Viva
Las Vegas
Disclaimer: CC + 1013 +
FOX = Expediente X.
Tipo: Un intento patético de
humor al principio que se va convirtiendo en MSR.
Rating: Por un par de líneas -18 ¡Por un par de líneas!
Dedicatoria: A todo el que le
guste. En especial a acava y a Danita84 (Abducida84 por algunos sitios) que
espero que quedemos algún día. Estoy deseando veros!!
Feedback: Ahora que han empezado
las clases de la universidad no me quiero ver apartada de la comunidad xfila
por estudiar y hacer menos relatos así que si me quieres animar: [email protected]
Cesar Palace
Las Vegas 9:12 pm
-Venga Scully ¿por qué no?
¿A que ha venido esa pregunta?
Pues que mi compañero de trabajo, o sea Mulder, quiere que atraquemos el
minibar de la habitación de uno de los hoteles mas famosos de Las Vegas.
¿Qué por que estamos aquí? Pues
porque aquí ha habido una convención sobre tecnologías especiales o algo así y
han venido muchos peces gordos de ese sector. Y no se porqué el FBI se
encargaba de protegerlos. Y nosotros hemos sido unos de los agentes
“afortunados” en pasar un fin de semana en la ciudad de los casinos. Total, me
he pasado dos días en una convención de frikis que no paran de hablar de
tecnología y no te enteras de la mitad de lo que dicen.
Y por su puesto a toda convención
de frikis que se precie tienen que estar nuestros frikis preferidos. Los
Pistoleros también están aquí pero como si no estuvieran para nosotros. O por
lo menos para el público en general. Antes de venir aquí le dijeron a Mulder
que actuáramos como si no les conociéramos, cosa que me parece bastante
ridícula, pero ellos dicen que es para preservar a sus contactos y que no
quieren dejarse ver con ellos.
Y ahora Mulder para fastidiar me
viene con que quiere beber a expensas del FBI.
- Porque no.
Respuesta argumentada donde las
haya. ¿Por qué no? Pues porque yo lo digo y no se discuten mis razones.
Pero Mulder no parece quedarse
satisfecho con mi respuesta.
-¿Y porque no?
- Porque la habitación está a
nombre del FBI y además es la mía. Tu con el minibar que está en tu habitación
puedes hacer lo que quieras- al ver que se dirige a la puerta que comunica las
dos habitaciones continuo- pero no te lo aconsejo porque estamos en un caso
oficial y ya sabes las normas.
Mulder
vuelve sobre sus pasos y se me queda mirando con la expresión
se-una-cosa-que-tu-no-sabes.
-Para que lo sepas Scully. Este
caso ya se ha acabado. Las personas que teníamos que proteger ya se han ido en
sus aviones privados. Nosotros nos tenemos que quedar hasta mañana por la tarde
porque nuestro vuelo se ha cancelado. Así que creo que oficialmente ya no somos
agentes del FBI.
-Claro, solo dos personas que
quiere usar al FBI para vaciar el minibar. Ya que estas ¿Por qué no llamas al servicio
de habitaciones pides una cena completa y lo cargas a la oficina?
Ups. No debería haberle dicho la
última frase porque creo que Mulder se la está tomando en serio. Sus ojos han
adquirido un brillo especial que solo se le pone cuando está travieso. Y creo
que esta noche está de un travieso muy subido.
-Es una buena idea.
Coge el teléfono y llama.
Lección aprendida. Nunca debo
decir ideas descabelladas estando Mulder cerca si no quiero tener más problemas
de los que tenemos.
-Listo –dice colgando el
teléfono- Nos traerán la cena a la habitación enseguida.
-Nos caerá una buena bronca –digo
sentándome en una silla.
-Los jefes quieren que la imagen
del FBI sea siempre de buenos agentes ¿no?
¿Dónde quiere ir a parar?
-¿Y?
-Pues que para que los agentes
estén contentos se les debe hacer un regalo de vez en cuando.
-Y este es nuestro regalo.
-Vaya Scully a veces me sorprende
tu capacidad de ligar conceptos en tan poco tiempo.
Le iba a decir que a mi también
me sorprende su capacidad de hacer y decir tonterías en tan pocos segundos pero
unos golpes en la puerta no me dejan hacerlo.
Mulder abre y el camarero entra
con un carrito de metal donde encima hay varios platos tapados con una tapa de
aluminio.
-Lo preparo yo o lo prefieren
hacer ustedes? –pregunta el camarero que está mas tieso que un palo.
-Lo hacemos nosotros, gracias –le
contesto.
Pero el tío no se va.
Mulder y yo nos quedamos
mirándonos con cara de extrañeza y lo miramos a él que sigue impertérrito en la
habitación. Me pregunto si será como los guardas típicos ingleses que no se
mueven aunque los mojes con agua. Y eso lo digo por experiencia.
De repente se me ocurre.
-Mulder, la propina.
Se mete la mano en los bolsillos
del pantalón pero cuando las saca no lleva nada en ella. Supongo que eso querrá
decir que me toca pagar a mí la cena.
Busco en la cartera y solo tengo
un billete de cinco dólares. Sabía que me iba a salir caro la broma de mi
compañero. Le doy el billete al camarero o mas bien lo tengo sujeto por unos
instantes hasta que da un pequeño tirón y me lo quita de la mano. Sí, soy una
tacaña se nota?
-Gracias
El camarero se va y Mulder y yo
nos quedamos sin saber que hacer. Porque una situación tan simple tiene que ser
tan incómoda?
-Mejor será que cenemos –digo por
decir algo
Mulder me da la razón. Cosa
única, pero a veces pasa.
Primero destapamos todos los
platos y hacemos comentarios sobre la comida, que si este lenguado está poco
hecho, que si esa salsa verde parece vómito, que la otra parece el cáncer
negro... el último comentario, por supuesto, lo ha dicho Mulder.
Nos ponemos a cenar. De primer
plato hay una sopa de algo... no sé lo qué es parece de algo de verduras.
Mulder no ha querido ni meter la cuchara en ella porque el comentario del
vómito también ha sido de él. Pero la verdad es que yo de un hombre que come
todos los días comida basura no me esperaba otra cosa. Y no le he insistido
mucho, la verdad. Cada uno es responsable de lo que come. El segundo plato era
lenguado aderezado con la salsa negra. Ahí Mulder ha apartado todo lo que ha
podido el cáncer negro y se ha comido medio. Yo casi no lo he probado. No me
gusta mucho el pescado, soy mas bien carnívora.
Y el postre es un maravilloso
pastel de crema.
Adiós dieta y adiós todo. Esta
preciosidad va para mi estómago como me llamo Dana.
-Scully...
Como me diga que el pastel se
parece a algo mínimamente relacionado con el trabajo, o sea paranormal, Mulder
se va a ir de mi habitación y no entra en lo que queda de noche.
-Mmm? –digo mientras me meto una
cucharada de pastel.
-Creo que a este pastel le falta
algo para que esté mas bueno.
-Ah si? Y que es?
-Tu no comas mas por ahora y
espérate –se levanta y va a su habitación por la puerta que las comunica.
Lo espero pacientemente
intentando no sucumbir a la tentación de comerme el pastel. Pero es que cada
vez que lo miro parece que me esta diciendo “cómeme, cómeme” Porque le tengo que hacer caso a Mulder?
Menos mal que ya entra con... una
botella de whisky?
Sin decirme nada la destapa y
vierte un poco sobre mi trozo de pastel y otro poco sobre el suyo.
-Ya está. Ya te lo puedes comer
Si claro, para morirme de
intoxicación con la mezcla de la crema y el whisky.
-Eso está bueno?
-A veces hago experimentos con
alimentos y bebidas que tengo en casa. Ya sabes, para no morirme de inanición y
por probar cosas nuevas y resulta que ya he probado whisky con una tarta de
crema y no me han tenido que hacer una limpieza de estómago.
Vaya, eso me consuela un poco.
Con un poco de aprensión cojo una cucharada de esta interesante mezcla que ha
hecho mi compañero y me la llevo a la boca. El sabor no está mal, el de la nata
se ha quedado totalmente ahogado por el fuerte sabor del whisky. Esta buena. Lo
malo de esto es que el whisky lleva alcohol y a mí se me sube enseguida a la
cabeza.
Ya hemos acabado de cenar y pese
a mis indicaciones Mulder se ha empeñado en traer todas las botellas de su
minibar y sacar las del mío para hacer sus propios experimentos. Al final si
que ha conseguido atracar el minibar.
Mulder sigue con sus mezclas
poniéndolas en una coctelera que casualmente había en uno de los minibar. No se
lo que está poniendo y al final me lo tendré que beber porque él lo diga. Odio
no saber decir que no.
Acaba de mezclar y lo pone en un
vaso. Y se lo bebe. Le da un ataque de tos. Pero luego sonríe.
-No sabes lo bueno que está eso,
pruébalo Scully
-Mulder, no se si debo beber...
-Mira yo no me he quedado ciego
ves? –dice pasando una mano cerca de sus ojos y siguiéndola con la mirada.
Ciegos es lo que nos vamos a
quedar nosotros si empezamos a tomar las combinaciones del MulderBarman que
tengo en la habitación. Tomo un sorbo para no quedar mal y decirle que está
asqueroso y que no intente hacer experimentos raros porque de aquí vamos a ir
al hospital por tomar bebidas en mal estado.
Lo pruebo. Lo paladeo para que mi
opinión sea fundada. Y... mmm, esta bueno. Tiene un sabor así dulzón. Pica un
poco al principio pero luego cuando te acostumbras a beberlo, crea adicción.
Mulder me mira expectante para
que le dé mi opinión.
-Está bueno. Que lleva?
-Ah, eso es secreto. Es marca de
la casa.
No se acuerda de lo que ha
puesto.
-No será que no tienes ni idea de
lo que has mezclado.
Baja la cabeza como un niño al
que le han pillado contando una mentira. Me encanta cuando hace eso. Parece un
crío al que dan ganas de achucharlo, protegerlo, comértelo a besos... hacerle
otras cosas más de adultos... hey echa el freno Dana que los pensamientos se
van donde no se tienen que ir.
-Pues no... Creo que he hecho
igual que Homer Simpson que mezcló ingredientes e hizo una bebida que gustó a
todo el mundo.
-Y el ingrediente secreto era el
jarabe para niños –continuo yo.
Me mira con los ojos desorbitados
como pensando que no es verdad lo que ha oído. Que la doctora -siempre
eficiente- Scully no ve esos dibujos. Pues si. Soy una fan incondicional de los
Simpson aunque en un juicio lo negaré.
-Te gustan los Simpson?
-Son unos dibujos que reflejan
más o menos la situación del pueblo americano actual. Vale que a veces las
situaciones son más inverosímiles que algunas cosas que investigamos. Pero sí,
la veo a veces.
Todo un discurso para decir que
sí que me gustan. A veces pienso que ser tan lógica en la vida no me va a llevar a ningún sitio. La vida hay
que vivirla más con el corazón y no con la razón.
-Mulder dame un poco más de eso.
Y para acallar un poco a la razón
hay que servirte de cosas como el alcohol para adormecerla un poco y que la
irracionalidad haga acto de presencia.
10:30 pm
Iban ya por la sexta o la séptima
copa. Mulder estaba intentado probar lo que le había salido antes pero no
encontraba los ingredientes para eso. Y Scully era la catadora oficial de la
habitación.
-Muuulder... –dijo Scully- No
darás nunca con eso. Déjalo ya y vamos a hacer otras cosas.
-Bueno -dijo Mulder sentándose en
la cama donde estaba Scully- De todas formas no queda vodka.
Se puso las últimas gotas en su
copa y se las bebió. Scully ya empezaba a sentirse mareada y se tumbó en la
cama cerrando los ojos. Mulder estaba intentando sacar el redondel que quedaba
en la botella después de haber abierto el tapón de seguridad de la botella. Era
un circulo dorado que contrastaba con el negro de la botella.
-Mulder que haces? –dijo Scully
aún en posición horizontal.
-Estoy intentando sacar esto. Te
lo quiero regalar a ti.
El redondel salió después de
algunos intentos infructuosos por parte de Mulder.
-Toma, Scully para ti.
Ella se incorporó para ver el
regalo que le hacía su compañero.
-Eso no es mas que chatarra.
-No, es un anillo –dijo
mostrándoselo a Scully- Lo ves? Es redondo. Dame la mano.
Scully le hizo caso y Mulder le
puso el “anillo” en el dedo anular de su mano.
-Acaso eso es una indirecta
agente Mulder? –dijo ella con su voz más sensual.
-No sé, quieres que lo sea?
Aún estando borracha no se podía
librar de sonrojarse bajo la penetrante mirada de su compañero. Bajó los ojos y
se amoldó el “anillo” a su dedo doblando el frío metal con sus manos.
-Nunca he entendido tus
indirectas –dijo ella susurrando para que Mulder no le oyera.
Scully se quedó mirando el
“anillo” un momento. Luego sonrió.
-Que te hace tanta gracia? –le
preguntó un asombrado Mulder.
-Me sorprendes constantemente.
Primero aceptando un caso de protección y luego cargando a la cuenta del FBI
una cena y dos minibars.
-No he aceptado el caso. Skinner
nos ha obligado a aceptarlo. Además, siempre he querido dormir en uno de los
hoteles más caros de Las Vegas.
Ella se mareó un poco y se tuvo
que tumbar otra vez en la cama.
-Yo lo que he querido siempre es
hacer saltar la banca de un casino, hacerme rica y no tener que trabajar.
La cara de él se ensombreció un
poco.
-Ouch. Eso ha sido un golpe bajo.
Tan mal lo pasas trabajando conmigo como para querer dejarlo?
-Tu sabes a lo que me refiero
–dijo Scully incorporándose un poco ayudándose de sus codos- el trabajo me
encanta, pero no me importaría ser rica. Una cosa no quita lo otro. Así
trabajaría por placer y no para subsistir.
-También podrías encontrar a un
marido rico y hacer de viuda negra. Así tendrías todo el dinero para tu sola.
-Tienes razón. Creo que bajaré
ahora mismo a ver pesco a algún ricachón.
Scully se sentó en la cama de
golpe. Pero las copas que se había tomado le estaban pasando factura. Le
sobrevino otra sensación de mareo, así que no tuvo más remedio que volverse a
tumbar en la cama.
-Que te pasa? –preguntó un Mulder
preocupado.
-Nada –dijo ella cerrando los
ojos- No estoy acostumbrada a beber y
cuando lo hago hay consecuencias. Creo que el marido rico tendrá que
esperar.
Se quedaron en silencio durante
un rato. Mulder había abierto una botella de vino y estaba bebiendo
directamente de ella. Scully continuaba con los ojos cerrados esperando que se
le pasara el dolor de cabeza y las ganas de vomitar.
-Quieres un poco?
Scully abrió un ojo para mirar lo
que le decía su compañero.
-Si bebo una gota más creo que
voy a arrojar toda la cena.
-No bebes muy a menudo verdad?
-No, la verdad que no –negó con
la cabeza.
-Haces bien. Yo tampoco suelo
beber asiduamente. Sólo cuando estoy deprimido por algo voy a algún bar a
emborracharme.
-Cuando fue la última vez?
-No me acuerdo.
Mentira. Se acordaba
perfectamente. Hacía poco tiempo realmente. Cuando Philipe Padget dijo lo de
“la agente Scully ya está enamorada”. ¿Enamorada de quién? ¿había otro hombre
en la vida de Scully? Le habría preguntado a Scully quien era el dueño de su
corazón pero había dos posibles resultados a esa respuesta. Que matara al
hombre en cuestión o suicidarse él cuando supiera que no tenía nada que hacer
respecto a la pelirroja. En ambas opciones él quedaba en mal lugar, así que no
se lo preguntó.
Otro silencio. Su relación estaba
más plagada de silencios que de momentos hablados. Pero a ellos en esos
silencios se hablaban sin palabras. O se imaginaban diciendo cosas que no
dirían nunca. Y lo que el otro le contestaría. Conversaciones imaginarias que
tal vez en un futuro lejano se dirían con palabras.
-Sabes Scully, yo no te veo como
una mujer casada.
-Porqué no?
-Tu eres diferente a las demás
mujeres.
-Quieres decir que para ti no soy
una mujer?
Ahí estaba la prueba de porque su
compañero no se fijaba en ella. No la consideraba una mujer. Una amiga, una
colega. Pero no una mujer para llevársela a la cama. Que vida más cruel.
-Sí, claro que sí –se apresuró a
decir- Lo que quiero decir es que tu eres una mujer independiente. No te veo
apegada a un hombre que te mande.
-En eso tienes razón. Nunca seré
una ama de casa corriente. Adoro mi libertad demasiado como para estar
encadenada a una casa todo el día. Por eso me gusta trabajar en los expedientes
x. Viajamos muchísimo. Hemos recorrido el país unas cien veces. Y yo de pequeña
con el trabajo de mi padre di la vuelta al mundo.
-No me dices eso cuando te llamo
para salir de viaje –me dice un poco ofendido
-Pero es que me llamas a las
cinco de la mañana para que esté preparada en media hora porque nuestro avión
sale a las siete. Yo necesito dormir mis ocho horas de sueño diarias.
-Para otra vez ya lo sé –sonrió-
Y tu que opinas de mí.
Scully se quedó un poco confusa,
que opinaba ella de que?
-Me ves a mí casado?
Así que era eso. Mulder quería
saber si lo veía como un buen marido. No estaba mal. Sobre todo si era ella su
mujer. Pero eso no le iba a decir.
-Yo creo que sí. Serías un marido
estupendo. Siempre pendiente de tu mujer para que no le pasase nada y no le
faltara de nada. Y un buen padre. Al fin y al cabo tu eres un niño grande.
-Un niño grande? –quiso saber
Mulder
-Sí, tienes la misma inocencia.
Te emocionas con muy poco y todo el mundo se encariña contigo enseguida.
Scully paró un momento
sonrojándose. Era ella la que estaba diciendo esas cosas a Mulder o era
producto de su borrachera? En cualquier caso, aunque fuera la borrachera, lo
que estaba diciendo era cierto.
-Te has casado alguna vez?
-No y tu?
-Tampoco.
-A veces me pregunto que se
sentirá casándote con el hombre de tus sueños.
-Lo mismo digo pero cambiando
hombre por mujer –bromeó Mulder.
Scully sonrió. Se le había
ocurrido una idea alocada que podía tener consecuencias al día siguiente. Pero
su racionalidad se había ido al tomar su sexta copa. Así que, que impedimento
había?
-Que tal si nos casamos?
–preguntó ella de pronto.
-Que?
-Nos podíamos casar ahora. En la
capilla del hotel. Los Pistoleros pueden ser nuestros padrinos. Venga vaaaa.
Además ya me has regalado el anillo de pedida –dijo enseñándole el anillo de
chatarra en su dedo.
-Te has dado cuenta de lo que
estás diciendo Scully? Estaríamos casados.
-No creo que las bodas de las
vegas sean legales. Tú crees que es serio que te case un cura vestido de Elvis?
-Viéndolo así –paró un momento-
Pero ahora, ahora?
-Ahora. Ya. En este momento. No
será que tienes miedo?
Al oír esa pregunta él fue hasta
su habitación y deshizo su maleta. Buscó dos de sus camisas y volvió al cuarto
de Scully.
-Camisa azul oscuro o blanca?
Capilla “God Bless Elvis”
12:30 am
En el mostrador de la capilla
había una mujer rubia vestida con un vestido blanco, estilo Marilyn Monroe.
-Buenas noches, que desean?
–preguntó cuando Mulder y Scully entraron en la capilla.
Ellos no contestaron inmediatamente.
Más bien se quedaron un rato cuchicheando entre ellos diciéndose cosas como
“esto es en serio, Scully”, “nos lo pasaremos bien, Mulder”.
-Es mi sueño de pequeña –le
susurró Scully.
-Tu sueño de pequeña era casarte
en las vegas con tu compañero de trabajo estando borracha? Bill te traumatizó
más de lo que piensas –ironizó él.
-Mira quien habla. El que ha
pensado toda su vida que su hermana ha sido abducida por extraterrestres.
-Sí, por ET. Lo mío es verdad.
-Claro, por eso yo te ayudo a
buscarla. Somos almas gemelas no lo sabías?
Se podía notar que habían bebido
más de la cuenta. Tal vez luego se arrepentirían pero ahora mismo estaban en la
capilla del hotel dispuestos a casarse.
Mulder no contestó a esa
pregunta, puesto que no sabía si Scully la había dicho de verdad o como burla,
como él la había dicho años antes. También dijo que deberían casarse y ahí
estaban. A punto de dar el gran paso aunque fuera una boda ficticia. Porque
casarse en casinos no era legal ¿verdad?
Al fin se acercaron al mostrador.
-Buenas noches –repitió la
encargada- Que desean?
-Queríamos casarnos –dijo Scully
rápidamente.
-Muy bien. Tienen que rellenar
esos papeles con sus datos y luego tienen que esperar un poco, porque el
reverendo está oficiando otra boda.
La encargada les dio los
impresos. Se sentaron en una mesa que había en la habitación y se pusieron a
rellenarlos.
-Pues para no ser legal la boda
piden de todo –ironizó Mulder.
Y era verdad. En los impresos
había que poner, sus nombres completos, su dirección, su fecha de nacimiento,
su número de identidad...
-Mulder te has traído dinero?
-No lo sé porqué?
-Mira lo que pone aquí.
Mulder miró donde le decía
Scully. Era el precio de la boda. Buscó en sus bolsillos para ver si tenía
dinero, pero los bolsillos estaban vacíos.
-No tengo dinero.
-No sé porque sabía que lo tenía
que pagar yo –ella sacó la tarjeta de crédito de su bolso- Si lo sé no me caso
contigo.
No era verdad. Se habría casado
con él aunque tuviera que pagar un millón de dólares por la boda. Sólo por la
luna de miel ficticia que iban a pasar los dos juntos.
Cuando acabaron de rellenar los
papeles se levantaron y los llevaron hasta el mostrador. Scully también dio su
tarjeta de crédito.
Se oyeron gritos desde el otro
lado de la puerta, que era donde estaba la habitación donde se iban a casar. La
puerta se abrió de improviso y salieron seis jóvenes, dos de los cuales se
estaban comiendo a besos. Serían los novios. La chica vestía de un vestido
blanco de noche y el hombre con un traje oscuro.
Ellos no iban así. Por lo menos
Scully. El traje de Mulder se parecía al del novio pero el de Scully distaba
mucho al de la mujer. Siempre con sobrios trajes de falda y chaqueta. En el
último año se había vestido con ropa más moderna y había quemado todos los
trajes que tenía de años anteriores. Pero aunque no lo quisiera reconocer, sus
trajes se parecían mucho. Siempre tenía que dar la imagen de agente eficiente
del FBI.
-Tienen suerte –dijo la mujer del
mostrador- en unos minutos se podrán casar. Le voy a dar los impresos al
reverendo.
Ambos sonrieron pero siguieron
mirando a la gente que se iba del local. Los novios parecían muy felices.
¿serían ellos tanto cuando salieran por esa puerta?
Sólo había una forma de
averiguarlo.
Esperaron hasta que la mujer
vestida como Marilyn les dijo que el reverendo ya estaba listo y que podían
entrar cuando quisieran.
-Tienen las alianzas?
Scully se miró el dedo. No. El
trozo de chatarra de su dedo anular no se podía considerar que fuera una
alianza y Mulder no tenía ninguna.
-No, no tenemos.
-Por sesenta dólares se las
podemos dar.
-Qué hacemos? –preguntó Scully a
Mulder aparte.
-Hey, el dinero es tuyo.
-Para que esta boda sea perfecta
tiene que tener todos los detalles.
Esta era la forma de convencerse
que sesenta dólares más, solo eran eso, sesenta dólares. Dijo que sí con la
cabeza a la encargada que fue hasta el mostrador y sacó dos anillos de un
cajón.
-Tomen –dijo sonriendo- Y
felicidades.
Ya con los anillos en la mano se
encaminaron hacia la sala donde se convertirían en marido y mujer.
Figuradamente, claro. O eso pensaban ellos.
Al entrar sonó enseguida la
marcha nupcial mientras se dirigían despacio hacia un hombre vestido de Elvis.
Iban cogidos de la mano. Se habían cogido como un acto reflejo cuando la música
empezó a sonar por toda la habitación.
Era una lástima que no hubieran
podido encontrar a los pistoleros para ser testigos de la boda. Los habían
buscado por todo el casino y en su habitación, pero no aparecían.
Como siempre estaban los dos solos.
No necesitaban a nadie más para jurarse amor eterno.
Llegaron al final de la pasarela.
El reverendo era un hombre joven. Llevaba el traje de Elvis blanco y unas
patillas que le llegaban casi hasta la barbilla. Scully no pudo suprimir una
sonrisa de lo divertida que le resultaba la situación.
-Queridos hermanos, estamos aquí
para unir en matrimonio a –el reverendo miró un papel que tenía en el atril
delante de él- Fox Mulder y Dana Scully.
No se habían soltado las manos
aún y ahora se la apretaban con fuerza, como si no se lo creyeran aún que se
estaban casando. Que iban a decir “Si quiero” a la persona con quien querían
pasar toda su vida.
-Fox Mulder, quieres a Dana
Scully como tu esposa?
-Sí, quiero.
-Dana Scully, quieres a Fox
Mulder como tu marido?
-Sí, quiero.
Sin dudarlo. Las palabras
salieron de la boca de los dos como si hubieran estado esperando ese momento
durante mucho tiempo. Como si estuvieran ensayadas hace mucho.
Tocaba el turno a los anillos. No
habían pensado en los votos que se iban a decir, pero dejaron que sus corazones
hablaran por si solos.
-Scully –empezó Mulder- Desde el
día que entraste en el despacho no he dejado de pensar en ti. Ni un solo día.
Por eso quiero compartir todos los días que me queden contigo.
Mulder le quitó la chatarra y le
puso el verdadero anillo.
-Mulder –continuó ella- acepta
este anillo como prueba de nuestra relación. Sé que ha sido muy complicada y
ahora, realmente, no sé que relación tenemos, pero una cosa tengo clara. Tú
siempre serás alguien importante en mi corazón.
Scully le puso el anillo a
Mulder. Ambos miraron al reverendo esperando el fin de la ceremonia.
-Entonces, por el poder que me da
la ley y los casinos de las Vegas, os declaro marido y mujer. Os podéis besar.
Había dicho por la ley? Bueno,
ese detalle no importaba. Lo que importaba es que ahora, en ese mismo momento
se iban a besar. Por que lo mandaba la tradición. Y porque ellos querían.
Flotaban en el aire. Sus pies no
tocaban el suelo durante ese beso. Todo lo que no se habían dicho se lo estaban
diciendo ahí. La magia podía durar todo el tiempo que quisieran pero el
reverendo tenía prisa.
-Ejem... –dijo tosiendo- Eso ya
lo harán en otro sitio. Tengo más personas que casar.
Se separaron muy a su pesar
enfadados por esa interrupción. Cuando no eran abejas eran dobles de Elvis. El
mundo conspiraba contra ellos.
Mientras iban saliendo la música
de la marcha nupcial sonaba otra vez. Quien la ponía si en la sala estaba el
reverendo. Un misterio.
Al salir les esperaba la mujer
rubia. Les entregó el certificado de matrimonio y la tarjeta de crédito.
Mulder miró la tarjeta con más
detenimiento.
-Scully esta no es tu tarjeta!
–le dijo sorprendido- Es la del FBI!
-Claro –respondió ella con toda
la naturalidad del mundo.
-Como que claro?
-No me iba a gastar 100 dólares
en una boda ficticia.
-Piensa lo que has hecho. Es. La.
Tarjeta. Del. FBI.
-Tú has hecho lo mismo cargando
la cena a ella.
Mulder no supo que responder a
eso. Realmente el desencadenante de aquella boda había sido él. Él había
convencido a Scully a beber después de una cena cargada a expensas del bureau.
Él le había dado el anillo de chatarra como un anillo de matrimonio.
Habían llegado otra vez a sus
habitaciones.
-Me resulta raro decir esto
pero... en tu cama o en la mía?
-Como? –los ojo de ella se
abrieron como platos.
-Nos hemos casado. Supongo que
eso también incluirá luna de miel, no?
Scully no había pensado en eso.
Bueno, si que había pensado pero creía que Mulder no se lo iba a pedir. Él y
ella... ella y él... No se podía creer que Mulder le estaba diciendo que se
acostaran juntos. Que tuvieran sexo esa noche. Porque luna de miel era eso
verdad?
-Me lo estás diciendo en serio?
Sabía de la vena bromista de
Mulder así que se quería asegurar que él tenía tantas ganas de estar con ella
como ella con él.
-No he hablado más enserio en mi
vida. Recuerda que ahora somos marido y mujer.
-Dana Mulder... eso me gusta
–dijo ella abriendo la puerta de su habitación y entrando.
-De eso nada –Mulder entró con
ella- No quiero que te cambies tu apellido. Queda mejor Dana Scully Mulder. Es
que ahora llamarte con mi propio apellido me sonaría raro. Ya sabes, por la
costumbre...
Se estaban acercando demasiado.
Tanto que sus cuerpos no dejaban pasar el aire. Pero no hacían nada. Se miraban
a los ojos, hablando su lenguaje secreto.
-Creo que me podré acostumbrar a
otras cosas también.
Scully dio el primer paso. Como
su boca no llegaba a la de Mulder puso una mano en su nuca le obligó a bajar la
cabeza. Él no opuso resistencia. Es más, después de probar sus labios en la
capilla del hotel, quería más. Quería llenarse de esa pelirroja que llegó una
mañana a su despacho y que él trató como espia. Quería llenarse de la persona
que le había apoyado durante tantos años aunque eso hubiera significado que su
salud se debilitara. Quería llenarse de Scully.
Habitación 601
9:30 am
Diox, que dolor de cabeza que
tengo.
No me dolía así desde... ni se
sabe. Lo cual quiere decir que no me voy a emborrachar nunca más. No le voy a
hacer caso a Mulder nunca más, mejor dicho.
Intento abrir los párpados pero
parece que tengan una losa de cemento en ellos. Los abro un poco pero una luz
cegadora me impide abrirlos más.
Uff...
Y lo mejor de todo es que no
recuerdo que pasó ayer después de la quinta o sexta copa.
Sin abrir los ojos todavía
intento agudizar el oído para saber que estará haciendo Mulder ahora. Se habrá
levantado ya? Se estará duchando? Vistiendo? Es un vicio que siempre hago. Me
intento imaginar por los sonidos que hace lo que está haciendo en la habitación
contigua.
Pero lo que oigo me deja tan
perpleja que tengo que abrir los ojos rápidamente. He oído una respiración muy
cerca de mí. Exactamente a mi lado.
Y ahora me doy cuenta de que
estoy desnuda.
Miro a mi lado y descubro que hay
una persona durmiendo. Y esa persona es Mulder. Que por lo que se ve también
está desnudo para más señas.
Entonces él y yo...??
Quiero Creer.
Ahora más que nunca.
Pero que pasó anoche? No me
acuerdo de nada por mucho que me esfuerce.
Me aparto un mechón de pelo con
una mano y descubro que tengo un anillo en el dedo anular.
Un anillo.
Desde cuando tengo yo un anillo
en este dedo?
Eso significa que Mulder y yo...?
Las Vegas es la ciudad que más
bodas se celebran en un año en Estados Unidos. Hemos ayudado Mulder y yo a que aumente la estadística?
Algo me dice que sí. Y que
Miro alrededor de mi lado de la
cama y descubro nuestra ropa tirada en el suelo.
Mierda, el traje lo acababa de traer
de la tintorería. Aunque todo se perdona si me he acostado con Mulder.
Algún flash viene a mi mente de
lo que pasó anoche. Marylin Monroe? Elvis? Donde nos metimos? En una convención
de imitadores de las personas más famosas de los años 70?
Espero que Mulder me ayude a
aclarar todo lo que sucedió. Eso será después. Ahora necesito una ducha.
Cojo la ropa esparcida por el
suelo y la dejo en un sillón mientras que busco en la maleta algo para ponerme
después del baño.
Dejo que el agua recorra todo mi
cuerpo mientras intento recordar algo más. Nada. No hay manera. Tan borracha
estaba para que no recuerde nada más? Si no fuese por el anillo no sabría que
estoy casada con Mulder.
Por qué me casé con él? Sí, vale.
Es el hombre de mi vida y estoy enamorada de él desde ni se sabe. Pero no
quiero que las cosas sucedan de esta forma.
Aunque claro, estamos en Las
Vegas y seguramente este matrimonio no será legal y sigo soltera. Y si no,
bueno, siempre queda el divorcio.
Me seco y salgo de la ducha con
un albornoz y una toalla de turbante en la cabeza.
Oh. Diox. Mio.
Mulder ya se ha despertado y se
está paseando por la habitación como un zombi, desnudo. Sí, desnudo. No se
percata de mi presencia hasta que carraspeo. Tampoco se da cuenta que está
desnudo y yo soy una mujer con hormonas que esta a punto de saltar sobre él.
-Mulder –le digo- creo que es
mejor que te pongas algo de ropa si no quieres constiparte.
Le iba a preguntar si sabe lo que
pasó ayer pero he preferido dejar las preguntas fuertes para cuando los dos
estemos más despejados y yo no necesite tomar un camión de aspirinas para
quitarme este dolor de cabeza.
-Creo que ducharte te despejará
un poco –digo al ver que sigue callado.
-Estás diciendo que huelo mal?
Le miro a la cara para excusarme y
decirle que no era eso lo que acabo decir. Está bromeando. Tiene una sonrisa
encantadora en su cara.
Pasa por delante de mí y le
huelo. No directamente como hizo él en cierto caso con detective rubia por
medio. Sino que respiro profundamente hasta llenarme de su olor. Es tan
embriagante que absorbe cada célula de mi cuerpo y que se resiste en
expulsarlo.
-No decías eso esta noche en la
cama.
Emm... he oído lo que acabo de
oír? Realmente Mulder ha dicho eso?
Tengo que saber lo que ha pasado
realmente esta noche.
Espero impacientemente a que
Mulder se acabe de duchar. Mientras tanto me visto. Trajes y más trajes. Creo
que el concepto de ropa informal en mi vocabulario no existe.
Un momento. Porque tengo la
tarjeta del FBI en el bolsillo de la chaqueta que supuestamente me puse ayer
por la noche?
Mulder sale del cuarto de baño.
-No hicimos nada malo verdad
Mulder?
-Define malo.
Me parece que por el tono de
Mulder sí que hemos hecho algo malo. Una boda quizá? Pero por el momento solo
le señalo la tarjeta de crédito.
Una tarjeta con bastante dinero.
Una habitación en un casino. Salas de juego en el edificio. Puede ser una
mezcla explosiva para una pareja borracha derrochadora.
-Hasta donde recuerdas?
Pues ahora mismo no me acuerdo de
nada. Quizás si no te estuvieras sacando el batín y quedándote semidesnudo,
ahora si que tiene calzoncillos, en mi presencia no tendría esta amnesia
temporal.
-Me acuerdo que cenamos aquí y
luego cogimos botellas de los minibares y nos emborrachamos. Algo interesante después
de eso?
-Vaya Scully, no recuerdas lo
mejor de la noche.
-Refréscame la memoria.
No. No puede ser que yo le
propuse a Mulder matrimonio. Y que encima pagara la boda el FBI. Me niego a
creer eso. Creería más en un testimonio de un abducido que en eso.
Es que simplemente es...
increíble que yo haya hecho algo así.
Mulder me lo está contando por
encima, lo sé. No quiere que me pegue un tiro y se quede viudo antes de tiempo.
-Esto es una locura –digo cuando
creo que ha terminado.
-A mí también me lo pareció. Esta
vez fui yo el que te intentó poner freno, pero como verás te pareces a mí en
que no obedeces. Estabas eufórica y querías casarte por todos los medios y yo,
pues bueno... tampoco estaba en mi mejor momento.
-Y desp...
Me callo. No lo quiero saber que
pasó después de la boda. Bueno, si lo quiero saber, pero no en este momento.
Necesito poner coherencia a los hechos que hicimos anoche. Dije que las bodas
de Las Vegas son ilegales y que legalmente Mulder y yo no estamos casados.
Todavía lo pienso.
Necesito despejarme.
-Mulder, por qué no desayunamos?
Al ver que coge el teléfono le
paro.
-En la cafetería. Pagándolo
nosotros. Ya hemos estafado demasiado al FBI.
Elvis Café
-Bueno, donde nos sentamos?
Pregunta estúpida porque la
cafetería está medio vacía y hay muchas mesas para sentarnos. Lo que pasa es
que llevamos todo el trayecto de la habitación a la cafetería sin hablar y
claro, algo hay que hacer para romper el hielo.
-Donde quieras.
Y parece que Mulder tampoco tiene
ganas de conversar.
Antes pedimos el desayuno. Yo
café y tostadas. Mulder café y donuts. Nos sentamos en una mesa y empezamos a
comer en silencio. Pero no es el típico silencio que siempre nos ha
caracterizado. Este es incomodo. Más bien la tensión que hay en esta mesa se
podría cortar con una sierra eléctrica.
-No puedo creer que te haya
propuesto matrimonio.
Sí, acabo de sacar el tema tabú
de esta mañana. Siempre me he caracterizado dar rodeos para no hablar de un
tema pero creo que hoy he puesto la directa y me he lanzado. Sólo quiero saber
si a él le hizo tanta ilusión mi proposición, como seguramente me hizo a mí
hacerla.
-A mi también me sorprendió que
tu me lo pidieras. Normalmente es el hombre quien se lo pide a la mujer.
-Tu sabes que nunca me han
gustado los convencionalismos.
Un segundo mas tarde me doy
cuenta de lo que él me estaba intentando decir. Él quería casarse conmigo
también y yo me he adelantado pidiéndoselo antes? Es eso lo que me está
diciendo? O es mi imaginación jugándome malas pasadas?
-La próxima vez me esperaré a que
me lo pidas tu –le digo después de un rato de silencio.
-La próxima vez? –repite- Yo
creía que el matrimonio era para toda la vida.
-Los matrimonios de verdad ,sí.
Los de Las Vegas no creo que sean legales en todo Estados Unidos. Aquí
estaremos casados pero cuando lleguemos a Washington seguiremos siendo
solteros.
-Pues yo creo que son legales en
todo el país.
-No soy abogada y no conozco
todas las leyes, pero creo que te case un hombre vestido de Elvis no debe de
ser muy legal.
-Quizá podamos resolver nuestra
duda –dice señalando detrás de mí.
Me giro para ver a quien se
refiere y me encuentro con que mis tres frikis preferidos han hecho su
aparición estelar en la cafetería.
Mulder les hace señas para que se
acerquen. Los Pistoleros se sientan con nosotros. Mejor dicho. Langly y Byerns
se sientan. Frohike se pega a mí.
-Buenos días agente Scully, que
tal ha pasado la noche? –dice Frohike mientras yo me intento separar de él como
sea.
Si no lo sé ni yo, como te lo voy
a decir?
-Muy bien Frohike.
Según ha dejado entrever Mulder
nos lo hemos pasado muy bien, no?
-Tengo una pregunta que haceros
chicos, las bodas en Las Vegas son legales en todo el país verdad?
-Claro que sí, Mulder –responde
Byerns
Es legal que te case un tío
vestido de Elvis? No se si pegarme un tiro o pegárselo al que promulgó esta
ley.
-Que pasa Mulder, acaso en una
noche de borrachera has hecho algo que no debías? –pregunta Langly.
-Algo así –Mulder se rasca una
ceja con la mano del anillo.
Los Pistoleros se quedan
asombrados. Yo creo que Frohike, que és al que tengo más cerca, ni respira. Si
esto les ha pasado al saber que su amigo se ha casado les dará algo cuando
sepan que se ha casado conmigo.
-Y quien es la afortunada?
-La conocemos?
-Cuando te casaste?
Los tres preguntan a la vez. Esto
es coordinación y lo demás es tonterías. Mulder no responde todavía. Se está
tomando el último sorbo de café mirándome a mí. Preguntándome en silencio si lo
quiero hacerlo oficial o no. Al final decido que de perdidos al río.
-Conmigo –digo enseñándoles el
anillo.
-QUEEEE?
Para luego que digan que Mulder y
yo tenemos una compenetración especial. Les tenían que ver a estos abriendo los
ojos como platos los tres a la vez. Si antes Frohike no respiraba ahora creo
que se está poniendo azul de un momento se caerá al suelo a causa del
ahogamiento y le tendré que hacer el boca a boca. Cosa que no me gustaría nada.
-No me lo puedo creer.
No hace falta que lo jures,
Byerns, yo tampoco me lo acabo de creer aunque lleve la alianza en mi dedo.
Pero esto no puede seguir así. Mulder y yo no podemos estar juntos. No. Así de
claro. El por qué? Todavía no he podido encontrar mis razones pero algo en mi
interior me dice que esto no puede salir bien.
Batiremos el record de la pareja
que más rápido se ha divorciado del mundo, pero así es la vida. Si no me da una
razón de peso del porqué no nos podemos separar, si es que estamos casados
realmente, cuando lleguemos a Washington
buscaré un abogado especialista en estos casos. Y que no me venga con
que lo pasamos bien en la cama.
Alegaciones? No se ven a la
vista? Mulder me emborrachó a propósito. Vale, según él se lo pedí yo pero no
estaba en mi sano juicio.
Mulder les está relatando todo lo
sucedido.
-... y entonces fuimos a vuestra
habitación y no os encontrabais allí.
-Eso, –le interrumpo- donde
estabais?
Se miran entre sí. Algún secreto
inconfesable que hayan hecho?
-Estuvimos jugando a Dragones y
Mazmorras con Frank y Chris.
Prefería que hubieran guardado el
secreto hasta la tumba. No soy muy aficionada a los juegos de rol. Más bien no
he jugado en mi vida y no veo la gracia en pasarte horas siendo otra persona
para luego volver a la cruda realidad. Además esos juegos son para
adolescentes, no para personas maduras. Aunque eso lo dudo un poco en los
hombres de esta mesa.
Mulder continua contando lo que
nos pasó anoche. Y yo sigo sin creerme que le haya pedido matrimonio a Mulder.
-Y que ha pasado en la noche de
bodas?
Adivináis quien ha formulado la
pregunta? Frohike, como siempre. Afortunadamente, para su integridad, Mulder
sonríe pero no sigue.
-Eso te lo tendrás que imaginar,
tú. Aunque si ves alguna de las películas que tenéis en la estantería la
imaginación va a sobrar.
-Mulder!
-Qué?? No he dicho nada.
No, claro. Solo le ha dicho a
Frohike que vea un video porno.
-Y hablando de eso... No nos
podrías dar ya tu colección de videos? Creo que ya no los necesitas.
Tengo que hacer algo para que
estos dejen de hablar de porno disimuladamente. Y luego matar a Frohike por haber
empezado el tema. Langly y Byerns están callados como una tumba porque saben
que si dicen alguna palabra sobre el tema van a acabar en una.
Me levanto antes de que Mulder
diga una tontería. Por ejemplo que le regale su colección pornográfica a Frohike.
No es que yo esté interesada en su colección. Que va. Que haya visto algún
trozo cuando me deja horas sola en la oficina no tiene nada que ver. En serio.
Solo es que se va a quedar destrozado cuando sepa que se ha quedado sin videos
y sin mujer.
-Mulder tenemos que irnos a
preparar la maleta.
-Aún os vais a llamar por el
apellido estando casados? –pregunta Byerns sin hacerme caso.
-Claro que sí –Mulder sonríe- Nos
hemos llamado así desde el principio y no lo vamos a cambiar porque unos
papeles nos lo digan.
-Pero tendrás que llamarle Mulder
a ella también –advierte Langly.
-No –respondo yo sentándome otra
vez- No me voy a sacar el apellido de soltera.
-Pero no os apetece más llamaros
por vuestros nombres de pila?
Ahora que lo pienso yo quiero que
me llame Dana, Mulder. Las veces que me ha llamado un escalofrío me ha
recorrido de arriba abajo. Claro que solo han sido nueve o diez veces en seis
años.
-No –respondo –A Mulder no le
gusta que le llamen Fox. Y no es justo que él me llame por mi nombre y yo a él
por su apellido.
-Eres encantadora, pichoncito
–dice burlándose.
-Eso es porque me ves con buenos
ojos, tocinito de cielo –digo devolviéndole la burla.
Los dos nos ponemos a reír. Se
puede ser más cursis que nosotros en este momento? Yo creo que ni las
telenovelas mas edulcoradas nos han podidos superar. Y eso lo dice una mujer
que reconoce avergonzada haber visto dos o tres en sus años de facultad.
Me levanto por segunda vez. Si
esta vez Mulder no me obedece ya tendré una razón que alegar al juez para el
divorcio: no hace caso cuando se le ordena una cosa. Los pistoleros son mis
testigos.
-Vamos?
-A donde? –pregunta SIN
levantarse.
-A hacer la maleta para irnos.
-Pero si la maleta ya...
No le dejo terminar porque le
pongo la mirada o-me-haces-caso-o-te-vas-a-enterar. Nunca me ha fallado.
Seguramente iba a decir que ya
habíamos hecho la maleta anoche. Cosa que es verdad y quiero estar a solas con
él por otra razón. No le voy a decir que me quiero separar de él delante de
estos. Esto es un asunto entre él y yo. Sin espectadores por medio.
Se levanta y nos despedimos de
ellos.
-Hey –dice Byerns cuando nos
vamos- hacéis una buena pareja. Nosotros siempre pensábamos que acabaríais
juntos.
No sé que decir. Sólo les sonrío
como dándoles las gracias. Que se dice en estos casos cuando los mejores amigos
del hombre al que amas te dicen eso cuando tu estás pensando divorciarte de él?
Todos se han dado cuenta de que había un feeling especial entre
nosotros. Excepto nosotros mismos.
Agudizo el oído para oír lo que
están diciendo esos tres de nosotros mientras nos alejamos de la mesa. La
cafetería sigue casi desierta y no hay mucho ruido.
-Frohike nos debes cien pavos a
cada uno –dice Langly.
-Por qué?
-Hace varios años apostamos que
si Mulder y Scully se liaban nos dabas cien dólares a cada uno. Si no lo hacían
en cinco años te lo teníamos que dar a ti –explica Byerns.
-Cuantos años hace de eso?
-Desde que a Scully la abdujeron.
Hará unos cuatro años.
-Mierda –protesta Frohike- Yo
creía que ya había pasado cinco años.
Me aguanto las ganas de reírme y
sigo caminando al lado de Mulder. No sé de qué me sorprende que estos tres
estén apostando sobre nuestra vida privada. Si ellos no tienen –jugar a
Dragones y Mazmorras no creo que sea mucha vida social- lo normal es que se
entretengan metiéndose en la ajena. Creo que en FBI están haciendo lo mismo.
Hay una porra para ver si Mulder y yo somos pareja o no. Será por eso que
cuando nos dirigimos al despacho de Skinner tenemos que ir a veinte centímetros
uno del otro para no levantar falsos rumores.
Llegamos a las habitaciones.
-En la tuya o en la mía?
–pregunta Mulder con toda la intención del mundo.
-Por no contestar a esa pregunta
me quedaría a charlar en el pasillo, pero entra en la mía –abro la puerta.
-Ya decía yo que la maleta la
habíamos hecho anoche...
Entramos en mi habitación.
Todavía huele a sexo. Es un olor especial que me hace recordar algo de lo que
sucedió ayer. Él y yo besándonos como si el mundo se acabara anoche. Él
desabrochándome el sujetador y sacándomelo con la boca. Yo haciendo lo mismo
con sus calzoncillos.
Respiro varias veces
profundamente. Para embriagarme de nuestro olor y para deshacerme de el. Tengo
que hacerlo ahora o si no no me separaré de Mulder jamás.
No me he preparado nada. Que le
digo? Quiero el divorcio. No. Lo de anoche fue especial para mí pero... No.
-Mulder, tenemos que hablar.
Él
se sienta en una silla de la habitación y yo me paseo nerviosamente como un
león enjaulado.
-Soy
todo oídos.
-Verás
Mulder... –digo sin dejar de pasear- ayer pasó algo que... me emborrachaste
y... nos casamos... pero...
Lo
mío es coherencia y lo demás son tonterías. Mulder, por favor ayúdame a acabar
esta frase que parece que no quiere salir dentro de mí.
-Quieres
decir que... –se para un poco a reflexionar lo que va a decir- quieres el
divorcio?
Asiento
mordiéndome el labio inferior. Tan bien nos compenetramos que con solo decir un
par de frases inconexas el otro sabe exactamente lo que quiere decir?
-Por
qué?
Respiro
otra vez intentado encontrar, esta vez sí, las palabras adecuadas. Por qué? Por
qué? Yo realmente no quiero que nos separemos. Quiero pasar el resto de mi vida
a tu lado. Pero mi mente racional, mi odiado racionalismo, me dice que en el
FBI nos puede traer problemas.
-Por
el trabajo. Llevamos trabajando juntos ya casi siete años y no es justo que por
culpa de esta tontería echen a perder nuestras investigaciones.
-Sólo
por eso? Scully esa razón es una tontería. Si nuestro matrimonio no interfiere
en nuestro trabajo no creo que se preocupen por nosotros. Además, ahorraríamos
gastos compartiendo habitación –dice guiñándome un ojo.
No
debería hablarme con esa voz tan sexy si no quiere que salte encima de él. Ese
tono irónico que pone a veces me pone la piel de gallina. A veces, cuando no me
ve, cierro los ojos mientras está hablando para captar todos los matices de su
voz.
Me
siento en la otra silla de la habitación y me acerco a él. Realmente no quiere
separarse de mí?
-Dime
una razón convincente, no vale lo de ahorrar gastos del FBI, para que no nos
separemos.
-Tengo
muchas.
-La
más importante.
Yo
sé cual es la razón más importante para mí. Le quiero con todo mi corazón y
quiero pasar el resto de mi vida con él. Será mi misma razón lo más importante
para él?
-No
sé si decírtela Scully. Ya te la dije una vez y me trataste como un loco. No se
si quiero repetir la experiencia.
-Si
crees que voy a tropezar dos veces con la misma piedra es que todavía no me
conoces.
Me
coge una mano y me la acaricia suavemente. Siento un escalofrío recorrerme al
hacer esto y siguen viniendo a mi mente imágenes de ayer. Él y yo en la
iglesia. Poniéndonos los anillos. Besándonos. Luego aquí, desnudos en la cama.
Moviendo las caderas acompasadamente para producirnos mas placer. Una embestida.
Dos embestidas. El mundo dando vueltas a mi alrededor mientras grito su nombre.
-Nunca
te he subestimado Scully.
-Y
entonces?
Mulder,
por favor, lo que tengas que decir dilo ya. No prolongues mas esta agonía que
está acabando con todo mi autocontrol.
-Te
quiero.
Lo
ha dicho. Mulder ha dicho que me quiere. Ha dicho que me quiere. Que hago? Le
beso? Le sonrío? Le digo otra vez “Lo que faltaba”?
-Esa
si que es una razón convincente.
-Entonces
que dices?
-Yo
también.
Eso
es lo que le debería haber dicho en este momento. Y no lo otro.
Mulder
se levanta de la silla y me hace levantarme a mi también. Me coge de la
barbilla y me acerca a él.
Nos
besamos.
Puede
que el de ayer fuera nuestro primer beso, pero hoy es el que estoy disfrutando
plenamente sin temor a que se me vaya a olvidar a causa de la borrachera.
3:30
pm
Esta vez si que me voy a
acordar de lo que ha pasado en la habitación. Todavía siento a Mulder mordiendo
y succionando en lugares que no conocía que existieran desde hace mucho tiempo.
Pero ahora es hora de volver a casa.
En la recepción del hotel nos acercamos al mostrador para dar las
llaves de nuestras habitaciones. Realmente hemos gastado una, pero por el
momento el FBI no tiene porque enterarse.
-Esperen –dice la recepcionista cuando ya casi nos vamos- Les
tengo que entregar varias cosas.
Nos miramos un poco extrañados. Que será?
La mujer pone encima del mostrador una cinta de video y unos
papeles. Al mirarlos bien descubro que son los papeles de la boda.
-De qué es la cinta? –le pregunto a Mulder porque es él quien la
tiene.
-Míralo tu misma
Me da la caja mientras nos vamos. No puede ser. Como en Las Vegas
pueden ser tan detallistas? En la caja está una foto nuestra casándonos y
arriba pone “Boda de Fox y Dana”. Que tierno.
Washington DC
Apartamento de Mulder
9:44 pm
Definitivamente nos hemos convertido en un matrimonio. Por lo
menos discutimos igual que uno. La discusión ha sido en que casa nos
estableceríamos. Yo he votado a la mía y Mulder, por supuesto, a la suya. Después
de una pelea de veinte minutos hemos decidido que viviríamos en cada casa un
mes y que luego de dos meses, en la que más nos gustara nos quedaríamos.
Seguramente será mi casa porque, además de que es un poco más grande, está mas
limpia que en la que estamos.
Hemos decidido que viviremos primero en la casa de Mulder. Así
estoy segura que solo haremos una mudanza en vez de dos. Vamos a ver el video
de la boda. Sí, hace cuatro horas que hemos llegado de Las Vegas, pero entre la
mini-discusión y el yo tener que hacer una pequeña mudanza aquí se han pasado
en seguida. Cuando hemos acabado de ordenar un poco las cosas para que los dos
convivamos en paz y armonía nos hemos sentado en el sofá para ver por primera
vez como nos juramos amor eterno.
Bueno, realmente el que está sentado en el sofá es Mulder. Yo
estoy acostada sobre él con la cabeza apoyada en la barriga de Mulder. Esto...
eso que se asoma en dirección sur es...? Vaya con Mulder. Yo creo que después
que lo atropellara un camión también tendría ganas de sexo. Pero yo no. Ahora
no. Tengo claras mis preferencias en este momento. Primero ver la película.
Luego sexo.
Esto superaría mi media anual en los últimos siete años. Tres
veces en un día. Wow. Yo creo que superaría mi media de vida.
Mulder aprieta el botón de play del mando del video.
Sale el logo del hotel y un hombre dándonos las felicidades.
Seguro que será el director del hotel. Sip. En un rotulo sale. “Vince Morgan.
Director general del Cesar Palace” Luego un fondo en blanco que dura unos cinco
segundos.
Ahí estamos. Mulder y yo a punto de convertirnos en los señores
Mulder. Recorremos una alfombra roja y llegamos hasta una persona que tiene
toda la pinta de estar vestido de Elvis. Comienza la ceremonia.
En estos momentos, por si no estaba nerviosa por lo que estoy
viendo, Mulder se pone a acariciarme la mejilla y el pelo. Llega el momento del
“Si quiero”. Nos lo decimos mirándonos a los ojos con toda la sinceridad del
mundo.
Ahora tocan los votos al ponernos los anillos.
“-Scully, desde el día que
entraste en el despacho no he dejado de pensar en ti. Ni un solo día. Por eso
quiero compartir todos los días que me queden contigo.
-Mulder, acepta este anillo como
prueba de nuestra relación. Sé que ha sido muy complicada y ahora, realmente,
no sé que relación tenemos, pero una cosa tengo clara. Tú siempre serás alguien
importante en mi corazón.”
Estoy llorando. Soy una estúpida
sentimental y las bodas me emocionan muchísimo. Sobre todo si es la mía. Mulder
me limpia las lagrimas con sus dedos.
-Hey, tranquila. Aún falta lo
mejor.
Tiene razón. En estos momentos
estoy viendo como nos damos nuestro primer beso. Seguro que ninguna pareja
puede ver en video las veces que quiera su primer beso.
-Nuestro primer beso –le miro a
los ojos.
-El primero de muchos.
Me hace incorporarme y nuestras
bocas se buscan como hace un día.
Tres días después
9:30 am
Estos días han sido de sueño.
Estoy levitando. Seguro que si alguien me mirara los pies verían que no rozan
contra el suelo. Y todo gracias a Mulder.
Pero todo lo bueno tiene su
final. La secretaria de Skinner nos ha llamado para que fuésemos a su despacho.
Le habrán llegado ya las dietas del último caso.
En el FBI creemos que nadie
sospecha nada. Los días que llevamos trabajando hemos tenido todo el cuidado
posible. No se nos ha visto los anillos ni por el brillo. Y ahora nos dirigimos
en el despacho a un metro de distancia el uno del otro. Aunque nos tengamos que
tragar las ganas de pasear por los pasillos del FBI cogidos de la mano. Pero juro
por Dios que eso lo haremos algún día.
Entramos donde está Kimberly y
ella nos dice que el AD Skinner nos está esperando. Y nos mira la mano. De
reojo, pero se le nota mucho. No nos ve nada ya que Mulder tiene las manos en
los bolsillos desde que ha salido de nuestro despacho y yo, con la excusa que
estamos en Noviembre, me he puesto los guantes.
Nos miramos para darnos valor y
entramos.
Skinner está sentado detrás de su
escritorio con unos papeles en una mano y rascándose la cabeza con la otra.
-Señor? –pregunta Mulder antes de
entrar.
-Pasen agentes.
Hacemos lo que no dice y nos
sentamos en las sillas que hay.
-Agentes... en sus facturas he
encontrado algo muy raro y me gustaría que me lo explicaran.
-Que es señor? –pregunto. Como si
no lo supiera...
Skinner nos mira. Primero a Mulder y luego a mí. Me estoy empezando a
poner nerviosa de verdad.
-Aquí pone que cargaron una cena
de cincuenta dólares al FBI. Otros treinta en bebida...
Tanto costaron las botellas del
minibar? Si que se cotizan las bebidas alcoholicas en Las Vegas.
-Eso lo entiendo –continúa
Skinner- Casi todos los agentes cuando han acabado con su obligación creen que
pueden estafar al FBI cargando dinero a su cuenta. Al ser la primera vez que
les ocurre a ustedes no les vamos a hacer pagar todo, solo unos cuarenta
dolares. Pero lo que me tiene intrigado es esto. Seguramente será una
equivocación pero me parece que alguien se casó en Las Vegas con la tarjeta del
FBI y se hizo pasar por ustedes.
Hay que ver lo ingenuo que parece
Skinner a veces.
Mulder y yo nos miramos de reojo.
Y lo decidimos. Decidimos que este es el momento de decirlo. Skinner tenía que
ser el primero del FBI en saberlo oficialmente, ya que se ha portado como un
amigo en esto años.
-Señor –empieza a decir Mulder.
Él se saca la mano derecha del
bolsillo del pantalón y yo me quito el guante. Skinner sabe lo que queremos
decir, pero yo confirmo sus sospechas.
-Puede saludar a los señores
Mulder.
FIN