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ÍNDICE
EDUCACIÓN PARA LA DESBARBARIZACIÓN
NOTA INTRODUCTORIA.-
La presente traducción vierte al castellano el texto de la conversación mantenida por T.W. Adorno y H. Becker, en la radio de Hesse, el 14 de abril de 1968. Fue editada, junto con otros siete breves ensayos o entrevistas, por la Editorial Suhrkamp (libro de bolsillo), en 1971. El título del libro era el de "Educación para la mayoría de edad" y en él se recogían ensayos referidos a la educación, algunos de los cuales habían sido publicados previamente por Adorno en las obras tituladas "Intervenciones" y "Consignas".
(Traducido del alemán por M.Pilar Alcaide Guindo en 1995)
EDUCACIÓN
PARA LA DESBARBARIZACIÓN 1968 .
ADORNO: La tesis que con gusto quisiera discutir con usted, es que la desbarbarización es actualmente la cuestión más urgente en toda educación. El problema que aquí se plantea es si mediante la educación puede ser cambiado algo verdaderamente decisivo en la barbarie. Entiendo aquí por barbarie algo bastante simple que hace que, en el seno de la civilización técnica más desarrollada, las personas retrocedan a un curioso y deformado modelo de su propia civilización y no sólo que en su gran mayoría no hayan experimentado la formulación de lo que el concepto de civilización conlleva, sino que estén llenos de una primitiva voluntad de agresión, un primitivo odio o, como se dice en lenguaje culto, un impulso destructivo, que contribuye además a aumentar el peligro de que esta civilización, a la que se defendía, desaparezca por completo. Creo que evitar esto es en todo caso tan urgente, que quisiera volver a ordenar todas las demás ideas específicas sobre la educación.
BECKER: Si se formula la cuestión sobre la barbarie de forma tan general, entonces es naturalmente muy fácil ponerse de acuerdo acerca del asunto, porque, evidentemente, cualquiera a quien se le preguntara de improviso, estaría contra la barbarie. Me parece, sin embargo, necesario que intentemos establecer un poco más exactamente qué es la barbarie y de dónde proviene, si queremos poner a prueba cómo la educación puede influir en este fenómeno, incluso preventivamente con la intención de evitarlo. Y aquí debemos preguntarnos si una persona, que en todas sus relaciones se muestra compensada, moderada, ilustrada, libre de agresiones, fuera de la barbarie, pero desmotivada e incapacitada, representa en sí un producto deseable de la sociedad.
ADORNO: Quisiera argumentar algo tremendamente sencillo acerca de esto: que el intento de eliminar la barbarie es decisivo para la voluntad de supervivencia del hombre. La evidencia que usted ha apuntado no es tal si se examinan las opiniones dominantes, sobre todo en Alemania, referentes a la educación, opiniones en las que hay ideas que juegan un importante papel, como por ejemplo, que los compromisos humanos deben acomodarse al sistema dominante, o bien deben orientarse hacia valores dogmaticamente implantados y que sirven a un objetivo determinado. Tan lejos como alcanzo a ver la situación de la educación alemana, el problema de la desbarbarización no ha sido en absoluto expuesto hasta este extremo y con este rigor, con el que quisiera debatirlo aquí. Lo único que me mueve a mantener una discusión entre nosotros sería esta aparente evidencia.
BECKER: Quizá debiéramos salir un momento de Alemania y preguntarnos si este problema no se da en forma análoga en todo el mundo. Concretamente hay, en esta relación, una cierta forma de la pedagogía de los valores, típicamente alemana, idealistamente orientada, pero los peligros de la barbarie, aunque de diferentes formas, se han dado, por supuesto, en otros países. Si se quiere combatir este fenómeno mediante la educación, podría ser explicado por medio de sus factores psicológicos fundamentales ... ...
ADORNO: No sólo de sus factores psicológicos, sino también de sus factores objetivos que subyacen por sí mismos en el sistema social.
BECKER: Por lo demás yo entiendo la psicología también como un factor objetivo.
ADORNO: Sí, pero veo aquí como factores objetivos a las situaciones sociales que engendran algo como la barbarie, independientemente del espíritu individual de la persona humana. A mi, personalmente, me resulta más cercano desarrollar estos asuntos específicamente en la situación alemana. No porque piense que en otros sitios no sean graves, sino porque la más espantosa irrupción de la barbarie en la historia de la humanidad sucedió en Alemania y porque nosotros, gracias a nuestra propia experiencia vital, conocemos mejor, a fin de cuentas, las relaciones alemanas.
BECKER: Podemos tranquilamente, sabiendo que se trata de un fenómeno general, partir del ejemplo alemán. Y, como usted dice con razón, tiene para ello varios motivos. En la pregunta "¿qué puede hacer la educación?" se trasluce siempre el problema de hasta qué punto una voluntad consciente no lleva, ella misma, a cabo en la educación hechos que por su parte producen barbarie.
ADORNO: Pero también lo contrario. Si el problema de la barbarie es tratado en su urgencia y con todo el rigor, en la educación y también en instituciones como la suya que ocupan hoy en Alemania un puesto clave en la marcha de la educación, entonces, pienso yo, que simplemente el hecho de que la cuestión de la barbarie esté en el centro de la consciencia, puede aportar, por sí solo, un cambio. Soy el último en negar que en el concepto de educación, incluso en el concepto de educación cultivada, se encuentran elementos de barbarie como situaciones represivas. Yo creo -y esto es Freud- que estos momentos represivos de la cultura, en los que es sometida, producen barbarie y la reproducen.
BECKER: Naturalmente se podría decir también, que cuando se insiste en exceso en el acento de la desbarbarización, entonces se propicia, si ello es posible, una prevención de la transformación de la sociedad. Se propicia también un impedimento para el desarrollo hacia "nuevas fronteras", como se diría en América. Se sirve, por así decirlo, a una realización de la consigna "la calma es la primera obligación ciudadana"; y creo que sería bueno determinar la forma exacta de la desbarbarización, frente a algunas exigencias ingenuas de tolerancia y paz. Estoy convencido de que usted no quiere un desarrollo sin transformaciones. Pero haría falta determinar con exactitud, lo que la desbarbarización significa en este contexto.
ADORNO: En esto estoy totalmente de acuerdo con usted, pues en todo caso lo que entiendo como desbarbarización no debe buscarse en la línea de la moderación, de la eliminación de los afectos fuertes, ni siquiera en la línea de la eliminación de las agresiones. La frase de Strindberg "cómo podría amar el bien, si no odiase el mal", me parece que es de nuestra incumbencia, en este contexto. Por lo demás está en consonancia con el conocimiento psicológico, lo que Freud -cuyas meditaciones acerca de estos asuntos nos influyen a ambos- ha sostenido como teoría, según la cual, sería posible sublimar de tal manera los llamados instintos de agresión -sobre los que él, por otra parte, en el transcurso de su vida tan diversos pareceres ha tenido- que incluso nos llevarían hacia tendencias productivas. Creo entonces que un cierto momento de sublevación pertenece a la lucha contra la barbarie o a su supresión, momento en el que si se abandona el concepto formal de humanidad, se puede calificar como barbarie. Pero, como aquí todos estamos dentro del contexto culpabilizador del mismo sistema, ninguno de nosotros estará totalmente libre de los impulsos de la barbarie y debiéramos reconducir estos impulsos contra el principio de barbarie, en lugar de abandonarlos en su carrera hacia el desastre.
BECKER: Quizá pueda ahora formular una pregunta bastante precisa: Recientemente un político ha manifestado que los acontecimientos en las disputas callejeras ocurridas en Bremen por la subida de las tarifas de los transportes, constituyen una prueba para negar la formación política, pues la juventud ha tomado partido, de forma brutal, contra una medida pública sobre cuya corrección se pueden tener diversos pareceres pero a la que no se debiera responder con semejantes estropicios, podríamos decir que bárbaros.
ADORNO: Considero las declaraciones que usted cita como una forma odiosa de demagogia. Si el comportamiento de estos estudiantes de bachillerato en Bremen prueba algo, es que las clases de política no han sido tan poco exitosas como siempre se suele decir; o sea, que estas personas no se han dejado arrancar la espontaneidad y que no se han convertido en instrumentos complacientes de un orden determinado. La forma de barbarie que amenaza en la actualidad es aquella en la que en nombre del orden, en nombre de la autoridad, en nombre del poder establecido, se vuelven frecuentes algunos actos, cuya propia orientación hacia la deformación, manifiestan el impulso destructivo y la mala forma de ser de la mayoría de los hombres.
BECKER: Pero debemos intentar ponernos en la situación de los jóvenes. ¿De dónde extraen los criterios para decidir lo que es bárbaro?. En la discusión sobre la ausencia de violencia se distingue frecuentemente entre la violencia contra las personas y contra las cosas. Se ha diferenciado la violencia consumada de la que sólo es una amenaza, se ha hablado de la ausencia de violencia en actos que no están permitidos. Se ha producido una escalada de la falta de violencia real o supuesta y, en nuestro país, la cuestión de la barbarie se ha cuestionado por parte de muchos. Si le entiendo bien, usted parece plantear algo distinto en este asunto de la barbarie. La violencia puede ser un síntoma de barbarie, pero no tiene porqué serlo en todos los casos. Realmente usted piensa en algo distinto y creo que todavía no está del todo claro.
ADORNO: Sí, quizá sea bueno definir aquí lo que es barbarie, aunque me resista. Mi sospecha es que la barbarie está presente en todas partes donde tiene lugar la recaída en la violencia física primitiva, que no está en relación transparente con metas racionales de la sociedad, y donde se ha dado la identificación con la irrupción de la violencia física. Pero cuando la violencia implica claramente la consecución de condiciones de dignidad humanas desde situaciones de gran estrechez, entonces ya no es juzgada como barbarie.
BECKER: Usted quiere decir, si le he entendido bien, que la barbarie no es el fundamento de reflexiones dirigidas racionalmente, como por ejemplo las manifestaciones de jóvenes y adultos que lesionan las fronteras de la legalidad. En un caso semejante, barbarie sería, mucho más, la intervención de la policía, objetivamente innecesaria y excesivamente fuerte.
ADORNO: Esto es lo que pienso. Si se conocen un poco de cerca los factores que entran en juego en las actuales revueltas estudiantiles, entonces podemos encontrar que no se trata de irrupciones primitivas de violencia, sino, en general, de formas de conducta reflejadas políticamente. Si, concretamente, esta reflexión estudiantil es o no correcta, no tenemos porqué discutirlo ahora. Pero desde luego no se trata de una consciencia deformada y directamente agresiva. Lo que ocurre se entiende por sí mismo, al menos, como algo hecho en favor de la humanidad. Creo que cuando se ha estado presente, por ejemplo, en un campo de fútbol en el que un equipo extranjero, cuando gana, es injuriado y abucheado, o cuando se experimenta cómo algunos supuestamente buenos ciudadanos se abalanzan sobre los estudiantes y no sólo con las palabras, entonces se puede percibir de una forma muy drástica, a la luz de estos fenómenos actuales, la diferencia entre lo que es barbarie y lo que no lo es.
BECKER: Entonces quisiera decir que las reflexiones por sí solas no proporcionan ninguna garantía contra la existencia de la barbarie. Yo puedo estar dispuesto, por ejemplo, como Gobierno de Estado y sobre el fundamento de consideraciones muy racionales, a lanzar bombas atómicas en algún lugar del mundo y este acto puede ser bárbaro, a pesar de una gran experiencia altamente controlada, racionalizada y libre de emociones, gracias a la entrada en acción de las computadoras. Las reflexiones y la racionalidad no son garantía por sí solas contra la barbarie.
ADORNO: Eso tampoco lo he pensado yo. Si recuerdo bien -soy un cuidadoso padre de familia- también me he referido en nuestra discusión, a las reflexiones transparentes acerca de los proyectos humanos, no a la reflexión en abstracto. Pues la reflexión puede servir, en esto tiene razón usted, tanto al dominio ciego como a su opuesto. O sea que las reflexiones deben ser transparentes en cuanto a sus finalidades humanas. Esto es lo que quisiera convenir.
BECKER: Vamos hacia una cuestión muy difícil: ¿Cómo se forma a la juventud para que estas reflexiones la conduzcan a finalidades humanas, o bien, si esto, en general, es realizable por los jóvenes?. Diría que es muy posible, pero significa despedirse de una gran cantidad de ideas asumidas. Por ejemplo una idea que siempre ha formado parte de los fundamentos pedagógicos de Alemania: que la competencia entre los niños es algo extraordinariamente favorable. Se aprende Latín especialmente bien cuando se quiere ser mejor que el compañero que se sienta a la derecha o a la izquierda de uno. Y la competición entre individuos y entre grupos, favorecida conscientemente por muchos maestros y muchas formas de escuela, vale, en el mundo entero y en sistemas políticos de lo más variado, como un principio pedagógico especialmente sano. Quisiera formular la afirmación -me interesaría saber si usted la comparte- según la cual en todo caso la competición, si no se da sólo en forma débil y de rápida finalización, supone en sí un elemento de la educación hacia la barbarie.
ADORNO: Soy totalmente de la opinión de que la competitividad es un principio contrario a la educación humanista. Además creo que una lección que se desarrolla de forma humanista de ninguna manera discurre para fortalecer el instinto de competición. Con ello se puede en todo caso enseñar a deportistas, pero no a personas desbarbarizadas. Recordando mi propia época escolar, la competición no ha tenido ninguna importancia en las asignaturas llamadas humanísticas. Había que ejercitar lo que se había aprendido; quizás a través de la reflexión sobre la debilidad de lo que cada cual puede hacer por sí mismo; o sobre las reivindicaciones que se hace uno a sí mismo o sobre la objetivación de aquello acerca de lo cual se tiene una cierta idea; había que lograr, en el trabajo, salir de las ideas primitivas y del infantilismo de los más variados tipos. No puedo recordar que en mi propio desarrollo, prescindiendo de los juegos, que los hubo, el así llamado instinto agónico (instinto de agresividad) haya jugado un papel tan decisivo que se hay vuelto excesivo. Esto es en el mundo escolar uno de aquellos mitos, de los que está lleno nuestro sistema educacional, que se debiera tratar, de una vez, científicamente y muy en serio.
BECKER: Me alegro mucho de que haya ido usted a una escuela tan agradable y me alegro de que estemos tan conformes con la repulsa del pensamiento competitivo exagerado. Creo que el pensamiento competitivo, tanto en su época como en la actualidad y para la mayor parte de los maestros, se usa como un procedimiento central en la educación y como procedimiento para la elevación de la producción. Aquí estamos en uno de los puntos a través de los que se puede hacer algo decisivo en favor de la desbarbarización.
ADORNO: Efectivamente, puesto que la gente está acostumbrada a utilizar la vara. Y la utilización de la vara es, sin duda, una expresión de barbarie. En el sistema inglés de educación -en el que subyace la idea de que la máxima, según la cual se debe ser brillante, no es buena sino fundamentalmente irracional- se introduce, con la intención de jugar limpio, el principio según el cual el abandonado impulso de competición es de alguna manera inhumano, y en esto se debiera asumir, del ideal educativo inglés, su escepticismo frente a la sana voluntad de éxito.
BECKER: Yo incluso, quisiera dar un paso más. Creo que cometemos el error de acentuar excesivamente esta idea en el deporte. En una sociedad que se ha desprendido lentamente de los esfuerzos corporales y en la que la actividad corporal en juegos y deportes tiene en la escuela una función más importante que nunca en la historia, se podría obtener mediante la competición un efecto psicológico no deseado. Así que creo que es un punto importante el prescindir en las clases de deporte de formas marcadas y primitivas de competición.
ADORNO: Esto ocasionaría la primacía del juego en el deporte por delante de los llamados récords (marcas). Entendería también como un retroceso humanístico esta faceta de la ejercitación del cuerpo que, podríamos decir, parece ser brutalmente opuesta al espíritu universal en la actualidad.
BECKER: Esto podría decirse de todas sus apreciaciones acerca de la competición, pues se podría naturalmente sostener la tesis según la cual hay que prepararse en la escuela, por medio de la competición, para la sociedad competitiva. Contrariamente yo opino, que la escuela, si puede hacer algo, debe favorecer entre las personas una relación objetiva. Y esta relación objetiva se interrumpe cuando la competencia ocupa su lugar. Por eso creo que una parte de la desbarbarización puede ser alcanzada gracias a la realización de una situación escolar, en la que el fin del valor predominante del adoctrinamiento vale tanto como la variedad en la oferta, que permite a los estudiantes la posibilidad de una mayor y más fuerte elección de los temas, en lugar del sometimiento a los prescritos por el obligado canon educativo.
ADORNO: Quizá debiera volver otra vez sobre determinadas cuestiones fundamentales en el intento de una desbarbarización por medio de la educación. Freud ha fundamentado la tendencia hacia la barbarie de una forma esencialmente psicológica y tiene ahí toda una serie de casos en los que no se ha abordado de forma exacta todas las cuestiones, como por ejemplo que las personas experimentan privaciones constantes que se desarrollan bajo sentimientos de culpa y que se convierten en agresiones. Todo esto es exacto y además tan conocido que, podrían ser extraídas las consecuencias para la educación, si por fin ésta se beneficiara seriamente de los resultados de Freud, en lugar de hacer hincapié en una especie de falso sexto sentido.
Pero en este momento pienso además en algo totalmente distinto, que consiste en que, a parte de estos factores subjetivos, hay un fundamento objetivo de la barbarie, que quisiera mostrar simplemente como el fracaso de la cultura. La cultura, que es esencialmente humana y promete todo lo posible, ha roto esta promesa. Ha dividido a los hombres. La división más importante es la del trabajo físico e intelectual. Con ello ha privado a las personas de la confianza en sí mismas y en la propia cultura. Y como ocurre en los asuntos humanos se da la consecuencia de que el odio de las personas no se vuelve contra el hecho de que la promesa de una situación pacífica, que subyace en el concepto de cultura, no se haya cumplido. En lugar de esto, el odio se vuelve contra la promesa misma y se expresa del modo fatal en que no debiera.
Entonces, mientras estas circunstancias, que he descrito como el fracaso de la cultura, la perpetuación social de la barbarie y este mecanismo de sustitución, lleven a las personas a una conciencia masificada, no se puede, sin cambio alguno, lograr un clima en el que una remodelación sea incomparablemente más favorable que la actual forma de ser de la educación, predominante todavía en Alemania. A este punto quería llegar, esto es lo que pienso también sobre la función de la Ilustración y en absoluto que las personas actúen en ella como corderitos. Por el contrario: el sometimiento de los corderos es evidentemente sólo una forma de barbarie en la que está previsto que sean testigos de atrocidades y que se dobleguen en el momento decisivo.
BECKER: Estoy completamente de acuerdo con esto. Más aún, como apunté en sus primeras apreciaciones, la desbarbarización debiera partir de aquello que redujera las agresiones. Usted ya lo había respondido con la cita de Strindberg. Pero creo que debemos protegernos aquí contra malentendidos. Usted conoce seguro las conclusiones, quizá algo sorprendentes, de Konrad Lorenz, quien, con sus estudios sobre la agresión, ha desarrollado la teoría según la cual en el momento en que se consiguiera la paz en el mundo, habría que abrir otros campos para las agresiones humanas. Y en sus conclusiones entraría el estadio deportivo, mencionado por usted hace un rato, como sustituto de la guerra ya evitada. Creo que -las observaciones de Konrad Lorenz sobre las agresiones en los animales son tan interesantes y emocionantes- la conclusión que aquí se ha sacado, o sea el consejo de terminar con las agresiones, es muy peligrosa.
ADORNO: Este el fundamento social darwinista. Me parece también extraordinariamente peligroso, porque discurre de tal forma, que rebaja, de una manera determinada, a las personas al rango de seres meramente naturales.
BECKER: No creo que Lorenz piense en esto.
ADORNO: No, él no lo piensa. Pero en este modo general de pensar, también el de Portmann, subyacen, seguro, tendencias concretas en esta dirección. Fundamentalmente, no quisiera conseguir con la educación frente a la barbarie, nada diferente a aquello que todavía molesta hasta al último adolescente de campo, cuando se pelea con un compañero violentamente o cuando se comporta brutalmente con una chica; quisiera que todas las personas a través del sistema educativo quedaran impregnadas del horror hacia la violencia física.
BECKER: Con el horror yo sería algo cuidadoso ... ...
ADORNO: Pregunto, entonces, si es que no hay situaciones que no se den sin esa violencia. Quisiera decir que esto es una sutileza. Pero creo que debemos aclarar, en primer lugar, que todavía hoy no se ha debilitado en las personas la vergüenza frente a la brutalidad, vergüenza que yace como principio de la cultura, y debemos hacerlo antes que aclarar las excepciones, sobre las que la dialéctica -en la que nos basamos- nos habla, según las que la antibarbarie tiene necesidad de circunstancias propias de la barbarie. Y que si logramos despertar esa vergüenza, entonces quizá se consiga que nadie pueda ser testigo mudo de más brutalidades y que en todo caso se sea tolerante con los demás.
BECKER: La palabra "vergüenza" me gusta mucho más que la anterior "horror". Existe un extenso género de literatura -sobre el que no es necesario informarle- que, por medio de una forma de descripción de la barbarie, lleva a una lucha contra ésta que es cómodamente aceptada por el conocimiento. Y en ella puede haber elementos análogos al horror contra la barbarie, sobre el que hemos insistido. Por eso pienso que es exacto cuando usted dice que se debe engendrar la vergüenza. Quisiera añadir que la educación (por eso la palabra "Ilustración" quizá necesita todavía ser iluminada) en estas cuestiones debe ser planteada en un estadio muy temprano.
Es necesario que -como diríamos hoy- en la etapa preescolar, donde no sólo se ejecutan adaptaciones sociales decisivas y definitivas sino también adaptaciones decisivas que ratifican la disposición psíquica, tengan lugar determinados desarrollos. Y para empezar debemos decir abiertamente que sabemos poco sobre el desarrollo en general de la socialización y que sabemos poco, en forma verdaderamente científica y capaz de fundamentar, sobre las consecuencias que en esta edad tienen las diferentes actuaciones. Se debiera dejar que, en esta edad, las agresiones se desarrollen, pero también empezar a encauzarlas. Sin embargo, esto es exactamente lo que plantea a los educadores las más difíciles exigencias y lo que aclara que la formación de nuestros educadores referente al problema que usted ha planteado -que es de lo que aquí se trata- se coloque en el primero de todos los planos, cuando aquellas exigencias ya han tenido lugar.
ADORNO: Esto me parece que es, como pensamiento psicológico, casi una evidencia. Nos llevaría a decir que la perpetuación de la barbarie en la educación está mediatizada esencialmente por el principio de autoridad que en esta cultura subyace por sí mismo. La tolerancia frente a las agresiones, que Usted, con razón, defiende como supuesto, y el que las agresiones se deshagan de su carácter bárbaro, supone algo más que una renuncia a los contenidos autoritarios y a la formación de un fuerte, riguroso y al mismo tiempo enajenado super-yo. Por eso, la supresión de la autoridad no justificada es, en la educación más temprana, una de las condiciones más importantes para una desbarbarización. En todo caso, yo sería el último que quisiera dejar de cuidar estos asuntos, pues los padres, con quienes debemos contar, son, para mí, un producto de esa cultura y tan bárbaros como esa cultura. En las tierras alemanas el derecho permite todavía castigos corporales, como puede ser la pena de muerte o manifestaciones análogamente bárbaras, para proteger los bienes más sagrados, a los cuales las personas renuncian tan difícilmente.
BECKER: Si estamos tan de acuerdo en lo decisivo de esta educación en las etapas tempranas, entonces estamos de acuerdo, al mismo tiempo, en que la autoridad ilustrada, tal como usted la formula, no significa el remplazo de la autoridad por la ilustración, sino que en este marco, también deben darse manifestaciones de autoridad en la edad de la primera infancia.
ADORNO: Hablamos de determinadas manifestaciones de autoridad que toman un nuevo y distinto significado si, en un momento dado, no siguen ciegamente el principio de poder, sino que se producen de forma consciente y, sobre todo: si estas manifestaciones tienen una transparencia también para el mismo niño. Si los padres regañan al niño por que ha arrancado un ala a una mosca, ésta es una manifestación de la autoridad que contribuye a la desbarbarización.
BECKER: Exactamente. Creo que estamos de acuerdo en que el niño, en esta temprana edad y en dirección a la desbarbarización, no debe resultar ni autoritariamente prepotente ni totalmente inseguro, de tal manera que no se le imponga ninguna dirección.
ADORNO: Pero en todo caso creo que, justamente, los niños débiles, en el sentido de las creencias dominantes de los adultos y también de los pedagogos, los llamados flores de invernadero, quienes ya en una etapa relativamente temprana han experimentado algo como la sublimación de las agresiones, probablemente sean moderadamente inmunes frente a las agresiones bárbaras en la adolescencia y en la edad adulta. Justamente ocurrirá así. Creo que es importante, en la esencia de la educación, que se supere el tabú sobre la diferenciación, sobre la espiritualidad y sobre el idealismo, tabú que prefiere a los llamados jóvenes sanos y a las muchachas espontáneas y que nos trae como consecuencia, en el proceso de la educación, el diferenciar a las personas de tal manera y tan sutilmente que aprisiona aquella vergüenza sobre cuyo significado nos habíamos puesto de acuerdo.
EDUCACIÓN PARA LA MAYORÍA DE EDAD.(Erziehung zur Mündigkeit).
T.W. ADORNO
Discusión con Hellmut Becker -director del Instituto para la investigación educativa en la Sociedad Max Planck- emitida en directo por la radio de Francfort, el 16 de Julio de 1969.
Traducido del alemán por María Pilar Alcaide Guindo en 1996
ADORNO:
La defensa de la mayoría de edad nos resulta evidente en una democracia. Para aclarar esto, quisiera referirme al principio de una obra corta de Kant, que lleva por título: Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?. En ella define Kant la minoría de edad, e implícitamente la mayoría de edad, diciendo que la minoría de edad es autoculpable cuando las causas de la misma no estriban en la carencia del entendimiento, sino de la decisión y del ánimo para valernos por nosotros mismos sin la dirección de otros. "Ilustración es la salida de las personas de su minoría de edad autoculpable". Me parece extraordinariamente actual este planteamiento de Kant, al que, ni siquiera con la peor voluntad, se le podría recriminar falta de claridad. La democracia se basa en la formación de la voluntad de cada individuo, tal como se resume en la institución del voto representativo y éste no ha de resultar irracional, si se suponen la capacidad y el ánimo de cada individuo para valerse según su entendimiento. Pero si no nos acogiéramos a esta suposición, entonces todas las palabras de Kant, se convertirían en palabrería, como cuando, por ejemplo, sólo se volvía la atención hacia el gran electorado en la Avenida de la Victoria . Si tomamos en serio el concepto de una tradición intelectual alemana, debemos empezar a trabajar en ello con la mayor energía.
BECKER:
Me parece que podemos dejar bien claro que en el fondo de nuestra formación general, tal como se ha dado hasta ahora en Alemania, no hemos sido educados para la mayoría de edad. Si aclaramos el sencillo hecho de la estructuración tripartita de nuestra formación en las escuelas, en función de los llamados alumnos muy inteligentes, de inteligencia media y, en muchas escuelas, de alumnos de aparente escasa inteligencia, entonces tenemos aquí una primera y determinada forma de minoría de edad. Creo que en la cuestión general sobre la mayoría de edad, no iremos encaminados, si no superamos mediante la Ilustración, el falso concepto de talento, que tanto determina nuestra formación esencial. Tenemos desde hace poco, como muchos oyentes saben, un informe del Consejo de Educación Alemán, "Talento y Aprendizaje", en el que, mediante catorce informes de psicólogos y sociólogos, se ha intentado aclarar que la inteligencia en las personas no viene dada de antemano, sino que su desarrollo depende del reto al que se expone al individuo. Esto es, la aptitud que cada uno puede lograr. Por eso, la posibilidad de suscitar en todos el aprendizaje mediante la motivación, se convierte en una forma particular del desarrollo hacia la mayoría de edad.
A ella pertenece una forma de escuela en la que no se dan desigualdades específicas entre sus miembros, según las clases, sino que se hace posible en la práctica el desarrollo hacia la mayoría de edad, por medio de la motivación en el aprendizaje, basándose en propuestas explícitamente diferenciadas y en una superación temprana de las barreras que implican la clasificación. Por tanto, no nos encontramos con una mayoría de edad que se debe a la escuela en general, sino con una mayoría de edad, que se debe a la destrucción de la citada estructura tripartita y a una oferta educativa personalizada en todos los niveles, desde la
escuela infantil, hasta la formación permanente, que conseguiría desplegar esa mayoría de edad en el individuo. Un proceso que se hace más importante, cuanto más tenga el individuo que luchar por conservar su mayoría de edad, en un mundo que aparece especialmente condicionado por el gobierno de los otros.
ADORNO:
Quisiera apoyar, desde otro punto de vista, lo que usted, bajo una reflexión específica, argumenta como uno de los problemas pedagógicos más importantes en Alemania, puesto que el sentido de nuestra conversación, no es tanto que disputemos sobre algún asunto, sobre el que no está claro si existe controversia, sino más bien que removamos las mismas cuestiones a partir de los distintos planos de la experiencia que nos sean propios y observemos experimentalmente lo que resulta de ello. He tenido la experiencia, si se me permite hablar de algo muy personal, de que los resultados de mis propios asuntos, en caso que se produzcan, en realidad no tienen nada decisivo que ver con el talento individual, la inteligencia y otras categorías similares, sino sobre todo, con aquello gracias a lo que -mediante una serie de casualidades de las que no quisiera en absoluto vanagloriarme y de las que soy totalmente inocente- no he sido expuesto al mecanismo de control de la ciencia, en lo que se refiere a mi formación personal. Esto se aprecia en el hecho de que me arriesgue a reflexionar sobre ideas no suficientemente explicadas, con las que, por otra parte, la mayoría de las personas se familiarizan demasiado pronto, sobre todo, durante el tiempo en que son estudiantes, gracias al todopoderoso mecanismo de control que aquí llamamos Universidad. De esta forma se ve cómo la misma ciencia es castrada y se vuelve tan estéril por culpa de este mecanismo de control en las diferentes materias, que, para poderse mantener, tiene necesidad de lo que ella misma prohíbe. Si esto fuera así, el concepto de talento, que depende estrechamente de la antigua creencia romántica en el genio, sería destruido. Esto concuerda también con la conclusión de la psicodinámica, según la cual el talento no es, en absoluto, algo dado por naturaleza -aunque quizá le debamos conceder un residuo natural (no tenemos porqué ser absolutamente puritanos)- sino que el talento -viéndolo de alguna manera en relación con el lenguaje, con su poder expresivo en relación con todos estos asuntos- conllevaría, por su parte, una importante función de medida de las condiciones sociales, con lo que la suposición de la mayoría de edad, de la que depende una sociedad libre, está determinada por la falta de libertad de esa sociedad.
BECKER:
No quisiera en efecto, desarrollar aquí, digamos, el arsenal completo en relación con nuestro tema. Pero hay que decir que, por ejemplo, todo lo que ha investigado Basil Bernstein sobre el desarrollo del lenguaje en los niños pequeños y lo que Oevermann ha desarrollado con respecto a Alemania, muestra claramente que, ya en los comienzos de la socialización, se dan condiciones para la minoría de edad permanente. Por lo demás, he escuchado entretenido sus disertaciones autobiográficas, porque quizá no sea una casualidad el que ambos nos encontremos en el mundo de la ciencia, aunque no habiendo evolucionado de forma típica dentro de este mundo, ni que, además, estemos de hecho conversando sobre el concepto de mayoría de edad.
ADORNO:
Sí, pero, entonces, lo más extraño en el problema de la mayoría de edad es, para centrarnos verdaderamente en el marco pedagógico, que tampoco se encuentra, en absoluto, en la literatura pedagógica (y esto es verdaderamente espantoso y muy alemán) una decisiva toma de partido a favor de la Educación para la mayoría de edad, que parece que habría que dar por supuesto.
He ojeado algo la literatura pedagógica sobre el asunto de la mayoría de edad y, en lugar de mayoría de edad, nos encontramos con un adornado concepto ontológico-existencial de autoridad, de compromiso, o como se llamen todas estas atrocidades que sabotean el concepto de mayoría de edad y que, con ello, destruyen los presupuestos de una democracia, no sólo implícitamente, sino de forma claramente abierta. Opino que estas cuestiones son más profundas y que se debe mostrar a qué enmohecimiento se está exponiendo, en la misma Alemania, una cuestión como la de la mayoría de edad, que, sin embargo, parece tan habitual en el terreno del Espíritu.
Esto podría verse, por ejemplo, en un libro de Ernst Lichtenstein "Educación, Autoridad, Responsabilidad, (Reflexiones sobre una Ética Pedagógica)", que, si estoy bien informado, ejerce una gran influencia en la discusión sobre la escuela primaria y en el que se dice: "¿No nos asedia en este momento la realidad de una rápida y segura decadencia del sentido de la autoridad, del respeto, de la confianza, de la creencia en el orden vigente, de la formación de la buena voluntad en todos los aspectos de la vida, hasta el punto que, a veces, una educación positiva, constructiva y penetrante, pueda parecer arriesgada?". Estoy en total desacuerdo con las frases con las que Lichtenstein nos obsequia. Lo interesante de esto, y aquello que nuestros oyentes quizá también debieran percibir, es que no se nos habla de obligaciones fundamentadas en una posición cuya verdad objetiva se acepta por determinadas causas -como, por ejemplo, en el Tomismo Medieval, sobre el fundamento de la condición que el Espíritu entonces poseía- sino que se nos habla de estas obligaciones porque quizá a partir de algún principio, el orden y la obligación son buenos y no causa de aflicción, de la misma forma que la mayoría de edad se asienta en la autonomía. Lichtenstein dice treinta ó cuarenta páginas más adelante:"¿Qué significa, de hecho, autonomía?. Literalmente, autolegalidad, legalidad propia. Esto es algo confuso". Nos preguntamos: confuso, ¿para quién?. "Puesto que el concepto, independientemente del pensamiento, va unido a una razón absoluta y por principio soberana, que exigiría también en la educación ser la única medida. Esta suposición del hombre autónomo... no es ratificable en Cristo". Entonces Kant fue, tal vez, un Cristo. "Pero la reflexión histórica manifiesta también que la idea de una Pedagogía a partir de la razón pura, es sencillamente falsa. Las metas de la educación no son proposiciones del pensamiento, nunca son obligatoriamente vigentes de forma racional". Creo que podemos ejercitarnos filosóficamente en relación a la crítica de la razón absoluta y con respecto a la ilusión de que el mundo sea el producto del espíritu absoluto; pero no se deberá por ello pensar que no puedan darse otras cosas, además de las que provienen del pensamiento insistente y desconcertante, por ejemplo, la determinación de aquello que habría que hacer para ser correctos, la praxis correcta en general. Y el que la crítica filosófica al Idealismo sea mezclada de manera muy simple con la denuncia del pensamiento, lo considero un sofisma atroz que debe estar profundamente arraigado, para conseguir llevar finalmente a algunos medios de comunicación hacia ese enmohecimiento que probablemente pueda llegar a explotar.
BECKER:
No sé exactamente si el moho puede explotar, pero...
ADORNO:
Creo que es químicamente posible. Pero si es socialmente posible, no lo sé.
BECKER:
La cuestión se plantea sobre todo en lo que se refiere a Alemania y al pensamiento alemán. Hace algunos años la prensa americana deslizó la exitosa noticia de que Carolina Kennedy era "una niña siempre adaptable". Es un hecho que la adaptabilidad es considerada como el principal éxito en la educación preescolar y este hecho debería darnos que pensar, pues esta clase de pedagogía se ha implantado en un mundo que se encuentra lejos de las consecuencias del idealismo alemán.
ADORNO:
Más característico del Darwinismo que de Heidegger. Pero los resultados son muy similares.
BECKER:
Exactamente ahí quería llegar. Creo que la cuestión de la mayoría de edad, tomada como corresponde, es un problema mundial. He visitado durante algunas semanas escuelas soviéticas. Fue muy interesante comprobar allí, cómo en un país que ha introducido durante largo tiempo el cambio en las relaciones de producción, se ha avanzado extraordinariamente poco, respecto a la no-educación para la mayoría de edad de los niños y que en estas escuelas sigue dominando un estilo de clase totalmente autoritario. Es realmente un fenómeno interesante el hecho de que la educación para la minoría de edad predomine en todo el mundo, a pesar de que la Ilustración hace ya mucho tiempo que comenzó su andadura, y a pesar de que seguramente no sólo con Kant, sino también con Karl Marx, se pueden encontrar posiciones contra esta educación hacia la minoría de edad.
Pero de la cita que usted brindó anteriormente, me ha sorprendido especialmente la afirmación de que el hombre autónomo no pueda darse en Cristo. Es interesante el hecho de que el movimiento de reforma cristiano en general, desde las iglesias confesionales, hasta el Concilio, trate en su gran mayoría del así llamado Cristo Mayor de Edad. Seguramente no podemos aquí incluir los problemas teológicos. Pero se puede afirmar que, en ambas iglesias, se da hoy una interpretación teológica que trata el concepto de la mayoría de edad de forma similar a Kant y que, dentro de la estructura tradicional de ambas iglesias, se pone en cuestión de forma masiva.
ADORNO:
Seguro que es éste el caso. Hay un pequeño escrito de Kant en el que habla, de manera expresiva, acerca de que en el interior de la iglesia de su tiempo, tal como él la vio, se daban posibilidades para la mayoría de edad. Pero usted tiene toda la razón al decir que el problema de la mayoría de edad no es sólo un problema alemán, sino internacional. Y un problema que se amplía más allá de las fronteras de los sistemas políticos. En América es una realidad el hecho de que dos exigencias diferentes se entrelazan: por una parte, la de un fuerte individualismo, que no deja lugar a las prescripciones y, por otra parte, la idea de adaptabilidad recogida del darwinismo y Spencer, o sea el "adjustment", que desde hace treinta o cuarenta años, ha venido siendo la palabra mágica y que ata y corta esa misma independencia que se proclama a la vez. Aparte de esto, es una contradicción que ocupa toda la historia de la burguesía. Que ideologías tan diferentes, como la vulgar ideología pragmática en América y la filosofía heideggeriana en Alemania lleguen a lo mismo, o sea, al predominio de la heteronomía, supone una confirmación de que las doctrinas ideológicas pueden llegar a concordar en aquello sobre lo que discrepan fuertemente como formación intelectual, gracias a su relación social y gracias a lo que consiguen o quieren defender. Como, en general, las concordancias entre el Positivismo del Este y aquello que queda todavía de Metafísica en Alemania, son sencillamente chocantes. De hecho, estas concordancias llevan a una quiebra de la Filosofía.
BECKER:
Todavía me llama la atención algo de lo que usted leyó antes. ¿Es, en efecto, correcto que tratemos la autonomía como concepto contrapuesto a la autoridad? ¿No deberíamos reflejar esa relación de forma diferente?
ADORNO:
Pienso que muchas veces se provocan determinadas inexactitudes tontas con el concepto de autoridad. Ya que, al fin y al cabo, soy el responsable fundamental de "La Personalidad Autoritaria", (no desde luego del fenómeno que representa), tengo cierto derecho para hacer aclaraciones al respecto. En último término, la autoridad misma es, en esencia, un concepto psicológico-social que no significa nada más allá de la realidad social. Existe algo como la autoridad intelectual, (o sea, el hecho de que una persona entienda de algo más que otra), que no se puede apartar de la mesa por las buenas, puesto que el concepto de autoridad contiene en sí un valor dentro del contexto social en el que aparece.
Pero quisiera decir, además, algo específico, ya que usted ha tocado el punto de la autoridad; es algo que tiene que ver con el proceso de socialización en la pequeña infancia y, casi diría, que con el punto medio de las categorías pedagógicas y psicológicas. Hablando psicológicamente, la forma en que se llega a ser una persona autónoma, o sea mayor de edad, no es simplemente el rebelarse contra toda clase de Autoridad. Investigaciones empíricas en América, como las que ha realizado mi colega fallecida Else Frenkel-Brunswik, han mostrado ahora lo contrario: que los llamados niños buenos, se han convertido en adultos autónomos y críticos, más que los refractarios, que al hacerse adultos, se sientan rápidamente con sus profesores a la mesa a beber cerveza y hablan con sus mismas palabras. El proceso es que los niños (Freud lo ha descrito como desarrollo normal), en general se identifican con una figura paterna e interiorizan el hacerse a sí mismos y, entonces, en un proceso doloroso y nunca falto de cicatrices, experimentan que el padre no corresponde a la figura paterna, al ideal del Yo, que han aprendido de él, por lo que se independizan de él y se convierten de esta forma en mayores de edad. La autoridad debe entenderse como un paso originario del proceso hacia la mayoría de edad. Pero no debe ser mal utilizado a ningún precio con la intención de establecer este grado ya que, cuando esto ocurre, obtenemos como resultado no sólo atrofias psicológicas, sino también aquellos fenómenos propios de la minoría de edad, en el sentido del atontamiento simplista, que podemos hoy constatar en todas partes.
BECKER:
Creo que es importante que afirmemos la necesidad del proceso de despego de la autoridad y que no es posible hallar la identidad sin el trato con esta misma autoridad. Esto tiene una serie de consecuencias muy complejas y aparentemente contradictorias para la construcción de nuestra formación esencial. Así podemos decir que no puede haber una verdadera escuela sin profesores y que, por otra parte, el profesor debe tener claro que su principal tarea consiste en dejar de ser necesario. Esta conjunción es tan difícil, porque hoy se da el peligro de que, en la controversia, el profesor tenga una actitud autoritaria y que los alumnos quieran imitarle. Entonces el proceso completo, tal como usted lo ha descrito, puede ser sustituido, en la práctica, por una falsa fachada. El resultado es, entonces, la aparente mayoría de edad de los alumnos, lo que podría llevar no sólo a la mayoría de edad, sino también al oscurantismo y a la dependencia de todo tipo de manipulaciones.
ADORNO:
Estoy totalmente de acuerdo. Quizá se pueda hoy ver el problema de la minoría de edad bajo otro aspecto, que puede que no sea tan conocido. Se dice generalmente que la sociedad, según palabras de Riesman "Es dirigida desde el exterior", y que es heterónoma y se insinúa sencillamente -como ya Kant dijo en aquel escrito- que los hombres se tragan, sin resistirse en mayor o menor medida, lo que el "ser-dominante" les coloca ante los ojos y les inculca, como si esto tuviera que ser así.
Dije antes que los mecanismos de identificación y separación nunca se dan sin cicatrices. Quisiera usar esto acentuando el concepto de identificación. Nuestros oyentes han oído seguramente algo sobre el concepto de rol, que juega desde Merton y, sobre todo, desde Talcot Parsons, un papel tan enorme en la sociología actual, sin darnos cuenta en general, que ya sólo con el mismo concepto de rol, que ha sido tomado del teatro, se prolonga la no-identidad de la persona consigo misma. Esto significa que, cuando ha sido hecho el papel a medida de la sociedad, se perpetúe que las personas no sean lo que son en sí mismas, o sea, que no tengan identidad. Encuentro espantosa la locución normativa de concepto de rol y se debe ir en su contra con todas las críticas. Pero fenomenológicamente, o sea, como descripción de un hecho dado, hay algo de esto. Me parece como si en la mayor parte de las personas, las identificaciones con el Super-Yo que se dan en ellas y de las que no logran desprenderse, fueran también siempre un fracaso; que incontables personas interiorizan al padre represor, brutal y dominante, pero que no pueden efectuar esta identificación, porque precisamente la resistencia en contra es demasiado fuerte; y de hecho, porque la identificación fracasa en estos casos, porque hay un incontable número de adultos que sólo juega a ser adulto, aunque no lo sean en absoluto, necesitan representar en lo posible su identificación con semejantes modelos, exagerar, sacar pecho, hablar con voz de adulto, sólo para hacer creíble para sí mismos y para los otros, el papel que, en ellos, ha sido un fracaso. Creo que ese mecanismo hacia la minoría de edad, se puede encontrar entre determinados intelectuales.
BECKER:
Yo diría que no sólo entre intelectuales. Si empleáramos el concepto de rol a través de todo el espectro de la sociedad, nos encontraríamos con fenómenos muy parecidos en todas las capas de la sociedad. Tomemos la situación en un campo en el que el individuo trabajador, alumno, empleado, si no está contento con su situación, juega algunos papeles que derivan de todas las posibles relaciones. Creo que si transferimos al proceso general del trabajo las consecuencias de la necesidad de la mayoría de edad, tendremos que ir rápidamente hacia cambios muy fundamentales en la esencia de nuestra formación profesional Me estaría permitido aquí amonestar al Consejo Escolar del Estado y a los dictámenes que últimamente han aparecido para la formación de los alumnos. El hecho de que en Alemania tengamos todavía una formación del alumnado que proviene (si dejamos de lado la tremenda explotación) de una época preindustrial, introduce además el hecho de que perpetuemos formas de la minoría de edad y de que la formación en el puesto de trabajo, la totalidad del llamado "entrenamiento del que no sabe", prácticamente, lleve a formas de amansamiento, en todo caso, muy frecuentes; así, por ejemplo, nos encontramos con la dificultad, respecto a los antiguos oficios propios del campo o la minería etc... -que sin embargo cuantitativamente juegan un gran papel- de hacer una oferta de educación determinada y objetiva, pero fracasamos ante esa oferta al no poder mediar, al tiempo, en la conducta autónoma o, al menos, al no hacerlo. Es necesario que alguien que había llevado, por ejemplo, los libros de contabilidad y que ahora resulta que sobra por la utilización de los ordenadores correspondientes y que debe ser formado, por ejemplo, como programador, no aprenda sólo lo que debe hacer en su trabajo, sino también, podríamos decir, que reciba una orientación distinta, una dimensión nueva del pensamiento. Además sería necesario probablemente que aprendiera una lengua extranjera, aunque no le fuera necesaria, porque le proporcionaría un horizonte de experiencias diferente. Esta combinación de formación específica y orientación, es algo que falta todavía en la práctica de nuestra formación profesional y por ello, creo que es altamente significativa, porque en un mundo como el actual, la llamada a la mayoría de edad puede ser algo así como un camuflaje de la perpetuación de la minoría de edad, y porque es muy importante traducir la posibilidad de mayoría de edad en condiciones educativas concretas.
ADORNO:
Sí, esto también es un factor que seguro que tiene importancia. Quisiera poder añadir, sin por ello apropiarme del juicio definitivo sobre este sector especial, que para lograr la mayoría de edad, es necesaria una determinada firmeza del Yo, del vínculo del Yo, tal y como está formado, según el modelo del individuo burgués. La posibilidad tal como hoy se exige -lo que no es apropiado según pienso- de acomodar al individuo a situaciones cambiantes en lugar de formar un Yo firme, armoniza de una forma muy problemática con el fenómeno del Yo-débil, que conocemos a través de la psicología. Quisiera mostrar, al menos como problema, si, por ejemplo, personas que no tienen un concepto firme de la propia profesión, que pueden cambiar y familiarizarse relativamente sin dificultad, se benefician verdaderamente de la mayoría de edad, o si estas mismas personas resultan menores de edad en tanto que pierden toda reflexión, por ejemplo, los domingos en el campo de fútbol.
BECKER:
Creo que no es necesario forzar su simpatía hacia la Dialéctica de la Ilustración; quisiera sólo decir que el mismo acontecimiento que hace posible la mayoría de edad, protege también del Yo-débil o del peligro del Yo-débil, gracias a las consecuencias de la emancipación.
ADORNO:
Sí, este peligro es extraordinariamente grave. Creo que con esto llegamos al punto crítico de nuestra discusión. Kant, en el escrito del que he partido, ante la pregunta "Vivimos en una época ilustrada", responde: "No, pero sí en una época de la Ilustración". Con lo que determina la mayoría de edad no como una categoría estática, sino muy consecuentemente, dinámica, no como un Ser, sino como un Devenir. El hecho de que de la misma manera podamos decir hoy que vivimos en una época de la Ilustración, se ha hecho muy cuestionable en el sentido más profundo, en vista de la presión indescriptible que se ejerce sobre las personas -simplemente por medio de la organización del mundo y por medio del control sistemático incluso de las esferas interiores- gracias a la industria de la cultura. Si no se quiere emplear la palabra mayoría de edad frente a las obligaciones en un sentido literal y, por tanto, no tan vacío como lo hacen en los otros aspectos de la mayoría de edad, entonces habrá que ver realmente las indescriptibles dificultades que se dan contra la mayoría de edad en esta organización del mundo. Y creo que deberíamos decir algo acerca de esto.
La causa, naturalmente, es la contradicción social de que la organización social bajo la que vivimos, la cual es en todo caso heterónoma, o sea, que ninguna persona puede realmente existir en la sociedad actual según su propia determinación; y que mientras esto es así, la sociedad forma de tal manera a las personas, por medio de incontables intervenciones y canales, que todo lo tragan y aceptan en el contexto de esta forma heterónoma que les oculta su propia conciencia. Esto vale también, naturalmente para las instituciones, para la discusión sobre la clase de política y otras cuestiones parecidas. El problema efectivo de la mayoría de edad hoy, es si se puede alcanzar y cómo se puede contrarrestar; quién puede hacerlo sería de nuevo una gran pregunta.
BECKER:
Según me parece una de las tareas más importantes en la reforma escolar es la supresión de la formación según un canon fijo y la sustitución de ese canon por una oferta variada de materias, o sea, una escuela, como decimos técnicamente, con una diferenciación amplia e internamente dilatada, dentro de las asignaturas individuales. La diversificación hacia la mayoría de edad, que ha tenido lugar tradicionalmente en cosas tales como la política administrativa con los alumnos, recibe una valoración distinta cuando el alumno, en la determinación de su curriculum y en la elección de sus asignaturas, actúa por sí mismo como individuo y cuando lo hace como grupo; y no está sólo motivado en este sentido, sino también acostumbrado, a que lo que ocurre en la escuela es consecuencia de sus decisiones y no se da previamente a sus decisiones. Me resulta bastante claro que este sistema se puede construir también como una fachada de apariencia y que puede usarse como un elemento tecnocrático. Pero creo que no tiene porqué ser así. Me parece que, en las frecuentes situaciones en las que aparece la oposición de los alumnos, se introduce un elemento positivo al que habría -no quisiera decir que acosar- pero sí al que se debiera confrontar con la idea de que aquí al alumno que decide plenamente se le da la ocasión de determinar por sí mismo su propio curriculum.
ADORNO:
Quizá fuera demasiado ambicionarlo todo, ya que quedan todavía demasiadas cosas en el marco institucional de la escuela. Quisiera decir, a riesgo de que usted reprenda al filósofo que soy, que la forma en que se concreta hoy día la mayoría de edad, no puede, en absoluto, llegar a ser algo presupuesto, porque estaría presente en todos, verdaderamente en todos, los aspectos de nuestra vida; de esta manera, la única verdadera forma de concretar la mayoría de edad consiste en que las dos personas que aquí hablan intenten con toda la energía, que la educación sea una educación para la contradicción y para la resistencia. Podría, por ejemplo, pensar en el hecho de que en los cursos superiores de secundaria y también, probablemente, de primaria se utilizan películas comerciales y se muestra sencillamente a los alumnos qué vértigo existe ahí y qué mendaz es; o en que, en un sentido parecido, se les inmuniza frente a determinados programas matutinos, como los que siempre hay en la radio, en los que los domingos por la mañana suena una música alegre, como si viviéramos en un mundo de color de rosa, por lo demás una verdadera representación de la angustia; o en que se lee con ellos una revista ilustrada y se les enseña cómo se viaja en trineo aprovechando las propias necesidades impulsivas; o en que un profesor de música, que no proviene del movimiento de la música joven, analiza las canciones de moda y les enseña porqué una de estas canciones o una pieza del movimiento musical juvenil es incomparablemente peor, desde un punto de vista objetivo, que un cuarteto de Mozart o de Beethoven o que una pieza verdadera de la nueva música. Sencillamente se intenta despertar la conciencia de que los hombres siempre serán engañados, pues, el mecanismo de la minoría de edad, se ha elevado a la categoría de planetario mundus vult decipi, que el mundo quiere ser engañado. Se podría conseguir la concienciación acerca de esto en el sentido de una crítica inmanente, porque ninguna democracia normal se puede permitir estar explícitamente en contra de una forma de Ilustración. Aunque puedo imaginar bastante bien, por ejemplo, los grupos de presión de la industria del cine, que habría que ir a denunciar a Bonn si se intentara algo semejante y se quisiera aclarar que, por una parte, se quiere practicar de esta manera propaganda ideológica unilateral, pero, por otra parte, se dañarían los intereses económicos de la industria cinematográfica, en general importantes para la balanza de pagos alemana. Estas cuestiones deberían ser tenidas en cuenta en un proceso de verdadera defensa de la mayoría de edad.
BECKER:
Todavía no se sabe si las películas desenmascaradas de esta manera no ejercen en los alumnos, a pesar de todo, una considerable atracción por motivos íntimos y subterráneos, de tal forma que la industria cinematográfica estaría, por su parte, casi más dispuesta a contemplar el proceso de desenmascaramiento como una suerte de reclamo que a querer quitarlo de enmedio.
ADORNO:
Se puede zaherir a los jóvenes. Cada época profiere las expresiones que le son justas. Y algunas de estas expresiones, como por ejemplo "zaherir" son muy buenas. Quisiera abogar tremendamente por una educación del "zaherimiento".
BECKER:
Me gustaría abordar una cuestión que me sigue preocupando en este contexto. Supongamos, por un momento, que hiciéramos todo lo que aquí se ha expuesto: tendríamos una educación diferenciada, en la que se lleva a cabo, al máximo, la correspondiente motivación, en la que las opciones no se dan según conceptos falsos de talento, sino que se da una elección tras la superación de los impedimentos sociales por medio de la educación compensatoria, etc ... , y podríamos de esta manera clarificar determinados presupuestos fundamentales para la mayoría de edad y haríamos lo mismo con la formación profesional. Incluso cuando todo esto ocurre, queda pendiente la cuestión de si la persona ilustrada y concienciada de esta manera, llega a ser de alguna forma directora de su propia conducta y, sin embargo, en su aparente mayoría de edad no es autónoma en el sentido en que se imaginó en los comienzos de la Ilustración. No creo en absoluto que aquello de lo que hemos hablado sea una objeción contra todo. Pero sí es de alguna manera una amonestación frente al optimismo que posiblemente conlleva. Quisiera decir que esta persona mayor de edad está en peligro (y usted lo ha apuntado) de retroceder hacia la minoría de edad.
ADORNO:
Quisiera subrayar este peligro con énfasis y ello sencillamente por la razón de que la sociedad, tal como es, no sólo mantiene a los hombres en su minoría de edad, sino que además cualquier intento serio de moverse en la dirección de la mayoría de edad (la palabra educar la evito intencionadamente), está expuesto a indescriptibles resistencias y porque todo lo malo en el mundo encuentra, rápidamente, decididos defensores, que probarán que aquello que se desea ya se había repetido anteriormente o es utópico o ya no es actual. Quisiera cerrar la conversación indicando a nuestros oyentes que se nos presiona demasiado fácilmente en el afán de torcer la voluntad, que los intentos de cambiar de una forma real algún campo de nuestro mundo se exponen de inmediato a las fuerzas dominantes del momento y se muestran como impotentes. Quien quiera cambiar algo probablemente pueda hacerlo sólo en tanto que transforma momentáneamente esta impotencia y su propia impotencia en lo que piensa y quizá también en lo que hace.
1 En alusión a las concentraciones convocadas por los nazis en este lugar.
2 Parece referirse a los tres tipos de centros a los que, a partir de los once años, se dirigían los alumnos de la que era la República Federal Alemana: Hauptschule, Realschule y Gymnasium.