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NARRACIONES MINERAS IV

Esta mañana mientras cargaban un camión la cuadrilla del profe, el "rojo" que estaba esperando al capataz que controlaba la operación, entre talla y talla provocaba al profe que ajeno a la alusiones tiraba con evidente malestar las pesadas colpas.

Este trabajo animal y sin compensación debida terminará cuando mandémos nosotros los comunistas - decía sobrados el "rojo"- Ya no habrá más esclavos, ni miseria , ni hambre..

Si quiere demostrar su espíritu de comunidad porqué no viene a aligerarme del peso de este trabajo? - Uds. los comunistas de pose se parecen a las cotorras que desde la argolla donde se les tiene para que sirvan de adorno, no hacen sino gritar garabatos y repetir como un disco cantinelas cocinadas, sin saber realmente lo que están diciendo.

Rojo, que es poseedor de un rostro duro, feo y hasta repulsivo, hizo un gesto despreciativo y de sus ojos escapaban llamas beligerantes.

Comenzó la pelea - comentó por lo bajo el negro Gómez

Ud. lo que quiere es explotarnos como todos los de su clase. Pronto tendremos un nuevo orden en este país tan sufrido. Ya verán Uds. esclavos del capitalismo.

No se altere ud. hombre - respondía con una sonrisa complaciente el profe. No dije nada que pudiera herirlo, solo me gusta a veces jugar con las palabras, por lo demás está muy lejos la realización de su sueño dorado. Los comunistas nunca ostentarán el poder en nuestro país. Aquí habremos de todos, borrachos, ladrones, sinvergüenzas, etc. pero es difícil encontrar un número interesante de imbéciles capaces de transformar un mundo realmente tolerable por otro que ni sus propios propagadores pueden soportar.

El comunismo es una realidad, es una fuerza poderosa. Les resulta más comódo a Uds. a igual que el avestruz esconder la cabeza cuando les coge el miedo, creen que la ceguera les alejará de la realidad. No compañero.. la hora de la liberación de la clase proletaria está cerca. - Sus últimas palabras fueron pronunciadas con la fuerza de una extraña convicción como si realmente su anuncio se cumpliría infaliblemente.

Durante esta puja de ideas, los compañeros del profe, interesados en el tema de la conversación habían detenido sus labores. El chófer habíase obligado también a ser un testigo pero le urgía realizar pronto su viaje de regreso, así cuando estaban los contendores a punto de entrar en un ambiente de acalorado debate, consideró necesario intervenir.

Por favor profe - dijo suplicante - dejen para más rato sus discusiones, terminen de cargar que tengo mucho apuro. - Ya, - contestó el profe - sigamos compañeros, eso de discutir nos lleva a perder inutilmente el tiempo, ya que ni yo voy a cambiar mis ideas de libertad y democracia, ni el va a claudicar al odio de clase que le roe las entrañas y lo enceguece de pasión.

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