¿"GLOBALIZACION" O NUEVA FASE DE LA INTERNACIONALIZACION DEL CAPITAL?

 

Joao Machado

 

En el presente artículo, se combate la ideología de la globalización y su pretensión de fenómeno inexorable. Al mismo tiempo, se fundamenta que la actual fase de internacionalización del capital, es resultado de un desplazamiento de la correlación de fuerzas en detrimento de los trabajadores y se destacan las dañinas implicaciones políticas de la ideología globalizante para la estrategia de la izquierda revolucionaria.

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Aspectos centrales de la situación mundial, de importancia decisiva en la formulación de las políticas del Partido de los Trabajadores (PT), ha recibido en mi opinión un tratamiento en la mayoría de las veces inadecuado.

La intensa discusión de los últimos años, marca un innegable cambio en la situación del mundo y en la condiciones de hacer política para la izquierda desde el fin de los años ‘70. Ella tuvo su origen en dos procesos estrechamente relacionados: por un lado, el fin del período de expansión capitalista de pos-guerra y a los cambios introducidos por las políticas neoliberales; por el otro lado, el colapso de los regímenes burocráticos polarizados por la Unión Soviética.

Los fundamentos del cambio en la correlación de fuerzas

 

El primer proceso. el fin de los "años de oro", del capitalismo de pos II Guerra, es la inversión de la orientación económica burguesa predominante a nivel mundial, tanto en los países imperialistas como en los dependientes. En los "años de oro", las burguesías de los países centrales, colocadas en una posición defensiva delante de los resultados de la Gran Depresión y de la II Guerra Mundial, adoptaron una política económica que hacía concesiones importantes a los intereses de los trabajadores. Por ejemplo, el "pleno empleo", es decir, la reducción del desempleo a niveles más bajos, era un objetivo central.

De hecho, la definición de "pleno empleo" como responsabilidad básica de los gobiernos puede ser considerada la gran novedad política del keynesianismo, no hay duda de que fue muy favorable a los trabajadores. Al mismo tiempo, fueron ampliadas redes de seguridad social y otros derechos sociales -fue construido el llamado "Estado de bienestar social". Y además de eso, se permitió que el intenso progreso técnico resultase en un crecimiento regular del poder de compra de los salarios; es decir, una parte de las ganancias de la productividad fue continuamente pasada a los trabajadores. En los países capitalistas centrales, en general, la concentración de la renta fue reducida, inclusive con el refuerzo de la progresividad en los sistemas de tributarios.

En los países dependientes, es claro que las cosas fueron muy diferentes. Jamás fueron implantados "Estados de bienestar social". Sin embargo, en muchos países del Tercer Mundo fueron construidas redes de seguridad social y ampliados los derechos sociales. Además de eso, en varios fue posible realizar políticas "desarrollistas". En general, ellas no llevaron a un desarrollo nacional sustentado -y es discutible que en ese período histórico hubiere espacio para la creación de nuevos "capitalismos nacionales". Por otro lado, el desarrollo económico conseguido llevó muchas veces a la concentración de la renta. De cualquier manera, en muchos países del Tercer Mundo, entre ellos Brasil, hubo un desarrollo económico real y alguna mejora del nivel de vida de las clases trabajadoras.

A partir de fines de los años 70, y más intensamente en los años 80, la orientación predominante en la política económica de las burguesías cambió radicalmente por diversas razones. Con la nueva dirección del Banco Central de Estados Unidos (el Fed), y después del ascenso de los gobiernos de Margareth Thatcher en Gran Bretaña y de Ronald Reagan en Estados Unidos, llegó la hora del neoliberalismo. Se pasó a considerar como necesaria la existencia de una "tasa natural de desempleo", significativa; la desigualdad económica dejó de ser un defecto de las sociedades y, por el contrario, pasó a ser vista como un objetivo a ser alcanzado -con el pretexto de que así el espíritu empresarial sería favorecido. En esta línea, se hicieron las reformas de los sistemas tributarios para reducir el cobro de impuestos sobre los capitales o sobre los rendimientos elevados; la tributación quedó más regresiva. Y las virtudes de los "mercados" pasaron a ser proclamadas cada vez con mayor entusiasmo, dando inicio al movimiento de "desregulación" y de privatización; la intervención económica de los Estados pasó a ser encarada como un problema; y la solidaridad social como un desperdicio.

De hecho, la ideología subyacente al neoliberalismo es la de la selva: es decir, de que la sociedad progresará en la medida en que los más fuertes sean incentivados y los más débiles abandonados a su propia suerte. No puede causar sorpresa que, en ese clima ideológico extremamente regresivo, plantado por la "derecha respetable", crezca la derecha menos respetable, y junto con ella ideologías que se suponían superadas o por los menos contenidas, como el racismo.

En los países dependientes, el neoliberalismo tuvo consecuencias económicas, sociales y políticas mucho más graves. Han llevado a una gran fragmentación social. En muchos casos, procesos de desmonte de la protección social o de anulación de cualquier autonomía de los Estados nacionales están en curso. En general, se acentuó la subordinación al imperialismo.

El segundo punto de partida de la situación mundial actual es el proceso de crisis y posterior desaparición de la URSS y su bloque, que está llevando hasta los países en que los partidos que se reivindican del socialismo y del comunismo que continúan en el poder (de forma más sustantiva, en el caso de Cuba, o puramente formal, en los casos de China, Corea del Norte y Vietnam), ha introducir reformas que amplían el papel de los mecanismos de mercado. Además, el fracaso del llamado "socialismo real" de tipo soviético, se juntó con el fracaso de las experiencias de gobierno de los partidos socialdemócratas, y su conversión , con pocas excepciones, en adeptos más o menos explícitos de las políticas neoliberales. La crisis del antiguo bloque soviético y de la socialdemocracia aumentó la fuerza del neoliberalismo: al inicio de los años 90: este alcanzó su fuerza máxima.

Todo esto significa un cambio profundo en la correlación de fuerzas a nivel mundial, en favor de las burguesías y en perjuicio de las clases trabajadoras. Colocando a la izquierda en una situación de defensiva y en la obligación de reconstruir su proyecto y nuevas referencias socialistas -lo que es un proceso todavía demorado.

 

La "globalización" no es inexorable

 

Pero, ciertos elementos de análisis de la situación mundial son más o menos compartidos por todo el PT, no resulta de aquí que haya un acuerdo en cuanto al cuadro de conjunto. Y tal vez las divirgencias queden más claras cuando consideramos la cuestión que viene siendo vista por muchos como síntesis de la situación mundial actual: la "globalización" de la economía.

La percepción más común es que estaría bien una "globalización" inexorable, en gran parte resultado de los cambios tecnológicos; y que, aunque profundamente contradictorio, ese proceso es en última instancia positivo, ya que expresaría una dimensión de progreso. Lo que cabría a la izquierda brasileña es defender correcciones de rumbos y una inserción internacional más favorable para nuestro país.

¿Cuál es la realidad de la "globalización"? El proceso de internacionalización de la economía capitalista es tan viejo como el propio capitalismo; desde sus inicios la economía capitalista integró los diversos capitalismos nacionales en un mercado mundial. Pero aunque la tendencia histórica haya sido de una integración creciente, su intensidad varió mucho en las diversas épocas. Así, después de alcanzar un máximo en el final del siglo pasado y en el inicio de este, la internacionalización de la economía retrocedió mucho en el periodo entre las dos guerras mundiales; fue retomada en la pos-II Guerra a partir de un nivel más bajo.

No hay dudas de que a partir de los años 80 el proceso de internacionalización se aceleró. Pero es preciso evaluar esto de modo cuidadoso.

Hay básicamente dos aspectos en esa aceleración. Uno, el de la constitución de los grandes bloques regionales, supranacionales –principalmente la Unión Europea (cuya construcción comenzó en los años 50), el TLC (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), y el bloque en torno de la economía japonesa. La constitución de estos bloques es sin duda una novedad histórica, en la escala que se viene dando, y altera las condiciones de todos los países que participan en ellos.

El segundo aspecto, es el que ha sido llamado por Francois Chesnais de "mundialización de capital", que podemos sintetizar en el advenimiento, para los grandes grupos capitalistas, de la "libertad de implantarse donde quieran, cuando quieran, para producir lo que quieran, comprando y vendiendo donde quieran, sufriendo lo menos posible a restricciones en materia de derecho del trabajo y de convenciones sociales" (formulación de un empresario europeo citado por Francais Chesnais en "L’emergence d’un nouveau régime d’accumulation mondial à dominante financière", La Pensée N° 309, 1997). Esa libertad impresionante es mayor todavía para el capital financiero, que se puede desplazar con mucho más rapidez y facilidad. Y para completar la caracterización de la "mundialización del capital", es preciso agregar: se trata de la "libertad" de hacer todo esto disponiendo de todas las garantías posibles contra acciones eventuales de los gobiernos, los sindicatos, de los parlamentos, y de quien más pueda interferir.

Aunque apoyada en medios técnicos mucho más sofisticados, esa libertad de capital no es muy diferente de la que existía antes de la I Guerra Mundial. Y, además de eso, el movimiento internacional del capital, incluso del capital financiero, es mucho menos significativa de lo que generalmente se piensa, como es demostrado en un trabajo reciente de Paulo Nogueira Batista Jr. ("Mitos de la globalización", versión preliminar, mayo de 1997, IEA-USP).

Además de esto, tanto los flujos de inversión directa como de capital financiera son extremamente concentrados –ellos se dan sobre todo entre los principales países capitalistas centrales, y secundariamente en dirección a algunos países considerados "emergentes" (entre los cuales está Brasil). Pero, incluso en este caso, el capital recibido del exterior no representa un porcentaje alto de la formación bruta de capital fijo.

Aunque no tenga el alcance generalmente presumido, y no sea una novedad histórica, es un hecho que la integración de parte de la economía mundial avanza. Pero regiones enteras del mundo, y parcelas significativas hasta de los países ricos, quedan fuera de esto. Como comienza a ser ampliamente reconocido, aumenta la exclusión de regiones enteras del mundo y de sectores dentro de todos los países.

Esta es la primera razón por la cual el término "globalización". Mejor sería hablar de una integración creciente de partes de la economía mundial. Otra razón, es que las grandes empresas y los grandes grupos capitalistas, aunque vengan ampliando su actuación internacional, continúan, en la enorme mayoría de los casos, teniendo una base nacional –los términos "empresas multinacionales" o peor todavía, "transnacionales", son inadecuados. Así, si bien es cierto que el capitalismo se ha internacionalizado más, lo que está ocurriendo no es propiamente su "mundialización". Los capitales se continúan paralizando mucho más en el plano nacional que en el internacional, y cuando se internacionalizan lo hacen de forma bastante concentrada.

La extrema desigualdad y concentración en el proceso de internacionalización, resulta de la propia naturaleza de lo que viene siendo llamado globalización. Lo que está ocurriendo es una ampliación del papel de los mercados, a partir de la "desreglamentación", de las privatizaciones, de la apertura de las fronteras nacionales a los movimientos de mercaderías y de capitales. Pero mercado significa más competencia (entre los capitales, y entre los propios trabajadores). Y más competencia significa más aplastamiento de los más débiles por los más fuertes. El mercado desregulado no es el mercado bien comportado de la "mano invisible" de Adam Smith, que nunca existió, pero sí el mercado oligopolizado, salvaje, predatorio e imperial del capitalismo realmente existente.

Pero lo que tal vez deje más claro que no está ocurriendo una verdadera "globalización" es el hecho de que las clases trabajadoras quedan fuera de esto. En tanto se amplia al máximo la "libertad" para los capitales, aumentan las restricciones al movimiento internacional de personas, aunque su objetivo fuera de buscar trabajo en los países capitalistas centrales. Según los criterios vigentes, las personas que se desplazan de un país para otro se dividen en dos tipos. Si fueran ricos o turistas –muy bien recibidos. Si fueran pobres, son inmigrantes –palo para ellos. En este aspecto, la "globalización" del fin de siglo pasado era mucho más efectiva, pues la inmigración era básicamente libre. Hoy, los capitales pueden escoger entre más alternativas de valorización, pero los trabajadores tienen menos opciones de empleo. La clara conciencia de esta total asimetría entre los derechos del capital y los del trabajo nos permiten comprender mejor en que consiste el proceso generalmente llamado de "globalización". No se trata de un proceso de integración "global" de la economía mundial. Se trata de una ampliación de la alteración de la correlación de fuerzas a nivel mundial, en perjuicio de las clases trabajadoras y a favor de las burguesías. Esencialmente, como lo sintetizó admirablemente el patrón europeo citado más arriba, el capital ganó más prerrogativas, y consiguió que las restricciones políticas que sufría en la búsqueda de valorización, fuesen drásticamente reducidas.

Ese ángulo de interpretación permite aclarar un aspecto de la cuestión: ¿por qué estos cambios son tan importantes para los capitales, por qué son defendidos de forma tan cerrada, si los capitales continúan valorizándose básicamente en el plano nacional? La razón es que, por el simple hecho de tener los capitales más opciones aumenta su poder, incluso si la utilización de esas opciones es bastante selectiva. La propia amenaza de la "deslocalización" (transferencia de una planta productiva a otro país, fundamentalmente en busca de menores impuestos) funciona como una gran presión contra los trabajadores, los sindicatos, y lleva a la aceptación por ellos de peores condiciones de trabajo o remuneración. Otra razón es que las políticas económicas practicadas por otros países (como Brasil) se tornan fuertemente dependientes de los capitales financieros, y le dan a estos grandes ventajas.

La llamada "globalización" resulta mucho más de la ofensiva conservadora iniciada a fines de los años 70, de la desreglamentación, que de la evolución de la tecnología. La prueba de esto es que entre las dos guerras mundiales hubo un aumento de las facilidades técnicas para el movimiento internacional de mercaderías y de capitales, pero esto retrocedió. Lo que llevó a la aceleración de la internacionalización, fueron las opciones de política económica, esto es, las elecciones hechas por las fracciones dominantes de las burguesías. Es posible argumentar que las novedades técnicas en el campo de la tecnología de la información, por ejemplo, facilitan la "globalización". Pero esto es sólo parcialmente verdadero: esta tecnología facilita también el control sobre los capitales, y si fuesen otras las condiciones políticas se podría tener un impacto muy diferente.

De esta forma, la "globalización" no representa ningún avance; no es moderna. Como dice Paulo Nogueira Batista Jr. En el trabajo citado, el "neoliberalismo", que él prefiere llamar de "paleoliberalismo", es que una de las fuentes de la "globalización", es una revuelta contra el siglo XX. Y podemos precisar: una revuelta contra algunos de los mejores aspectos del siglo XX, hecha en nombre del pasado.

 

Consecuencias Políticas

 

De este análisis se desprenden algunas conclusiones políticas de la mayor importancia. La primera, es que el rechazar esta "globalización" y defender una política económica más nacional no es una manifestación de atraso, es un acto de defensa de los intereses de las clases trabajadoras y de las propias naciones. No tiene sentido –y dejarse capturar por una ideología que en todo y por todo favorece a las burguesías- quedarnos intimidados delante de la defensa por los liberales de las ventajas de la "apertura" y de la "globalización" o de temer que seamos llamados "nacionalistas". Los electores europeos que comienzan a manifestar, por intermedio del voto, la desconfianza en el proceso maastritchtiano de la constitución de la moneda única, está revelando una persecución correcta de cuales son sus intereses. Por otro lado, la política de formación de bloques puede tener un papel positivo, si respeta varias condiciones. Ampliar, y no reducir derechos laborales y sociales; ser conducida en función de los intereses del los pueblos, y no de los "mercados". En el caso de países dependientes como el Brasil y demás países del MERCOSUR (Mercado común del Sur), esto significa que este bloque puede tener un papel positivo si funciona como una defensa ante el mercado mundial, y no como camino para reducir la protección. Obviamente, sólo pueden interesar bloques que tengan países de nivel de desarrollo más o menos próximo. La ALCA (Alianza de Libre Comercio Americano), por ejemplo, debe ser entendida como cosa del diablo, como una propuesta de nuestros enemigos, y no como algo que la gente de bien pueda aceptar discutir.

La segunda conclusión es que, en esta "globalización" que esta en curso, no hay ni un mínimo aspecto positivo. Ella no abre ninguna oportunidad nueva para los trabajadores, inclusive del progreso técnico que facilita el intercambio internacional. Estar en contra de la llamada "globalización" no significa estar en contra de Internet, por ejemplo. La Internet –y toda la tecnología de información- son medios fantásticos de reducción del tiempo y del costo de transmisión de información, y luego una forma de aproximar a los individuos y a los pueblos. Pueden cumplir, inclusive, una función importante en la ampliación de la democracia a nivel internacional. En sí misma, no tiene ninguna ligazón con la mayor "libertad" de los capitales en elegir donde quieren buscar su valorización.

Rechazar esta seudo-globalización, por lo tanto, es perfectamente coherente con la defensa de otro proceso de integración mundial, a partir de los intereses y de las decisiones conscientes de los pueblos; este proceso, con todo, no está a la vista, depende de una alteración radical de la correlación de fuerzas de capital y trabajo a nivel mundial.

Rechazar esta "globalización" y defender los sistemas de protección nacional en el comercio, y principalmente en los movimientos de capital, no significa estar a favor de un aumento general de proteccionismo. Aquí, es sin duda necesario evaluar las medidas posibles con mucho cuidado. Alguna liberalización del comercio puede ser positiva.

La tercera conclusión fundamental que podemos sacar de este análisis es que, siendo resultado de las alteraciones en la correlación de fuerzas y de opciones políticas de las burguesías, y no de la marcha inexorable de la historia, la "globalización" actual puede ser perfectamente revertida como antes aconteció en el pasado.

Los Estados nacionales –que, en esta fase de la historia, continúan siendo instrumentos necesarios para la defensa de las naciones- no están condenados a desaparecer tragados por los mercados, ni aún cuando sus dirigentes así lo quieran.

El argumento de que la única cosa que se puede hacer es adaptarse, buscar una "integración competitiva" o "soberana" en el orden mundial, es falso, y apunta hacia una perspectiva ilusoria. En este orden mundial, no es posible una "integración soberana" de un país como el Brasil; y una "integración competitiva" en verdad, sería aceptar enteramente las reglas del juego y sus consecuencias negativas.

El necesario camino de la resistencia sólo puede apuntar, por lo tanto, hacia la construcción de un nuevo orden mundial, a partir de una alteración en la correlación de fuerzas. Un primer paso para esta alteración, modesto pero fundamental, es el rechazar los mitos ideológicos difundidos por el adversario.

¿Cuál sería el contenido de este otro orden mundial? ¿Podría todavía ser capitalista, como fue el orden keynesiano del la pos-II Guerra? Es difícil decir. En el momento, nada indica que un nuevo proyecto capitalista esté en gestación; los gobiernos no liberales que asumieron últimamente han aceptado el cuadro general del neoliberalismo. Y es bien posible que, aunque la reconstrucción de un proyecto socialista esté aún distante, sea más próxima, y sea más viable, de una fase neoliberal del capitalismo.

De cualquier manera, ese es nuestro objetivo –una salida socialista- y es en esta dirección que debemos trabajar.

 

Joao Machado, es miembro de la Dirección Nacional del Partido de los Trabajadores de Brasil, y de su Tendencia Democracia Socialista.

FIN

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