Una larga noche, o al menos eso parece.
Recorro poco a poco un terreno que hasta hace no mucho desconocía.
¿Cómo llega a
cambiar el paisaje cuando los árboles llenan este lugar ahora habitado por una
que otra meseta y un pequeño oasis, allí donde la vida se puede originar?
Mi cara se torna alegre, a lo lejos dos luceros brillan, dos faroles me anuncian
que tengo que posar mi atención en ellos, me pueden dar la respuesta, aunque
tengo la certeza de conocerla. Ahora comienza mi travesía por un valle, separado
en dos partes idénticas.
Cuenta la leyenda que a veces esos valles se yerguen y se tornan dos paredes
perfectas, no sé que tan verídico sea el hecho de verticalizarce, la perfección
si es de verdad.
Este es un lugar habitado por mi mismo, una suerte de reino que tengo que
descubrir poco a poco, no es una herencia, es digamos una conquista, un reino
donde el rey y el mendigo soy yo, el oasis se aproxima, un día no muy lejano
esparciré semillas y solo una dará el fruto de mi felicidad, el fruto de mi
comunión con esta sagrada tierra.
Cada vez estoy más cerca, aunque entro a una zona muy estrecha, se puede ver muy
cerca el horizonte, un gran cráter me hace imaginar que alguna vez esta tierra
fue el fruto de otro oasis, arriba dos fuentes perfectas y simétricas se hacen a
mis costados, miro extasiado, la fortaleza de mis pisadas hacen que el terreno
se manifieste, similar a los hongos cuando brotan por la tierra mojada.
¡La gloria está cada vez más cerca! Lo sé porque las luces me ciegan, me aturde
y a veces parezco vacilar entre paso y paso, no es por duda, más bien es por el
destello y la felicidad que cada vez me palpa más.
Me entretengo a beber de un enorme pozo, que a su vez se conjuga con mi boca en
excitantes ósculos, una comunión ahora con el agua que algún día llegará a
conjugarse con la tierra para regar el fruto ya mencionado.
El aire que emana de dos cuevas parece tirarme. Estoy a pasos de entregarme, no
por nada me rendiré, es entregarme a rastras, asirme a una rama, de allí sabré
trepar, es mi comunión con el aire, cuando esa fuente eólica cese, yo estaré a
nada de morir, esa fuente eólica se conjugará con mi aliento, la tierra y el
agua se conjugarán también.
De pronto la luz y el calor me envuelven, lejos de derretirme, puedo verme
reflejado en cada uno de esos espejos, que mas que despedir, sintetiza la luz de
ese terreno, la refleja y la esparce a cada rincón.
Es entonces que caigo en cuenta que siempre estuve en comunión con el fuego,
ahora la tierra, el agua y el aire también se conjugarán en alguna otra noche.
Ahora froto mis ojos, con mis manos tomo tu cabello, haces un derivado de mi
nombre con solo las vocales, son las nueve, nos volvemos a poner los disfraces.
El sol se pone a las siete.