Sueño

"A las imágenes no solo las puedes pintar, también las puedes
escribir, el mundo no es nada sin la imaginación"

 

No me gusta dormir en los camiones. Odio cuando pego mi cabeza en la ventanilla y ésta empieza a tambalearse de modo que siento como las ideas se desacomodan. No, definitivamente odio dormirme en los camiones.

De repente siento el codazo del compañero de asiento, el cual quiere decir que su bajada esta casi asegurada, que me tengo que mover."Está bien", le respondo al mismo tiempo que quito mi humanidad del paso para que el pueda salir y tocar el timbre que anuncia la bajada.

Son alrededor de las 2:30 de la tarde, casi a punto de mi primer clase, bueno, eso hubiera sido en los tiempos cuando concurría la preparatoria, porque ahora solo voy ocasionalmente a saludar a un par de amigas. Pero da lo mismo. "Cómo has cambiado", dijo Mar, "De verdad no creí reconocerte con el cabello corto, te ves mucho más joven", y en realidad era eso, decidí cortar de tajo con el leonesco look que me singularizaba hacia un año hasta apenas el sábado pasado. Un cambio de imagen no le sienta mal a nadie, sobretodo si con eso se borran algunos ayeres y algunas malas experiencias. "Espera, este reencuentro lo celebraremos", le dije mientras sacaba unos cigarros de mi bolsa derecha, por lo general siempre que los meto allí salen ovalados, esta vez no fue la excepción, aunque cabe explicar que Mar no fuma.

Salimos a tomar un refresco, eso si que lo aceptó, podíamos ver como emanaba el olor de la marihuana detrás de los puestos, esta estampa es casi de rutina en la preparatoria, los mismos compañeros que algunos años atrás entraron casi trajeados a reclamar un lugar en la institución, ahora veían escapar su juventud y una que otra neurona al compás de tan excitante aroma, Mar parecía mirarlos con una total indiferencia, yo con antojo o tal vez con lástima.

"Dos Coca Colas por favor", me sacó del trance esa voz, no recuerdo si fue de un muchacho o de una muchacha, pero me sacó del trance en el que estaba metido, salimos del pequeño tumulto y decidimos ingresar de nueva cuenta al plantel. Nos acabamos las Coca Colas antes de que el astro rey hiciera lo propio. Nos miramos a los ojos, aunque sabiendo que lo que veíamos es la eterna y cariñosa mirada que se pueden dar dos amigos.

Se estaba haciendo tarde, debían de ser mas allá de las cinco de la tarde, no había rastro de mi amigo el cual me había citado, ya llegaría, es lo que me mantiene unido a él, que si me dice a una hora determinada, por lo general se retrasa, pero siempre llega, además estaba muy bien acompañado por Mar.
Sonó mi teléfono portátil, era él, ya estaba en la preparatoria pero no daba con mi ubicación, "En el asta, aquí estoy con Mar" y colgué, vi los lindos ojos de Mar y le puse una mano en la pierna, ella a la vez me dedicó una gran sonrisa. Siempre ha existido una química entre ella y yo, pero más que la química amorosa, pues ella tiene novio, es una química amistosa, me atrevería a decir que nos necesitamos, aunque no nos lo hagamos saber, no necesitamos palabras.

"Vaya, ya me hacía a la idea de largarme solo a casa", "Güey, soy de palabra, no como tú que me dejas plantado", y es cierto, a veces abuso de la confianza y de la amistad y me invade la hueva, pero vamos, siempre estoy allí cuando me requieren, como ellos. Tarde pero estoy. Saludó a Mar, preguntó por todo lo que venía haciendo, "Nada bueno, tu sabes sigo buscando en qué quemar el tiempo", "¿Tu?, ¡Que raro!, ya ponte a hacer algo productivo", me decía como si el ya fuera todo uno businessman, le asentí con la cabeza, pero no les dejaba ver lo que me había perturbado hacía un rato en el puesto, creo que Mar si se dio cuenta.

Seguimos con la jornada, nos pusimos a vaguear por todo el plantel, fumamos uno tras otro de esos maravillosos Camel, y decidimos irnos temprano para ir a tomar un café.

Mar se había ido a clase.

Terminada la hora de clase de Mar fui corriendo a despedirme, ya daban las 7:30 de la tarde, la abracé y le dije que era mi chiquilina, y que se cuidara, nos dimos un gran abrazo, ella me besó en la mejilla.

"¿Cómo nos vamos?", me preguntó Jaime, le señalé hacia Insurgentes, y el me dijo tu pagas este y yo -o sea él- el café. Así hicimos.

"Un capuchino helado, por favor" le dije a la muchacha del mostrador, Jaime pidió lo mismo, nada más que sin crema... Una voz muy linda me dijo: "Hola, como te llamas", "Alejandro, me llamo Alejandro", "No eres de estos rumbos, nunca te había visto por aquí, y mucho menos tomando café, ¿Te gusta el capuchino? Perdón si me veo muy impertinente, pero es que desde hace un rato te estoy viendo y se me hizo muy interesante tu plática acerca de la música que escuchas, a la de tu amigo la verdad no le encuentro mucha gracia, pero a la tuya si, discúlpame si te importuné y mas aún si hago que el café te sepa raro, no odio otra cosa en el mundo, que alguien llegue a preguntarte cosas y te arruine la serenidad que da el tomar un capuchino helado, más aún con este calor", "No te fijes", le respondí.

No era la gran cosa, era mas bien común, aunque si la tuviera que describir, diría honestamente que entra con facilidad en los cánones de mi gusto personal, tanto físico como espiritual, era de buena leche, y de mejores piernas. Largo rato nos pusimos a lidiar, que si la situación económica mundial y toda esa serie de paveses que las decíamos sin el mínimo respeto de los oficinistas de la Secretaria de Economía, que esta a solo unos pasos del café donde nos hallábamos "reunidos", porque cabe señalar que nunca habíamos entrado a ese café y por tanto nunca había visto a tan noble dama con la que departía el café, Jaime se mostraba azorado, y también algo anonadado porque a mi nunca me abordan para platicar, no tengo la facha de galán que me diferencia de Jaime, pocas veces lo había visto así, quieto y expectante.

Creo que después de ese capuchino nos seguimos con dos americanos, y platicamos hasta entradas las 10 de la noche. Ella no tenía reparo en irse a casa pues según me había hecho el vago comentario vivía a pocas calles del lugar. Yo en cambio vivo al otro lado de la ciudad, y mi barrio no es nada parecido a la colonia San Ángel Inn.

Le agradecí el momento de platica y le prometí volver el siguiente martes, pero esta vez más temprano, y así cambiar más puntos de vista, tal parece que ella se dedica también a la música porque me dijo sin reparo, "Tienes cara de músico, algo me lo dice", y salió y se fue.

Caminé desde la estación de Tacuba hasta mi casa, que en realidad es una nada de distancia en comparación del punto desde donde venía. Ya daban las 12 en mi reloj, alcancé a tomar el último convoy. Después de las explicaciones a mi padre y el beso de buenas noches a mi madre entré a mi cama sin contar a nadie lo sucedido.

Volví al martes siguiente. A las tres y media como habíamos acordado, tomamos un par de americanos, y ella me dijo: "Vamos a mi casa, tengo algo que mostrarte", muchas cosas pasaron por mi novata mente -y digo novata en estos asuntos- que tendríamos sexo, tomaríamos algún vino o tequila, o solamente quería estar en un lugar más íntimo.

Llegamos a su casa, me acomodó en el living y ella fue por un par de caballitos y una botella de tequila, creo que eso ya no tiene nada de raro en dos jóvenes, alzamos los caballitos y brindamos por el reencuentro, así fue en repetidas ocasiones. Luego vi que sacó una libreta y me la alcanzó, me dijo: "No te vayas a burlar, pero yo también escribo, me gusta hacerlo cada vez que estoy en depresión, nunca cuando estoy alegre porque entonces mi escritura cae en lo cursi, y se entiende como algo asqueroso, ¿Me entiendes?", "De ninguna manera me burlaría de alguien que no tiene miedo a plasmar lo que siente, de alguien que se atreve, de esos ya casi no habemos, y mira que yo ando continuamente en eso", me dedicó una sonrisa, alcancé a recordar uno de sus versos:


Por las noches salgo,
Vivo mas de la cuenta,
Por los días muero,
Imaginándome a los cuarenta.


Debí notar que ella tiene miedo a perder belleza con la edad, cuando en realidad en esa edad, dicen, se llega al punto máximo del sex appeal, pero a ella le aterraba, a mi juicio, llegar a esa edad y perderle el chiste al existir. Pero ella a pesar de estar rodeando los 22 años, tenía esa angustia, no visible, mas bien legible.

Seguimos brindando el reencuentro, y ella estaba recostada en el sofá cuando me preguntó si yo traía alguno de mis escritos conmigo, le respondí con el "Lujuria y romance"."¿Y tu que prefieres, lujuria o romance?", "Las dos, pero juntas, no me gusta el sexo por el simple hecho de penetrar a alguien", "¿Cómo puedes vivir las dos experiencias al mismo tiempo?". "Es muy fácil".

Nos dieron las 8 de la noche, estábamos algo vampireados, porque no habíamos prendido luz alguna hasta el momento que sonó su teléfono portátil, pareció que no eran buenas noticias, "Tengo que irme, lo siento, pero te quedas en tu casa, y por favor si te vas, promete que regresaras el viernes a esta hora, ah, y cierras porque uno nunca sabe".

"Chau" le dije.

Que raro, nadie me había dejado tan asombrado con la confianza que me brindó, que con dos días tratándome, me dejara en su living, en su casa, que me ofreció, "Te dejo en tu casa", me zumbó esa idea, como tentando regresar o quedarme, más por la segunda, pero no duré más de quince minutos y salí tomando el primer taxi que vi.

El viernes llegué directo a su casa, iba a aventurarme a tocar el interfono y de reojo capté un papel que decía: "Alejandro, the door is open, please come in", hice caso al mensaje y me introduje, se oía el canto de la ducha y el vapor salía del cuarto de baño, yo llevaba unas flores, como le quería dar una sorpresa, las puse en un florero y las lleve a su cuarto, al salir de éste, se calló el canto de la ducha, y se reanudó con el opus del oxidado gozne.

Salió nada mas con una toalla enredada en la cabeza y sin bata, dejando al descubierto su cuerpo que lejos de ser el de una supermodelo era mas bien armonioso, no se sorprendió al verme, se sorprendió al ver las flores.

"Disculpa el atrevimiento y la indecencia de salir en estas condiciones, pero es que olvide mi bata en la cama, ¿Me la pasas?" se la alcancé sonrojado, ella la tomó y su seno izquierdo levemente rozó mi brazo, no dijimos nada, pero a los dos nos excitó. Lentamente se envolvió y seco su húmeda geografía, mientras miraba con ternura las flores, se puso un pantalón de mezclilla y una blusa con un 66, casualmente es mi número favorito, cabe destacar que la blusa era azul, mi color favorito.

"¿Por qué no vamos a tomar un café", "Claro, yo invito", nos fuimos. Ya en el café sacó la misma libreta, pero ahora me enseñó una de sus etapas autodestructivas, que eran aún más oscuras que la etapa anti-edad.

Salimos casi a la media hora. Fuimos a una galería cercana, vimos varios cuadros y grabados, a mí en lo particular me impactó un óleo con la cara de un payaso, me atrapó su enigmática sonrisa, como previniéndome del futuro. Como si se burlara de mi. Ella me dijo que fuéramos a su casa, no me quedó de otra, era muy tarde.

No encendió ninguna luz, poco a poco me estaba dando cuenta de que no saldría de allí sino hasta la mañana siguiente, sacó dos caballitos y una botella de tequila, comenzamos a beber, como si fuera la última vez, me rodeó con sus brazos, noté que no tenía blusa, ni sostén, me empezó a besar, la besé, como si fuera la última vez, nos encontrábamos desnudos, paseé mi mano por sus senos, su pubis, sus piernas, besé cada palmo de su cuerpo...


"Joven, ¡Joven!... Ya llegamos"


Odio dormirme en los camiones, solo malgastan mi imaginación.

 

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