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Lic. Ulices del Dios Guzmán C. <[email protected]>
En general, el responder a la pregunta del porqué de los fenómenos humanos implica, en cierto sentido, el encontrar las causas que nos permitan explicarlo, y, en otro sentido, el encontrar las motivaciones que nos permitan comprenderlo.
Es sobreentendido que en la medida en que nos aproximemos a una mejor explicación y comprensión del fenómeno humano de la corrupción gubernamental, estaremos en mayor capacidad para controlarlo, sea para promoverlo o para combatirlo, de donde deriva el interés y la importancia de conocer el fenómeno señalado.
Queda también sobreentendido que en un quehacer humano sometido a la ética social, la búsqueda de una mejor explicación y comprensión de la corrupción gubernamental debe orientarse hacia el fin de procurar eliminarla o al menos minimizarla, sin que ningún nivel (por mínimo que sea) pueda parecernos aceptable.
Desde una perspectiva metodológica genérica, el incursionar en las causas y motivaciones de la corrupción gubernamental puede hacerse, partiendo desde un método inductivo o desde un método deductivo; sin embargo, el poco espacio disponible obliga a conformarnos con una breve perspectiva deductiva.
En tal sentido, partiendo de concepciones generales con relación a los fenómenos humanos, individuales y colectivos, asumimos que sobre la corrupción gubernamental podemos aproximar nuestro conocimiento, en lo individual a partir del hombre (ser humano, masculino y femenino), y en lo colectivo a partir de la sociedad.
La corrupción gubernamental no puede comprenderse si no se parte del hombre mismo, por cuanto el hombre es tanto el autor de la corrupción como también la víctima de sus consecuencias.
Partir del hombre significa partir de sus principios y valores éticos, de su proyecto vital, y de los mecanismos disponibles y aceptables para su realización.
El conjunto de principios y valores éticos del hombre le predeterminan en lo esencial: qué tipo de vida (proyecto vital) pretende realizar, qué elementos necesita para vivir cómo desea vivir, y qué está dispuesto a hacer para alcanzar lo que desea.
Cuando el hombre en su proyecto vital privilegia su tenencia material por sobre su ser espiritual, orienta su actuación en general, incluyendo su actuación de ciudadano y servidor público, hacia la obtención de mayores riquezas e ingresos económicos, sin que las limitaciones éticas, jurídicas y sociales constituyan frenos que respete por convicción, sino solamente por coacción.
Por tanto, el hombre, como ciudadano y servidor público, se seguirá sintiendo impulsado hacia la corrupción en tanto que en su dimensión ética personal valore en más lo que materialmente tiene por sobre lo que espiritualmente es.
A riesgo de caer en reduccionismo, desde la perspectiva social podríamos esquematizar y sintetizar el fenómeno de la corrupción gubernamental a partir de dos elementos del sistema o estructura social: el control sobre la gestión gubernamental y las consecuencias de la corrupción.
La sociedad a partir de su sistema social y especialmente de su subsistema político, teóricamente debe procurar la pureza de la gestión gubernamental, para lo cual establece distintos tipos de controles que no en todos los casos resultan aceptablemente eficaces.
Dependiendo de los distintos grados de eficacia de los controles, la sociedad y su gobierno pueden facilitar o dificultar la corrupción gubernamental, configurándose una relación inversamente proporcional entre la eficacia del control y la corrupción gubernamental, así: a mayor eficacia del control menor corrupción, y a la inversa, a menor eficacia del control mayor corrupción.
Sobre el elemento de las consecuencias de la corrupción gubernamental, pueden distinguirse dos tipos básicos: el premio y el castigo, los cuales a su vez están estrechamente vinculados con la eficacia de los controles sobre la corrupción.
En tal sentido, para el corrupto el fruto de su corrupción se convierte en un premio, "recompensa a sus riesgos y esfuerzos", en tanto que el sistema social no tenga la eficacia suficiente para evitar y sobre todo para castigar el acto de corrupción cometido; y al contrario, el intento frustrado o consumado de corrupción gubernamental deriva en un castigo, en tanto el sistema social tenga la eficacia de evitar la corrupción o de reprimir al corrupto.
De conformidad a lo antes dicho, el hombre en cuanto ciudadano o servidor público seguirá siendo altamente corruptible en tanto que en su dimensión ética personal privilegie la necesidad del incremento de su tenencia material por sobre la necesidad de su desarrollo espiritual, y en tanto el sistema social se lo facilite a causa de la ineficacia de sus controles contra la corrupción, los cuales a su vez difícilmente serán realmente eficaces en tanto que en la misma sociedad sea la tenencia material el criterio de organización, funcionamiento y estimación predominante.
Sobre el autor:
Salvadoreño. Ejerce las profesiones liberales
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No.4
Septiembre-Octubre/1999
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