Hola Amber, quiero contarte esa historia, ese cuento
que te dije ayer. No lo tengo muy claro en mi cabeza todavía, no
sé mucho que decir, o qué escribir; sólo que me pareció interesante
la historia. Se trata de David, así se llama, tiene siete u ocho
años, más o menos y es amigo de mi hermana. Yo lo conozco también,
es un chico de lindos rasgos, agradable silencios
o, pero no
es callado, le gusta conversar, pero digamos que conversa sólo si
lo dejan, parece que esperara a que le dieran permiso para hablar,
no es introvertido, sabe hablar de él. Su madre vive con un hombre
que no es su padre, no sé muy bien que tal se llevan. Pero creo
que el hombre no trabaja. La madre de David hornea pan y tortillas
para vender y sacar unos pesos. Y David los sale a vender. No es
un gran trabajo para él, porque la madre no le da mucho para vender.
Sale con apenas dos panes o dos tortillas para que las venda, cuestan
50 centavos cada una, de modo que no serían difíciles de vender.
Pero David no se toma su trabajo muy a pecho, tal vez no alcanza
a dimensionar su tarea. No anda casa por casa ofreciendo sus panes,
solo va a dos o tres casas. Y creo que hace el mismo trayecto todos
los días. La casa adonde siempre va es a casa de mi hermana. Tienes
varios motivos. Primero, pero no el que seguramente le importa a
él, es porque mi hermana le compra.
Aunque pensándolo bien, parece que tiene una técnica de venta, golpea
la puerta hasta que le abren. Sea la hora que fuere, por lo general
a la siesta. Si mi hermana está durmiendo y sienten que le golpean
la puerta sale a atender, porque si no lo hace sabe a que atenerse.
Si no hay nadie en la casa, David golpea la puerta hasta que alguien
vuelve. Puede pasarse dos o tres horas en la puerta del frente de
la casa de mi hermana golpeando hasta que ella o su esposo vuelve.
Si aparece el esposo de mi hermana sabe que no tiene ninguna posibilidad,
pero si llega mi hermana o es ella quien le abre la puerta, seguramente
se siente muy contento. Porque tiene alguien con quien conversar,
con quien jugar, porque la Charo también está, porque puede vender
uno de los dos panes que tiene. También puede estar dos o tres horas
ahí, parado en la puerta si mi hermana no lo hace pasar, su trabajo
no le importa mucho, vender los panes nunca ha parecido ser su cometido.
Después de mucho tiempo de estar ahí y cuando mi hermana empieza
a notar que ya debe ser tarde para él, porque nunca le ha molestado
a ella la presencia de David, David se va sin parecer que le importara
mucho a donde va, pareciera que solo avanza. Y seguramente vuelve
a su casa con el pan que le quedó.
David juega con los juguetes de la Charo; tal vez el nunca vio tantos
juguetes juntos, pero la Charito no se los deja tocar mucho. Eso,
quizás sea lo que él espera cuando golpea la puerta. David no conversa
si con él no conversan, digo que no es el quién propone la conversación,
y está si lo dejan y hasta la hora en que lo dejan estar. Por su
apariencia, no parece demasiado pobre, pero en su casa, seguramente,
tienen mucho menos de lo que les hace falta, tal vez nunca llegaron
a creer que alguna vez podrían tener lo necesario ni un solo día.
Él anda siempre con ropa limpia y arreglado como lo está cualquier
chico de su edad. Camina y anda y habla como si no le importara
demasiado lo que hay a su alrededor, de modo que no parece demasiado
afectado por lo que le falta. Y su ingenuidad permanece intacta,
sigue siendo un niño, gracias a Dios.
Amber, sabes lo que significa el día de Los Reyes Magos? Es el 5
de enero, pleno verano, apenas unos días después de las fiestas
de fin de año; cuando todavía se tiene presente el recuerdo, y algunos
siguen aún indispuestos por esos días. Para los chicos esos cuatro
días han sido de ansiosa espera; han estado esperando el día más
importante del año, además del día de su
cumpleaños. Y no hay chico en argentina sin importar que tan pobre
sea que no sepa lo que es el día de Los Reyes Magos. David también
sabe, sabe cuando es y también sabía que Los Reyes no le iba a regalar
nada ese día. No esperaba nada y solo soñaba con algún regalo, con
lo que le gustaba. Pero sin ninguna esperanza, tal vez. David cree
en los Reyes Magos y en los camellos que toman el agua y comen el
pasto que les dejamos al lado de nuestros zapatos. Alguna vez debe
haber recibido algún
regalo también.
Mi hermana había venido conversando con David acerca de sus gustos
en materia de juguetes y resultó ser un juguete tan barato que le
terminó comprando otros más.
Llegó el día de los Reyes y pasó también antes que David apareciera,
llegó él como siempre golpeando la puerta en medio del calor, con
el sol todavía sin bajar, con su bolsa de hilos de plástico y sus
dos tortillas envueltas en papel madera (a veces las tiene envueltas
en papel de diario nomás). No golpeó mucho la puerta, esta vez mi
hermana lo atendió rápido.
No sé si le habrá comprado alguna tortilla. Hablaron de los Reyes.
Preguntó que le habían traído los Reyes a la Charito. Y contó que
a él no le habían traído nada. Y mi hermana le dijo "yo sé
porque no te han traído nada", "¿por qué?" le preguntó
David. "Porque te lo han dejado acá, en mi casa, a tu regalo",
"aquí?" preguntó David asombrado, y con la alegría que
nacía, sin dudarlo; " ¿y por qué ?" preguntó después,
" no sé..." dijo mi hermana, desentendida y como no dándole
demasiada importancia, " no sé... como anduvieron por acá,
y ellos saben que vos vienes siempre por aquí, me lo han dejado
a mí para que te lo dé..." y mi hermana sacó un paquete con
varios juguetes envueltos en papel de regalo con una tarjetita que
decía, de los Reyes Magos para David.
David rompió el papel, sacó los juguetes y se tiró al piso a jugar
con ellos. No se olvidó de doblar el papel y guardarlo en la bolsa.
Conversó, jugó también con los juguetes nuevos de la Charo, los
que le trajeron los reyes; y después de un rato alzó y juntó sus
juguetes para irse y su bolsa para seguir con la venta.
Ale.