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- Nuevas
expectativas de ocupación para personas con discapacidad.
- Cómo
potenciar el acceso de las personas con discapacidad al teletrabajo.
- Ventajas e
inconvenientes.
Nuevas
expectativas de ocupación para personas con discapacidad
El desarrollo tecnológico ha permitido a las personas con
discapacidad el acceso a sectores de conocimiento y actividad que hasta poco
tiempo les estaban vedados. El teletrabajo, en concreto, ha abierto
importantes expectativas de ocupación para sectores sociales con especiales
dificultades de inserción laboral, como es el caso de las personas con
restricciones graves de movilidad, al permitir obviar los inconvenientes
derivados de la necesidad de trasladarse al lugar habitual de trabajo. En
tanto que puede realizarse también en forma colectiva, en un lugar
especialmente equipado (centro de teletrabajo), ha abierto también nuevas
vías para la organización de cooperativas y empresas de economía social para
trabajadores con discapacidades.
Cómo
potenciar el acceso de las personas con discapacidad al teletrabajo
Aunque actualmente el teletrabajo se desarrolla mayoritariamente
en un sector de mercado especializado y por personas con elevada calificación
técnica y profesional, su progresiva implantación en todos los sectores
permitirá que la realización de muchas tareas se vayan
adaptando al formato de teletrabajo. Pero las oportunidades que el
teletrabajo puede ofrecer a las personas con discapacidad no surgen de forma
espontánea, y es necesario abordar una acción decidida para desarrollar
esquemas que faciliten su prospección y aprovechamiento y permitan superar
los riesgos que también existen.
Esos esquemas han de contemplar, en primer lugar, la formación,
pues también en el caso de las personas con discapacidad la educación y la
formación son la clave para lograr, gracias al progreso técnico, nuevas
oportunidades de empleo y explotarlas adecuadamente. El aspecto crucial es
determinar cuál es el tipo de formación más adecuado a los cambios que la
sociedad de la información está introduciendo y va a introducir en el futuro.
Los esquemas tradicionales de aprendizaje, dirigidos a la adquisición de
habilidades concretas de naturaleza mecánica y repetitiva, como las que
demandaba la sociedad industrial, han de ser sustituidos por esquemas que
potencien la adquisición de aptitudes orientadas a la sociedad cognitiva.
En segundo lugar, la acción para aprovechar las oportunidades
que brinda el progreso técnico en favor del empleo de las personas con
discapacidad ha de incidir sobre las actitudes de los interlocutores
sociales, y muy especialmente en los empresarios, que no siempre son
conscientes de la tecnología disponible ni de las potencialidades que encierra
cuando se utiliza en provecho de los trabajadores con discapacidad.
En tercer lugar, esa acción ha de dirigirse a superar algunos
obstáculos (dificultades económicas, falta de atención a las necesidades
específicas de las personas con discapacidad en el diseño tecnológico, etc.)
que pueden comprometer el adecuado acceso de las personas con discapacidad a
las tecnologías de la información y las comunicaciones, evitando que los
avances en la sociedad de la información se conviertan en nuevos factores de
exclusión para el colectivo.
Ventajas
e inconvenientes
Todos los estudios sobre teletrabajo presentan largas listas de
ventajas e inconvenientes pues el teletrabajo, como cualquier otro fenómeno
social, es una realidad compleja.
Entre las ventajas
evidentes que el teletrabajo ofrece al trabajador suelen citarse la mayor
flexibilidad de horario, la mayor autonomía en la organización del propio
trabajo, el ahorro de tiempo y dinero en los desplazamientos, la posibilidad
de pasar más tiempo con la familia, el mejor acceso a la formación (por medio
de la teleformación), con la ventaja añadida de que
se aprende a través del medio con que se va a trabajar, y la oportunidad de
trabajar de forma autónoma con una inversión pequeña, en comparación con
otros tipos de actividades empresariales.
Entre los inconvenientes,
el aislamiento social, el temor al fracaso o sobre la calidad del trabajo,
debido a la ausencia de un soporte laboral inmediato y a la dificultad para
efectuar consultas, la adicción al trabajo, el stress, la inseguridad
respecto a su estatus social, y el peligro de que, como ocurrió con el
tradicional trabajo a domicilio, la fórmula se convierta en una bolsa de
subempleo, marginalidad y economía sumergida. En el caso de los
teletrabajadores que trabajan en su domicilio, la difícil separación entre
trabajo y vida privada o familiar puede producir conflictos, especialmente
cuando los espacios disponibles en el domicilio familiar son reducidos y no
existe la posibilidad de crear espacios diferenciados para el teletrabajo.
Para contrarrestar los posibles efectos negativos hay soluciones
organizativas, que van desde la realización de reuniones periódicas
obligatorias hasta la constitución de asociaciones con fines informativos y
lúdicos. En el caso de teletrabajadores por cuenta ajena, la alternativa que
ha mostrado mayor efectividad ha sido la elaboración de una composición mixta
de actividad, alternando el trabajo en el domicilio y en la oficina.
En cualquier caso, para trabajar eficazmente desde el propio
domicilio es necesario tener resueltos al menos dos problemas: uno de
carácter logístico y otro de carácter organizativo. El problema logístico
consiste en disponer de un mínimo de metros cuadrados para dedicar a la
"oficina de teletrabajo" (el 80 por cien de los teletrabajadores
europeos no tienen una habitación dedicada exclusivamente a su actividad
profesional). El organizativo, en dejar bien claro que el hogar deja de ser
el hogar para convertirse en el "hogar-oficina", lo que obliga a
renegociar la distribución de las tareas domésticas y el tiempo que se dedica
al trabajo y al resto de las actividades hogareñas.
Como es obvio, las personas con discapacidad pueden experimentar
también, como el resto de los ciudadanos, los inconvenientes que pueden
derivarse de una mala organización del teletrabajo. En concreto, se ha
argumentado desde diversos frentes que el teletrabajo podría contribuir a
incrementar el aislamiento de las personas con discapacidad. Pero ésa parece
ser una creencia errónea pues, por una parte, el teletrabajo no implica
necesariamente, como ya se ha indicado, el trabajo desde el hogar, y, por
otra, como señala un discapacitado que es a la vez teletrabajador, el mero
hecho de poder realizar tareas laborales puede suponer un importante
incremento de calidad de vida para aquellas personas que no pueden moverse de
su casa, y en el caso de personas que sí pueden hacerlo el hecho de trabajar
en casa no implica necesariamente que haya ausencia de contacto personal. La
opción por el teletrabajo no tiene, pues, por qué implicar un mayor
aislamiento de las personas discapacitadas, ya que el teletrabajo se podrá
ver siempre compensado y complementado con reuniones y contactos de tipo
personal. Por otra parte, permite a las personas con discapacidad trabajar en
un entorno menos hostil y más adaptado a las necesidades de cada uno.
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