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Revista Mad. No.8. Mayo
2003. Departamento de Antropología. Universidad de Chile
http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/mad/08/paper03.htm
Incursiones en torno a la teorización sobre la
transformación del empresariado y la toma de decisiones en la era de la
globalización
Isaac Enríquez Pérez Sociólogo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la
Universidad Nacional Autónoma de México.
Palabras clave:
Praxis económica, actor socioeconómico,
empresariado, decisión empresarial, globalización, construcción de
mercados, información, organización,
procesos de calidad.
Resumen
Se presenta una categorización de importantes estudios sobre elempresariado
realizados en las ciencias sociales latinoamericanas (tomando en cuenta
sucintamente los estudios y aportaciones realizados en los países
desarrollados).Se identifican y se valoran sus aportaciones para articular
una serie de preguntas yargumentos en torno a la importancia de la toma de decisiones
de este actor en elcontexto de la intensificación de los procesos de
globalización impulsados entre otrosfenómenos por los constantes flujos de
información. Como estrategia metodológica parala
construcción de un conocimiento multidimensional sobre el empresariado y la
toma de decisiones se propone la identificación, análisis e
interpretación de las distintas generaciones de los procesos de calidad y
la vinculación al análisis de la organización como formación social donde
se recrea el individuo y donde convergen sus intereses y motivaciones, así
como la interpretación del sentido de la acción social de los actores para
la comprensión de los procesos sociales.
Introducción
Es
un hecho palpable empíricamente el que la empresa como organización
productiva ha modificado profundamente su estructura relativa al proceso
productivo y al proceso de toma de decisiones a partir de una transición
organizacional que ha desembocado en la optimización del trabajo
intelectual de los empleados y, del consecuente proceso de
concentración/desconcentración de la información. Este hecho en sí mismo a
finales del siglo XX y en los albores del siglo XXI está desembocando en
una reestructuración de la sociedad en su totalidad; no se trata de un
determinismo económico sino de un entendimiento de la praxis económica en
tanto ella misma formando parte de la praxis humana que son las relaciones
sociales históricas que se manifiestan en la reproducción de los individuos
en sociedad a partir de la estructuración de organizaciones. Es el
empresario en tanto actor socioeconómico uno de los participes en los
procesos de construcción de mercados a partir de la especificidad de su
toma de decisiones y de sus misiones y objetivos sociohistóricos (búsqueda
del beneficio satisfactorio o búsqueda de la maximización de las utilidades
en el menor tiempo posible y al más bajo costo); es el empresario un actor
que contribuye a la creación de la historia humana al tiempo que se rehace
y se redefine en el transcurrir de ella, por lo que nos atrevemos a pensar
que esta historia es resultado de la evolución de las estructuras
socioeconómicas y culturales, así como de las convergencias y
contradicciones entre los intereses y motivaciones de los actores
involucrados.
Por
lo que dentro de las ciencias sociales latinoamericanas sigue presente la
necesidad de teorizar sobre el empresariado en tanto actor socioeconómico y
cultural que ejerce poder dentro de la praxis económica a partir de la toma
de decisiones en los distintos niveles de la división técnica del trabajo
que cada vez más articulan una nueva división social del trabajo y una
nueva división internacional del trabajo. ¿Al influir en las instituciones
qué importancia tienen estas decisiones empresariales como acción social en
el proceso de construcción de mercados en el contexto de la globalización?
¿hasta qué punto esta inquietud ha sido analizada
por las ciencias sociales latinoamericanas que teorizan y critican al
proceso de globalización y al empresariado? De estas interrogantes se
desprende que nuestro objeto de estudio en el presente documento son las
investigaciones realizadas en las ciencias sociales latinoamericanas sobre
la toma de decisiones del empresariado en sus organizaciones productivas,
sin dejar de lado la distinción con la producción teórica realizada en otros latitudes. Ambas líneas de investigación
constituyen el universo de observaciones necesarias para la clasificación
porque aportan los elementos necesarios para identificar y valorar lo
teorizado en torno a la empresa y al empresariado y las distintas
expresiones de su acción social y, porque son necesarias para rescatar
alguna luz para la comprensión y para la eficiente investigación de nuestro
objeto de estudio. Se trata pues de mostrar cómo se piensa al empresariado
latinoamericano y de asimilar este pensamiento para plantear algunas
preguntas y pendientes en torno al estudio de este actor.
A
partir del objetivo de estudio definido contemplamos las siguientes tareas:
1) Construir categorías tras el abordaje y análisis de los estudios
realizados en América Latina sobre el empresariado para identificar y
visualizar sus aportes; 2) esbozar posibles líneas de investigación sobre
el empresariado y la toma de decisiones, resaltando la vinculación entre la
organización y el actor partiendo de la tesis de que la primera es
resultado de la interacción de los individuos y de las posibilidades de
estructuración de sus intereses, motivaciones, actitudes y aptitudes,
mientras que el segundo sólo puede recrearse y reproducirse socialmente
dentro de las organizaciones e instituciones.
Si
nos proponemos como tarea, la revisión de una extensa producción académica
generada tanto en los países desarrollados como en las ciencias sociales latinoamericanas
sobre las empresas y sobre el empresariado, es necesario hacer una “suspensión
fenomenológica” que nos permita mirar a los textos con “inocencia”, con
“ojos de niño”, para contrarrestar las tendencias acentuadoras de un
pensamiento sociológico que desfigure el contenido transmitido por los
autores, con lo cual evitamos la rotulación; y para posibilitarnos una
labor hermeneutica en tanto una interpretación y comprensión del sentido de
los textos, lo cual también será útil para enfatizar el carácter social del
significado de las acciones de los individuos y las comunidades, en nuestro
caso, el carácter social del significado y sentido de la toma de decisiones
del actor empresarial y sus vinculaciones con la sociedad.
El
tratar de evadir la rotulación y la deformación de los contenidos será una
labor necesaria para lograr la serie de categorías que revelen la esencia
de los estudios elaborados sobre la empresa y el empresariado. Resulta
también necesario resaltar que estas categorías elaboradas se sustentan en
los textos que se han revisado hasta el momento más que atrevernos a pensar
y expresar que hacemos referencia a todas las investigaciones existentes
sobre el objeto de estudio.
La importancia de la
toma de decisiones empresariales es necesario situarla en el contexto de la
relevancia de la praxis económica como una de las formas de creación
social. Es en esta donde tenemos la posibilidad de visualizar los alcances
de la acción social del empresariado respecto a la sociedad como un todo. Al
tiempo que ubicaremos esta acción social en la discusión sobre la
intensificación de los procesos de globalización haciendo particular
énfasis en la relevancia de la información para la constitución de estos
procesos y el perfil del actor empresarial que la maneja.
Sobre
la praxis económica.
El
ser humano tiene como función histórica vital el crear organización social
(Bagú, 1989), por lo que es en sí mismo y en su intergeneración con otros
individuos un creador de la sociedad que lo recrea, es decir, es un ser que
ejerce la praxis social. “Esto significa que el hombre no es hombre sino
dentro de la comunidad humana, pero es él quien genera ésta por medio de
una incesante continuidad de actos inteligentes” (Bagú, 1989, p. 15). Esta
organización social se genera cuando el hombre resuelve problemas
organizativos inmediatos, casi siempre sin proponérselo y excepcionalmente
con el objetivo preciso y consciente de hacerlo (Bagú, 1989, p. 16). Es así
pues, como existe una praxis social, una praxis económica, un hacer
científico, y hasta un hacer artístico y un hacer religioso que interactúan
para reproducir socialmente a los individuos que influyen en ello mediante
sus intereses y motivaciones. Estas creaciones implican dosis de
racionalidad, además de la acción en comunidad, lo cual por supuesto,
también implica dosis de emoción e imaginación. Si el ser humano se hace
así mismo, hace la historia y se rehace en ella y la transforma, entonces
la praxis es un objetivarse, un subjetivarse y un existencializarse.
Por
lo que si pensamos que la praxis económica (en conjunción con otros tipos
de praxis, es decir, de creación social) es una de las formas que adopta la
reproducción social de los individuos y de la sociedad misma, tenemos que
pensar también, la importancia que adquieren las organizaciones donde el
ser humano se interrelaciona, donde es socialmente determinado y donde
construye su propia historia mediante la práctica de su acción social.
Para un pensador clásico como Carlos Marx, la praxis económica es un fenómeno social
pues “los individuos producen en sociedad, y por consiguiente su producción
es socialmente determinada” (Marx, 1970, p. 23). La praxis económica es
creada por los individuos en sociedad, del mismo modo que es socialmente determinada,
de ello se desprende la importancia de las organizaciones productivas que
involucran a individuos para crear los satisfactores para las necesidades
de la sociedad; es en la empresa donde los individuos socialmente
determinados instrumentan sus ideas para producir. Esta praxis económica
sólo es generalizable a partir de que tiene su génesis en lo social. Es la
satisfacción de las necesidades básicas y las motivaciones de los
individuos lo que origina la praxis económica que influye en el todo social.
Dentro de la praxis
económica, Carlos Marx asienta que los pensadores clásicos ya habían
definido que: “la producción constituye apropiación de la naturaleza por el
individuo en el seno de una forma social dada y mediante la misma”
(Marx, 1970, p. 27) en función de las necesidades humanas; pensaban
que con la distribución se determina la proporción con que participan los
individuos en los productos; mientras que el cambio proporciona los
productos que el individuo quiere obtener, y por último en el consumo los
objetos son disfrutados y apropiados individualmente (Marx, 1970, p. 28).
Por lo que rehace estos conceptos sosteniendo que este no es un ciclo que
se repite, sino que se renueva, al renovarse el ser humano se transforma,
por lo que no debe verse a la producción como el inicio y al consumo como
el final, es un todo que no debe dividirse.
La praxis económica
comienza desde que se piensa mentalmente el objeto, es decir, al generar
ideas sobre cómo satisfacer necesidades se empieza a actuar socialmente.
Dentro de la relación dialéctica entre las partes del todo económico, el
individuo al producir se transforma a sí mismo. Se da una causalidad
dialéctica en la medida en que la forma histórica de la producción
determina la forma de consumo, lo mismo sucede cuando se produce y se
transforma la idea del objeto, pues al momento de consumir se aspira a un
producto mejor o, por lo menos modificado, por lo que las modificaciones
sólo llegan con la experiencia social (a lo largo de toda la praxis
económica está presente esta experiencia).
Es la praxis económica, el punto de convergencia
de la objetivación de la vida humana en la manipulación, apropiación y
transformación de la naturaleza, y de la subjetivación de la naturaleza
transformada en producto para la satisfacción de las necesidades humanas
básicas; esto es, la producción es la objetivación de la existencialidad,
de la subjetividad y de la emotividad (trabajo humano), mientras que el
consumo es la subjetivación de lo objetivado. El trabajo como subjetividad
es el acto para producir lo existente en la representación, es la
subjetividad corporal y simbólica del trabajador que se objetiva en el
producto. La praxis económica también es la convergencia en las ideas del
hacer social e histórico que comprende las expresiones estéticas,
comunicacionales, científicas, éticas, religiosas, geoestratégicas,
políticas, militares, y geopolíticas de los seres humanos.
Todos los elementos
que componen a la praxis económica adquieren significado cuando los
entendemos como momentos de la reproducción de la sociedad en su totalidad.
De esta forma, es la
producción el elemento desencadenante de la praxis económica; por lo tanto,
nuestras inquietudes se centran en los actores socioeconómicos que se
determinan unos a otros en el proceder de sus acciones sociales enfocadas a
la reproducción de la sociedad. Es el empresariado en relaciones de
intersubjetividad, materiales, existenciales y de poder con otros actores
como el trabajador del conocimiento y el trabajador del hacer y mover
cosas, los funcionarios gubernamentales y las instituciones del Estado
sobre el hacer gubernamental (Porter, 1993), los funcionarios de organismos
multilaterales y los desempleados, quienes en su conjunto al influir en las
instituciones participan en la construcción de mercados para la
satisfacción de las necesidades básicas de la sociedad a partir de la toma
de decisiones ejercida por estos actores.
Pero, ¿qué es una decisión enfocada a los
procesos productivos y a la construcción de mercados? Una decisión es un
proceso que le da forma a una acción
social entre actores implicados en los procesos productivos en la totalidad
de la praxis económica y que mediante una estructura organizacional y un
lenguaje corporativo sustentado en principios comunes referentes a la
organización ejercen un grado de autoridad y poder derivados de la
negociación, la persuasión y, aun la imposición respecto a la elección, al
control de la propiedad y a la manipulación de los factores de la
producción para aspirar a la maximización de la ganancia y de la imagen de
la empresa a partir de una visión geoestratégica regularmente formada en
entornos caracterizados por la contingencia y la incertidumbre.
En este sentido, la toma de decisiones se caracteriza por ser una
respuesta a un problema derivado de la falta de correspondencia entre los
objetivos formales de la empresa y la práctica cotidiana de los procesos
productivos; por lo tanto, se decide para reducir este diferencial mediante
la capacidad para ejercer la acción social por los actores involucrados. La
toma de decisiones requiere de la oportunidad para desenvolver esa acción
social y de un cierto conocimiento sobre los procesos productivos; por lo
tanto, los actores involucrados poseen cierto poder derivado del control de
los activos, de los medios de producción y del proceso productivo, el cual
no siempre está en manos de los propietarios del capital, sino en manos de
altos ejecutivos y analistas simbólicos; derivado además, de la capacidad
de negociación y de la sistematización de la información y del conocimiento
organizacional y científico.
Es así como el empresariado gesta decisiones para construir su
futuro, para transformarse y seguir existiendo más que para seguir
sobreviviendo (Acevedo, 1996, p. 72).
Sobre
la globalización como proceso sociocultural vinculado a la toma de
decisiones empresariales mediante el flujo y manejo de la información.
Por
lo general, en los algunos textos y eventos, en las pretensiones
informativas de los medios masivos de difusión comercial, en las
plataformas discursivas de las organizaciones gubernamentales, de las
organizaciones no gubernamentales, de los partidos políticos, entre otros,
encontramos un uso excesivo, paranoico, eufórico y hasta malentendido del
concepto globalización; su historia como tal, se ha caracterizado por un ir
y venir entre la boca y la pluma de muchos; llegándose incluso a su
exageración, a su escepticismo y hasta a su denuncia.
Muchos,
por un lado, argumentan que la globalización es un proceso experimentado a
partir de las actividades económicas del mundo, y que como tal ha llevado a
la reestructuración del capitalismo vía la aplicación del modelo
neoliberal; por otro, la globalización es un proceso relacionado con la
expansión mundial del capital, de la producción de mercancías, de las
telecomunicaciones, y por tanto, se corresponde con la vocación que ha
caracterizado al capitalismo desde su nacimiento, es una etapa más de ese
modo de producción, por lo que no es una fase específica de la historia; más
aún, algunos piensan que la globalización es expresión de una ruptura que
lleva a una fase de reconstrucción del capitalismo tanto como modo de
producción como proceso civilizador, es la nueva expresión del capitalismo
mundial que se ha manifestado a través del mercantilismo, el colonialismo y
el imperialismo (Ianni, 1996 y 1999). Otros más piensan a la globalización
no como proceso sino como ideología sustentada en un discurso que entraña
intereses de fuerzas poderosas que pretenden instalarlo como un paradigma
que encierra falacias como la idea de que es un fenómeno nuevo, homogéneo y
homogeneizante que encamina a la democracia, al bienestar universal y a la
desaparición progresiva del Estado, ocultando con esa postura ideológica a
las relaciones asimétricas que están desembocando en nuevas expresiones de
imperialismo en el mundo (Saxe-Fernández, 1999, 2001; Vilas, 1999). Otros
tantos, argumentan que la globalización y las tecnologías de la información
que la impulsan no son más que nuevas fábulas imperiales (James Petras,
2001).
Desde
una postura más liberal se dice que la globalización es generada por la
radicalización y universalización de las consecuencias de la modernidad, o
sea, es resultado de la continuidad y expansión mundial de las
instituciones emanadas de la modernidad, cuyo dinamismo surge de la
separación entre el tiempo y el espacio, del desanclaje de los
sistemas sociales que consiste en despegar las relaciones sociales de sus
contextos locales de interacción (Giddens, 1990); otros piensan que al
hablar de los procesos de globalización se deben introducir los temas del
Estado, la soberanía y la autonomía, los cuales resultan ser entidades y
conceptos trastocados a la luz de los nuevos procesos donde las decisiones
políticas ya no se definen dentro de un solo Estado-nación, sino a partir
de las pretensiones de un nuevo orden global que se articula desde un
derecho internacional, una internacionalización del proceso de elaboración
de decisiones políticas, los poderes hegemónicos y estructuras de seguridad
internacional, una globalización de la cultura y una economía mundial, para
apostar con ello a una cosmopolitan governance o gobernanza
cosmopolita (Held, 1995).
Finalmente,
en esta apretada síntesis de críticas y teorías de la globalización tenemos
a Manuel Castells, quien presenta como presupuestos la idea de que es la
revolución en las tecnologías de la información lo que está transformando
la base material de la sociedad a pasos agigantados, por lo que las
economías de todo el mundo se han hecho interdependientes a escala global
creando una nueva forma de relación entre economía, Estado, sociedad y
cultura. Esto entraña un nuevo sistema de comunicación con un lenguaje
universal, lo cual ha dado origen a una “Nueva Economía” caracterizada por
estar centrada en el conocimiento y en la información aplicados a la
producción, a la productividad y a la competitividad en ámbitos como las
empresas, las regiones, las ciudades y los países; por ser una economía
global debido a que las actividades económicas dominantes se articulan
globalmente, funcionando como una unidad en tiempo real; y porque funciona
en redes descentralizadas a todos los niveles que permiten una mayor
flexibilidad y adaptabilidad (Castells, 1994, 1998 y 2001).
En
una teorización como esta última, se contempla al conocimiento (1) y a la
información (2) como factores fundamentales para la articulación de los
procesos de globalización. Es la información un factor determinante para
los actores que toman las decisiones empresariales; sin ella, los analistas
simbólicos estarían imposibilitados para la identificación y resolución de
problemas y para la intermediación estratégica; sin ella, la toma de
decisiones empresariales no lograría proyectar la productividad y la
competitividad como elementos clave de la economía; es la información uno
de los factores fundamentales para el desarrollo de las interacciones en
red, por lo que con ella se facilita la integración progresiva de unidades
en tiempo real y a escala planetaria; sin información, el funcionamiento en
red de las economías y de las empresas sería menos flexible y se contaría
con una menor capacidad de adaptación rápida a la demanda específica de los
clientes. Es más, sin información, sin la tecnología necesaria para lograr
una capacidad de gestión y procesamiento, y sin la flexibilidad
organizacional operada por los actores, no se contaría hoy en día con las
bases para la creación de productividad y competitividad en las empresas.
Además, “gran parte de la productividad de la fuerza de trabajo depende, en
primer lugar, de la información y del procesamiento de la información y,
segundo, de la capacidad del trabajador, de su conocimiento específico de
la empresa y de los procesos de la empresa” (Castells, 1998).
Para
Manuel Castells, la vinculación entre la información, la organización y los
procesos de globalización se presenta de la siguiente manera: “con la nueva
tecnología de información puedes tener la flexibilidad de la red y también
la coordinación y unidad de proyecto de la decisión con las tareas que hay
que realizar. Esto se concreta en la aparición de una nueva forma de
actividad económica que llamo la empresa-red y que no son redes de una
empresa” (Castells, 1998). Lo sucedido en el mundo de la empresa en los
últimos veinte años indica que las grandes empresas se han descentralizado
cada vez más, dando autonomía de decisión a departamentos y divisiones en
cada mercado, en cada actividad. El caso de IBM ilustra esto: estaba a
punto de desaparecer como empresa y lo que hizo fue crear muchas pequeñas
empresas. Cada una de ellas recibe autonomía e incluso compiten en ciertos
mercados respecto a cierta línea de producto. La empresa IBM sigue siendo
la unidad de capital, la unidad jurídica, la unidad de estrategia
financiera, pero cada departamento, cada división, cada mercado nacional y
cada sucursal, trabaja con una gran autonomía. Por lo que IBM se convierte
en una red de empresas internas más o menos coordinadas entre ellas
(Castells, 1998).
Esta
innovación en la tecnología de la información y en la gestión
organizacional de las empresas fueron necesarias para la reestructuración
del modo de producción capitalista, la cual buscó profundizar y perpetuar
la lógica capitalista de obtención de ganancias en la relación
capital/trabajo, intensificar la productividad del trabajo y del capital,
aprovechar las ventajas comparativas para extraer ganancias de todos los
rincones del planeta al mundializar la producción, la circulación y los
mercados, y contar con el respaldo del Estado para instrumentar recursos y
políticas públicas que procuren el aumento de la productividad y
competitividad de las empresas y la economía nacional. Las tomas de
decisiones empresariales en gran medida se enfocaron a otros procesos, al
tiempo que el empresariado interactuaba con otros actores para modificar
las instituciones que impulsan la construcción de mercados.
Pero
¿qué significan estas transformaciones? Significa que al transformarse la
organización de los procesos productivos que articulan la praxis económica,
se transformaron los actores socioeconómicos implicados en ellos, por
tanto, son estos actores socioeconómicos quienes al ejercer su poder e
influencia social mediante la toma de decisiones materializadas en las
redes empresariales y en una visión geoestratégica que entraña cierta idea
de cultura y de lo social, son quienes se convierten en uno de los puntos
de partida para la articulación del proceso de globalización.
De
esta forma, concebimos a la globalización como un proceso sociocultural que
hace referencia a fenómenos específicos de la historia humana contemporánea
en tanto el mundo se estructura como un todo en sus aspectos económicos,
sociales, comunicacionales, informacionales, organizacionales, políticos,
culturales, militares, geoeconómicos y geopolíticos. Por lo que es un
proceso que se refiere a relaciones virtualmente instantáneas que no
reconocen fronteras geográficas y temporales, lo cual implica la intensa y
progresiva integración de unidades menores en otras mayores a partir de
actores socioeconómicos y políticos (pero no sólo de ellos) que toman
decisiones sobre las magnitudes de su praxis para reestructurar la sociedad
en su totalidad. Es además, un proceso donde surgen y se reafirman
identidades y lealtades tanto locales como regionales.
La
reconversión de los mecanismos, interacciones e instituciones de la
“sociedad nacional” para subsumirse e integrarse a una “sociedad global”
son acompañados de inmensos procesos de intercomunicación,
interdependencia, y dependencia vía el desarrollo de la informática y las
telecomunicaciones, el dislocamiento entre el tiempo y el espacio respecto
a la toma de decisiones que influyen a escala global, las fuertes
transferencias de capitales especulativos de un ordenador a otro en tiempo
real, así como la transferencia de excedentes de la periferia al centro del
sistema mundial (3). Así, también entraña relaciones asimétricas entre el
centro, la periferia y la semiperiferia, por lo que agregamos que también
“la globalización es un proceso de dominación y apropiación del mundo”
(González Casanova, 1998).
Sobre
la importancia del empresariado como actor socioeconómico en la teorización
de las ciencias sociales.
Las
transformaciones experimentadas en el mundo durante las últimas décadas son
expresión de la evolución de los actores sociales implicados en ellas. El
empresariado como actor socioeconómico no ha quedado al margen de ello
sobretodo si pensamos que es un actor fundamental en la toma de decisiones
enfocadas a la praxis económica.
El
nuevo actor empresarial, los cambios que lo acompañan y los que produce son
derivados entre otros factores, de las modificaciones en los modelos
organizacionales de producción en las empresas, esto es, de la transición
de la producción de alto volumen a la producción de alto valor basado en el desarrollo del conocimiento
específico satisfactor de necesidades concretas de los clientes vía la
multitud de unidades y subunidades descentralizadas unidas a otros grupos
también descentralizados que se desplazan por todo el mundo (Reich, 1993
pp. 91-94). Esta transición en la forma de organizar la producción se gestó
por el surgimiento de una nueva empresa y un nuevo actor empresarial con
características como su actuar a escala global, su concepción que
privilegia la información y el conocimientos aplicado al proceso
productivo, sus contactos con otros actores socioeconómicos y políticos, su
capacidad para adaptarse a diferentes entornos socioculturales y, los
cambios referidos al proceso de toma de decisiones. ¿Hasta qué punto las
ciencias sociales y en especial las ciencias sociales latinoamericanas han
teorizado sobre el perfil y la acción social de este nuevo actor
empresarial?
Para responder a esta
cuestión es necesario definir algunos conceptos como actor socioeconómico y
empresariado. Los actores socioeconómicos son aquellos individuos que mantienen relaciones
intersubjetivas con otros que poseen cierto grado de poder y autoridad en
la toma de las decisiones que modifican los procesos productivos para
lograr ganancias satisfactorias, maximizar los intereses de las
organizaciones a las que pertenecen (gobierno, sindicatos tanto obreros
como patronales, clubes de ejecutivos, etc.), así como impulsar la
expansión de una cultura que impacte en el todo social. Mientras que el empresariado
son aquellos actores socioeconómicos que al poseer o sin necesidad
de poseer los medios de producción, las acciones o el capital ejercen un
control sobre la toma de decisiones y los activos de la empresa mediante la
información y el conocimiento aplicados al proceso productivo, a su
administración y, mediante una visión geoestratégica tendiente a la
agregación de valor a la economía mundial, lo cual también implica cierta
cosmovisión sobre el mundo y la vida, ciertos principios educacionales, hábitos
de consumo y estilos de vida que lo compenetren y lo mantengan cohesionado
a su organización y a su clase social. Su acción social está determinada
por su relación con otros actores participantes en la praxis social y
económica, y en gran medida los aportes de estos influyen en la toma de
decisiones del primero. Cuando se trata de un directivo a sueldo, el
empresario cuenta con una profunda capacidad, especialización y
entrenamiento para la manipulación simbólica tendiente a la identificación
y resolución de problemas, y a la intermediación estratégica (Reich, 1993);
su capacidad innovadora se orienta a la construcción de una estrategia
mundial para alcanzar la ventaja competitiva en las redes empresariales, y
es mediante la toma de decisiones como ejerce su control sobre los medios
de producción, los activos de la organización y el proceso productivo. Al
tratarse de un propietario de los medios de producción y de los activos
financieros, el empresario se define por la influencia familiar y por la
concentración y centralización de información y capital, lo cual lo coloca
como socio mayoritario y presidente del consejo de administración de la
empresa, por lo que su papel en la toma de decisiones es determinante.
Presentamos así una primera distinción en los
estudios realizados sobre este actor socioeconómico: por un lado, los
estudios y textos sobre la empresa y el empresariado realizados en los
países desarrollados, y por otro, los estudios realizados en las
ciencias sociales latinoamericanas.
Textos
y estudios sobre la empresa y el empresariado realizados en los países
desarrollados.
Los
documentos que más se generan y proliferan en la literatura de los países
desarrollados (y que tienden a difundirse masivamente en América Latina)
sobre las empresas y el empresariado son aquellos elaborados en las
ciencias administrativas y destinados a la elaboración de proposiciones
de corte pragmático que contribuyan a la estrategia y geoestrategia de la
empresa. Algunos estudios comprenden desde la evolución de los procesos
de calidad, la importancia del conocimiento aplicado al proceso productivo,
la importancia de la innovación, la reingeniería y la información, el
capital intelectual, la organización inteligente y el papel y formación del
líder dentro de la empresa (Valdés, 1994; Drucker 1991, 1994, 1996 y 2001;
Kanter, 2000), así como la dirección científica, la mentalidad de cálculo
de los managers, la profesionalización de la dirección y administración,
los ejecutivos y su papel en la burocracia empresarial (Guillén, 1989;
Kanter, 2000), la transición de la producción de alto volumen a la
producción de alto valor, las nuevas formas de fabricación y los distintos
tipos de división social del trabajo que se forman a partir de ello (Reich,
1993), la importancia de la estrategia empresarial, de la ventaja
competitiva, del entorno nacional, del sistema de producción mundial y de
la estrategia mundial para hacerle frente, y de las políticas públicas en
la construcción de mercados (Porter, 1993).
Si
bien, muchas de estas publicaciones no son parte de una investigación en
ciencias sociales, resultan importantes por la descripción que elaboran
sobre lo que nos atrevemos a denominar como la fisiología de la empresa;
son importantes también, por la contribución que hacen en torno a la
formación del perfil del nuevo empresario. Son documentos que nos ubican en
el plano de los estrategas y de los asesores de empresas que contribuyen
con su poder y capacidad en cuanto a la toma de decisiones, a formular lo
que hoy conocemos como la “Nueva Economía”; son pensadores muchos de ellos
con oficio académico, que gozan de la cercanía y familiaridad con los altos
gerentes, ejecutivos y accionistas que pilotean la economía mundial, por lo
que su posición cuenta con una sólida visión geoestratégica que pretende
colocar como hegemónica a la nación donde residen. Como estudiosos de las
ciencias sociales, estos textos nos incitan a conocer e interpretar los
objetivos tácitos de las empresas, e incluso también los “hidden goals”
en torno a sus proyecciones en la economía mundial.
Dentro
de las ciencias sociales de estos países, en especial en la Sociología
Francesa, autores como Alain Touraine esbozan una historia de la empresa,
distinguiendo tres grandes etapas y roles distintos
para cada una en el desarrollo del sistema capitalista (4). Son estudios
que enfatizan la dinámica organizacional de la empresa en el tiempo y la
centralidad de la misma en la sociedad contemporánea, rescatando sus
especificidades y las circunstancias en que se presenta, rescatando también
el perfil del nuevo empresario surgido en Europa ante la avanzada de los
modelos organizacionales japoneses y ante la crisis de la sociedad
industrial. Es tal la centralidad que el autor le confiere a la empresa al
pensar que “la historia del desarrollo industrial de occidente es la del
papel en la vida y el pensamiento económicos” (Touraine, p. 1). Es más,
“esa transformación de la empresa no afecta solamente al papel de los
dirigentes, sino de igual modo el de los asalariados y el de sus
sindicatos, y el conjunto de las formas de organización, de autoridad y de
toma de decisiones en las empresas privadas o públicas, industriales,
comerciales o financieras” (Touraine, p. 1). Destaca la profesionalización
de los gerentes que defienden principios de acción inspirados en las reglas
del pensamiento racionalista, así como su capacidad para analizar las
situaciones y reducirlas a sus componentes elementales, definir y repartir
claramente las responsabilidades, asegurar la complementariedad de las
funciones jerárquicas y de las tareas funcionales. Sostiene también, que en
Europa un empresario relevante es un dirigente que ha logrado asociar
estrechamente una estrategia orientada hacia un mercado internacional
(estrategia mundial) en transformación continua y una gestión que apunta a
incrementar la flexibilidad y autonomía de los elementos de la empresa,
integrando también las expresiones del progreso técnico, al tiempo que sabe
manejar las relaciones con los sindicatos (Touraine, p. 12).
Lo
reflexionado por un sociólogo como Alain Touraine es un enfoque comprensivo
que contempla una visión orgánica caracterizada por abordar las relaciones
de la acción empresarial con el todo social interpretado históricamente.
Con
una intensa trayectoria en el estudio de las empresas transnacionales y la
problemática de la soberanía de las naciones, Raymond Vernon en algunos de
sus estudios vincula la relación entre la ética y estas empresas a partir
de la crítica inevitable que despiertan debido a su visibilidad, a su gran
tamaño, a su condición de extranjería identificable, y a su gran poder de
mercado que las lleva a apropiarse del capital del país donde se
establecen, e incluso su poder frente a los sistemas políticos. Las criticas responden al temor de los gobiernos por la
posibilidad de que escapen a los mecanismos de control ideados por ellos, o
porque estas empresas introduzcan elementos que los debiliten, poniendo así
en tela de juicio la autodeterminación y la soberanía nacionales. Se trata
de encontrar una regulación que medie en las disputas nacionales y que
delimite el accionar y las obligaciones de las empresas en el mundo. La
necesidad creciente de inversiones en los países desarrollados encuentran
en las empresas multinacionales provenientes de los países avanzados el
abastecimiento de capital, tecnología y personal directivo, pero el precio
a pagar por parte de los primeros es alto en lo económico y en lo político,
pues sienten vulnerada su independencia y soberanía (Vernon, 1973), por lo
que el autor analiza la compatibilidad de las empresas multinacionales y
los Estados nacionales respecto a sus objetivos y expectativas (Vernon,
1980).
Además,
se identifican una serie de enfoques variados acotados o parciales sobre
los estudios empresariales en estos países:
1)
La concepción ortodoxa del libro de texto (5)con
acentuadas ausencias en el análisis de los actores y del individuo (por lo
que entra en un conflicto teórico con el individualismo metodológico) y en
la explicación de la organización económica, enfoca su análisis al ámbito
de un conjunto de producción (aunque inmediatamente cambia al análisis del
comportamiento en los mercados de insumos y productos) y sostiene a la
racionalidad como ilimitada. Señala además que las empresas se caracterizan
por las transformaciones tecnológicas de las que son capaces mediante
conjuntos o funciones de producción, por ser actores unitarios y
económicamente racionales al maximizar el beneficio o el valor presente,
por operar en mercados de bienes homogéneos (estos mercados se piensan como
instantáneos para insumos y productos), por estar guiadas por las fuerzas
del mercado para que tomen las decisiones de producción que constituyen una
parte de la respuesta global de la asignación social de los recursos, y por
ser la depositaria de conocimiento productivo. “Los tratamientos
convencionales de la teoría moderna presentan a las empresas como conjuntos
de producción que persiguen el beneficio. La motivación del beneficio
podría racionalizarse como un reflejo de los intereses (unánimes) de los
accionistas bajo los supuestos prevalecientes de mercados completos,
competencia atomizada y contratos perfectos [...] Al igual que los
consumidores, las empresas son primitivos lógicos del sistema teórico”
(Winter, 1996, p. 250).
2)
La concepción de la ortodoxia del ensayo de trabajo analiza la
estructura de las relaciones existentes entre los actores involucrados en
la empresa, abordando los problemas sustantivos de los incentivos,
información y control entre propietarios y administradores o entre
administradores y trabajadores, los equilibrios no cooperativos y los
resultados que son “óptimos condicionados” a partir del imperfecto
incumplimiento forzoso de los contratos; concibe también a la racionalidad
económica como ilimitada en el ámbito del intercambio (Winter, 1996).
3)
El enfoque del arbitraje internacional con G. D. A. MacDougall como
principal exponente explica el origen de las empresas transnacionales y
argumenta que el capital fluye de países donde es abundante a donde es
escaso, identifica también los diferenciales de las tasas de interés y las
privilegia por encima del control de inversiones y el arraigo del capital.
4)
El enfoque de las ventajas de propiedad a nivel firma con Stephen
Herbert Hymer (1972, 1976 y 1979) como uno de sus representantes, propone
que cada empresa en la lógica de la competencia trata de desarrollar
activos tangibles e intangibles que significan ventajas para los mercados,
explicando también por qué las inversiones fluyen entre países
desarrollados.
5)
La teoría del ciclo del producto con Raymond Vernon como uno de sus
exponentes, desagrega el proceso en tres frases (el surgimiento de nuevos
productos, los cambios que los mejoran y estandarizan y, su eventual
desaparición), llamando la atención sobre la innovación tecnológica y cómo
se logra una localización e ingreso a los países desarrollados vía la
inversión.
6)
El enfoque de la internalización con Ronald Harry Coase (1994 y 1996
(6) como uno de sus autores, hace referencia a la conexión entre la
organización y el costo, a la forma en que las empresas obtienen beneficios
de las ventajas de propiedad, además de sostener que el tamaño y alcance de
la empresa están determinados como factor principal por los costos
comparativos de las transacciones que se realizan a través del mercado o
dentro de la misma empresa. Reconoce que los distintos procedimientos para
la organización (o “modos de gobernación”) de las transacciones difieren en
sus costos.
7)
El enfoque de los costos de transacción (influido tanto por el
enfoque anterior como por su principal exponente) en el que resaltan
nombres como Oliver E. Williamson (1989 y 1996), Sidney G. Winter y David
J. Teece, señala que las imperfecciones existentes en el mercado son
internalizadas por las empresas a manera de costos; estos costos de
transacción constituyen la organización económica a través del tiempo
debido a la presencia de innovaciones organizativas que estimulan
dificultades transaccionales ya experimentadas, entonces las empresas que
introducen estas innovaciones crecen y prosperan a costa de sus
competidores, por lo que su análisis se ubica en los procesos de
intercambio concibiendo a la racionalidad económica como limitada. Además,
con este enfoque se analizan distintas instituciones económicas y sus
implicaciones en las políticas públicas y laborales, así como las
expresiones de integración vertical de las organizaciones encaminadas a la
reducción de riesgos, y las limitaciones burocráticas impulsadas por el
crecimiento de la empresa, señalando además que el comportamiento económico
es algo intencionalmente racional (Williamson, 1989).
8)
La teoría de la localización cuyo mayor exponente es Michael Porter,
argumenta que las empresas se localizan en países estables, con monedas
fuertes y sistemas políticos en equilibrio, con culturas similares,
recursos naturales aptos para ser explotados, y para generar una ventaja
comparativa. Estas empresas nunca se localizaran en países que carecen de
infraestructura física (insumos, telecomunicaciones) e institucional
(marcos legales y mano de obra barata, régimen fiscal); esta localización
es parte del proceso de decisiones
de la organización para aprovechar de mejor manera la fase productiva.
9)
El enfoque de la economía evolutiva con Armen Alchian como su
principal teórico, mediante una explicación evolutiva derivada de la
atención hacia el comportamiento económico observado señala el aspecto
dinámico de lo inevitable de las decisiones erradas en contextos de
incertidumbre, y el papel activo del ambiente económico en la definición de
los errores y en su supresión. Analiza los procesos de producción (pero
bajo el concepto de rutinas organizativas señala la relación de las
empresas con los propietarios, los clientes y los proveedores de insumos) y
concibe a la racionalidad económica como limitada, así como la manera en
que los modelos se reproducen en el tiempo en medio de una rotación
continua en la población de individuos que exhiben el modelo; aunque su
principal problema teórico a resolver es la comprensión de los procesos de
cambio corrientes, interrelacionados, en la tecnología y en la organización
(Winter, 1996, p. 260).
10)
El enfoque de las ventajas competitivas a nivel firma, industria y país en
el que de nuevo resalta Michael Porter, intenta vincular estos tres niveles
señalando la realimentación que existe entre ellos.
11)
La teoría de las redes con Bernard Michael Gilroy (1993) y Hace como
exponentes, argumenta que el proceso de internalización puede ser complejo;
explica además las características de las redes señalando que al ser estas
horizontales no carecen de jerarquías.
12)
El paradigma ecléctico propuesto por John Dunning (1993), se apoya
y sintetiza corrientes como la de las ventajas de propiedad, de la
internalización y de la localización. Expresa que la capacidad de las
empresas para satisfacer los mercados se genera por la posesión y acceso a
tecnología, información y productos intermedios, lo cual también influye en
la expansión a un mercado externo. Explica el cómo, cuándo y por qué ocurre
esta expansión.
Estos
variados enfoques se encuentran arraigados en una óptica neoclásica que
visualiza el funcionamiento de la organización y sus vinculaciones con
otras unidades y países mediante expresiones geoeconómicas, tecnológicas,
de propiedad y de gestión, sin acentuar en algunos casos el énfasis en el
empresario como actor socioeconómico. Se analiza a la empresa en su
vinculación con el sistema económico y político de las naciones, así como
los peligros que corren los países receptores de sus inversiones (como en
el caso de Vernon). Además, aportan una enorme variedad de conceptos y
categorías para el análisis de las organizaciones productivas y para la
comprensión de la intencionalidad y sentido de las acciones de sus actores.
Mencionados que son enfoques acotados o parciales por enfatizar
problemáticas definidas y soluciones específicas para mejorar el accionar
de las empresas.
El empresariado como objeto de estudio en las
ciencias sociales latinoamericanas.
En las ciencias sociales latinoamericanas, por
lo general y no en todos los casos, han concebido al empresariado en tanto
actor político en relación al gobierno y al Estado, ya sea como grupo de
presión, ya como entidad de consulta, ya como generador de opinión pública,
ya como participe en los partidos políticos y en los procesos electorales,
ya como aliado y beneficiario en la aplicación de determinada política
económica (como es el caso de las privatizaciones que fortalecieron a
grandes grupos empresariales); ya como actor que incide en las decisiones
político-estatales para favorecer sus intereses particulares y de clase,
rompiendo con ello la supuesta lógica de autorregulación del mercado,
contemplando las relaciones de patrimonialismo y corrupción (Garrido, 1988;
Millán, 1988; Garrido y Puga, 1990; Pozas y Luna, 1991; Puga, 1993; Tirado,
1994; Salas-Porras, 2000; Vidal, 2000). En estos estudios es importante el
análisis de los proyectos y los discursos empresariales en torno al papel
del Estado en la economía y en torno a las estrategias de desarrollo
adoptadas. A estos estudiosos los podemos colocar como analistas sobre
la propensión política del empresario o sobre las relaciones estatocéntricas
del empresariado. Se enfocan al estudio de la reestructuración
económica presente desde la década de los ochenta y el protagonismo que ha
adquirido el empresariado en sus relaciones con los actores del Estado y el
sistema político; se investiga sobre las transformaciones estructurales de
la economía latinoamericana y las relaciones que surgen entre los
empresarios y el gobierno, así como las tensiones entre estos y el resto de
los actores sociales. Se analiza al empresario a partir de su presencia en
puestos administrativos y en asesorías presidenciales, así como el papel de
las organizaciones patronales en tanto representantes políticos del
empresariado; se analiza la coincidencia de proyectos entre los
funcionarios de los gobiernos y los grupos empresariales hegemónicos; las
tensiones entre estos actores respecto a la demanda empresarial sobre el
fin del corporativismo que se sustentaba en el control del sector obrero,
campesino y popular, y el tránsito a un neocorporativismo vinculado a la
toma de decisiones a partir de la negociación entre el gobierno y el
empresariado (Garrido y Puga, 1990).
Para el caso mexicano, uno de los argumentos que
sostiene a este tipo de estudios se presenta ante el surgimiento de una
conciencia política en el empresario tras ser excluido del pacto de unidad
nacional derivado de la relación del Estado Posrevolucionario con las
organizaciones de masas; era una doble relación entre el Estado y el
empresariado, por un lado se protegía y se alentaba la expansión de este último
y se le incluía informalmente en las decisiones estatales, pero por otro se
le negaba formalmente como actor político, lo cual condujo a conflictos,
desacuerdos, descontentos y reclamos; pero no solamente las necesidades
políticas del empresariado llevaron a estos conflictos, también fueron
motivo de fricciones la excesiva participación estatal en la vida económica
y sus tendencias monopólicas. Esta nueva conciencia política y la
consiguiente acción política, han convertido al empresariado en un actor
central de las transformaciones económicas y políticas de las últimas
décadas (7). Se trata pues, en esta relación, de equilibrar y hacer
compenetrar los intereses del Estado y del capital, pero también de señalar
las divergencias y conflictos entre ambos.
Estos estudios, se alejan de interpretaciones
ortodoxas, descontextualizadas y carentes del análisis de la especificidad
de las clases sociales, quien han pensado al Estado como una serie de
instituciones representantes de los intereses de la clase capitalista, sin
tomar en cuenta las contradicciones que surgen de sus interacciones; los
estudios sobre las oligarquías mostraban una similitud entre el poder
económico y político o la relación directa entre ambos en la que un poder
deriva de otro, o en la que las acciones de uno son extensiones o
fortalecimientos del otro. Además, estos análisis pretenden alejarse de la
creencia de que el poder empresarial está condenado a desaparecer, por lo
que se piensa que es una pérdida de tiempo el estudio del mismo, lo
adecuado en estas interpretaciones era el enfocarse al estudio de los
grupos sociales organizados con pretensiones revolucionarias (Puga, 1993,
p. 47).
En una perspectiva que
extiende su análisis a la región latinoamericana, se argumenta que en
países que vivieron regímenes militares, después de transitar a gobiernos
civiles se recurrió a los vínculos con el empresariado para ganar cierta
dosis de legitimidad, sobretodo en la combinación con procesos de apertura
comercial y desregulación de las economías nacionales; se piensa, además,
que el Estado sigue siendo una arena política donde se disputa el
predominio de los intereses de las clases sociales, en dicha arena es el
empresariado un actor que se impone al resto (Garrido, 1988; Sidicaro en
Tirado, 1994).
Estos estudios
permiten comprender al empresario en una perspectiva más integral que
complementa a la concepción que lo relaciona con la tenencia de los medios
de producción, y la extiende a una concepción que contempla ciertos
patrones culturales que constituyen la identidad de la clase. Se señala la
expansión del actuar del empresariado a esferas como la administrativa, la
partidista y la cívica a partir de lo cual se constituye como grupo gestor
de los intereses económicos, como agente social en tanto penetra
ideológicamente y como agente político en tanto accede al sistema de
partidos (Millán, 1988). De igual manera, se pone el acento en los vínculos
y relaciones del empresariado con otros actores y, en las acciones de estos
últimos que pueden perturbar los objetivos de las grandes empresas,
sobretodo las inestabilidades políticas, las orientaciones ideológicas y
las sucesiones presidenciales que se generan al interior del gobierno.
Además, el análisis de la interacción entre estos actores nos permitirá
comprender e interpretar su influencia en las instituciones para la
construcción de mercados.
Otros científicos sociales enfocan su análisis
al estudio sobre la propensión geoeconómica del empresariado para
pensar la expansión internacional de las grandes empresas latinoamericanas
(Chudnovsky, Kosacoff, López,
y Garrido, 1999) y en específico de
las mexicanas (Basave, 2000; Vidal, 2000), la formación de alianzas
estratégicas para constituir redes empresariales (Salas-Porras, 1998) y las
nuevas estrategias de expansión empresarial para enfrentarse a la
globalización, o bien, para ser motor de la misma (Basave, 2000; Vidal,
2000). Es de notar que la internacionalización de las empresas
latinoamericanas generalmente fue motivada por el proceso de
reestructuración económica fomentado por el Consenso de Washington. La
dicotomía se planteaba entre “el vivir o el morir”, entre el
confrontar la avanzada del capital extranjero ante la apertura de las
fronteras, o el emigrar hacia otras latitudes. Se afirma que la
internacionalización es catalogada por los empresarios como una respuesta
al agotamiento del Estado desarrollista y su pretendido modelo de
sustitución de importaciones mediante la industrialización hacia adentro y
el proteccionismo que los cobijaba de la avanzada contundente del capital
multinacional. Los procesos de reestructuración de la economía vía las
privatizaciones favoreció la proyección internacional de las empresas
latinoamericanas, pues en gran medida liberalizaron la producción y comercialización,
y afianzaron y fortalecieron a los grupos económicos internos, los cuales
en un futuro muy corto fueron subsumidos por los capitales europeos y
estadounidenses, tal es el caso de la banca.
La
propensión a la expansión e internacionalización de las grandes empresas
latinoamericanas está orientada, según estos estudios, por la necesidad de
resistir o insertarse a las tendencias de los procesos de integración,
regionalización y globalización; por la expansión hacia mercados cautivos
que proporcionen los suficientes recursos naturales y los espacios de
comercialización que sustituyan a los pocos que se tienen en los países de
origen de las empresas; por la necesidad urgente de absorber los avances
tecnológicos y el know how en las esferas tecnológica, financiera,
productiva, comercial y organizacional al insertarse en las redes
empresariales, además de la necesidad de fusionarse con un socio
prestigiado o alguna marca reconocida. El proceso de internacionalización
es definido como un fenómeno económico asociado al desempeño empresarial
(Kosacoff, 1999, p. 105). La conformación de un esquema de IED de las
empresas latinoamericanas se negocia y se procesa al interior de la
organización a partir del acceso a mercados financieros internacionales. Es
más, estos procesos de internacionalización de las firmas latinoamericanas
han sido necesarios para la reestructuración organizacional que les permita
competir en la economía local. Y más aún, entre las motivaciones que
impulsan la internacionalización de las empresas se encuentran la necesidad
de establecerse cerca de los clientes aprovechando las similitudes
culturales, o bien forjando nuevas pautas culturales de consumo; la
necesidad de evadir las barreras arancelarias; la necesidad de acceder a
materias primas; además de la necesidad de acceder a amplios mercados
abiertos por los procesos de regionalización y subregionalización de las
economías latinoamericanas.
El
acceso a mercados internacionales ha permitido a las grandes empresas
latinoamericanas el adquirir recursos clave y desarrollar activos
estratégicos; además de la generación de encadenamientos en el proceso
productivo, el desarrollo y capacitación de los recursos humanos, la
búsqueda de la reinversión de utilidades en el país de origen, integración
a las redes empresariales globales para instrumentar negociaciones mayores,
impulso a la exportaciones; todo ello a partir del estímulo y desarrollo de
las operaciones tecnoproductivas y de la evolución del factor
organizacional de la empresa. En este proceso, el entorno económico e
institucional en el que se desenvuelven las empresas condiciona y favorece
los procesos de ganancia y competitividad (Kosacoff, 1999, p. 130).
Los
procesos de internacionalización apuntan a aumentar el tamaño de las empresas,
a mejorar su competitividad internacional, a diversificar geográficamente
sus inversiones para dispersar riesgos y obtener beneficios, y a
desarrollar la capacidad de management por la actuación en distintos
mercados (Garrido, 1999). Las decisiones de estas empresas se enfocan al
hacer frente a desafíos regionales y globales al competir con las redes
empresariales mundiales que cada vez más apuestan por absorber a las
empresas latinoamericanas; aunque es de notar también, que las empresas de
la región apuestan por fusionarse o adquirir a empresas del país donde se
establecen o bien, a asociarse a las redes empresariales. Una de las
estrategias destacada de las empresas mexicanas en sus procesos de
internacionalización es la búsqueda de alianzas que les permiten extenderse
a los mercados mundiales, ya sea con la facilitación de las exportaciones o
en actividades que agregan valor (de 1993 a 1998, 29 de los 60 grupos no
financieros más grandes del país han realizado esta estrategia); para
Alejandra Salas-Porras, la red de compañías aliadas es muy dinámica y
contradictoria; sin embargo, la necesidad de lograr ventajas
complementarias acerca mucho a las empresas nacionales y extranjeras; el
socio mexicano generalmente busca ser más activo en el ámbito internacional,
ganar acceso a los mercados externos y a la tecnología de punta, mientras
que el socio extranjero busca aprovechar el potencial de crecimiento
mexicano; estas alianzas estratégicas juntan a dos o más empresas globales
en una red empresarial, cumpliendo cada una muchas veces funciones
distintas; algunas son pasivas o activas en cuanto a la toma de decisiones
que afectan la articulación y dinámica de la red (Salas-Porras, 1998).
Estos
estudios sobre la propensión geoeconómica de las empresas nos señalan el
carácter activo del empresariado latinoamericano, y sus tendencias a la
ocupación de mercados para responder a la avanzada de las redes
empresariales globales. No es que el empresariado latinoamericano carezca
de la capacidad para tomar decisiones en un contexto caracterizado por la
mundialización de los capitales hegemónicos, se trata de las motivaciones
diversas que lo impulsan a transnacionalizarse y a evitar su disolución
ante estas redes empresariales (8). En estas investigaciones interesa el
sector empresarial en relación al conjunto de la economía nacional, a sus
transformaciones y a la inserción de esta en el avance de la economía
mundial (Basave, 2000; Vidal, 2000), esto es, a las empresas se les piensa
en tanto constitutivas del sistema económico de los países, además de
relacionar a este con el papel que ocupa en la nueva división internacional
del trabajo y en el proceso de desarrollo.
Otros
estudios con un fuerte contenido y análisis derivados de las ciencias
económicas señalan la importancia de la empresa en tanto indicador
económico vinculándolo a la totalidad del sistema económico nacional, e
incluso relacionándola como indicador a partir de sus ventas anuales para
comprender el avance de los países hegemónicos en su rivalidad por dominar
el sistema mundial (Bergesen y Fernández, 1999); algunos análisis
distinguen entre micro, pequeña, mediana y gran empresa señalando en
números absolutos y relativos el total de unidades económicas, la cantidad
de empleados, las ventas anuales, su vinculación con los sectores
económicos, su contribución al Producto Interno Bruto (PIB), su evolución
en el tiempo y la importancia y deficiencias de sus estrategias de
producción y comercialización (Rueda, 2001).
La
micro, pequeña y mediana empresa por lo general se vinculan al proceso de
subcontratación donde una empresa contratista las subcontrata porque los
costos son más bajos, la mano de obra es más dócil, fomenta la
desincorporación de fases del proceso productivo y de servicios, se reduce
el número de empleados, se debilitan los sindicatos, por lo que se otorgan
salarios y prestaciones bajos; además, de que se cuenta con horarios
flexibles, con una mayor especialización en el proceso, además de que se
tiene una ausencia de sindicato en la empresa subcontratada, y se cuenta
con una mayor calidad en la producción de esta última. Por otro lado, las empresas subcontratistas
al integrarse en las redes empresariales buscan un aumento en sus ventas,
una estabilidad en la demanda de sus bienes y servicios, además de un
aprovechamiento en la transferencia de tecnológica. A partir de esta
subcontratación se elaboran estudios sobre las empresa maquiladora
(Morales) entendiéndola como un eslabón integrado a las redes empresariales
mediante el ensamblaje y fabricación simultánea y dispersa del producto
tras el libre flujo de sus partes; sin embargo, al igual que la
categorización que distingue entre distintas empresas, estos estudios
contemplan a esta empresa maquiladora como parte de un sistema económico
caracterizado por los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) que se
destinan a los países latinoamericanos, las exportaciones que realizan los
países centroamericanos, el número de establecimientos y empleados, así como
el país de procedencia de estas empresas y la ubicación y transformación
geográficas que tienen en países como México.
Estos
estudios que denominamos como caracterizadores de la empresa en tanto indicador
que responde a la dinámica del sistema económico, nos permiten conocer
la importancia de las contribuciones de los distintos tipos de empresas
respecto a las variables macroeconómicas de los países, relacionándolo con
la lucha por la hegemonía mundial y con la composición económica de los
países latinoamericanos, así como interpretar el potencial de los sectores
económicos, y la orientación de la fuerza de trabajo en torno a estos.
Además de mostrarnos la importancia de la integración de unidades
empresariales menores en la formación de redes empresariales.
Finalmente, contamos con los pocos estudios que
analizan la dimensión de la toma de decisiones del empresariado a partir
de la concepción de la empresa como una organización que ha atravesado un
proceso corporativo. Algunos estudios parten de la idea de que la
estructura y organización corporativa en las grandes empresas mexicanas se
funda en una creciente separación entre la propiedad y el control, donde
los altos ejecutivos y expertos juegan un papel importante pese a la
persistencia de la presencia de los miembros de la familia en los consejos
de administración. Estos expertos son necesarios para la orientación en la
toma de decisiones respecto al proceso productivo, el financiamiento, las
alianzas estratégicas y la integración a las redes empresariales, ya que se
decide en términos de dimensiones globales de las acciones y de procesos de
internacionalización de estas grandes corporaciones (Salas-Porras, 1992 y
1997). La tesis se sustenta en el hecho de que el surgimiento y desarrollo
de los cuerpos corporativos producen cambios en la estructura política
porque crean un nuevo actor social, conformado por los altos ejecutivos y
el staff corporativo, que tiende a concentrar una capacidad de
decisión y acción dentro de la corporación en las relaciones con los
accionistas, con las agencias gubernamentales y con el Estado, y la
sociedad en general, y porque al mismo tiempo modifican el peso y las
funciones de los más importantes propietarios o accionistas. Se analiza
también la manera en que los cambios de la estructura y estrategia
corporativas responden, afectan o interactúan con la proyección global de
las grandes corporaciones mexicanas. Se identifica que durante la década de
los noventa la organización de las grandes corporaciones mexicanas se
asemeja cada vez más a la que impera entre las corporaciones de los países
desarrollados, en cuanto a la estructura organizacional, los patrones de
control y entrelazamiento; esta convergencia organizacional ha facilitado
en gran medida la comunicación, interacción e integración, no sólo con los
circuitos financieros, productivos y tecnológicos transnacionales, sino
también con la red corporativa mundial.
Resulta
interesante y provechoso que el marco categorial de esta autora es
integrado por términos como decisión, control corporativo, administración
del control, articulación racional, patrones de entrelazamiento
corporativo; abordando todo ello mediante la metodología del análisis de
redes, donde las relaciones de poder se encuentran a través del
entrelazamiento de directorios corporativos y sus relaciones con las redes
de política y otras instituciones empresariales. Y es mediante ello, como
se llega a conclusiones como la siguiente: la expansión de las empresas
mexicanas hacia mercados globales transforma la organización y estructura
corporativas de distintas formas.
En
este mismo tenor existen otros pocos trabajos que incitan a la
conceptualización de la nueva empresa y los nuevos actores empresariales en
torno al proceso de globalización y la reconfiguración de los mercados
(Pérez y Gándara, 2001; Acevedo López, 1996 y 1998). Se trata de pensar a
los altos ejecutivos de las grandes corporaciones mexicanas a partir de la
consideración de la propiedad corporativa y de la concepción de la
corporación transnacional como un tipo de organización moderno (Pérez y
Gándara, 2001). Se piensa que los mercados al dejar de ser nacionales
requieren de decisiones que apuntan a redefinir las unidades políticas,
además, al tiempo que estos mercados se hacen mundiales estas decisiones
también se redefinen; esta nueva organización de la producción transmite la
lógica de su racionalidad a todo el modo de ser de la sociedad en su
cultura y en su sentido, por lo que se concibe a la empresa como una
organización que es una creación humana, un instrumento cuya arquitectura
define la potencialidad de los colectivos (Acevedo López, 1998, 161, 162 y
182). A decir de esta autora, “...la existencia de la nueva forma de
organización red significa una nueva forma de proyectar, organizar y ejecutar
la toma de decisiones que necesita redefinir las estructuras de poder todo
lo cual permite explicar por qué se están mundializando las formas de
organizar los procesos productivos y con esto trastocar las formas de
distribución de la riqueza” (Acevedo López, 1998, p. 164); esto ha
implicado el surgimiento de nuevos cuadros directivos que no necesariamente
se caracterizan por la propiedad de los activos de las empresas para
ejercer la toma de decisiones ya que cuenta más su capacitación para
dirigir equipos de especialistas (Acevedo López, 1998, p. 168); se toma en
cuenta además, la desconcentración de las decisiones operativas, la
importancia de las nuevas tecnologías y la reacción de América Latina en
tanto sistema económico ante la formación de esta empresa red (Acevedo
López, 1996 y 1998).
Sobre
los rasgos pendientes en torno al estudio del empresariado como actor
socioeconómico en las ciencias sociales latinoamericanas.
Aunque
se han producido estos acercamientos fructíferos y esenciales al estudio de
la nueva empresa y del perfil del nuevo empresariado, existirían otras
vertientes de trabajo que nos permitirían
pensar del todo al empresario como un actor socioeconómico y
cultural que a partir de la centralización/descentralización de la toma de
decisiones respecto al proceso productivo está articulando nuevas
dimensiones de la praxis económica que conducen a la redefinición de la
sociedad en su totalidad. La necesidad de contemplarlo como actor
socioeconómico y cultural dentro de las ciencias sociales latinoamericanas
fomentaría el alejamiento de las imprecisiones conceptuales que se tienen
en torno a procesos como la globalización, la integración y la
regionalización, sobretodo si pensamos en la forma en que América Latina se
inserta en tanto sistema económico a estos procesos.
El
problema de la construcción de mercados como fundamental para
estructurar las sociedades a partir de las acciones sociales y de la
racionalidad de distintos actores que influyen en las instituciones,
requiere plantearse preguntas como las siguientes: ¿qué papel juegan las
decisiones empresariales en la construcción de los mercados? y más aún, las
relaciones de intersubjetividad, de existencialidad y de poder entre el empresariado
y otros actores sociales como el Estado, ¿de qué manera contribuyen en este
proceso de construcción de mercados? ¿cuál es la
racionalidad y las motivaciones del empresariado en esta etapa específica
de la historia y cuál es el tipo de sociedad que pretende en el ejercicio
de su praxis económica y en el proceso de centralización de la toma de
decisiones? más aún, ¿qué representa la América Latina en esta construcción
mundial de mercados? ¿qué actores socioeconómicos
regionales están involucrados en estos procesos?
Si
pensamos que el empresariado latinoamericano formado y consolidado en el
periodo del Estado desarrollista tiende a su desaparición, o bien, a una
transformación de sus funciones en el proceso productivo ante los procesos
de privatización, ante la reestructuración de las economías domésticas, y
ante la avanzada de las redes empresariales y del sistema bancario
mundializado, tenemos que entre las tendencias que enfrentan las empresas
latinoamericanas en el proceso de internacionalización en aras de una
integración regional y global son la capacidad que tienen las redes
empresariales globales para fusionarlas o adquirirlas. A pesar de que
existieron grupos empresariales locales que se beneficiaron con las
privatizaciones de las empresas paraestatales, con los procesos de fusión y
adquisición fomentados por las redes empresariales, solo han servido como
una estación de paso del capital que se traslada cada vez a las
redes empresariales globales. Ante ello, nos planteamos la necesidad de
avanzar en el conocimiento del tipo de decisiones que toma el empresariado
latinoamericano para entender si este actor socioeconómico es activo o
pasivo, si está condenado a perecer o si está en proceso de redefinición de
sus funciones y de sus decisiones ante la avanzada de las redes
empresariales globales sobre la región.
Al
insertarse a los mercados internacionales, las empresas latinoamericanas se
están viendo en la necesidad de reestructurar sus modelos organizacionales,
lo cual implica cambios de los actores que toman las decisiones, y cambios
también en la relación capital/trabajo. Este tipo de empresariado
latinoamericano adoptó un carácter global, aunque gran parte de sus
operaciones las sostiene en la “madre patria”, Carlos Slim y Lorenzo
Zambrano son un ejemplo claro de ello.
El
nuevo empresariado y sus procesos de toma de decisión se entienden a partir
de la interacción con otros actores sociopolíticos y económicos que también
le dan sentido a su acción social, y a partir de otras organizaciones e instituciones
que participan en la construcción de los mercados. Las relaciones del
empresariado con el Estado y con los organismos internacionales tienen que
entenderse no sólo en tanto una lucha por el poder político de una
sociedad, sino que es necesario trascender a dimensiones o categorías que
reflejen el sentido de las políticas públicas en tanto instrumentos del
Estado para construir cierto tipo de sociedad, y en tanto instrumentos que
reflejan la convergencia de distintos actores en ellas y las contradicciones
que se presentan entre los actores participes en la construcción de
mercados.
Una de las líneas de trabajo que proponemos
parte de la necesidad de analizar la evolución del actor empresarial a lo
largo de los procesos de calidad, pensando que es en ellos donde cuanta con
un alto margen de acción y de toma de decisiones. Una categorización
adecuada sobre los procesos de calidad al interior de la
empresa es la elaborada por Luigi Valdés, quien sostiene que han transitado
por generaciones como las siguientes: Primera generación, donde la
calidad se concibe como un proceso para medir y controlar al producto
final; Segunda generación, caracterizada por el hecho de que del
proceso controlado se obtiene información que influye en la toma de
decisiones; Tercera generación en la cual, al ser una estrategia de
negocios se busca adecuar la producción a los retos del mercado; Cuarta
generación en la que con los procesos de mejora continua se orienta a
mejorar y optimizar las actividades de las empresas hacia el cliente
externo, además de que se delega la autoridad y responsabilidad a cada
integrante; Quinta generación, caracterizada por la reingeniería y
calidad total que rediseñan a la empresa con procesos completos
caracterizados por la agregación de valor hacia el cliente, buscando
reducir la burocracia, subcontratar servicios y tender a que los ciclos de
producción sean más cortos, contando con formación de equipos
auto-dirigidos, para desembocar finalmente en una redefinición del concepto
de trabajo; Sexta generación, donde la estrategia incorpora el
pensamiento innovador de todos los miembros de la empresa; además de
pretender una estructura flexible de acción bajo un esquema
centralizado/descentralizado orientado a crear y agregar valor al cliente
vía el conocimiento, así como la sistematización y estructuración del
capital intelectual de la empresa para lograr un crecimiento sostenido
(Valdés, 1994, pp. 117-161).
Si en estos procesos
de calidad, el empresariado plasma la especificidad de su acción social creando,
recreando y orientando la toma de decisiones, entonces surgen preguntas
como las siguientes: ¿Cuál es el sentido de la toma de decisiones en cada
una de estas generaciones del proceso de calidad? Si los procesos de
calidad han evolucionado ¿cuáles son las características de la empresa y
del empresariado en esas transiciones? ¿cuál es el
sentido de la acción social del empresariado en cada generación del proceso
de calidad? ¿cuales fueron los elementos societales que permitieron que
dentro de la empresa a partir de su división técnica del trabajo y
posteriormente a partir de la división social del trabajo se constituyera
una fábrica global articulada a un shopping center global,
los cuales son hoy algunas de las expresiones de los procesos de globalización?
Podemos pensar que en la caracterización elaborada por Luigi
Valdés respecto a la evolución de los procesos de calidad en las empresas,
se identifica a esta calidad primero como forma de control del producto y
posteriormente como estrategia totalizante de los negocios, dentro de un
proceso más amplio de toma de decisiones de los actores al interior de la
organización productiva. La identificación de la empresa como una
organización nos permite analizar sus orientaciones y objetivos
particulares dentro de la división técnica del trabajo y tender un puente
respecto a las estructuras contenidas en esta organización en términos de
que esta es una síntesis del acontecer y de las necesidades de las
sociedades humanas.
Tan solo pensemos lo siguiente: Durante el modo
de desarrollo industrial la toma de decisiones estuvo permeada por la idea
(si bien permanente en el capitalismo) de producir la mayor cantidad de
bienes y servicios con los más bajos costos posibles. Esta obsesión se
persiguió mediante las economías de escala que se sustentaron en la baja de
los costos por unidad y en la maximización del rendimiento del proceso
productivo para que el cliente tuviese una gran cantidad de productos,
radicando la competencia interempresarial en ofertarlos al más bajo precio.
El objetivo de todo actor que tomaba decisiones en las empresas era la
maximización cuantitativa de los factores de la producción (tierra, trabajo
y capital) para producir beneficios satisfactorios. La toma de decisiones
tenía como enfoque de la estrategia del empresariado la idea de que la
producción de un solo producto estandarizado permita incrementar el volumen
de la producción sin hacer más grande la contratación de trabajadores; con
ello, se evitaba el enfrentar la imposibilidad o incapacidad de producir
con rapidez una diversidad de bienes y servicios. Además, se apostaba a
reducir los gastos en investigación aplicada a la producción y el costo
derivado de la distribución y circulación de los nuevos productos; también
se aprovecharían las economías de escala y se ahorraría tiempo al evitar el
cambio de productos en las empresas. El conocimiento aplicado se orientaba
a optimizar y eficientizar el proceso productivo y a elevar la escala y la
rapidez de la producción con maquinaria que dependiera del más bajo número
de trabajadores. La decisión que buscaba aumentar la velocidad del proceso
productivo consistía en reemplazar a la fuerza de trabajo por un bien de
capital (Valdés, 1994, p. 63). Las decisiones dentro de esa carrera por maximizar
las ganancias se enfocaban a la instrumentación de tecnologías que
impulsaran una mayor escala, volumen y velocidad de la maquinaria y los
sistemas para generar productos estandarizados, masivos y a bajo precio. Es
así como las decisiones que constituyen estrategias empresariales se
orientaban a mantener la distribución de bienes y servicios en los
mercados; estas decisiones se caracterizaban por ser centralmente
planificadas debido a su estructura piramidal sustentada en el Director
General.
Ya en el modo de desarrollo informacional es el
conocimiento aplicado al mismo conocimiento para lograr la innovación y
aplicado al proceso productivo para agregar valor como objetivación del
trabajo humano, lo que determina gran parte de la toma de decisiones en las
empresas. En esta toma de decisiones se asume que todo lo relacionado con
la producción es un proceso de cambio dinámico, constante y permanente, por
lo que es necesario la evolución y la capacidad de adaptación de las
estrategias de la organización. En la toma de decisiones está presente la
constante reestructuración de las estructuras organizacionales de la
empresa, las cuales al mismo tiempo redefinen la manera en que se crean,
toman y procesan las decisiones. Otro elemento a considerar en la toma de
decisiones es el proceso de trabajo, que para el caso de los países
centrales es trabajo de conocimiento desarrollador de conocimiento aplicado
al mismo conocimiento y al proceso productivo, es decir, la importancia del
conocimiento como rasgo agregado a los factores de la producción está
determinando la forma en que se crean las decisiones empresariales, y al
mismo tiempo está constituyendo un nuevo actor caracterizado por la
manipulación simbólica y por su capacidad para agregar valor a la economía
mundial a partir de su conocimiento, de su competencia, sus contactos
financieros y políticos, así como su versatilidad para adaptarse a
cualquier entorno cultural. Este nuevo actor es el llamado analista
simbólico (Reich, 1993).
La necesidad de analizar a la nueva empresa, al
nuevo perfil del empresariado y los procesos de toma de decisiones implica
un abordaje multidimensional que no solo enfoque al empresario como un
actor político en relación al Estado, ni que coloque a la empresa como un
indicador económico, o bien que aún cuando se estudien los sistemas
económicos y se piense al capitalismo en sus dimensiones estructurales deje
de contemplarse a los distintos actores y motivaciones que lo impulsan.
Dimensiones
como la expansión del empresariado y sus empresas fuera de sus fronteras
nacionales; su inserción en las redes empresariales globales; la presión
para la articulación de determinada política pública que contribuya a la
creación de mercados; los cada vez más acentuados cambios de las
inversiones que están llevando a una metamorfosis del empresariado al dejar
de invertir en la planta productiva tradicional y en fuentes de energía no
renovables tras enfocar dichas inversiones a los monopolios que se
constituyen con el control, dominio y acceso de las tecnologías, los flujos
financieros, los recursos naturales, las comunicaciones (vías de
comunicación como aviación, ferrocarriles, etc., y medios de comunicación
como el Internet, la televisión, etc.), las armas de destrucción masiva
(Amin, 1998 y 2001), la planta productiva ubicada en la periferia, y las
decisiones gubernamentales, son todos ellos garantizadores de las
relaciones asimétricas entre el centro y la periferia; conjuntamente con
las inversiones destinadas a los nuevos ejes tecnológicos acumuladores de
la riqueza: la electroinformática/robótica, la ingeniería
genética/biotecnología, las nuevas energías, y la exploración de nuevos
materiales/nanotecnología (Delgado, 2001). ¿Hacia donde se destinan las
inversiones? ¿desarrollo de tecnología generadora
de riqueza o fomento del aparato productivo? ¿qué
criterios concibe el empresariado en la dirección tomada por las
inversiones? ¿qué tipo de inversiones se
privilegian en el proceso de toma de decisiones?
Es
la toma de decisiones empresariales una de las acciones que nos permiten
comprender la nueva articulación de la división técnica del trabajo, la
cual constituye a la empresa como una organización desconcentrada en cuanto
al proceso productivo y a los niveles de toma de decisiones; esta
fragmentación del proceso productivo conforma a los productos finales como
derivados de insumos internacionales; es esta producción y comercialización
de bienes y servicios diversificados en ciclos cortos y fraccionados, que
responden a las necesidades específicas del cliente, lo que está
constituyendo una nueva división internacional del trabajo que impulsa a la
globalización en tanto proceso organizacional y sociocultural. Es la toma
de decisiones empresariales y las formas de organización de la división
técnica del trabajo lo que está constituyendo también una división social
del trabajo que cada vez resulta más ambiguo categorizarla en sector
agropecuario, sector industrial y sector servicios sobretodo si pensamos
que aquellas empresas que tradicionalmente producían bienes se están
convirtiendo en empresas de servicios o en gran medida estos ocupan una
porción amplia de sus procesos productivos y cada vez menos sus productos
son derivados del proceso industrial.
En suma, estos y otros pendientes es necesario enfrentarlos
conceptualmente superando una postura de denuncia desde las ciencias
sociales latinoamericanas. La postergación de esto nos está conduciendo a
una falta de claridad conceptual sobre los actuales procesos, los actores
sociales involucrados y sus manifestaciones en América Latina.
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Notas
[1]1) Para Daniel Bell (1994), el
conocimiento es una serie de afirmaciones organizadas de hechos o ideas que
presentan un juicio razonado o un resultado experimental, que se transmite
a los demás mediante algún medio de comunicación en alguna forma
sistemática.
2)
La Información es el conjunto de datos organizados y dispuestos a ser
comunicados y difundidos.
3)
Es en expresiones como la dependencia y la interdependencia entre otras
más, en que la globalización se manifiesta en América Latina como un
proceso de transferencia de valor y plusvalor vía la integración a las
redes empresariales globales tras las “ventajas comparativas” ofrecidas por
la región, y como un proceso de trasferencia de excedentes vía la fuga de
capitales, el deterioro de los términos de intercambio, el servicio de la
deuda, transferencias unilaterales, utilidades netas, y errores y
omisiones, pues de 1976 a 1997 se tributaron desde América Latina a otras
regiones del mundo 2 billones, 051 mil 619.1 millones de dólares mediante
estos rubros (Saxe-Fernández y Nuñez, 2001). De esta forma, los procesos de
intercomunicación, interacción e interdependencia planetaria en tiempo real
se entrelazan a los característicos ingredientes de subsunción, dominación
y expropiación/apropiación.
4) La primera etapa caracterizada por el
predominio del capital financiero, esto es, una subordinación de las
empresas a la dinámica de los grandes banqueros y financieros industriales
“donde el espíritu de la empresa no es definido por la gestión de una
organización sino, de manera propiamente capitalista, como de la búsqueda
de un beneficio que corresponda a los riesgos corridos por los capitales”
(Touraine, p. 2), es una etapa en la que el actor principal es el
capitalista; la segunda etapa es la llamada sociedad industrial que se
caracteriza por la racionalización de la organización laboral y productiva
dentro de la fábricas (taylorismo) y por la aplicación de la ciencia a la
industria (Fordismo), contando también con un predominio de un modelo gerencial
de toma de decisiones y de acción en las empresas basado en las “reglas del
pensamiento racionalista”, con lo cual la empresa se convierte en el centro
de la vida social y política de la época, teniendo como actores
predominantes a los organizadores; y la tercera etapa que corresponde a la
sociedad postindustrial con los estrategas volcados al exterior como los
actores más destacados, se caracteriza por estar envuelta en el torbellino
de los cambios en los problemas a enfrentar por los empresarios en las
organizaciones, esto es, se transita del funcionamiento, de los conflictos
y las negociaciones al desarrollo, la innovación y la competencia, por lo
que se concibe a la empresa como agente del cambio económico al reemplazar
los principios de la racionalización por los objetivos particulares de la
estrategia y al fusionar los aspectos económicos, sociales y políticos de
su funcionamiento y al asumir un modelo militar.
5)
La concepción ortodoxa del libro de texto es una categoría introducida por
Sidney G. Winter (1996) para referirse a la teoría ortodoxa de la empresa
asumida por los economistas y expresada en obras de economía del trabajo,
de teoría de la empresa, de producción y costos, de oferta competitiva, de
econometría aplicada que se refiera al comportamiento de la empresa.
Respecto a estos estudios, otros autores como Matin Shubik señalan que
“mientras más elemental sea el libro de texto, más probable será que
contenga información sobre diferentes formas organizativas. Sin embargo, en
cuanto nuestro estudio se vuelve avanzado, ya no nos molestaremos en
diferenciar entre la General Motors y la dulcería local”. Más aun para
Winter, esta concepción “no ofrece ninguna base para la comprensión de los
incentivos y los procesos de las empresas que producen el cambio
tecnológico y organizativo” (1986, p. 258), lo cual se relaciona con su
inadecuación en la explicación de las fronteras de la empresa, y con la
omisión total del problema de la actuación efectiva de las empresas en la
tarea de almacenamiento del conocimiento que se encuentra detrás de la
competencia productiva.
6)
La publicación del clásico artículo de Ronald Harry Coase titulado “La
naturaleza de la empresa” se realizó en 1937 con el título original de “The
Nature of the Firm” en el número 4 de Económica, pp. 386-405, y
posteriormente tras un homenaje a su obra es compilado por Oliver E.
Williamson y Sidney G. Winter (1996 en la versión castellana).
7)
Sobre esta centralidad del empresariado algunos autores sostienen que “a lo
largo de tres sexenios presidenciales, la sociedad mexicana ha presenciado
la irrupción en la escena política de un empresariado que, sorpresivamente,
abandonó su tradicional discreción relativa a los asuntos públicos para
demandar la ampliación de sus márgenes de participación y que, respaldado
por su gran poder económico, promovió un nuevo proyecto de país. La
coincidencia de muchos de sus planteamientos con los de una nueva
generación de líderes políticos ha llevado a la reformulación del modelo de
desarrollo y a transformaciones fundamentales en el Estado mexicano” (Puga,
1993, p. 9).
8) En estos estudios una preocupación constante
es reflejada por Gregorio Vidal (2000): La situación de sobrevivencia que
impera ante el modo en que se presenta la apertura comercial, coloca a los
consorcios (aunque no pretendan la internacionalización) en la necesidad de
competir con las más importantes firmas, lo cual implica un cambio profundo
en la toma de decisiones en materia de inversión y en el modo en que se
está financiando, lo cual implica que las decisiones de inversión de las
corporaciones que actúan en territorio mexicano se toman en función del
comportamiento que existe en los mercados externos, mientras que las
empresas que se internacionalizan conjuntamente con sus estados financieros
está vinculados a la manera en que se comportan las inversiones en el
exterior. Además, la acumulación que es financiada por mecanismos que están más allá de las
fronteras nacionales y la reestructuración de los grupos empresariales es
una fuerza más de este proceso, esto es, las ganancias financieras
generadas en otra época han estado financiando el proceso de integración
con la economía norteamericana, por lo que se mantendrá la compra-venta de
empresas, con entradas y salidas considerables de capital. “En este
escenario inestable el problema es cómo los consorcios y grupos financieros
que están al frente del proceso económico y que no tienen garantizada su
permanencia, logran ampliar la esfera de su dominación y generar modos de
legitimación y de consenso activo. El crecimiento de grandes inversionistas
en la condición de socios de capitalistas del exterior o simplemente de
rentistas, limita las posibilidades de construir una propuesta para un
amplio conjunto de fuerzas sociales y le da fuerza a un proyecto basado en
el dominio de la financiarización de la economía” (p. 176)
Magíster
en Antropología y Desarrollo | Departamento
de Antropología | Universidad
de Chile © 2003
|