“MIDNIGHT HOUR”


Siempre supo que era alguien especial. A sus veintiocho años había
vivido mas de lo que mucha gente podría soñar que viviría
en toda su vida. Era un ser extremadamente famoso, rico y popular en
todo el planeta... pero aquella noche no se sentía nada de eso, aquella noche
Anastacia Newkirk, se sentía simplemente Anastacia.
En medio de un enorme dormitorio, sentada en medio de una enorme cama, Anastacia leía un libro a la luz de una lámpara de noche. Había comenzado a leerlo hacía unos días y definitivamente no le apasionaba. –Espero que si algún día llego a escribir mi propia biografía, resulte más interesante que esta...- pensó cerrando el libro de golpe
Apagó
la luz ,se quitó las gafas, se
dio media vuelta, y la estancia se quedó envuelta en el más completo de los
silencios. Una tenue luz asomaba detrás de las cortinas. El viejo Nueva York
aún de noche dejaba asomarse a través de los cristales latiendo con fuerza
desde los infinitos ruidos que llegaban de la Gran Manzana.
Aún así, se sintió aliviada. De otro modo se
sentiría enclaustrada en una oscuridad total que incluso la haría
preguntarse donde demonios estaba.
Así no.
Así, sabía que estaba en casa.
Su
cabeza comenzó a funcionar súbitamente pensando en todo y en nada. Un aluvión
de imágenes y pensamientos golpearon su cabeza. Intento cerrar los ojos con
fuerza pero de repente se hicieron inevitablemente visibles en su mente. Lo
reconocía todo, y todo le hizo encogerse de inseguridad en medio de aquella
cama... flashes 24 horas al día, los 365 días del año que castigaban sus ya
castigados ojos de por si ...flashes
que jamás dejaban de aparecer por cualquier rincón, a la vuelta de la
esquina, al cruzar un pasillo, al
subir una escalera...”Anastacia mira aquí, sonríe! ¡...click!”... con
el paso del tiempo sus gafas se habían convertido en sus mejores cómplices
... los fans, esa gente...el sólo pensar en ellos le ponían la piel
de gallina, -“Jamás os entenderé os debo la vida, y no entiendo porqué os
empeñáis en darme la vuestra también...”.
De repente el sonido de su disco comenzó a golpear
en su mente, su propia voz retumbó como un puñetazo en sus sienes...
“...This is a message, pay attention...qué extraña sensación...Freak of
nature...me encanta Freak of nature...”- pensó Anastacia- “...aunque quizás
si hubiese metido algo más latino... quizás debería hacerlo... la gente
parece encantada viendo como todos los cantantes mezclan sonido latino y
menean las caderas más de la cuenta...Bueno, es igual yo no hice este disco
pensando en subir a lo más alto cantando una balada semi latina con
Ricky Martin, o vivir la vida loca mientras Carlos Santana me toca la
guitarra...yo lo hice pensando en parte en la gente que creyó en Not that
Kind, y parece que a ellos si les ha gustado...”.
Cuando algo le hacía daño o la hacía sentir mal se aferraba con fuerza a sus fans.
Ellos siempre estaban ahí, y nunca la encontraban defectos. Siempre la
animaban diciéndola ¡Anastacia eres la mejor!
...¡Dios mío pero si acabo de llegar, yo no invente la música!...gracias
señor, por regalarme mi voz...”.
Siempre había pensado que los ídolos eran en gran
parte producto de las ilusiones y las fantasías de sus propios fans. Nadie
mejor que ella para saber, lo mucho que había soñado con estar cerca de su
adorado Elton, aquella había sido su propia ilusión como fan de Sir Elton, y
la propia realidad había acabado con su propia fantasía por dos caminos muy
diferentes pero a la vez idénticos, había conocido a su ídolo, y al mismo
tiempo también ella se había convertido en alguien digno de admirar.
Sentirse ídolo de masas la hacía incluso reírse de si misma. ¿Qué
podía significar para nadie conocerla precisamente a ella?, ¿Tan importante
podía ser para alguien cruzar una mirada o una sonrisa con ella?... “Vamos,
¿Qué significa todo esto?.. ¿Se trataba de una broma? Anastacia, eso sólo
pasa en las películas, y tu debes de llevar más de dos años soñando...”
- pensó para si misma. Nunca había sabido que este tipo de sueños
eran posibles también
para ella.
Le
costaba creerlo, pero se obligaba a creer que sí, cuando ella misma hubiese
dado hace tiempo, todo por un “Hola” de Elton.
Se había pasado toda su vida intentando levantar el
brazo en aquél alocado mundo de la música, como el niño en clase que
levanta la mano, deseando que el profesor le eligiese a él, deseoso de que
toda la clase supiese que él sí conocía la respuesta correcta, y ahora que
ella había sido elegida, no podía evitar
sentirse arrollada por lo que el mundo comenzaba a sentir por ella.
Miro en la oscuridad hacia el techo y soltó
claramente un, “Ok, Anastacia eres la estrella blanca con voz negra... te
gusta ser Anastacia?”... cuantas veces había oído ya esa frase y cuantas
veces pensaba que era obvio ...blanca, con voz de negra, ¿Le gustaba
aquello?.
La respuesta fue un completo silencio de la habitación
que la hizo soltar una impresionante carcajada, -“My godness
... encima te estas volviendo loca...nunca pensé que podría llegar a
hablar sola...”- pensó dándose de nuevo la vuelta.
-¿Qué has hecho con tu vida?- se preguntó- “Dios
mío en que te has convertido, Anas?, ¿Quién eres? O mejor dicho, ¿Qué
eres?- en ocasiones como aquella se dejaba llevar por su imaginación, e
imaginaba que sólo estaba soñando, que aquello era un sueño, y que quizás
si se lo proponía de verdad, sólo si se concentraba en ello, despertaría en
casa de su madre, tendría 20 años recién cumplidos y le diría a su madre,
“Mamá, ¿Qué fue de Lisa Braudé?, y su madre le diría extrañada,
“Lisa...quién?...anda no digas bobadas y arréglate, que te esperan en el
trabajo...”
Pero no, aquello no era la casa de su madre, aquello no era Illinois, ni tendría a un jefucho de peluquería esperándola, aquello era New York, y mañana no la esperarían más estúpidas llamadas de teléfono para pedir cita con el peluquero, sino un asiento en primera clase para viajar a Europa, donde la seguían esperando para continuar arrasando entre todos los europeos que adoraban su voz y su música. Por lo que a ella, respectaba “Freak of nature” era sólo suyo y no iba a dejar que nadie hiciese que dejase de querer este disco con todas sus fuerzas.
No por ello, envuelta en aquella oscuridad tan relajante, deseó por unos minutos
dejar atrás los últimos dos años, por mucho que cerrase los ojos no despertaría en su
habitación rodeada de pósters de Frank, Elton, o Bárbara, sino encima de
una cama que valía lo que toda aquella casa donde nació y creció
en Chicago, y si solo deseaba Elton no estaría en los pósters, sino
al otro lado de una simple llamada de teléfono.
-¡A mí!...¿Pero que digo? ... ¿Cómo puede ser
que ÉL sea mi amigo?!, ¡Es de locos!- cuando se paraba a pensar en cosas
como su amistad con Elton Jhon se moría de la vergüenza pensando a donde había
sido capaz de llegar. Todo era
demasiado para ella, y si lo asumía y aceptaba era porque generalmente no se
paraba a pensarlo, de otro modo estaba segura de que acabaría volviéndose
loca.
Cerró los ojos de nuevo, y de nuevo lo flashes, las cámaras... los fans... su música,, y la prensa... Recordaba las veces que ya había aparecido en las portadas de la prensa amarilla británica, y pensaba en su madre Diane diciendo, “Hija espero que algún día pueda a llegar a decir que guardo en un cajón todas las fotos y declaraciones que mi hija hace a la prensa...”. La verdad es que no le importaba que su madre tuviese ese punto de vanidad con respecto a ella, cualquier madre podría estar satisfecha si su niña salía en los periódicos al día siguiente como “Anastacia, la sensación de los Brits”. Otro asunto es que todo el planeta supiese donde podía estar ella escondida pasando unas cortas vacaciones. Eso no le agradaba nada, y le molestaba mucho el saber que sus asuntos privados fuesen asunto de más gente a parte de ella misma.
-“Bueno Newkirk, déjate de quejarte, al fin y al
cabo se habla de ti...”- pensó conformista.
Definitivamente no podía dormir, estaba nerviosa. Mañana
debía tomar el maldito avión hacia el viejo continente. Le encantaban
aquellas ciudades con tanto glamour, tan vivas, Londres, Paris, Oslo,
Amsterdam, Frankfurt en todas había vivido momentos increíbles siendo “la
blanca de voz negra venida de Estados Unidos”,
pero lo que le encantaba era visitar
aquellas ciudades, conocer sus gentes, sus famosos rincones...no le apetecía
nada acudir a otra estúpida entrega de premios o reunión de famosos donde
debía dejarse fotografiar de arriba abajo, haciéndose fotos con tipos como
Shaggy o Enrique Iglesias que no conocía absolutamente de nada, y donde ambas
partes debían sonreír como si la vida de una estrella fuese maravillosa y
perfecta.
¿Y si no lo hacía que?, ¿Y si no iba?. Imposible,
no podía permitirse el lujo de dar un paso atrás en una vida en que cada
paso estaba perfectamente dirigido y controlado. Debía ir, debía cumplir aquél
compromiso y un NO, no encajaba
en los planes de Sony o de Lisa.
Braudé era tan rotunda que no había lugar en su
mundo para dudar o echarse hacia atrás, “Haz lo que quieras, pero no voy a
dar la cara por ti. Ellos te siguen los pasos (Epic), y están muy al
corriente de todos los que das, así que si no vas se lo dices tú
personalmente”. Esa sería la respuesta. Punto y final de la historia.
Lisa Braudé se había convertido en su mano derecha,
su amiga y confidente. Lisa había sido capaz de olvidarse de muchos proyectos
y ofertas de trabajo y marcharse al lado de Anastacia. Había sido despedida
de su trabajo en la peluquería, ya no la querían allí, y tampoco parecía
que nadie se interesase por ella como cantante. Comenzó a rendirse y a pensar
que era una intrusa en el mundo de la música. Quizás debía volver a
estudiar. Entonces apareció ella, “Tu
no vas a ningún sitio, amiga mía. Dame seis meses, Anas, y te convertiré en
alguien que ni siquiera tu mente esta preparada para imaginar”. En seis
meses Lisa le puso en la mesa su
primer contrato discográfico. Lisa llevaba dedicándole mas de dos años y
eso jamás lo olvidaría.
Ella siempre la mantenía a raya, gracias a ella era
una buena profesional, y se obligaban mutuamente a cumplir sus compromisos
como mánager y artista. Así que mañana sin dudarlo, Lisa iría a buscarla,
la llevaría al aeropuerto y acabaría sentada en su asiento de primera clase
dispuesta a cumplir sus compromisos de estrella...
Pero Anastacia no quería. Al menos
aquél día siguiente. Quería y deseaba quedarse allí, en casa,
ponerse su ropa más cómoda, no tener que maquillarse al menos durante
un par de días, ni sonreír si no era necesario.
Deseaba descansar, y no podía. Y tampoco parecía que aquella noche fuera a
ser fácil dormirse.
Se incorporó sentándose a un lado de la cama y
encendiendo la luz que había apagado hacía mucho rato. Los pies le colgaban
de la cama y los miro pensativa, -“A tu edad y aún no llegas con los pies
al suelo...”. Anastacia sonrió
divertida. Parecía una auténtica niña que a medianoche se levantaba por la
noche a escondidas de sus padres, y se sintió
traviesamente infantil.
Los pies notaron el frío del suelo al pisar el
reluciente suelo de madera. “Hace frío, son las dos de la madrugada y tú
despierta ...que grandes expectativas te esperan mañana...sin dormir y,
resfriada, es perfecto...”- se dijo a si misma.
No podía creer que fuese tan tarde y ella tan
despierta.
De repente notó una increíble sensación de
sequedad en la garganta, pero se conformó con ir al baño y beber agua del
grifo, - “Jamás entenderé porque el agua del baño sabe diferente al agua
de la cocina ...¡Pero si es la misma casa!- se secó la boca con el puño del
pijama, y cerró la puerta del baño, dirigiéndose al salón.
Aquella vista no le hizo mucha ilusión: El salón no
tenía un aspecto muy acogedor a aquellas horas de la noche, todo silencioso y
oscuro. Encima la asistenta lo había dejado todo tan limpio y ordenado que
aun se sentía menos confortada
en el salón de su propia casa.
De repente avistó el mando del televisor y se sentó
en el sofá. Se sintió una cuarentona
vieja y sola que a falta de otra cosa a medianoche en el dormitorio
se pone a ver la tele en el salón. Tal deducción la hizo reír
abiertamente, y se tuvo que tapar la boca para que nadie supiese que se reía
de si misma.
De nuevo sus pensamientos de “Anastacia la
estrella” la invadían, y si se dejaba arrastrar por ellos, la ahogarían.
De nuevo las imágenes de flashes, fans, gritos ...y su voz cantando
dentro de si misma...¿Me estaré volviendo loca o lo estaré ya?.
Cogió el mando y encendió por fin la televisión. A
esas horas, sólo quería olvidarse de si misma. Por la tele casi todos los
canales emitían noticias y un par resumía los partidos de fútbol americano
de la NFL. Por otro canal de música le pareció ver a Mister Kravitz hablando
seriamente del desarrollo artístico a los que sometía a sus discos. Le parecía
un gran cantante con una simpleza musical impresionante. Directo al grano.
Como a ella le gustaban las cosas. Eso sí, la próxima vez que se encontrasen
se juró a si misma no volver a saludarle con un estúpido “Hiiiiiiiiii,
Lennyyyyyy!”...En otro canal Rick Dees y Jay Leno mantenían una curiosa
conversación. “Que bueno había sido ser entrevistada por Dees...”- pensó
divertida. Había sido una de sus primeras grandes entrevistas en la radio, y
estaba tan emocionada que había olvidado en casa su cámara de fotos para
fotografiarse con él!. Lo había pasado genia
-(ruido de tambores)...Anastaciaaaa´is in da
houseeee!!!...(aplausos)
-Wazzz up!!
-You came by the show!..
-Hiiii honeyy!
-How are you cuttie?!
-Oh my god, i can´t believe im standing here with you
now...!
El corazón le dio un vuelco cuando se vio a si misma
en la tele. Realmente aquella canción sonaba a éxito nada más escucharla, y
la discográfica había dado en el clavo con Paid my dues, pero ella estaba
enamorada de Overdue Goodbye...y
el vídeo tampoco era una obra maestra. Odiaba verse a si misma en la tele. Sólo
conseguía sacarse más y más defectos, así que con
un tajante “Se acabó” apagó la televisión.
Ahora sí que le dolía la garganta, tenía la
garganta dolorosamente reseca y le producía un dolor agudo y punzante
al tragar saliva.
Se dirigió a la cocina donde reinaba un silencio
absoluto, al igual que en cada rincón de su enorme casa.
Abrió la nevera,
y la luz de su interior iluminó el rostro de Anastacia en la penumbra.
Allí no había nada que aliviase su dolor, pero sí su sed, así que olvidándose
del dolor tomó de la nevera una jarra de té helado, su bebida favorita.
“Estupendo, Anas
...esto está frío querida...cuanto más mejor ...tu sí que sabes lo
que te conviene...”- pensó.
Se sentó en una de los confortables taburetes que
había alineados junto a la barra americana y bebió una taza de té. No era
posible que la persiguiesen a cada segundo los acordes de sus canciones
durante toda la noche... todo en silencio y sin embargo en su cabeza la música
danzaba a todo volumen.. “You´ll never be alone...
hold on... we can make it trough the fire”.
Miró
la taza detenidamente antes de sorber el té. En el fondo de la taza, el líquido
reflejaba su rostro borrosamente.
Un repentino dolor en las sienes le apareció debido
al té helado acordándose de cuando era pequeña y como mordía un helado con
los dientes para sentir ese peculiar dolor en la cabeza. Apretó sus dientes
con fuerza, sujetándose las sienes con la mano. En el fondo seguía siendo
una niña.
Con los codos apoyados en la barra y mirando al vacío
ni siquiera comprendía que hacía despierta a esas horas, y mucho menos
porque estaba tan nerviosa e inquieta aquella noche. Sentía un vacío enorme
en su inquieto estómago, como si sólo él supiese que algo iba a suceder.
Posó la taza en la barra, y respiró hondo. Por un
momento decidió recapitular y comprobar si su cabeza era capaz de averiguar
el porqué de su angustia.
¿De que te preocupas?- estaba tan acostumbrada a
hacerse a si misma esa
pregunta... – No hay ningún problema con One day in your life, el single
marcha mejor de lo que tú misma pudiste suponer en un principio ...y mañana
no vas a coger ningún avión especial para nada en particular que no sea
continuar con la promoción, de la cual tampoco sería justo quejarse teniendo
en cuenta que las delegaciones de
Epic en todo el mundo te reservan un hueco en su agenda, querida...-
No lo entendía...¿Qué podía ir mal aquella noche?...
En realidad no iba nada mal en absoluto. En realidad
lo que iba mal, es que aquél malestar no sabía muy bien porqué, se había
acabado por convertir en una especie de costumbre con el paso de los meses con
Anastacia como estrella mundial del pop.
¿Qué podía hacer al respecto?. En realidad no podía
hacer nada. La verdad es que ella misma sabía que era absurdo darle tantas
vueltas a la cabeza sobre algo que ni ella sabía explicar... lo mejor era
ignorarlo ...si es que podía...
A estas
alturas, Anastacia se desesperaba
en sólo pensar que los minutos pasaban sin que pudiese hacer nada por
adormilarse.
De nuevo sorbió un poco de té y se ajustó las
gafas a la cara, tosiendo secamente por el frío de la bebida. Se levantó del
taburete, volvió a colocarlo en su sitio, y salió de la cocina apagando la
luz.
No se encontraba nada bien, no sabía si era por el
insufrible viaje que le tocaría soportar mañana o por los nervios nocturnos
que le habían atacado aquella noche, pero lo cierto es que notaba tensión
por todos y cada uno de los musculos de su cuerpo, se sentía cansada y las
piernas le pesaban una barbaridad.
En medio de un inmenso pasillo, la silueta de la
cantante se dibujó en el suelo del mismo. Se volvió a ajustar las gafas y se
acordó que en un cajón de la
mesa de noche de su dormitorio aún descansaban desde hacía semanas algunas
cartas de admiradores que no había leído aún.
Por algún motivo de repente le apeteció leerlas,
eran un buen relajante, y quizás si leía algo bonito se relajaría y se
dormiría de una vez.
Cerró la puerta de su habitación, se sentó en la
cama acomodándose entre las cálidas mantas y abrió el cajón.
Allí estaban. Un buen montoncito de cartas sin
abrir, perfectamente amontonadas en la esquina del cajón. No recordaba cuando
las había puesto allí, ni de donde eran exactamente, - Por dios santo si
algunas veces ni siquiera sabes en que país estás...- pensó, así que
decidió averiguarlo rápidamente.
Después de dos años leyendo cartas, sabía que
todas decían lo mismo, y que todas pretendían expresar de la mejor forma
posible los sentimientos de sus seguidores hacía ella, Anastacia lo agradecía
de veras, pero se preguntaba cuanta razón podían tener mas de cinco millones
de personas diciendo “Te quiero Anastacia” a la vez.
Miro al vacío por un momento soltando una leve
sonrisa escéptica, -¿Quererme?- dijo claramente. Sentía ganas de preguntarle a cualquier seguidor suyo...-
“Ok, cielo ahora vas a explicarme que es eso de que me quieres”...por
supuesto no podía hacer aquello. Era estúpido preguntarle a nadie porque había
caído rendido a los pies de su ídolo quien quiera que fuese, y como sabía
que aquella pregunta no tenía respuesta, su mirada volvió a la realidad
observando detenidamente las cartas.
De todos los tamaños y colores. Echando una hojeada
leyó lo de siempre, grandes letras, frases que pretendían agradar su corazón
con cosas como “ANASTACIA FOREVER” o “love you”, y que inundaban su
vista por encima de las gafas. -All right people ...veamos ¿Algún voluntario
quiere ser el primero?- preguntó como si las cartas tuviesen vida propia.
Conocía a sus fans como si ella misma los hubiese
parido, - “Woah, dar a luz a cinco de millones de criaturas no debe ser nada
fácil!”- pensó divertida. Todos parecían pensar igual, y casi todos decían
lo mismo. Las mejores cartas eran las más simples a primera vista. Cogió la
más sencilla y acertó. Aquella chica de 18 años, ni siquiera se molesto en
piropearla de principio a fin, ni tampoco le contaba lo maravillosa que le
parecía, ni siquiera leyó un simple, “Me encanta Freak of nature”.
Ella le
abrió el corazón directamente y en un simple papel le confeso a ella todos
sus secretos...(secrets for me to hide, cause no one would hold my hand) .
–“Chica, tu tienes el corazón caliente y las ideas muy claras ...no
cambies donde quiera que estés- le dijo mentalmente.
Se sentía
cómplice de alguien a quién no conocía, y extrañamente privilegiada de ser
la depositaría de los secretos de muchos fans que se los contaban a ella.
Cuando terminaba de leer aquellas cartas, sentía unas ganas tremendas de
conocer a esa persona. Quizás es
que fuese más fácil sacar los secretos que hubiese en ti y contárselos a
alguien que sabías
que nunca llegarías a conocer verdaderamente.
Fue leyendo todas las cartas una por una, y ante sus ojos pasaron frases
mil veces ya leídas. Nombres de todo tipo que pedían no ser olvidados, algún poema,
dibujos de una mujer rubia que intuía debía ser ella, teléfonos que suplicaban ser llamados, proposiciones
indecentes e incluso una cita a ciegas!. Fuese lo que fuese, estaba claro que
de norte a sur y de este a oeste, todos sus fans le deseaban lo mejor.
Después de media hora, todas las cartas quedaron leídas
por su destinataria.
De repente notó que tenía sueño. Recogió las
cartas, las puso en el suelo, se quito las gafas y se tumbó en la cama. “En
cinco minutos estarás dormida”, dijo mirando al techo. Notó que se dormía
y que sus ojos se cerraban lentamente.
Flashes, gritos de fans ...y su voz comenzaron a
invadirla por dentro de nuevo. El sonido de Paid my Dues sonando
delirantemente dentro de su
cabeza, como cuando se encontraba en plató de televisión y el sonido de los
violines anunciaba que era hora de hacerlo lo mejor posible. Todo el mundo mirándola
a ella. Cada movimiento suyo un comentario, cada gesto una reacción.
Vio las luces de la cámara enfocándola agresivamente. Vio gente
gesticulando, discutiendo sobre donde debía situarse.
Vio miles de flashazos martilleando sus ojos. Brazos
agitándose a su alrededor a cámara lenta que la asediaban con papeles y bolígrafos
en las manos al son de los primeros acordes de “Dreamed”. Un brazo que la
agarraba fuertemente, una mano que pedía ser estrechada...una cara
desconocida que la sonreía emocionada. Oyó chicos y chicas gritando su
nombre en todos los idiomas y acentos posibles, ¿Se referían a ella tantas
“Anastacias” a la vez?. Guardaespaldas nerviosos, empujándola, acorralándola,
¿protegiéndola? y obligándola
a ir en una dirección o en otra. Vio a Lisa y su
eterno sombrero, a su lado, seria y expectante.
Todo era muy denso, muy lento...y sintió una pena
enorme al verse a si misma, pequeña y frágil, como siempre había sido la
pequeña Anastacia dentro de aquél huracán llamado fama.
Lo mejor de todo es que no podía pararse a pensar de
nuevo en ello, porque no se había dado cuenta
que se había quedado dormida y de que todo aquello sólo lo estaba soñando.
Los flashes ...los fans...sus gritos...su música...