Oportunidades y Riesgos

 

 

 

Características implícitas en el Teletrabajo

 

  • Oportunidades.
  • Riesgos.
    • Falta de formación.
    • Diseño inadecuado.
    • Insuficiencia de recursos.

 

Oportunidades

 

Si ponemos en relación las características que lleva implícito el teletrabajo con las peculiaridades que presenta el trabajador con discapacidad, sin duda podemos concluir que el teletrabajo es una buena fórmula para facilitar la integración laboral de las personas con discapacidad.

  • La mayor flexibilidad que supone el teletrabajo favorece a todos los trabajadores, y no sólo a quienes tienen algún tipo de discapacidad. El horario flexible, la posibilidad de poder elegir si se trabaja de día o de noche, en fines de semana o en días laborables, constituyen aspectos importantes para conseguir un determinado nivel de calidad de vida.
  • El hecho de que el trabajo pueda desarrollarse en lugares diferentes, incluido el propio domicilio, proporciona a las personas con movilidad reducida ventajas muy importantes: no precisan la utilización cotidiana del transporte adaptado, ni la ayuda de tercera persona para desplazarse, ni se requiere adaptación especial del puesto en la sede de la empresa. La modalidad de trabajo en casa permite al trabajador con discapacidad compatibilizar el trabajo con procesos de recuperación o rehabilitación, ajustando su horario a otras exigencias relacionadas con su salud; mejora la calidad de vida del entorno familiar y permite aminorar algunos costes inherentes al trabajo, especialmente si éste tiene lugar en las grandes ciudades (transporte y comida), que resultan muy gravosos cuando los salarios no son elevados.
  • Por lo que se refiere a las actividades laborales a desarrollar mediante teletrabajo, la mayor parte de ellas pueden ser realizadas por personas con cualquier tipo de discapacidad física o sensorial, siempre que se incorporen en los equipos informáticos las adaptaciones concretas que precisen.
  • Finalmente la flexibilidad en cuanto al tipo de contrato permite adaptar los requerimientos de la empresa a la capacidad y tiempo de que dispongan las personas con discapacidad, que en algunos casos estará limitada por obligaciones de tratamiento o rehabilitación.

Las personas que trabajan apoyándose en las tecnologías de la información ven potenciada su capacidad y su eficacia en los resultados. A los avances tecnológicos que se vienen desarrollando en las tecnologías de la información y de las comunicaciones hay que incorporar los específicos para algunas discapacidades como son los referidos a deficientes visuales y auditivos en el ámbito de la voz y de la transmisión de señales para la comunicación.

 

Riesgos

 

Junto a las oportunidades que el teletrabajo tiene para la integración de las personas con discapacidad existen riesgos que es preciso señalar y tener muy presentes para lograr que las personas con discapacidad puedan subirse a este tren en condiciones de igualdad. La falta de formación adecuada, el desarrollo de tecnologías sin pensar que deben ser usadas por todas las personas y la insuficiencia de recursos económicos para acceder a las nuevas tecnologías son los más significativos de estos riesgos. Por todo ello, es necesario desarrollar una acción decidida para adaptar la sociedad de la información a las necesidades de los ciudadanos y no esperar que éstos se adapten a ella. Si no se toman ciertas precauciones en lo concerniente a las necesidades y preferencias de todos los usuarios potenciales, el desarrollo tecnológico, que tantas posibilidades y oportunidades ofrece para mejorar la integración social y la calidad de vida de las personas con discapacidad puede provocar también problemas adicionales para ellas.

 

Falta de formación

 

La incorporación de las personas con discapacidad al teletrabajo exige formación, tanto en las técnicas y habilidades propias de su profesión o actividad como en las técnicas informáticas y de comunicación. Es necesario estar al día, pues los avances tecnológicos se suceden vertiginosamente, y el teletrabajador ha de ser capaz de responder a las exigencias de un mercado dinámico y competitivo. Estamos en la era de microprocesadores potentísimos capaces de resolver y transmitir cualquier tipo de información, de la optoelectrónica con niveles cada vez mayores de resolución de imágenes, de la comprensión de informes que permiten no sólo reducir el espacio de disco sino de transmitir grandes volúmenes de datos en tiempos muy reducidos, de la codificación para garantizar la seguridad, de la realidad virtual para facilitar la mejor comprensión de realidades imaginadas, de sistemas expertos capaces de sorprender en la acumulación y búsqueda de datos, de la multimedia donde se concentran conocimientos de múltiples áreas... y todo ello plantea la exigencia de una formación continuamente actualizada para poder sacar el máximo partido de todos estos avances.

 

Diseño inadecuado

 

El riesgo del diseño es tan importante como el de la formación. Aunque no parece posible, lo cierto es que, a las puertas del siglo XXI, todavía se diseñen productos pensando sólo en un tipo de personas (jóvenes, altas, delgadas, diestras...)  y se olviden de todas los demás (mayores, bajas, gruesas, zurdas, con movilidad reducida, con problemas de visión o audición...) aunque los "unos" sean (que no siempre son) la mayoría. El diseño debe ser para todos. Se debe evitar que los avances en la sociedad de la información se conviertan en nuevos factores de exclusión para las personas con discapacidad.

 

Insuficiencia de recursos

 

El tercer riesgo es el de la insuficiencia de recursos económicos. Todos somos conscientes de que las autopistas de la información que permitirán la transmisión de datos y multimedia con gran velocidad requieren de inversiones muy costosas, no siempre rentables por igual en los distintos territorios. Si todo queda en la esfera del mercado el desarrollo dejará mucha gente fuera. Por ello es preciso que el sector público tome conciencia del problema y asuma su obligación de garantizar ciertos niveles de igualdad. En un orden más básico, sería preciso facilitar el acceso a la tecnología más elemental de ordenador, módem y RDSI mediante apoyo económico de las Administraciones Públicas a las personas con discapacidad que tengan voluntad de teletrabajar. Por otra parte, las tarifas telefónicas son todavía demasiado elevadas para quien trabaje como teletrabajador, utilizando la red.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1