Estaban Luis Y Gastón sentados debajo del alero de la vieja casa de campo
de Tía Huera, con sendos habanos Cubanos,
Cada uno leyendo, Luis una novela policíaca ,Gastón el diario de Palo Verde,
”la sección policíaca”
sobre el borde de la verja, las margaritas con sus botones dorados
y pétalos desflecados blancos se miraban en el cielo,
en el horizonte ya se divisaban los primeros nubarrones
oscuros y amenazantes de la tormenta en cierne
La atmósfera pesada y calurosa , los relámpagos anunciaban
en grotescas figuras la lluvia ,con sus primeras gotas tímidas
y frescas en aquel atardecer de verano, el sendero de la vieja
casona daba a la puerta central, donde dos ventanas generosas
ostentan blancas cortinas enmarcadas en aterciopelada franja
bordo con doradas borlas, la puerta doble de roble lustroso
y un llamador de bronce con la forma de la cabeza de un león,
sobre el frente de la casa y cubriendo las ventanas y puerta una
galería de piedra grisácea y columnas redondeadas con
aberturas al jardín, una enredadera de rosas amarillas majestuosas
en sus aterciopelados pétalos se mostraban hacia las ventanas.
Detrás de los visillos níveos unos ojos azules intensos y vivaces
observaban el sendero que daba a la verja y el pórtico de entrada
donde la puerta se encontraba cerrado a la vereda de la calle,
un joven se encontraba parado girando la cabeza, su rubia melena
caía en cascada tapando su frente y ojos,
su brazo extendido buscaba el pasador, tratando de abrir,
¡lo cubría un traje beige!…
Huera-, la tía, trataba por todos los medios de adivinar
quién era el joven de traje beige,
su nariz aplastada sobre el cristal de la ventana,
su aliento empañaba los mismos.
En los sillones de mimbre debajo del alero Luis y Gastón
fumaban y leían, indiferentes a todo lo que sucedía
en la galería del frente de la casona.
El viento susurraba y traía aire fresco apagando
el calcinante calor de la jornada,
repatingados iban desmadejando las hojas de los libros ávidos
sus ojos en lo que leían, de pronto Luis dejó el habano en el cenicero,
cerró el libro luego de prolijamente dejar un marcador
lo puso con mucho cuidado sobre la mesita que se encontraba
entre los dos sillones se inclino y vio que Gastón continuaba leyendo , --
----no dijo nada ,suavemente se incorporó se paro y con paso firme
pero suave se dirigió al frente de la casona,
mirando sobre sus lentes observó el jardín
y vió al joven del traje beige,
parado casi frente a el,
Luis se sobresalto, el fresco era mas intenso,
el olor a tierra mojada inundaba la cercanía,
ya el cielo casi todo cubierto por unas tupidas
nubes grises titilantes
los relámpagos dibujaban figuras surrealistas irreales,
el joven del traje beige y miró hacia las nubes unas frías
gotas transparentes les cubrieron el rostro,
ya la lluvia se derramo sobre la tierra sedienta.
El joven de traje beige subió a la carrera los escalones
se refugió debajo de la galería chocando casi con Luis
que lo miraba asombrado
y con estupor vió como un fogonazo salía de su mano
derecha extendida hacia su lado, solo sintió un
escozor se llevó las dos manos al pecho ,
sus ojos asombrados vieron como se teñía
de rojo su camisa blanca,
cayéndose lentamente sobre su cuerpo y rebotando
en el suelo de madera de la galería, el joven de beige
corrió a la puerta de roble, de un manotazo tomó
el picaporte lo giró abrió
y se introdujo en la estancia en penumbra.
De espaldas al ventanal de la izquierda Tía Huera
sofocaba un grito de espanto con sus manos ,
sus mejillas eran surcadas por lágrimas irreprimibles,
el dolor en su pecho y rostro , el miedo en sus ojos,
no entendía que sucedía, el joven de beige se abalanzo
hacia la escalera de madera subiendo
de a dos los peldaños alfombrados,
con sus dos brazos en alto sosteniendo
la pistola al mejor estilo policial,
ya tía Huera a los gritos y sollozos atraía a los demás
componentes de la casona,
Gastón luego del primer grito, de tía Huera,
pegó un respingo en su sillón y de un salto cubrió la distancia
desde la parte trasera hasta la galería dónde con insólitos ojos
vio como Luis se desplomaba sin emitir sonido alguno,
solo el efectuado por el cuerpo inerte
ya alcanzando y ver un bulto beige
se introducía a la casa todo en fracciones de
segundos como una película ,
sin tiempo a razonar de que sucedía ...
Desesperado no saliendo de su asombro Gastón se abalanzó
hacia su hermano ,
comenzó a zamarrearlo y a los gritos pidia un médico,
el llanto cubría sus sentidos no
entendía nada solo una mancha roja
que se desplazaba por el pecho de Luis, pegajosa ,
sus manos manchadas se fueron a su rostro
y pidiendo a gritos ¡socorro!-
¡Ya!... era tarde Luis moría.
El joven de beige recorría a grandes zancadas todas las estancias
de la parte de arriba de la casona entraba y salía ,
revolvía y tiraba los cajones de los mubles en movimientos frenéticos
girando a un lado y otro su melenuda cabeza rubia.
Entre todos los objetos guardó un diario en cuya tapa escrito,
en gruesas letras doradas decía:..
HOLY............