El vuelo SWR 338 partió puntual, desde Glasgow,
a las diez y cincuenta de la mañana. Con ochenta y nueve pasajeros
en Turista y doce en Primera. No pocos, si se tiene en cuenta que
le quedaban Bruselas y Ginebra como escalas previas a su destino
final: EZE, en Buenos Aires. Los Hardstone no disfrutaban, precisamente,
de las mullidas y espaciosas butacas. Sean restregó sus ojos, irritados
como los de Demi, quien se los cubría con anteojos oscuros. Declinaron
la copa de champagne ofrecida por la azafata. -¿Tomaste el sedante?
Pero ella no le oía, no escuchaba nada. Lo miró interrogativamente.
-Mi amor -insistió Sean-, te preguntaba si habías tomado la pastilla.
-Antes de subir -respondió Demi con voz apenas audible-. ¡No lo
puedo creer! ¡No puedo creer que hayamos llegado hasta aquí! Él
bajó la cabeza y no agregó nada más. Mikky, su hijo de apenas cinco
años, había muerto tres días antes, de una extraña forma de leucemia,
diagnosticada unos meses atrás. Desde un principio, ellos supieron
que el niño no sobreviviría. Fueron preparados por los mismos equipos
médicos que lo atendían a él. Y Mikky, finalmente, falleció. Casi
sin sufrir. Un mes antes, un coordinador del Programa había tomado
contacto con ellos. El On Schedule comenzó a funcionar en el 2003,
hacía ya dos inviernos, luego de una importante difusión a través
de todos los medios. Incluso hubo un reality show sobre el tema.
Por ello es que los Hardstone -pese al shock-, no se sorprendieron
con la entrevista. No conocían los detalles, pero sabían de qué
se trataba. -Lamento las circunstancias de esta reunión -comenzó
el manager del programa local, abriendo su laptop-. Pero creo que
es hora de interiorizarlos sobre las alternativas del OS. El Programa
brinda diferentes opciones, algunas de las cuales se encuentran
cubiertas por su Seguro Social. Las básicas, naturalmente -el ejecutivo
sonrió-. Pero pueden elegir otras, como les explicaré. Demi lloraba
en silencio. -¿A usted le parece que éste es momento para decidir
nada? -indignado, Sean miraba a su mujer y sentía su propia congoja.
-Señores Hardstone -agregó el hombre con voz baja pero firme-. Demi,
Sean: ustedes saben que éste es, justamente, el momento preciso.
El médico que asiste a Mikky nos ha notificado, como es su obligación,
del estadío terminal de su hijo. De acuerdo con las especificaciones
del programa, ya estamos en el tiempo previsto para el deceso. Y
es necesario definir la planificación del traslado del cuerpo, asi
como analizar ciertos detalles. Demi levantó la mirada hacia los
ojos de su esposo. Vio en ellos bronca y tristeza. Vio desvalimiento.
Y también vio la misma forma, el mismo color de los ojos de Mikky.
Mikky, ya sin pelo, postrado en la habitación contigua. Muriendo.
Tomó a Sean del brazo, y cubrió su voz con la suya. -De acuerdo,
supongo que tenemos que escucharlo -su tono sereno distendió la
situación. -Gracias. Gracias, Demi, por comprender. Entiendan que
se trata de su propio bienestar. Y… del de Mikky. Sean y Demi se
estremecieron. -Continúo -dijo el coordinador-: hay dos aspectos
que debemos definir. En primer lugar, el traslado de Mikky. El seguro
cubre, además del transporte de los restos, un pasaje en Económica
para el familiar que va a viajar, y la estadía completa por tres
días en la ciudad argentina elegida, de acuerdo con diferentes aranceles.
Ya sea que el servicio se brinde en Buenos Aires, en Córdoba o en
Bariloche, los valores varían, como ustedes comprenderán. Sean asintió.
-Por último, hablemos de la inhumación propiamente dicha. Al respecto,
existen básicamente dos posibilidades: en la primera, los restos
se creman, y la guarda es por cinco años o a perpetuidad. En la
segunda opción, los restos van directamente a tierra en las mismas
condiciones. -Nosotros queremos tener a nuestro hijo cerca -dijo
Sean, sobreponiéndose-¿Qué pasa si no aceptamos ninguna de las propuestas?
-Bueno, como ustedes saben -el coordinador miraba la pantalla de
su laptop- en marzo del 2003 el Parlamento Europeo aprobó una norma
según la cual no se producirían más cremaciones ni inhumaciones
dentro del continente. Y adscribió al On Schedule a la totalidad
de sus países. Hasta la fecha, el Programa cuenta con un solo destino:
la República Argentina, donde se encuentra la sede del OS. -¿Argentina?
-se sorprendió Demi. -Sí, se trata de un emprendimiento integrado
por capitales mayoritariamente argentinos y con un alto grado de
eficacia en los resultados. Me parece importante destacar que, hasta
ahora, ni el Reino Unido ni otro país de Europa ha recibido una
sola queja -los miró con cara de triunfo-. Ustedes no pueden dejar
de aceptar. Demi y Sean se tomaron de la mano. El coordinador observó
los pequeños brillantes en el anular de la joven. -Por lo que sé
de su status económico y social, estoy en condiciones de ofrecerles
el On Schedule Premium, que consiste en el traslado a Buenos Aires,
para dos personas, en primera clase; alojamiento por siete días
en el Sheraton, e inhumación de los restos de Mikky en la mejor
y más cercana necrópolis: Paradiseland, un verdadero vergel ubicado
a la salida de la capital argentina. -O sea que no dentro de la
ciudad -afirmó Sean. -No, Paradiseland queda en los terrenos que,
hasta hace poco tiempo, ocupaba un ente llamado CEAMSE, que procesaba
basura -tecleó algo en su laptop y la giró, presentándoles la pantalla-.
Fíjense. ¿Ven este sector?. Es la zona anglicana. Allí aún quedan
algunas parcelas. Les dejo el folleto con todas las posibilidades
y costos, y las formas que deben completar y firmar en conformidad.
No los molesto más. Piénsenlo. Y el martes, a esta hora, vuelvo
a retirar los papeles. Demi y Sean lo pensaron. Y lloraron. Lloraron
mucho. Y despidieron la vida del pequeño. Y viajaron. No eran los
únicos en el vuelo SWR 338, con escalas en Bruselas y Ginebra, que
llevaban la misma misión. En su fastuosa oficina de Puerto Madero,
José Luis Perá, CEO de On Schedule Inc. y ex político devenido en
empresario, oprimió el botón del intercomunicador. -Madeleine, alcánceme
las carpetas de La Rioja, Catamarca, Chubut y Santa Cruz. Por favor,
no olvide ninguna. Demián, su principal manager, lo miró con sorpresa.
-Parece que vamos a necesitar mucho espacio -. Dijo. -¡Sí, Demián,
sí! -le arrojó un papel desde el otro lado del escritorio-. Leé
este fax. La cara de su segundo cambiaba de color a medida que avanzaba
en la lectura. -¡No lo puedo creer! -explotó Demián- ¡No puedo creer
que hayamos llegado hasta aquí! -¡Sí, señor! El jueves viajamos
a Tokio, y en una semana estaremos firmando con Japón. ¡Un millón
doscientos mil fiambres por año! Imaginate…
