estamos, unos y otros, en una situación estratégica. En nuestra
condición de homosexuales estamos enfrentados con el Estado y el Estado
con nosotros. En relación con el Estado, nuestra lucha, desde luego,
no es simétrica, la situación de poder es distinta, pero participamos
en esa lucha. Basta que cualquiera de nosotros se eleve sobre los demás
que esa situación se prolongue para dar pie a un modelo de conducta,
para servir de pauta, positiva o negativa, a los demás. No estamos atrapados,
ni mucho menos. Ahora bien, siempre estamos inmersos en situaciones de esa índole,
lo que significa que tenemos siempre la posibilidad de cambiar la situación,
que se nos ofrece siempre tal posibilidad. No podemos mantenernos extramuros,
ajenos a cualquier relación de poder. Podemos alterar siempre este estado
de cosas. No ha sido mi intención decir que estamos atrapados, sino por
el contrario que somos libres. En una palabra, que siempre nos queda la posibilidad
de cambiar las cosas.
¿La resistencia procederá de ese tipo de dinámica?
Sí. Dése cuenta de que si no hubiese resistencia, no habría
relaciones de poder, porque entonces todo se limitaría a una mera cuestión
de obediencia. Desde que el individuo no puede actuar libremente, se ve forzado
a utilizar las relaciones de poder. La resistencia surge en primer lugar; sus
efectos fuerzan cambios en las relaciones de poder. A mi juicio, el término
"resistencia" supera a los demás, es la piedra angular de este
proceso.
Si, así veo las cosas. Limitarse a decir no es una manera mínima
de
resistencia. No obstante, en ciertos estadios, es de suma importancia. Hay que
negarse y hacer de esa negativa una forma de resistencia determinante.
Ý Asunto que suscita la cuestión de determinar de que modo y hasta
que punto un individuo - o una individualidad- sujeto a dominio puede articular
un discurso propio. En el análisis tradicional del poder, el elemento
omnipresente a partir del cual se realiza el análisis es el discurso
dominante: el resto , las reacciones al mismo, en su seno, anteriores, no son
sino elementos secundarios. Sin embargo, si por "resistencia" en el
interior de las relaciones de poder entendemos algo más que una mera
negación sería lícito afirmar que algunas prácticas-
el sadomasoquismo lésbico, sin ir más lejos- no son mas que el
modo en que unos sujetos sometidos articulan un lenguaje propio?
La resistencia es un elemento de la relación estratégica en que
consiste el poder. La resistencia en efecto parte de la situación con
la que se enfrenta. En el movimiento homosexual, la noción médica
de la homosexualidad ha constituido un instrumento de enorme importancia para
combatir la opresión de que era objeto la homosexualidad a finales del
siglo XIX y principios del XX. Tal proceso de medicalización, que era
un medio de opresión, fue también un elemento de resistencia porque
podían argumentar: "Si no somos más que enfermos ¿a
qué vuestro desprecio y vuestras condenas?", etc. Desde luego, ese
discurso se nos antoja hoy sumamente ingenuo, pero en ese momento tuvo una enorme
importancia.
En cuanto a las lesbianas, el hecho de que las mujeres, según creo, hayan
permanecido durante siglos aisladas socialmente, truncadas vitalmente, marginadas
de múltiples formas, les ha proporcionado una posibilidad real de constituir
un medio social, de establecer un tipo específico de relación
social, al margen del mundo masculino. El libro de Lilian Faderman "Surpassing
The Love of Men" es, a este propósito, extremadamente interesante.
Plantea la cuestión de determinar el tipo de experiencia emocional, de
relaciones que podían verificarse en un ámbito en el que las mujeres
carecían de poder social, legal o político y termina afirmando
que las mujeres han aprovechado ese aislamiento y esa ausencia de poder.
Si la resistencia es el proceso para liberarse de las prácticas discursivas,
podría decirse que el sadomasoquismo lésbico es una de las prácticas
que, prima facie, con mayor legitimidad pueden calificarse de prácticas
de resistencia. ¿Hasta que punto esas prácticas y esas identidades
pueden ser consideradas como una réplica del discurso dominante?
Lo más interesante del sadomasoquismo lésbico es que ha conseguido
desprenderse de algunos estereotipos femeninos presentes en el movimiento de
lesbianas- una estrategia que las lesbianas elaboraron en tiempos pasados. Estrategia
que se basaba en la opresión de que eran objeto las lesbianas y que el
movimiento empleaba para combatir esa opresión. En la actualidad, esos
elementos están trasnochados. El sadomasoquismo lésbico trata
de desprenderse de todos los caducos estereotipos de la feminidad, de las actitudes
de rechazo a los varones, etc.
¿En su opinión, que pueden revelarnos sobre el poder - y además
sobre el placer las prácticas sadomasoquistas cuya esencia es la erotización
expresa del poder?
El sadomasoquismo, como bien dice, es la erotización del poder, la erotización
de las relaciones estratégicas. Lo más chocante del sadomasoquismo
son sus abismales diferencias con el poder social. El poder se caracteriza porque
constituye una relación estrategica que reside en las instituciones.
La movilidad, dentro de las relaciones de poder, es sumamente reducida; ciertos
bastiones son de todo punto inexpugnables porque se han
institucionalizado, porque tienen un influjo perceptible en los tribunales,
en la legislación. Las relaciones estratégicas interindividuales
se caracterizan por su extrema rigidez.
El sadomasoquismo es, a este propósito, sumamente interesante ya que
pese a tratarse de una relación estratégica se caracteriza por
su flexibilidad. Hay claro está, dos papeles pero nadie ignora que esos
papeles pueden intercambiarse. En ocasiones, al comienzo del juego uno es el
amo y otro es el esclavo y al final el que era esclavo pasa a ser el amo. O
incluso cuando los papeles son permanentes, los actores saben perfectamente
que se
trata de un juego, ya se cumplan las normas, ya exista un acuerdo, tácito
o expreso, por el que se establecen ciertos límites. Este juego de estrategias
reviste un enorme interés como fuente de placer físico. Pero no
me atrevería a decir que se trata de una repetición, en la esfera
de la relación erótica, de la estructura de poder. Es una representación
de las estructuras de poder a través de un juego de estrategias capaz
de proporcionar un placer sexual o físico.
¿Cuáles son las diferencias entre ese juego de estrategias
en la sexualidad y en las relaciones de poder?
La práctica del sadomasoquismo termina por introducir un placer, que
a su vez hace nacer una identidad, razón por la cual el sadomasoquismo
es una auténtica subcultura; es un proceso inventivo. El sadomasoquismo
consiste en la utilización de una relación estratégica
como fuente de placer (de placer físico), hecho este, el de hacer uso
de las relaciones estratégicas para proporcionar placer, que se ha producido
en otras ocasiones. Ya en la Edad Media, la costumbre del amor cortesano, con
el trovador, el cortejo entre la dama y el galán etc., era también
un juego de estrategias. Tipo de juego que puede advertirse actualmente entre
los jóvenes que frecuentan las salas de baile los sábados por
la noche; incorporan relaciones estratégicas. El interés radica
en que la esfera heterosexual, las relaciones estratégicas preceden al
sexo; se justifican para llegar al sexo. En el sadomasoquismo, por el contrario,
las relaciones estratégicas son parte integrante del sexo, un convenio
de placer en el marco de una situación específica.
En el caso, las relaciones estratégicas son relaciones nítidamente
sociales que afectan al individuo en tanto que miembro de la sociedad; mientras
que en el otro lo que está en cuestión es el cuerpo. El interés
radica precisamente en esa transposición de las relaciones estratégicas
que pasan del ritual corporal al plano sexual.
En una entrevista concedida por usted hace uno o dos años a la revista
"Gai Pied" afirmaba que lo que más perturba de las relaciones
homosexuales no es tanto el acto sexual como la posibilidad de que se desarrollen
relaciones afectivas que no se amolden a los esquemas normativos; esto es, vínculos
y tratos amistosos desconocidos hasta ahora. ¿Cree usted que la sociedad
teme las virtualidades ignoradas de las relaciones homosexuales o que acaso
estas son vistas como una amenaza directa para las instituciones sociales?
Actualmente, la cuestión de la amistad acapara toda mi atención.
Desde la antigüedad, la amistad ha constituido una relación fundamental;
una relación social en cuyo ámbito los individuos contaban con
cierto margen de libertad, con cierta capacidad de elección (limitada,
sin duda) que les permitía experimentar relaciones afectivas sumamente
intensas. La amistad tenía también implicaciones económicas
y sociales - la persona estaba obligada a socorrer a los amigos, etc. En los
siglos XVI y XVII va desapareciendo este tipo de amistad, al menos en la sociedad
masculina, y va convirtiéndose en algo distinto. Desde el siglo XVI,
encontramos escritos en los que se critica expresamente la amistad, tenida como
un foco de peligros.
El ejército, la burocracia, la administración, las universidades,
las escuelas, etc.- en el sentido que tienen estos términos en la actualidad-
encuentran un obstáculo en amistades tan intensas. En todas estas instituciones,
se advierte una considerable actividad para disminuir o debilitar esas relaciones
afectivas, señaladamente, en las escuelas. Uno de los problemas más
acuciantes que se planteaban, a la hora de abrir nuevas escuelas, a las que
debían acudir centenares de niños, era el de impedir no sólo
que tuvieran relaciones físicas, sino incluso que trabaran amistad. A
este fin, sería sumamente interesante analizar la estrategia desplegada
por los jesuitas en sus establecimientos, los cuales, tras comprobar la imposibilidad
de anular la amistad, trataron de controlar simultáneamente las distintas
funciones que tenían el sexo, el amor, la amistad, a fin de limitar sus
efectos. Una vez estudiada la historia de la sexualidad, deberíamos intentar
explicar la historia de la amistad o de las amistades, en plural, una historia
que se revelaría sumamente interesante.
Una de las hipótesis- cuya comprobación no presentaría
si se intentara, ninguna dificultad- es que la homosexualidad (es decir, las
relaciones sexuales entre dos varones) se tornó problemática a
partir del siglo XVIII: entra en conflicto con la policía, con las leyes.
Y la razón de este conflicto social estriba en que la amistad, en esta
época desapareció. Mientras la amistad fue algo valioso, mientras
fue aceptada socialmente, era irrelevante que los hombres mantuvieran relaciones
sexuales entre sí. No intento decir que no existieran, sino simplemente
que carecía de importancia. Puesto que no tenía ninguna implicación
social, era socialmente aceptada. Que se entregasen el uno al otro o que se
besaran resultaba irrelevante, completamente irrelevante. Una vez que la amistad
desaparece como relación culturalmente aceptada, surge la cuestión:
¿Pero que hacen los hombres juntos? y aparece el problema. En la actualidad
dos hombres que practiquen el coito o mantengan relaciones sexuales es sentido
como un problema. Creo que al decir que la desaparición de la amistad
como relación social y el que la homosexualidad se presente como un problema
social, político o médico, forma parte del mismo proceso.
Si bien es cierto que lo importante hoy es explorar las nuevas posibilidades
de la amistad, no podemos pasar por alto que todas las instituciones sociales
están concebidas para fomentar las relaciones y las estructuras heterosexuales,
en detrimento de las homosexuales. ¿Nuestra actuación debe tender
a establecer nuevas relaciones sociales, nuevos valores, nuevas estructuras
familiares, no?. Todas las estructuras y las instituciones propias de la monogamia
y la familia de cuño tradicional están negadas a los homosexuales.
¿Qué clase de instituciones debemos empezar a establecer no sólo
como defensa sino también para crear nuevas formas sociales que supongan
una alternativa efectiva?
¿Qué instituciones?. Me pone en un aprieto. Desde luego, considero
que sería completamente contraproducente reproducir en este ámbito
y en esta clase de amistad el modelo familiar o de las instituciones propias
de la familia. Podemos apreciar no obstante que cierto tipo de relaciones que
no cuentan con ningún amparo son a menudo y al mismo tiempo más
ricas, más interesantes y mas creativas que las relaciones sociales propias
de la familia. Naturalmente también son mucho más frágiles
y vulnerables. Se trata de una cuestión capital, pero a la que no puedo
responder satisfactoriamente. Responder a esa pregunta es cuestión de
todos.
¿Hasta qué punto el proyecto de liberación homosexual
debe ser un proyecto que, lejos de limitarse a señalar un itinerario,
se proponga abrir nuevas vías de desarrollo?. Dicho de otro modo ¿su
concepción de la estrategia sexual sustituye los programas por la invitación
a experimentar nuevos tipos de relaciones?
Una de las mayores enseñanzas recibidas desde la última guerra
mundial ha sido el rotundo fracaso de todos los programas sociales y políticos.
Hemos comprobado hasta el cansancio que nada sucede como predicen los programas
políticos y que éstos siempre o casi siempre han conducido a abusos
a al dominio de un grupo, bien sea de técnicos, burócratas o de
otro tipo. A mi juicio, uno de los logros más importantes de los años
sesenta y setenta es que ciertos modelos institucionales han sido experimentados
sin atenerse a programas, lo que no significa que se hiciese a ciegas o sin
la colaboración del pensamiento. En Francia, por ejemplo, se ha criticado
duramente en estos últimos años que los diferentes movimiento
políticos en pro de la libertad sexual, las prisiones, la naturaleza,
etc., careciesen de programa. Por mi parte, creo que la ausencia de programa,
que no hay que identificar con la ausencia de reflexión sobre los acontecimientos
o con una inquietud que no tiene posibilidades, puede resultar enormemente provechosa,
novedosa y creativa.
Desde el siglo XIX, las instituciones políticas más relevantes
y los grandes partidos políticos se han ido apropiando del proceso político;
es decir, han tratado de dar a la creación política la forma de
programa para apropiarse mejor de ella. Hay que mantener los logros de los años
sesenta y de principios de los setenta. En concreto, hay que mantener, con independencia
de los partidos políticos y de los programas al uso, una forma de innovación
política . Nadie puede negar que desde los años sesenta la vida
cotidiana de la gente ha cambiado y mi propia vida es prueba de ello. Cambio
que, obviamente, no se ha debido a los partidos políticos, sino a otro
gran número de movimientos. Estos movimientos sociales han cambiado
efectivamente nuestra vida, nuestra mentalidad y nuestras actitudes, así
como la mentalidad y las actitudes de personas sin relación o ajenas
a esos movimientos, lo cual es algo sumamente importante y positivo. Insisto,
no
son las trasnochadas organizaciones políticas de cuño tradicional
las que han dado pie a esta revisión.
Traducción del inglés de Luis Cayo Pérez Bueno.