Estoy solo y
sin luz,
Es tan frío mi cuarto,
Que no se si moriré de miedo,
O moriré de soledad.
El perro que me acompañaba,
Hoy yace muerto en la banqueta,
Y los versos que hoy he escrito,
Van al aire como frases sueltas.
Y mientras tanto esperas...
A que toda la gente calle,
A que ningún ruido se manifieste,
Para poder oír mi llanto.
Pero... para qué esperar mi llanto,
Si cuando lo oyes me ignoras,
Y volteas la cara hacia la luz,
Y no haces caso a mis plegarias.
Por eso te tiré del altar,
Y con tus guijarros hice un templo,
Al cual ir sin nada tuyo,
Ese templo es mi orgullo.
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