HEROE POR ACCIDENTE
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ogí el insecto y lo empotré contra el cristal del coche.
- Jack, ¿quieres estarte quieto?- Dijo mi madre impaciente.- Ya estamos llegando al instituto. ¿Por qué no te tranquilizas?
¡Que me tranquilizara! ¿Cómo quería mi madre que me tranquilizara? ¡Imposible! Era mi primer día en mi nuevo instituto. Me iba a dar algo. Estaba tan nervioso que hasta me mordía las uñas de las manos, y eso que me repugna de veras. No me imaginaba a mi mismo sin mis amigos de toda la vida. Mi familia y yo nos acabábamos de mudar a una ciudad que ni siquiera conozco de oídas. Vaydell City, o al menos, así creo que se llama.
Mi madre frenó y nos bajamos del coche. Miré hacia arriba y me quedé boquiabierto. Por encima de mí se alzaba un gran edificio antiguo de piedra gris, con grandes ventanas enrejadas. El edificio estaba rodeado por una verja interminable a la vista humana.
Cogí la mochila del asiento trasero y me la coloqué sobre el hombro derecho. Me dirigí hacia la puerta abierta de la verja y me giré para decirle adiós a mi madre.
- ¡Adiós, cariño!- Me gritó ella- ¡Que tengas suerte!- Y acto seguido se metió en el coche y se fue.
Mis nervios estaban más tensos que antes. Tuve que obligar a mis piernas a entrar en el edificio de piedras angulosas, y con algo de dificultad, logré girar la maneta de la puerta de mi clase y colarme adentro. Me di la vuelta y vi toda una manada de chavales y chavalas de mi edad observándome como si fuera un bicho raro.
- ¿Qué pasa? ¿Nunca habéis visto un adolescente con gafas?- Dije algo inseguro. Me apresuré a buscar una mesa libre y me senté al fondo de la clase. Al parecer, el profesor o la profesora no había llegado todavía.
- Hola, - Me dijo mi nuevo compañero de al lado.- me llamo Andy Pyndal.
- Yo soy Jack Sckothey- Contesté sin siquiera mirarle a la cara.- ¿Que toca ahora?
Se rascó la cabeza y dijo: - No creo que hagamos nada. Seguramente la profesora Docfiss te hará salir delante de la clase para que te presentes y te conozcamos.
“Lo que faltaba”, pensé. Siempre me ha dado corte tener que hacer alguna cosa de esas. Se abrió la puerta y apareció detrás una señora gorda con gafas de culo de vaso, pero con cara agradable. Daba la sensación de ser muy mayor. Me pregunté por qué no se habría jubilado ya.
- Vaya, vaya. Pero a quien tenemos aquí.- Y me miró de manera extraña. La luz de los fosforescentes se reflejaba en sus gafas y me impedían verle con claridad.- Anda, ¿Por qué no sales delante de todos y nos lo cuentas todo sobre ti?
Me levanté convencido de que iba ha hacer el ridículo, pero noté un golpe en la espalda y me giré. Era Andy, que me sonreía de forma amistosa y con el pulgar de la mano derecha levantado. Yo le sonreí tímidamente.
Fui abriéndome paso entre las curiosas miradas de mis compañeros y esquivando las zancadillas que me hacían algunos graciosillos. La profesora me seguía muy de cerca, tanto que notaba su aliento al respirar en la nuca.
Por fin llegué a la entrada de la clase. De mi nuevo sitio hasta la puerta tan solo habían unos metros, pero se me había hecho un viaje infinito.
Algunos alumnos cuchicheaban y, en el fondo de la clase, unas chicas se reían. Yo me estaba poniendo rojo, lo percibía, creo que por eso algunos ponían una sonrisa de lo más idiota.
- Hola.- empecé- Me llamo Jack, Jack Sckothey. Y, estooo... Tengo 14 años, casi 15, los cumplo en abril. Mi mayor afición es... la ciencia.- Muchos soltaron carcajadas.
La profesora dio tres palmadas y los alumnos se callaron.
- ¿Por qué no paráis un poquito?- Y me miró- Continúa.
- Mi familia y yo nos acabamos de mudar a Vaydell City, hará media semana, y no conozco muy bien la ciudad. Me ha traído mi madre en coche. A mi no me gusta la idea de haberme ido a vivir tan lejos de donde vivía antes.
Noté como si una chica de la primera fila (era bastante guapa) me mirase mucho y creo que me sonrojé más todavía. Odio sonrojarme. Ya habréis notado que soy algo tímido. Lo cierto es que tengo una personalidad que encaja bastante bien con el tipo que tengo. Soy bastante alto, delgado, con pecas, pelirrojo, con gafas. También soy bastante inteligente, lo que ocurre es que al ser tan tímido casi no lo demuestro.
Como ya he dicho antes, me encanta la ciencia. De mayor me gustaría ser científico, pero mis padres no están de acuerdo. Dicen que me emociono demasiado con esas cosas y que un “crío” como yo tendría que preocuparse más por los estudios. Y eso que siempre saco notables y excelentes, que si no...
- Bien.- Dijo la profesora.- Si eso es todo, puedes sentarte. Tus nuevos compañeros de clase pasaran por tu mesa a saludarte y presentarse.
Al ir a sentarme, Andy me chocó la mano.
Después de todas las presentaciones y de que algún gracioso me diese algún capón en vez de decir su nombre, llego la hora del patio. Andy venía conmigo todo el rato, parece que le había caído bien. Lo cierto es que a mí también me caía simpático. Andy es un chaval bajo y bastante regordete. Caminaba como un pato y eso me hacia mucha gracia, pero no se lo decía por si las moscas.
Salimos a las pistas del instituto y fuimos a sentarnos en las gradas.
- ¿De qué es?
- ¿Eh?- pregunté extrañado- ¿El qué?
- El bocadillo- respondió Andy- ¿De qué es?
- Ah. De mortadela. ¿Por?
- ¿Me das un cacho? Es que no me he traído nada...
- Bueno. Si no te acostumbras...
Le extendí un pedazo bastante gordo y me lo arrebató de las manos, como si tuviera prisa por comérselo. Miré hacia el cielo y suspiré. Me preguntaba qué estarían haciendo mis amigos de siempre, los que nunca más volvería a ver.
Entonces oí mi nombre.
- ¡Jack! ¿Vienes?- Andy me llamaba desde el centro de la pista de fútbol.- Vamos a echar un partidillo. ¿Te animas?
- ¡Vale!¡Pero soy muy malo!
- No creo que les importe a los demás, y a mí menos.
- En ese caso: ¡Vamos allá!
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aí de morros contra el suelo. Por suerte, puse las manos delante y no me hice nada, pero me dolían los codos.
- Eso para que te atrevas otra vez a hacernos perder.- Joe Nylan me miraba con odio, después de haberme empujado.
- Yo ya dije que era malo- Me atreví a contestarle.- Tampoco es para tanto.
Me giré a la izquierda mientras me levantaba del suelo y vi a Andy. Se acercaba rápidamente hacia nosotros con sus extraños andares.
- Joe, déjalo ya, ¿quieres?
- ¡Tú no te metas!- Dijo Joe, y acto seguido empujó a Andy contra mí cuando ya había conseguido levantarme y caí de nuevo contra el pavimento. Entonces le cambió la cara al ver a lo lejos a un profe que se acercaba.- ¡Jack! ¡Que sepas que esto no quedará así!- Y sin decir nada más se marchó corriendo.
El resto del día transcurrió de lo más aburrido. Por fin salimos a las dos. Me despedí de Andy en la puerta de la verja y observé cómo se marchaba calle abajo mientras esperaba a que mi madre viniera a buscarme con el coche. Eso de vivir en la otra punta de la ciudad es un palo.
Estuve allí esperando un cuarto de hora por lo menos, cuando vi aparecer un autobús por la esquina de la derecha del edificio. Pasó de largo y frenó en una parada que había después de cruzar la carretera. Lo que me sorprendió fue ver a mi madre bajarse de él. Se suponía que iba a venir en coche. Salí corriendo hacia ella, le di un beso y me la quedé mirando esperando la explicación de su retraso.
- Lo siento, hijo- Dijo mientras rebuscaba algo en el bolso.- Es que el coche se ha estropeado esta mañana y tu padre lo ha llevado al mecánico. Hasta que lo arreglen tendrás que ir y venir al instituto en autobús. Toma.- Sacó un bonobús y me lo dio.
Aquella tarde echaban una película de lo más estúpida: “La venganza de los Teletubbies”. Por lo menos, mi hermano pequeño, Alex, estuvo tranquilo viéndola mientras yo hacia algo de deberes.
Lo cierto es que no había manera de concentrarse. Cada dos por tres entraba mi padre a la habitación con un montón de cajas en los brazos y me preguntaba:
- ¿Donde te pongo la colección de cómics?
Sí, de acuerdo, la ciencia no es mi única pasión. Leer cómics es algo que me ha gustado desde muy pequeño. Tengo cajas llenas de ellos. Sobretodo colecciono tebeos de ciencia-ficción, son mis favoritos.
Bueno, a lo que íbamos, que con el traqueteo de la mudanza no había quien hiciese nada. Y como tampoco estaba por el asunto decidí ir a dar una vuelta para airearme un poco, y también para echar un vistazo a mi nueva localidad.
- Ten cuidado, cielo- dijo mi madre, y me besó en la cara (las madres siempre tan pegajosas).- Y toma, algo de dinero, por si te pasa algo, para que llames a casa.
- Ni que me fuese a la guerra, mamá...
Cerré la puerta tras de mí, y bajé calle abajo tarareando una vieja canción que se había vuelto a poner de moda. Era una tarde tranquila, es decir, perfecta para salir de casa a tomar algo de aire fresco. Entonces lo vi: ¡una tienda de tebeos y a tan solo dos manzanas de mi casa! ¡Genial! Lástima que a estaba cerrada. Pero bueno, al menos ya sabía dónde conseguir los cómics de cada mes.
Seguí paseando hasta que la tarde empezó a oscurecer. Volví a casa a paso ligero; no tenía ganas de perderme por ahí si se hacia demasiado de noche.
Ya en mi habitación, me puse a ordenar un poco las cosas que tenía en las cajas de la mudanza, hasta que mi madre me llamó para cenar. Entonces, entre los sonidos que produce mi hermano pequeño al engullir la comida, tratamos de llevar una conversación. Hablamos de muchas cosas: el nuevo empleo de papá, lo baratas que son las cosas en las tiendas de por aquí (según el criterio de mamá), mi primer día en el instituto nuevo... La verdad es que fue un día muy completo. También comenté que había hecho migas con un compañero de clase, y les hablé un poco de Andy.
Después de tomar la deliciosa tarta que había hecho mamá no tardé en acostarme.
Al día siguiente me costó mucho levantarme para ir al instituto. De hecho, perdí el autobús; tuve que esperar a que llegara uno público y llegué con media hora de retraso.
Al entrar en clase la profesora Docfiss me miró un tanto mosqueada, pero con un ligero movimiento de cabeza me indicó que fuera a sentarme.
- Andy, haz el favor ayudar a Jack a ponerse al día. – le pidió la profesora al final de la clase. Andy aceptó con gusto.
La siguiente hora pasó volando. Se trataba de la clase de música. El profesor que nos daba esa asignatura era también muy agradable, hasta nos dejaba llevar la música que quisiéramos a clase.
A la hora del patio, Andy y yo dimos una vuelta por el recinto.
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(c) _Alexiel_ 2002