|
|
|
|
|
Características implícitas en el
Teletrabajo |
Si ponemos en relación las características que lleva implícito
el teletrabajo con las peculiaridades que presenta el trabajador con
discapacidad, sin duda podemos concluir que el teletrabajo es una buena
fórmula para facilitar la integración laboral de las personas con
discapacidad.
Las personas que trabajan apoyándose en las tecnologías de la
información ven potenciada su capacidad y su eficacia en los resultados. A
los avances tecnológicos que se vienen desarrollando en las tecnologías de la
información y de las comunicaciones hay que incorporar los específicos para
algunas discapacidades como son los referidos a deficientes visuales y
auditivos en el ámbito de la voz y de la transmisión de señales para la
comunicación. Riesgos Junto a las oportunidades que el teletrabajo tiene para la
integración de las personas con discapacidad existen riesgos que es preciso
señalar y tener muy presentes para lograr que las personas con discapacidad
puedan subirse a este tren en condiciones de igualdad. La falta de formación
adecuada, el desarrollo de tecnologías sin pensar que deben ser usadas por
todas las personas y la insuficiencia de recursos económicos para acceder a
las nuevas tecnologías son los más significativos de estos riesgos. Por todo
ello, es necesario desarrollar una acción decidida para adaptar la sociedad
de la información a las necesidades de los ciudadanos y no esperar que éstos
se adapten a ella. Si no se toman ciertas precauciones en lo concerniente a
las necesidades y preferencias de todos los usuarios potenciales, el
desarrollo tecnológico, que tantas posibilidades y oportunidades ofrece para
mejorar la integración social y la calidad de vida de las personas con
discapacidad puede provocar también problemas adicionales para ellas. Falta
de formación La incorporación de las personas con discapacidad al teletrabajo
exige formación, tanto en las técnicas y habilidades propias de su profesión
o actividad como en las técnicas informáticas y de comunicación. Es necesario
estar al día, pues los avances tecnológicos se suceden vertiginosamente, y el
teletrabajador ha de ser capaz de responder a las exigencias de un mercado
dinámico y competitivo. Estamos en la era de microprocesadores potentísimos
capaces de resolver y transmitir cualquier tipo de información, de la optoelectrónica con niveles cada vez mayores de
resolución de imágenes, de la comprensión de informes que permiten no sólo
reducir el espacio de disco sino de transmitir grandes volúmenes de datos en
tiempos muy reducidos, de la codificación para garantizar la seguridad, de la
realidad virtual para facilitar la mejor comprensión de realidades
imaginadas, de sistemas expertos capaces de sorprender en la acumulación y
búsqueda de datos, de la multimedia donde se concentran conocimientos de
múltiples áreas... y todo ello plantea la exigencia de una formación
continuamente actualizada para poder sacar el máximo partido de todos estos
avances. Diseño
inadecuado El riesgo del diseño es tan importante como el de la formación.
Aunque no parece posible, lo cierto es que, a las puertas del siglo XXI,
todavía se diseñen productos pensando sólo en un tipo de personas (jóvenes,
altas, delgadas, diestras...) y se olviden de todas los demás (mayores,
bajas, gruesas, zurdas, con movilidad reducida, con problemas de visión o
audición...) aunque los "unos" sean (que no siempre son) la
mayoría. El diseño debe ser para todos. Se debe evitar que los avances en la
sociedad de la información se conviertan en nuevos factores de exclusión para
las personas con discapacidad. Insuficiencia
de recursos El tercer riesgo es el de la insuficiencia de recursos
económicos. Todos somos conscientes de que las autopistas de la información
que permitirán la transmisión de datos y multimedia con gran velocidad requieren
de inversiones muy costosas, no siempre rentables por igual en los distintos
territorios. Si todo queda en la esfera del mercado el desarrollo dejará
mucha gente fuera. Por ello es preciso que el sector público tome conciencia
del problema y asuma su obligación de garantizar ciertos niveles de igualdad.
En un orden más básico, sería preciso facilitar el acceso a la tecnología más
elemental de ordenador, módem y RDSI mediante apoyo económico de las
Administraciones Públicas a las personas con discapacidad que tengan voluntad
de teletrabajar. Por otra parte, las tarifas
telefónicas son todavía demasiado elevadas para quien trabaje como
teletrabajador, utilizando la red. |