Cabezas siniestras

Y el cuervo, inmutable, continúa instalado allí, sobre el pálido busto de Palas, precisamente encima de la puerta de mi habitación,

y sus ojos se parecen a los ojos de un demonio que sueña; y la luz de la lámpara, cayendo sobre él, proyecta su sombra en el suelo;

y mi alma, fuera del círculo de esta sombra que yace flotante sobre el suelo, no podrá volver a elevarse. ¡Nunca más!

"El cuervo"-Edgar Allan Poe-
Las gemelas

Eran dos hermanas que se llevaban muy bien, nunca se peleaban ni discutían, pero por razones de trabajo tuvieron que cambiar su residencia a la ciudad, donde estaba una carretera que era peligrosísima en esos momentos. Las niñas tuvieron que cruzar solas porque a la madre la llamaron del trabajo para que fuera urgentemente. Les dijo a las niñas que cruzaran solas, pero que tuvieran cuidado, mirando a los dos lados. Las niñas obedecieron. Nada más girarse la madre para marcharse oyó un golpe muy fuerte detrás de ella. Eran sus hijas, habían sido atropelladas por un camión. desgraciadamente, las dos habían muerto.

Cuatro años más tarde la madre, aún joven, ya que tenía 34 años, todavía vivía en la misma casa cerca de la carretera y no olvidaba ningún día a sus dos gemelas. Afortunadamente, había vuelto a tener hijos, y casualmente eran dos gemelas. Además, eran muy parecidas a las que murieron atropelladas. Esto hacía que la madre olvidara en parte ese trágico suceso.

Pero la fatalidad estuvo a punto de volver a la familia, a pesar de prohibirles expresamente acercarse a la carretera.

Un día las dos niñas estaban jugando y decidieron cruzar la carretera. No venía nadie en ningún sentido, no había peligro. En el último momento apareció su madre que chillando muy alterada, les dijo que no cruzaran, a lo que las niñas respondieron al unísono:

- Si no pensábamos cruzar,... ya nos atropellaron una vez y no volverá a ocurrir…

La estatua

Una pareja de esposos decidieron salir una noche a pasear por ahí. Contrataron una niñera, a la cual dejaron a cargo de los dos niños pequeños. Cuando los niños se durmieron, la chica subió al cuarto principal para ver un poco de televisión.

Minutos mas tarde, el teléfono celular del padre de los niños empieza a timbrar. Este contesta.

- “Diga?”.

- “Si, habla Alison, la niñera”

- “¿Esta todo bien por allá, Alison?”

- “Si, todo bien. Señor, llamaba para preguntarle si acaso podría poner una sabana o algún mantel encima de la estatua del ángel que tienen al lado de la ventana de su cuarto… Es que me pone nerviosa….”

El padre guardo un silencio tenso durante algunos segundos.

- "Alison, escucha: Toma a los niños y sácalos cuanto antes de la casa. Yo mientras tanto llamare a la policía…. Nosotros no tenemos ninguna estatua de un ángel en la casa"

Cuando la policía llego a la casa, se encontraron los cadáveres horriblemente mutilados de la niñera y los dos niños. Nunca se encontró una estatua de un ángel ni nada parecido

La cabaña

Un estudiante universitario se dirigió al bosque en busca de algunos especímenes para su trabajo final, su tarea era sencilla, encontrar plantas e insectos para después catalogarlos. Era para él una pasión, así que el tiempo se le fue volando, cuando se dio cuenta la noche lo había atrapado, la oscuridad lo rodeo en un instante, y aunque pensaba conocer muy bien el camino no era así.

Caminó por un momento pero se sintió perdido, no sabía hacia dónde avanzar con tremenda oscuridad. Cuidaba sus pasos para no tropezar, lo único que podría distinguir era la brillante luz de la luna y las estrellas. Pensando un poco en la situación, supo que no debía moverse más a ciegas, pues podría perderse. Por fortuna pudo distinguir una pequeña cabaña en medio del bosque; pensó que sería buena idea entrar y pedir resguardo esa noche hasta el amanecer.

Al llegar a la cabaña, tocó la puerta unas cuantas veces, mientras decía con voz fuerte: – Buenas noches -, pero nadie respondía, el frio empezaba a meterse entre su ropa, así que al comprobar que nadie se encontraba por el momento, pasó sin ser invitado.

Una vez adentro le sorprendió el tamaño de la cabaña, pues desde afuera no parecía tan grande, un largo pasillo lleno de puertas se extendía por un largo tramo, entre la oscuridad mientras se desplazaba hacia enfrente pudo notar que en las paredes había extrañas pinturas de personas con aspecto siniestro, que lo seguían con la mirada, lleno de escalofrió, apresuraba el paso, para salir de aquel tenebroso pasillo.

Encontró una habitación casi al final y pasó en ella toda la noche hasta el amanecer, con los primeros rayos del sol, sus miedos se habían marchado, y retomó el pasillo para salir de la cabaña, solo para sentir como se le helaba la sangre, regresándole todo aquel temor, que lo dejó paralizado, las paredes estaban vacías, no había ni un solo cuadro, eran solo numerosas ventanas que rodeaban aquel largo pasillo.

La última broma

Antonio y Juan siempre habían sido muy buenos chicos, pero también muy inconscientes. Cada vez que salían juntos, siempre acababan haciendo alguna pequeña gamberrada o dando algún susto a alguien. Es por ello que finalmente consiguieron ganarse el apodo de los bromistas, aunque la gente les seguía teniendo un cierto aprecio, pero también era cierto que cada vez que los veía llegar preferían apartarse para evitar acabar siendo el blanco de sus burlas.Seguir leyendo

El gato sin ojos

Escribo porque no tengo nada mejor que hacer, porque necesito que sepan la verdad y porque es lo único que él me deja hacer.

Lo que ocurrió es tan bizarro, paranormal e ilógico que no podría imaginar que mucha gente crea lo que estoy por contar. Soy un escritor de una editorial muy exigente, justo había terminado una buen libro de auto superación, pero tenía errores y me habían obligado a corregirlos para entregarlo de nuevo una semana después.

Siempre fui un amante de los animales y no estoy en mi ciudad natal, vine porque en esta ciudad esta el plantel principal de la editorial, solo estoy de viaje y vengo de lejos, no pude traer mis mascotas por lo largo del viaje, estoy en un pequeño departamento sin compañía, iba directo a una tienda de mascotas para conseguir un compañero temporal, y no sentirme solo mientras estaba encerrado arreglando los pequeños errores del libro

Camino hacia el lugar me tope con un gato que no tenía ojos. Extrañamente no me dio miedo, incluso me dio lástima, así que decidí tomarlo. Justo ahora me arrepiento de haberlo hecho.Seguir leyendo

Legado sangriento

Poco a poco la lluvia se convirtió en llovizna tenue, pero el frío seguía calando los huesos. Ellos salieron abrazados del baile y abrazados caminaron por la desierta calle, cubierta de árboles a ambos lados. Las ramas bailoteaban una danza invernal, impulsadas por el viento y el agua.

Los piecitos de ella se mojaban, salpicados por charcos de baldosas flojas. El la apretaba fuerte de los hombros, cubriéndola con su saco azul.

Más allá del hecho de haberse conocido recién esa noche, sus latidos ya eran simult´neos, el roce de sus cuerpos al bailar apretados, apuraron sus instintos...La invitó a su casa...(...en realidad una herencia de su abuela, quién lo había criado y protegido cuando él quedó huérfano.) Tomarían un café caliente y un cognac. La llave giró en la cerradura de la pesada puerta de hierro y ésta, al abrirse, dejó una línea de barro sobre las viejas baldosas del hall de entrada. Sobre un lado, la larga galería se estiraba hacia el fondo y en el otro lado, la cocina y una habitación principal, permanecían cerradas. Al final se encontraban, el baño y un lavadero, desde donde se oía el acompasado gotear de un grifo mal cerrado.

Él abrazó a la niña nuevamente, tomándola de la cintura y la besó con furia...(...haciéndola inclinar, como el tallo de una flor a punto de quebrarse.)

Ya en la habitación, a oscuras, se dibujaban sombras pesadas, acuchilladas por la luz de la luna que quería asomarse. Sobre un rincón, un ropero de tres puertas, con la del medio, totalmente manchada, donde había un espejo que distorsionaba cualquier reflejo.(Dominando la escena, una gran cama con altos espaldares de bronce, cubierta por mantas tejidas y almohadones multicolores...)

Intentó encender la luz, permitiéndole pasar a ella primero. La bombilla pendía de un raquítico cable...No encendió. Maldijo. Atientas encontró una vela sobre la pequeña mesita junto a la cama. Los tenues rayos lunares zizaguearon en la habitación y brillaron como estrellas en los ojos y la sonrisa atrevida de ella que lo miraba, nerviosa. Giró y casi sin mediar palabras, se acercó y la empujó sobre el mullido colchón, donde su cuerpo rebotó...(Reían a carcajadas...) Como en una ancestral lucha, sus manos hurgaron y sus bocas mordieron...La ropa saltó hacia el suelo y se desparramó en todas direcciones.

Casi dos horas después, despertó abrazada a un almohadón. Se dió vuelta con su desnudo cuerpo, buscando el de él. No estaba.(La vela era apenas una mancha sobre el platillo...)Abrió el cajón de la mesita y sus dedos recorrieron papeles y polvo.) Tal vez fué al baño, pensó...Sus ojos que recién ahora se acomodaban a las penumbras, distinguieron en el suelo, junto a la cama, algo parecido a la tapa de un sótano. Se puso el suéter de él y envuelta en una sábana, entre curiosa y asustada, calzó sus zapatos, se agachó e intentó abrirla.

Como un aliento helado que la cubría, el frío subió, llenando la habitación. Vaciló entyre bajar a ver sóla ó esperar a que él volviera.(¿Si se enojaba por su curiosidad...?) No quería profanar secretos. Se animó y pisando con cuidado, bajó un escalón y luego otro.(Creyó poder mirar hacia abajo...)Se inclinó más aún. El golpe explotó detrás de su oreja. No alcanzó a gritar. El otro golpe dió de lleno en su sien derecha cuando ya había caído al húmedo piso del sótano. Los ecos de la tapa al cerrarse hicieron temblar los vidrios de la puerta y el espejo.

Como en un rito macabro, él acomodó las sábanas y mantas, juntó las ropas de ella y las arrojó dentro del ropero donde otras ropas se amontonaban, agusanadas. Se puso el saco azul, llegó a la puerta del frente que se arrastró sobre las baldosas...y cerró.

Una risa gutural, seguida de una tos cascada, rompió el ominoso silencio siguiente de la casa. La mecedora antigua de mimbre, raída, comenzó a hamacarse sola, chirriando, junto a la pared del sótano helado, cubierta de telarañas. Sobre ella, un bastón de cáñamo y mango de plata...(Manchado de sangre...)Parecía ser acunado con ternura infinita.

Ya no llovía.

Pero el frío seguía calando los huesos.


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