FUE ASÍ
Era la vida, que se dibujaba en ese entonces tan clara, tan diáfana.
Era el amor, que se mezclaba con el aroma de calles regadas y atardeceres pueblerinos.
Era la noche, que se anunciaba y me anudaba la garganta, pues debía partir.
Eras vos, tu presente tan complicado que me liberaba.
Te amaba sin pensarlo, sin reparar en ellos.
Te temían. Temían lo que provocabas en mí. Ese ansia de libertad, de vuelo, de ir más allá. Y yo te amaba.
Te necesitaba para no adormecerme convirtiéndome en una más.
Eras la llave a nuevos universos que habitaban dentro mío. Y yo te amaba.
Era el buscar profundamente en cada rincón inexplorado de mi ser. Buscábamos juntos, me guiabas. Y yo te amaba.
Ciruelas. Ciruelas.
Era el tiempo de bailar en primavera y labios rojos pronunciando unas palabras. Tiempo de amargos verdes y una cocina que nos cobijaba. Era el tiempo sin tiempo. Y yo te amaba.
Era tu voz que se expandía en cada casa, el mensaje del amor en tus sentidas palabras.
La corta distancia primero, luego la larga. Incomprensible a mi presente.
Fue el vacío. Fue la nada.
Fue la impotencia hecha condena. El abandono, de mí misma de repente.
Fue el corazón estallando muy adentro, la planta que caía.
Debía ser eterno. El universo conspira.
Fue el tiempo de la pena. Cerrada pena.
Fue el tiempo de las preguntas sin respuestas.
La palabra tan lejana, el crecimiento truncado. La nada.
Y entonces...Cómo fue?
No lo recuerdo.
Omnipotente presencia iluminando el alma.
Recuperar las ganas.
Darle sentido nuevamente a la esperanza.
Levantarse en la mañana y convencerme de que puedo.
Descubrir la maravilla de volver a nacer.
Y tú seguías estando. Formas... formas..
Distinto presente. Caminos que creímos separados.
El vuelo compartido, un solo vuelo.
La libertad de amarnos. El milagro en nuestras manos atrapando el fugaz instante de sabernos uno.
El pecho amplio. El corazón de prisa. El nudo en la garganta.
El sabernos juntos. Dos estrellas, ambas brillan. Todo basta.
Es así. Mi vida.
Eternos. El universo conspira.
Cronopita.