"Simplemente no puedo llevarme con mi familia." |
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La familia es la estructura social más importante de cualquier sociedad. No es sorprendente que la preocupación que la preocupación que la mayoría de las veces manifiestan los jóvenes es con quién se casarán. La elección de un cónyuge para toda la vida es sin duda la decisión más importante que una persona pueda tomar. Cada familia es un núcleo exclusivo en el que cada cónyuge
aporta experiencias y valores morales de su propia familia. Desafortunadamente,
no hay tal cosa como un matrimonio perfecto, un "matrimonio hecho
en el cielo". Hay, sin embargo, principios bíblicos que, si
se siguen, ayudarán a cada familia a ser todo lo que Dios quiso
que fuera. En primer lugar, está el fundamento del amor. Cristo demostró este principio al abandonar sus "derechos" como Dios. Si amamos de veras a nuestro cónyuge y a nuestros hijos, en alguna situación crítica estaríamos dispuestos a entregar nuestra vida para que ellos vivan. La prueba verdadera, sin embargo, es si cedemos nuestros derechos y exigencias a los demás en las situaciones cotidianas de la vida. El amor se demuestra no sólo con palabras, sino también con hechos. |
En segundo lugar, está el fundamento del respeto. Los miembros de la familia deben mostrarse respeto mutuo, aun cuando haya desacuerdo sobre un determinado asunto. Aquí es donde juega un papel importante la comunicación apropiada. Si ofendemos en cualquier forma, necesitamos pedir perdón de inmediato. En tercer lugar, está el fundamento de dedicación. Pase lo que pase, es necesario la dedicación para que sobreviva la familia. Hay muchas voces en la sociedad contemporánea que nos dicen que nos divorciemos si el matrimonio no anda bien. Pero el divorcio no es la solución. Dios es la solución y puede hallarse ayuda mediante la oración estudiando la Palabra de Dios y oyendo el sabio consejo de amigos cristianos y pastores. (3:43) Antes de casarte, debes estar en paz con tu propia familia. Los conflictos no resueltos a menudo se reflejan en la relación que se tenga con el cónyuge, los hijos y los yernos y nueras. Pídeles perdón a quienes hayas ofendido, y perdona a quienes te hayan ofendido a ti. Como Dios nos ha perdonado, de igual manera debemos perdonar a los demás.
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