
por AnaScully
No puedo dormir.
Por mas vueltas que dé en la cama no
creo que el sueño me venga antes, más bien me pondré más nerviosa y tardará más
en hacer su aparición.
Yo tengo una variación de esa frase.
Dana Scully es la única persona
que responde de una manera tonta cuando el hombre del que está enamorada se le
declara.
Soy tonta.
El Te quiero de Mulder sigue
retumbándome en los oídos. Todavía no me lo puedo creer. Y yo le he dicho...
Mejor no pienso en lo que le he dicho si no quiero mañana aparecer en todos los
titulares de los periódicos al haberme encontrado asfixiada con mi propia
almohada.
No quiero martirizarme toda la noche en
lo que pudo ser y no ha sido. O en lo que podría haber sido y no será.
No es que esperara en que esta noche
fuera
Incluso hoy ha habido roce de dedos.
Cuando me ha dicho *eso* yo tenía la mano apoyada en la barandilla de la cama y
él, no se si nervioso por lo que estaba diciendo, jugueteando con mi mano
izquierda.
Y luego...
Mierda.
Podré ser científica, racional,
escéptica y lo que sea, pero además de eso aun me cabe el calificativo de
estúpida.
Estúpida por no haberle dicho ‘Yo
también’
Pero he tenido miedo. Un miedo irracional
se ha apoderado de mi. Miedo de que no sea real. Miedo de que la drogada fuera
yo. De que yo estuviera en estado de shok por haberle encontrado sano y salvo y
me estuviera imaginando esas palabras. Y para rematar lo surrealista de la
situación, no se me han ocurrido unas palabras más estúpidas que Oh,
brother!
Si tengo que ser sincera, yo considero a
Mulder de todo menos alguien de mi familia. Lo considero un compañero, un
amigo, un amante secreto en mis sueños... pero nunca lo he considerado como un hermano.
Sobre todo con lo bien que me llevo con ellos últimamente. Siempre he sido la
solitaria de la familia y en algunas ocasiones me he sentido un poco excluida.
Con Mulder eso no ha pasado nunca. A veces se va sin darme ninguna explicación
en un principio pero luego siempre me pide perdón por no habérmelo dicho y me
cuenta la aventura con todo lujo de detalles.
Hoy hubiera podido ser uno de esos días.
Si no hubiera sido por los Pistoleros,
Mulder aún seguiría flotando a la deriva en un lugar indeterminado del océano
Atlántico.
Dichoso Mulder...
Aunque los Pistoleros también tienen un
poco de culpa. Como se les ocurre decirle a Mulder que un barco fantasma había
aparecido en el Triangulo de las Bermudas? Sobre todo sabiendo como es Mulder.
Sabiendo que iba a ir corriendo a buscarlo sin avisar nadie. Sin avisarme a mí.
Creo que eso es lo que más me a dolido.
Por qué no me ha llamado?
Según los Pistoleros le han llamado a
primera hora de la mañana. A esa hora se supone que estoy yo despierta preparándome
para ir a trabajar. Lógicamente le hubiera dado la charla de que ya no estamos
en los expedientes X, que tenemos que hacer caso a Kerst o nos pueden
expedientar, bla bla bla...
Como seguramente no lo hubiera
convencido, ya que nunca lo hago, me hubiera ido con él.
A buscar el Titanic II. O lo que fuera.
Con él hasta el fin del mundo.
Ese es mi lema.
Antes tenía otro. Hay que arriesgarse
todo lo posible para descubrir la verdad
Pero creo que ya he arriesgado lo
suficiente. Mi esterilidad. Mi cáncer. Melissa. Emily. Creo que son razones
suficientes para dejar de buscar la verdad por mi cuenta.
Si tengo que ser sincera, ya abandone la
lucha hace unos meses. Quería que Mulder lo hiciera solo. Intenté alejarme de
Mulder para no ser un estorbo en su búsqueda. Realmente en estos años se ha
convertido en nuestra búsqueda, pero yo no lo quería admitir en esos momentos.
Le había ayudado en todo lo que había
podido, le acompañé donde quiso, hice todo (o casi todo) lo que me pidió...
pero siempre pensé que la búsqueda de Mulder era la de su hermana Samantha. Tal
vez eso fuera por lo que se asignó él mismo a los expedientes x pero al llegar
yo se añadieron más cosas por el paso del tiempo. Mi abducción, qué me
hicieron, donde me llevaron y sus consecuencias.
Quería abandonar y lo hice. Pero durante
dos minutos como máximo.
Lo reconozco, Mulder tiene don de
palabra y sabe convencer a la gente cuando se lo propone. Sobre todo a mí.
Aunque Mulder tenga fuerza de
persuasión, no fue eso lo que me convenció. Yo podía haber debatido sus
palabras.
‘Si yo te he salvado un millón de
veces, tu me has salvado cinco billones’
‘Tu eras ya una persona honesta
antes de conocerme, solo que lo has descubierto estando yo a tu lado’
‘Yo te debo más de lo que piensas’
Tenía esos argumentos en la punta de la
lengua pero su abrazo me hizo olvidarme de todo. Me puse a llorar como una
tonta en su hombro y cuando nos miramos a los ojos supimos que no nos podíamos
separar, que nuestro lugar estaba al lado del otro. Que estaríamos juntos hasta
el final. Íbamos a sellar esa promesa hecha en silencio con un beso, pero...
pero... no quiero recordar lo que pasó después.
Maldita abeja, maldito virus y maldito
Sindicato.
El resultado fue que me desperté a punto
de ahogarme y con hipotermia. Estar en la Antártida desnuda es lo que tiene.
Pero Mulder estaba allí. Salvándome de
convertirme de convertirme en algo malo. Él me dijo que era un hombrecillo
gris, pero aunque no le creo sé que por los chillidos que oía en medio de mi
confusión, era una cosa mala.
No recuerdo mucho de lo que pasó en ese
momento. Solo muchos chillidos espeluznantes, a Mulder diciéndome que no me
parara y una caída en picado. También a Mulder con una sonrisa de oreja a oreja
porque había visto algo que yo me había perdido, como siempre.
Luego se desmayó y yo lo abracé con
todas mis fuerzas para darle calor y protegerlo. Nos recogieron unos
científicos que habían notado el temblor del crater que teníamos a nuestro
lado.
Por eso me cambié el lema. Mulder había
viajado hasta el rincón más remoto del mundo para salvarme. Otra vez.
Hoy me ha tocado a mí salvarle.
Sí, he visto el barco
Sí, me he subido en él.
Pero no me creo que sea un barco
fantasma.
Según las leyendas, que no creo, tiene
todos los requisitos para serlo; iba a la deriva, no había tripulación alguna,
parecía antiguo... pero repito que no me lo creo. Aunque Frohike diga que ver
es creer.
Era un lugar tenebroso pero no más de lo
que ha sido darle un beso a Skinner en la boca.
Ewww
Todavía no sé en que estaba pensando.
Gratitud? Puede ser
El momento? No lo descarto
Atracción? Espero que no
Amor? Ni por asomo
Aparte de ese *momento ascensor*, que
intentaré olvidar lo antes posible si no quiero que mi psicólogo se haga rico a
costa mía, me ha pasado algo raro estando en el barco. Si me lo recordáis que
lo he dicho alguna vez en mi vida alegaré que en este momento tenía locura
mental transitoria. He sentido una sensación rara, como si algo invisible
traspasara mi cuerpo.
Miento si digo que sé lo que ha sido.
Iba buscando a los Pistoleros en el laberinto de pasillos del barco y de
repente he notado un escalofrío. Acompañada de una sensación de cosquilleo en
la nuca como si me hubiera rozado una telaraña, cosa muy posible por el estado
en que se encontraba el barco. Pero por instinto me he girado para ver quien
era el gracioso que me estaba haciendo cosquillas en la nuca. Pero no había ni
telaraña en mi cuello ni nadie a mi alrededor.
Me he convencido que era mi imaginación.
Porque ERA mi imaginación. No?
Al no encontrar en el transatlántico a
Mulder nos hemos bajado otra vez a nuestro barco. Y ahí hemos encontrado a
Mulder flotando a la deriva. Con trozos de su barco por todos los lados. Con
una cara de felicidad que no le había visto nunca, por lo menos en estado
inconsciente.
Estaba sonriendo. Y no a causa de la
morfina que le han puesto en el hospital.
Skinner y yo en el barco?
Estaba drogado, seguro.
Incluso Frohike y Langly se han dado
cuenta.
Por eso me he convertido en ScullyMamá y
le he dicho que descansara. Para que no dijera cosas de las que se pudiera
arrepentir.
Pero me ha dicho que me quería.
Lo he oído perfectamente “Te quiero”
Mierda, Mulder yo también a ti, pero
esperaría otro momento para decirlo, no cuando estés drogado hasta las cejas de
morfina y otras sustancias que prefiero no saber. No cuando dude de tu
capacidad mental en esos momentos y no sepa si es verdad o producto de las
drogas.
Definitivamente esta noche no voy a
poder dormir si no tomo medidas drásticas. Si no mañana tendré que ir a
trabajar con gafas de sol.
Se que estos medicamentos crean adicción
pero necesito dormir unas horas. Además solo me los tomo cuando pienso demasiado
por las noches. En mi relación con Mulder, exactamente.
Tomo una pastilla para dormir y me meto
otra vez en la cama.
Las tres menos cuarto. Hora en la que
más o menos él me llama a veces para charlar. Son esos días en los que no
necesito la pastilla. Su voz es como un somnífero a estas horas. Necesito
escucharla para poder dormir tranquila hasta la mañana siguiente. Pero hoy no
me llamará.
O eso espero.
Edificio J. Edgar Hoover
8:30 am
Llego tarde a trabajar.
El efecto del a pastilla se ha alargado
más de lo necesario ya que me he despertado media hora más tarde de lo que
debía. Ni siquiera he oído el despertador.
Espero que Kerst no se entere. Aunque
claro, después del revuelo que monté en mi carrera por el FBI no me
sorprendería estar algunos días de vacaciones forzosas. Sin sueldo, claro.
Mierda, porque este ascensor tarda tanto
en subir?
Lo que me sorprendería de Kerst es que
dejara pasar esa insubordinación mía. Pero claro, era cuestión de vida o
muerte.
Soy médico y sé que si Mulder hubiera
estado un poco más en esas gélidas aguas habría muerto congelado. Y eso yo no
lo podía permitir. Unos días de castigo por parte del jefe no son comparables a
tener a Mulder sano y salvo en el hospital.
Me alegra que todavía esté en el
hospital en observación porque así podré procesar lo que pasó ayer sin que
estén sus ojos mirándome todo el rato.
Que he de hacer? Dejarlo pasar como
tantas otras veces? Siento que mi vida está pasando sin ser yo la protagonista.
Ni siquiera soy una secundaria. Solo soy una simple espectadora.
Todos los días me propongo decírselo.
Pero cuando lo veo me echo atrás como una cobarde. Como ayer.
El ascensor por fin abre sus puertas y
puedo salir del ambiente claustrofóbico que me había creado yo misma. Creo que
es por eso que prefiero no pensar en mi relación con Mulder. Siempre me pongo
nerviosa y me hago falsas esperanzas.
Entro en la sala donde Kerst nos tiene
castigados desde hace unos meses. Investigando antecedentes de pesticidas. O
como dice Mulder, enormes montones de abono.
Pero aquí hay algo que está mal.
Si jugara a las siete diferencias a como
me imaginaba mi día en el trabajo al que estoy viendo, hay una muy grande.
Mulder no debería de estar aquí. Que yo
sepa esta en estado convaleciente a consecuencia de perseguir ayer un barco
fantasma. Si la única razón de que esté aquí es para agobiarme que sepa que lo
está consiguiendo.
-Mulder, que haces aquí?
Su respuesta es la ironía en persona,
como siempre.
-Trabajo aquí, recuerdas?
Sí, me repito mentalmente todos los días
cuando te veo para no tirarme a ti cuando me hablas con esa voz tan sensual que
Dios te ha dado. Pero ahora, en este momento, no quería que trabajaras a mi
lado porque mirándote recuerdo lo que te dije y me dan ganas de golpearme la
cabeza con la mesa de la frustración.
Resumiendo...
-No deberías estar aquí.
Me cruzo de brazos para reforzar mi
argumento, sea el que sea. Pero Mulder no parece aceptarlo.
-Dime una buena razon.
Me siento en mi escritorio. Lo único
bueno que me ha pasado al cambiarnos de departamento es que tengo mi propio
escritorio. Un pequeño espacio personal en este impersonal trabajo.
Veamos... razones...
Decirle que necesito pensar en lo de
anoche y su presencia no me ayuda nada no vale, verdad?
Al final creo que pasarme diez años
estudiando medicina van a servir para algo con Mulder.
-Todavía puedes estar convalenciente. En
el hospital estabas en estado de shock.
-Crees que estaba en estado de shock?
No quiero contestar a esa pregunta. Solo
la contestaré en presencia de mi abogado y alegaré locura mental transitoria.
No, Mulder, aunque me pongas esa cara, voy a pasar de ti. Por lo menos en este
momento. Cuando sepa realmente lo que pasó en tu desaparición, contestaré a esa
pregunta.
-Todavía no lo sé. Porque te han dejado
salir del hospital?
-Estaba en observación y el médico me ha
dado el alta a primera hora de la mañana. Hoy ha habido un accidente y supongo
que necesitarían camas.
El médico no le debería haber dado el
alta. O por lo menos Mulder no debería haber venido a trabajar. Sigo
insistiendo que está en estado convaleciente. Desde donde estoy le veo un leve
hinchazón en la parte derecha de la cara. También parece que tenga un hematoma
por esa parte. Seguramente será un golpe dado por alguna de las tablas, ayer no
lo tenía tanto.
-Mulder...
No sabía que había vuelto al trabajo.
Parece que él tampoco esta interesado en hablar sobre el tema en este momento.
Se aparta el auricular del teléfono de su boca para que la persona que está al
otro lado de la línea se entere lo menos posible lo que va a decirme.
-Quieres algo?
Sí, quiero muchas cosas, pero como no
eres un genio de los deseos que ha salido de una lámpara mágica no te los voy a
decir. Pero será mejor que te imite y empiece a trabajar no sea que el jefazo
pase por aquí y a la bronca de la escapada se le sume la de no hacer nada.
-Nada –cojo el teléfono- luego te lo
digo.
Apartamento de Scully
8:45 pm
Estoy en un mar de dudas.
El *luego* que le he dicho a Mulder
todavía no se ha cumplido.
Kerst nos llamó al poco tiempo de llegar
yo y hemos tenido una *amigable* charla con el jefe que ha durando casi toda la
mañana. Y la mayoría del tiempo ha hablado solo él. De qué? Buena pregunta,
porque no me he enterado de lo que decía el 90% del tiempo. Bastante cosas
tenía en mi cabeza para entrarme de la bronca que nos estaba echando a Mulder y
a mí.
Pero eso no ha sido lo peor. Claro que
no.
Si algo va mal todavía puede ir a
peor.
Murphy era un maldito sabio.
A la hora de comer ha venido Diana a vernos.
Bueno, rectifico, ha venido a ver a Mulder porque a mi ni siquiera me ha
saludado. Y si me hubiera saludado yo no le hubiera respondido.
Las moscas siempre van al dulce. Y
Mulder, cuando quiere, puede darte un empacho de dulzor. Pero hoy solo ha
empachado a Diana.
Ella le ha invitado a comer y Mulder al
principio no quería. Por mí, por supuesto. Pero yo con mi mejor sonrisa fingida
y mi mejor mirada asesina a Diana le he dicho que no me importaba que fuera a
comer con una amiga.
Todavía me dan arcadas de pensar que he
dicho en la misma frase la palabra amiga y Diana.
Ewww que asco.
No he visto a Mulder desde entonces
porque kerst me ha enviado a Quántico a hacer una autopsia. Hace cinco minutos
que he acabado de redactar el informe. Lo que sea para estar ocupada y no
pensar en...
Mierda, ya estoy otra vez.
Tengo que arreglar el lío que tengo en
la cabeza. Si no, me veo otra noche sin dormir.
Está decidido, tengo que ir a casa de
Mulder.
9:01 pm
No debería estar aquí.
En el trayecto de mi casa hasta salir
del ascensor estaba segura que iba a hacer lo correcto.
Pero ahora, delante de la puerta de su
apartamento, esa sensación de valentía ha desaparecido y por más que la busco
no la encuentro por ninguna parte.
Toco o no toco la puerta?
Me adentro en lo desconocido o doy un
rodeo para pasar de las tinieblas?
Siento que mi relación con Mulder ha
habido un antes y un después, al él decirme Te quiero. No por parte de él,
aunque de su boca han salido las palabras, porque el poco tiempo hemos estado
juntos desde anoche me ha tratado como todos los días. Menos con lo de Diana,
pero ese es un tema aparte del que prefiero no hablarlo con él no sea que me
arrepienta de algo que diga.
No he tenido el placer de oír muchas
veces al Fumador, pero juraría que el que llamó ayer a Diana cuando yo cogí el
teléfono y me hice pasar por ella fue él.
El sonido de las puertas del ascensor
abriéndose me distrae de mis pensamientos. Es la vecina de Mulder, la señora
Willand, una simpática mujer de unos setenta años que vive en el apartamento
del lado
Su aparición me hace plantearme una vez
más lo que voy a hacer. Toco la puerta para que Mulder me abra y enfrentarme
con lo que venga o me voy y lo dejo pasar como tantas otras veces?
Tengo que decidirlo ahora. De lo
contrario creo que puede acampar en el pasillo para reflexionar toda la noche y
entro en la casa de Mulder.
-Hola Dana –dice cuando se da cuenta de
mi presencia.
-Hola Greta.
Con mis vecinos no tengo tanta confianza
como con ella. Supongo que será porque me pierdo casi todas las juntas al estar
al otro lado del país persiguiendo hombrecillos grises. Aunque tal vez sea
porque es muy extrovertida y te cuenta de todo. Creo que la conocí en una de
las primeras veces que vine a ver a Mulder. Ella subía sola con las bolsas
de la compra y me ofrecí a ayudarla. En
los cinco minutos que duró nuestro encuentro supe que tenía dos hijos, un nieto
y que el perro de su nieto se llamaba Snoopy. Si no hubiera tenido prisa seguro
que me habría enseñado las fotos de su cartera mientras tomábamos el café que
me ofreció al llegar a su casa. Yo no lo acepté pero no dejó de pedírmelo hasta
que una tarde la pasé en su casa mientras que en la del lado Mulder redactaba
un informe solo.
-Vas a ver a Fox?
-Sí.
Me ha salido sin pensar. Pero decírselo
a una persona en voz alta es la forma de que mi subconsciente le diga a mi
cerebro que realmente eso es lo que quiero. No quiero dejar pasar esta
declaración fallida por mi culpa.
Sigo sin tocar la puerta lo que hace que
Greta frunza el ceño al verme esperar tanto tiempo en la puerta.
-No está Fox?
Sí, Greta es otra persona que llama Fox
a Mulder. A veces pienso que yo solo soy la única persona que se dirige a él
por su apellido. Bueno, aunque recuerdo que Phoebe también le llamó Mulder
cuando yo estaba presente. Pero otras mujeres le llaman Fox. Y él no les dice
algo tipo incluso obligué a mis padres a llamarme Mulder. Lo de sus padres
también es mentira porque su madre también le llama Fox. Mi madre también se
refiere a él como Fox, aunque yo le digo que prefiere que le llamen Mulder.
-Estará en la ducha y no me oirá –digo
con una sonrisa nerviosa, tanto por mentir como por imaginar a Mulder
duchándose.
-Has cenado?
Niego con la cabeza. La verdad es que he
intentado cenar pero no me ha pasado nada por la garganta. Y ahora creo que ni
la saliva me pasa. Imaginar a Mulder duchándose ha sido una mala idea en el
estado que me encuentro.
-Si quieres te preparo algo. Yo me voy a
hacer una ensalada y fruta y me voy a la cama.
-No, no hace falta. Ya cenaré algo en ir
a casa.
-Come algo –dice abriendo la puerta de
su casa- te estás quedando en los huesos con la moda de los jóvenes de no
comer.
Le hago una sonrisa forzada como
despedida. Aunque me lleve muy bien con ella no quiere decir que se tenga que
meter en lo que hago o dejo de hacer. No siquiera mi madre lo hace ya. Después
de un par de discusiones sobre ese tema ha comprendido que mi vida es mía.
La señora Willand ya ha entrado en su
casa. Ahora me toca a mí entrar en la de Mulder.
Cojo aire y lo suelto lentamente para
calmar los nervios que se agolpan en la boca del estómago.
Muy bien. A la de una, a la de dos, a la
de...
La puerta se está abriendo.
Repito: La puerta se está abriendo!!!
Tendrá Mulder poderes telepáticos y sabe
que estaba a punto de tocar a la puerta?
Tengo tiempo de correr hasta el ascensor
y dar la impresión de que acabo de llegar y que no estoy más de diez minutos
esperando?
Algo me dice que no.
Y ese algo es una lagarta que está
frente a mi. Yo sigo petrificada aún con el puño cerrado como si fuera a tocar
la puerta. Quedaría mal si en vez de tocar la puerta la golpeara a ella?
-Hola agente Fowley –digo cuando puedo
articular una frase conexa en vez de gruñidos- Es una sorpresa encontrármela
todavía por aquí.
-Buenas noches Fox –dice mientras me
pega un pequeño empujón para apartarme sin hacer ningún caso a mi saludo.
Zorra.
-Adiós Diana –contesta Mulder sin
hacerme ningún caso.
No sé si echarme a llorar o pegarle dos
bofetadas a Mulder para que deje de mirar como Diana va hacia el ascensor.
Ropa sin arrugas, pelo peinado, no hay
restos de carmín en la boca de Mulder... es un consuelo que no se estuvieran
haciendo el boca a boca antes de venir yo.
Sólo con imaginármelo me dan
escalofríos.
Sé que Mulder es un poco pervertido,
pero no a tal extremo de que le guste la zoofilia.
No me estoy pasando con Diana verdad?
-Vas a dejarme pasar o tengo que traer
una orden judicial?
-Qué?
Hola Mulder, soy Dana Scully tu
compañera que te ha salvado el culo desde hace mas de cinco años, te acuerdas
de mí?
-Te decía que no sé si a tus vecinos van
a dejarme encender una hoguera en el pasillo, ya que una acampada no sería lo
mismo sin fuego.
-Que? –repite sin enterarse de lo que yo
digo.
-Me dejas pasar o tengo que acampar
aquí?
-No... eh... pasa, pasa.
Por fin se hace un lado y yo puedo
entrar en su casa. Paso al salón y veo que encima de la mesa que hay enfrente
del sofá hay dos vasos.
Quenoseatéhelado, que-no-sea-té-helado.
-que hacía Diana aquí?
Maldito subconsciente. Espero que el
pensamiento de Mulder siga muy lejos de aquí y que no haya oído mi
desafortunado comentario.
-Diana?
Mierda, si que lo ha oído.
-Aja –consigo murmurar antes de intentar
abrir un agujero para meter la cabeza y no sacarla hasta dentro de cien años
por lo menos.
-Hemos comido juntos –dice como
explicación.
Eso, específicamente eso, ya lo sé
porque he sido testigo de cómo os ibais. Lo que no sé es porque la comida ha
durado siete horas. Como médico he visto casos de gente a la que le costaba
masticar y tardaba más de una hora en comer, pero no siete.
-Ah...
Está claro que lo mío son los
monosílabos sin sentido. Para intentar difuminar un poco la tensión que hay en
esta habitación me siento en el sofá. Si antes me costaba respirar ahora
hacerlo me supone un esfuerzo sobrehumano
-Luego al no verte en el FBI nos hemos
venido aquí a charlar un rato.
Y Mulder no está ayudando en absoluto.
-Kerst me ha mandado a Quántico.
-Un castigo? –pregunta mientras se
sienta en el sofá.
Creéis que si me desmayo aquí me hará el boca
a boca?
Me pienso esa opción un momento, pero
luego me encojo de hombros para contestar a la pregunta que me ha hecho.
-No lo había visto de esa manera. Pero tiene
sentido.
Como siempre las consecuencias de los
actos de Mulder los tengo que pagar yo.
-No creías que era un castigo? Tanto te
gusta cortar y picar?
-Claro que no – digo sonriendo un poco-
Ser forense es un trabajo estresante.
Sobre todo cuando tienes la cabeza en
otro sitio y tardas diez minutos en encontrar el páncreas. Pero eso no tiene
porque saberlo. Por lo menos de momento.
-No es que no me alegre de que estés aquí
pero... a que has venido?
Si fuera más atrevida le diría la
verdad, que he venido a aclarar las cosas, pero ahora le digo una verdad a
medias.
-A saber como estás. Y a que me cuentes
que hacías flotando a la deriva hace un día.
Mulder suspira profundamente y se queda
mirándome.
-Tengo que volver a contar toda la
historia?
-Tu siempre me lo cuentas todo. Si esto
no me lo quieres contar es que no ha pasado nada de lo que dices y simplemente
te cogiste un día libre para pescar.
Me pregunto a quién se lo habrá contado.
O porque tiene miedo de contármelo a mí.
-Quieres un café o algo?
-No gracias. Solo quiero saber lo que
pasó.
Si me tomo otra taza de café creo que no
voy a poder dormir en un mes. Hoy llevo dos o tres tazas y eso sobrepasa mi
media de cafeína diaria. También me pone más nerviosa y no quiero estarlo más
de lo que estoy. Sobre todo viendo como Mulder parece no querer contarme lo que
le pasó ayer.
Se sienta a mi lado y las palabras van
saliendo de su boca poco a poco.
Ayer por la mañana los Pistoleros le
llamaron diciendo que un barco, un trasatlántico, había aparecido por el
Triangulo de las Bermudas. Mulder enseguida ha ido donde ellos a completar su
información y se ha puesto en camino.
-Porqué no me has avisado? –le
interrumpo en ese punto.
-Si te llamaba me ibas a convencer de
que no fuera. Y además no había tiempo que perder, no sabía cuanto iba a estar.
Quiera o no quiera, Mulder me conoce
demasiado.
Me continúa relatando su historia.
-Cuando llegué al punto exacto no veía
nada porque toda esa parte estaba sumida en una espesa niebla. Agudicé todos
mis sentidos para no chocar con alguna barrera de coral, pero con lo que choqué
fue con otra cosa.
-El Queen Anne? –pregunto incrédula.
-Exacto –dice sonriendo.
Con una sonrisa en la boca Mulder me
relata su andadura por el barco. Y como encuentra una doble mía bailando con el
científico más importante de esos tiempos. Como siempre estoy de su lado y le
ayudo a escapar de los nazis. Skinner o su doble, mejor dicho, también les ha
ayudado un poco. Mulder se para cuando él intenta convencer a mi doble para que
dé media vuelta.
-Y bien, la convenciste o no?
-Sí –dice susurrando- pero pasó algo
más.
Noto como mi ceja se levanta
inconscientemente.
Además de todo lo que me ha contado ha
pasado algo más?
-Mas cosas?
Se queda un momento callado. Tan fuerte
es lo que ha pasado en la cubierta del barco que no me lo quiere contar?
-La he besado.
Pues tampoco es tan grave. Solo un mero
beso de agradecimiento en la mejilla.
-En la boca –dice al cabo de un segundo.
O no.
-Que me has... emm... que la has besado?
Quiero oírle repetir que ha besado a mi
vida pasada, o a mi doble o lo que fuera, en la boca. Como habrá sido el beso?
Roce de labios, morreo, la lengua hasta la campanilla? Hay muchas formas de
besar. Se lo quiero preguntar pero no me atrevo. Como tampoco me atrevo a
preguntarle si al hacerlo estaba pensando en mí. He tenido demasiadas emociones
fuertes hoy.
Lo curioso es que estoy pensando que ha
besado a-quien-sea pero que no me creo que Mulder haya visto el Queen Anne y
mucho menos que haya encontrado a una persona idéntica a mí. Entonces porque
estoy pensando seriamente en ese beso?
Tan desesperada estoy para que se de
cuenta que yo quiero ser más que su amiga que me alegra que bese a una doble
mía?
Definitivamente mi vida es así de
triste.
-Sí –responde Mulder a una pregunta que
yo había olvidado que había formulado.
-Y... porqué?
Al final he decidido que un poco más de
emoción a la noche tampoco le viene mal. Como también he decidido que si Mulder
dice algo como porque ella no es tan reprimida como tú lo mato aquí mismo. O
quizá le convenza de lo contrario con la petit morte.
-No lo sé. Ha sido un cúmulo de
sentimientos... por una parte estaba feliz porque tu vida pasada...
-No sabes si era mi vida pasada, además
yo no creo en esas cosas.
Yo creo que tendría que cambiar mi
segundo nombre por escéptica. Dana Escéptica Scully. Queda bien, no?
Mulder sin embargo sonríe. Creo que ya
se esperaba mi interrupción.
-Esta bien. Tu doble. Me sentía feliz porque tu doble me
estaba ayudando sin conocerme ni nada. Y por otra parte estaba preocupado por
si mi salgo en el tiempo había ocasionado el no conocernos en este tiempo. Por
eso te besé.
-Me besaste –digo irónica.
Afortunadamente estoy sentada porque
sino en este momento me habría caído al suelo ya que mis piernas se acaban de
convertir en gelatina líquida.
Ha dicho que me beso. No a mi doble,
sino a mí.
-Sí. Porque al besarla estaba pensando
en ti.
Respirar. Necesito respirar.
Que alguien me enseñe porque he perdido
la facultad hace un segundo. Justo cuando ha dicho que estaba pensando en mí.
-Y bien? No dices nada?
No. Primero tengo que componer una frase
pero eso ahora es imposible porque mis neuronas han hecho escapada general
cuando has dicho eso. Lo de que estabas pensando en mí.
Joder, por más que me lo repito no llego
a creérmelo.
Mulder besando a otra y pensando en mí.
Ahora me siento mejor al haber besado a
Skinner porque yo también estaba pensando en Mulder. No en cosas románticas,
pero sí en encontrarle con vida.
-Yo he besado a Skinner.
Soy yo la que he dicho eso? Lo he dicho
en voz alta y lo ha escuchado Mulder?
Por la cara que pone parece que sí.
Mierda.
Todavía nadie ha inventado la máquina
del tiempo, verdad? Porque yo necesito una urgentemente para retroceder este
último minuto. Pediría que nos abdujeran pero eso serían nueve minutos y en
estos últimos hemos dicho cosas bastante interesantes. Lo que no quiero es que
Mulder recuerde que yo he besado a Skinner. Y si es posible que yo lo olvide
también.
Parece que Mulder ha decidido quedarse
en estado catatónico por lo que le acabo de decir. Lo que me ha dicho no ha
sido muy traumático pero creo que lo que le he dicho yo, sí. Decido arreglarlo
un poco para que las sesiones del psicólogo sean menos.
-Yo también estaba pensando en ti.
-Que alivio –su voz suena irónica pero
sé que tiene toda la razón para no creerme.
Ya le explicaré como ha sido luego.
Ahora quiero oír el final de su historia.
-Y ella que ha hecho?
-Quién?
Pongo los ojos en blanco. Tanto le ha
traumatizado lo de Skinner para no acordarse de lo que estamos hablando? No
quiero ni pensar como estaría si fuera Frohike el afortunado. Cosa que no ha
sido.
-Mi doble.
-Ah... –dice sonriendo- Me pegó un
derechazo.
Se señala el morado de la cara que
parece que va desapareciendo poco a poco. Así que no fue una tabla lo que le
pegó en la mejilla si no una cosa más contundente.
-Yo no te hubiera hecho eso.
Vale. El espíritu que se haya apoderado
de mi cuerpo en estos momentos que salga ahora mismo! Si tengo que suicidarme
para no decir más cosas que me pongan en
evidencia, lo haré. Palabra de una mujer que disparó en el hombro de su
compañero hace tiempo para salvar a su peor enemigo, así que no estoy
bromeando.
-Y tu que me hubieras hecho?
Me siento como si estuviera encima de un
bloque de hielo a punto de romperse y si no me muevo con la suficiente rapidez
podría caerme al agua helada. No sé que significa esa sensación. Debe de ser
uno de los efectos de estar a punto de morir de hipotermia en
-Te hubiera pegado un izquierdazo –digo
sin pensar.
La risa de Mulder resuena por toda la
habitación y yo no tengo más remedio que sonreír. Parece ser que he dicho algo
gracioso sin darme cuenta.
-Sí, eso es lo que pensé –suspira al
acabar de reírse.
Tengo una pregunta en la punta de la
lengua que llevo todo el día pensando en ella y este me parece el momento
idóneo para hacerla, pero sé que no puede ser. Mulder y yo nos hemos impuesto
varias reglas con el paso de los años. Nunca hemos hablado sobre ellas pero
sabemos que forman parte de nuestra relación. Trabajo. Amistad. Todo gira alrededor
de esas reglas. Primero la historia de uno. Después la del otro. Luego los
ruegos y preguntas. Nunca hemos llegado a la tercera parte y si lo hemos hecho
nunca hemos hecho preguntas que van más allá de lo profesional.
Mulder me ha contado su andadura por el
Queen Anne. Ahora me toca a mí decirle lo que pasó ayer. A esta regla la llamo
Quid Pro Quo. Dar para recibir. Mulder también me la recuerda.
-Kerst esta mañana te ha dado una buena
bronca por lo de ayer, eh?
Como siempre, y para no variar hoy no
podía ser una excepción, en el momento más interesante de nuestra conversación
tenemos que cambiar de tema. Pero esta vez, más tarde o más pronto, no voy a
dar el típico rodeo en El Tema y voy a hablarlo claramente con Mulder. De aquí
no me voy sin hacerlo. Más que nada para volver a dormir esta noche y no llegar
al insomnio crónico de mi compañero.
Pero por ahora tengo que dar, ya que he
recibido.
-Si hubieras visto la carrera que me di
por el FBI no estarías tan sorpendido.
Se lo empiezo a contar muy por encima.
Quiero llegar a El Tema lo más pronto posible.
-Al ver que tu barco desapareció en
medio del mar, los pistoleros acudieron a mí y me pidieron una serie de
coordenadas. Acudí primero a Skinner quien me dijo que no. Luego fui al
despacho de Kerst a pedirle ayuda, pero estaba reunido con El Fumador.
Veo como la cara de Mulder se tensa por
un momento. Sé lo que piensa. Ese hombre siempre nos lleva unos cuantos metros
de ventaja.
-Kerst me quitó la hoja. Al agotar mis
posibilidades decidí hacer algo impensable.
-Besar a Skinner –me interrumpe Mulder.
-No –digo moviendo la cabeza- Algo peor.
Por la cara que está poniendo seguro que
estará pensando que me he acostado con El Fumador.
-Bajé a nuestra antigua oficina y le
dije a Spender que me ayudase... bueno más bien le amenacé.
-Amenazaste? Joder, Scully, no sacarías
tu pistola y le amenazarías con matarle si no te hacía caso.
Veo que pone cara de pánico pero sus
ojos dicen algo parecido a esta es mi
chica.
-Si sacas la parte de la pistola, has
acertado. Spender accedió pero lo que hizo fue decírselo a Kerst y a El
Fumador.
-Y entonces... como conseguiste la
coordenadas?
Una sonrisa emerge de mis labios viendo
lo impaciente que está Mulder por saber la respuesta. Me siento como una niña
pequeña que hace burla a sus compañeros de clase diciendo sé algo que tu no
sabes.
Mulder me lo ha hecho bastantes veces y
si no fuera porque sabe que llevo pistola y sé usarla, me lo haría a todas
horas.
Donde las dan la toman, se siente
Mulder.
-La verdad es que no sé si decírtelo
–digo con falsa timidez- Podría dañar la imagen que tienes de mí.
Si tuviera una cámara de foto a mano no
dudaría en hacerle una. La cara que está poniendo es impagable y estoy haciendo
lo imposible por aguantarme las ganas de reírme.
Creo que tengo que decirle quien me dio
la información antes de que esta cara inexpresiva, que según Mulder es su cara
de pánico se quede indefinida en su cara.
-Skinner me la dió.
-Skinner? No me has dicho que te había
dicho que no?
-Sí, pero se vé que nos aprecia más de
lo que nosotros creemos. Me ha dado un papel en el ascensor y yo... bueno... de
la alegría...
La incoherencia de mis frases en este
momento hace que Mulder se de cuenta de que Skinner y yo...
-Le has besado.
Asiento con la cabeza casi sin mirarle.
Creo que decirle que solo ha sido un roce de labios de unos cuantos segundos no
disminuirá la vergüenza que estoy pasando en estos momentos.
-Yo beso a tu doble –dice Mulder al cabo
de unos segundos- y tu a Skinner, quien no es mi doble precisamente.
Con
el tiempo podrás llegar a serlo, porque he visto unas entradas poco
tranquilizadoras en tu cabeza.
Me muerdo la lengua para no decírselo.
Pero creo que si le digo eso no se quedará satisfecho. Así que recurro a su
frase. Que por cierto, también era mi caso.
-Le besé pensando en tí.
Es raro estar dando explicaciones a una
persona por un beso cuando no tienes ninguna relación afectiva mutua. Hay
amistad, eso lo sé, pero eso no implica que la otra persona se tenga que meter
en todo lo que haces y dejas de hacer. Mis sentimientos por él están demasiado
claros desde hace bastante tiempo y él los pudo decir ayer si no hubiera
pensado que estaba drogado.
Pero Mulder ayer no estaba drogado.
Había morfina y calmantes corriendo por su organismo, eso no lo voy a negar,
pero el Mulder del hospital era el mismo que está sentado a mi lado en su sofá
sonriendo irónicamente en estos momentos.
-Ya, claro...
No podía ser de otra forma. Aunque
Mulder se crea todo lo que oye esto no se lo ha creído. Tal vez sea porque al
decirlo estaba mirando su manchada moqueta en vez de decírselo mirándolo a los
ojos. Así que respiro hondo y creo que ya es hora de hablar de El Tema. Si
tengo que ser yo la que empiece, lo haré.
-Aunque no te lo creas es verdad –le
miro a los ojos- Ya creía que nadie me iba a ayudar y Skinner ha salido de la
nada con la solución al problema. Supongo que de la emoción lo he besado, esos
segundos siguen confusos en mi cabeza porque solo pensaba en encontrarte.
-Scully, te estas insinuando?
Sé que lo dice como broma, para
distender el ambiente en el que estamos metidos. Su tono irónico es demasiado
sexy para mis oídos y siento un agujero en le estomago cada vez que lo oigo. Me
mojo el labio inferior distraídamente mientras le sigo mirando a los ojos. Creo
que es hora de entrar de lleno en El Tema.
-Quieres que así sea, Mulder?
El coqueteo es un arte y nosotros lo
estamos llevando al máximo nivel en estos momentos. Espero que Mulder tenga
seguro anti-incendios porque veo que entre nosotros están surgiendo chispas.
Las ves tu también, Mulder? Notas que
quiero quemarme contigo hasta los huesos si hiciera falta?
Sonreímos tontamente por mi respuesta,
pero Mulder de repente se pone serio y se acerca a mí hasta que estamos separados
a unos pocos centímetros. Mi mirada le rehuye unos poco segundos. El maldito
miedo hace acto de presencia. Pero Mulder lo disipa cuando me coge la cara con
las manos y me obliga a mirarle.
-Crees que estaba drogado?
Sé a que momento se refiere. Al momento
en el que no dejo de pensar en todo el día.
-No. Tal vez era yo la drogada para
contestarte semejante tontería en vez de decirte la verdad.
Le aguanto la mirada. Mulder, por favor,
necesito saber si las caricias que me estas haciendo con las yemas de tus dedos
en mi mejilla no son producto de mi imaginación o porque tienes parkinson, sino
porque realmente estas digiriendo mi declaración. Porque eso era una
declaración.
-Scully...
Hace una pausa infinitamente larga para
que yo le tenga que instar a continuar.
-Sí?
-Te quiero.
Las mismas palabras, el mismo dialogo de
ayer. Creo que es hora de que empiece a escribir yo misma el guión de mi vida.
-Yo también.
Así debería haber contestado ayer, pero
no sabía si el actor principal quería actuar en mi obra.
Mulder me atrae hacia él y juntamos los
labios como los protagonistas al final de una película romántica.
Sin embargo para nosotros aún no han
salido los créditos del principio.
FIN