El elefante y la alondra eran amigos. La alondra le se�alaba al elefante los rincones m�s sombreados de la selva, y el elefante proteg�a con su presencia nocturna el nido de la alondra de serpientes voraces y ardillas rapaces.

Un dia el elefante le dijo a la alondra que le ten�a envidia por poder volar. Cuanto le gustar�a remontarse por los aires, ver la tierra desde las alturas, llegar a cualquier sitio en cualquier momento. Pero con su peso... era imposible.

La alondra le dijo que era muy f�cil. Se quit� con el pico una pluma de la cola y le dijo:
- Aprieta fuerte esta pluma en la boca, y agita r�pidamente las orejas arriba y abajo.

El elefante hizo lo que la alondra le hab�a dicho. Apret� con fuerza a pluma en la boca para que no se le fuese y comenz� a agitar sus grandes orejas arriba y abajo con toda su energ�a. Poco a poco noto que se levantaba, despegaba, se sosten�a en el aire y pod�a ir donde quisiese por los aires con toda facilidad.

Vi� la tierra desde las alturas, vi� los animales y los hombres, cruz� por lo alto el r�o profundo que hab�a marcado el l�mite de su territorio, explor� paisajes desconocidos, y volvi� al fin, feliz y contento a aterrizar al sitio donde habia dejado a la alondra.

- No sabes cu�nto te agradezco esta pluma milagrosa, le dijo. Y se la guard� cuidadosamente detr�s de la oreja para volver a usarla en cuanto quisiera volar otra vez.

La alondra le contest�:
- Oh, esa pluma. La verdad es que no vale nada. Se me iba a caer de todos modos, y era in�til. Pero ten�a que darte algo para que creyeras, y se me ocurri� eso. Lo que te hizo volar fue lo bien que agitaste las orejas y las ganas que pusiste en tu empe�o.




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