UNIVERSIDAD YACAMBU

 

PRODUCCIÓN EDITORIAL

 

Profesora: Luidys Díaz

                                                                                                                Alumno: Aldo Méndez

 


 

 

 

 

 

 

Fomento de la Lectura-Derecho de Autor y la lucha CONTRA la Piratería ante las nuevas tecnologías

 

 INTRODUCCIÓN

            Vivimos en un mundo cambiante entreverado de fenómenos cada vez más complejos e imperceptibles para la sensibilidad normal, un mundo que se define por la aceleración con que suceden los acontecimientos y las transformaciones implícitas en los mismos. La sociedad se ve involucrada en procesos complicados y de ardua factura para cuya comprensión es cada vez más necesaria la información. Y precisamente esa palabra es la que ha venido a denominar el momento que vivimos. El problema es que ésta es sí misma no significa nada, pues sólo cuando se transforma en conocimiento, en saber, en información asimilada tiene validez y es operativa.

                        El lector puede ser el gran beneficiario de toda esta revolución tecnológica. Por un lado, en el momento en que la información se abre y el lector tiene acceso a lo que hemos dado en llamar la biblioteca universal. Nunca habíamos tenido tanta información tan accesible sin necesidad de movernos de nuestra oficina u hogar. Esa tendencia será creciente. Por otro lado, es previsible que el lector opte por hacer búsquedas de libros a través de su computadora (o de cualquier dispositivo presente o futuro conectado a la Red) y pedidos a domicilio por la comodidad que esto implica. También podríamos imaginar que se aventure cada vez más a explorar la lectura de libros electrónicos. Nuestra afición a la lectura en libros con soporte papel es quizás un vicio generacional. Es posible que nuestros hijos vean cada vez con más naturalidad acercarse al texto a través de dispositivos digitales, y nuestros pruritos caigan vencidos por la fuerza de las nuevas tendencias generacionales a las nuevas tecnologías. 

 

Creación Intelectual, Derecho de Autor y Nuevas Tecnologías

             La multiplicación de la cantidad de informaciones que recibimos, en todos los soportes y a través de todos los canales. Cada año se publican en el mundo más de un millón de libros, cientos de miles de artículos,  se celebran miles de congresos, en defienden infinidades de tesis doctorales, se elaboran informes sin medida, en definitiva, se genera tal cantidad de información que es imposible de dirigir para  cualquier persona, por mucha dedicación que se emplee en ello. Además este contingente envejece rápidamente, por lo que si no es conocido a tiempo pierde toda validez.

            Hoy día, se habla de la crisis de las monografías científicas, de las revistas científicas tradicionales, y de los procedimientos convencionales de transferencia de la información. Y si esto no fuera suficiente, nos enfrentamos a un contexto comunicativo en pleno proceso de transformación de la mano de las grandes redes como Internet, cuya evolución nos sitúa en el terreno de las incertidumbres.

        Las consecuencias que se deriva de todas estas circunstancias es la dificultad cada vez mayor que experimenta el especialista, estudiante, investigador, etc., para satisfacer las necesidades de información.

             La tecnología  trata de fomentar políticas de derecho de autor, opciones que a su vez plantean algunos peligros reales a los derechos de los autores, no solo procedentes de piratas y ‘ciberintrusos’ que se burlan de la ley, sino también por la impresión cada día más difundida de que las leyes tradicionales de derecho de autor están empezando a envejecer. En nuestro esfuerzo para proteger a gran número de participantes que tienen intereses propios (proveedores de servicios, comerciantes de material protegido por el derecho de autor, bibliotecarios, empresas prestatarias de servicios públicos que revenden transmisiones por satélites, compañías telefónicas, educadores, compañías de cable, la lista es larga), corremos el riesgo de pensar que naturalmente hemos protegido a los autores y a los titulares del derecho de autor.

             Pues bien, es evidentemente esos intereses merecen protección contra los abusos, pero sus derechos no deben confundirse nunca con los derechos de los autores. La mejor legislación de derecho de autor de todo el mundo ha protegido siempre el derecho del creador frente a las atribuciones de los titulares de las tecnologías que ganan dinero explotando las creaciones de los autores.  El autor como ser humano ocupa el centro de nuestro universo del derecho de autor y debemos preservar ese núcleo vital a medida que una era va abriendo paso a otra y que una tecnología se desvanece y da paso a otra. El autor debe gozar de la facultad de autorizar o prohibir usos de su expresión creativa en Internet.   

            Quienes creemos en la propiedad intelectual y defendemos los objetivos, deberíamos pensar y planear un nuevo futuro normativo para nuestro mercado digital, sino hallar las maneras de poner el entorno digital bajo el control del autor. Hagamos de la tecnología digital no solo una simple bendición para todos los ciudadanos sino también un instrumento leal de los derechos de los autores.

            En efecto, para superar algunas de las dificultades que va a plantear la enorme demanda de información en forma de libros en las próximas décadas, la imprenta y los actuales canales de distribución no serán los modos más adecuados para atender esas expectativas. Es impensable que para la demanda creciente de una población de cerca de los ocho mil millones de habitantes que tendrá el planeta a mediados del siglo XXI se sigan utilizando los actuales métodos, principalmente para atender la enorme demanda información que sin duda se producirá en un futuro próximo. Ya que con esos métodos se plantean grandes inconvenientes materiales de producción. Por eso, para posibilitar la edición de una gran cantidad de nuevas publicaciones, y también para atender los problemas de distribución que ello conllevará, principalmente debido al hecho de que las comunidades que demandan la utilización de libros están situadas en zonas geográficas cada vez más extensas y más distribuidas.

            Todo esto nos está conduciendo a un nuevo salto en las formas de edición y a una nueva concepción del libro, en el que el soporte de información tiene un fundamento tecnológico distinto del impreso, pero que sus contenidos y organización son similares, con ciertas variantes, a las del impreso, y que ya se denomina libro electrónico. Este salto está siendo producido como consecuencia de la Segunda Revolución Industrial. Consiste, básicamente, en depositar textos en forma digital mediante procedimientos electrónicos sobre un soporte físico (generalmente magnético, o magnetoóptico). Su difusión se realiza por la red, de ordenador a ordenador, o utilizando como soporte el CD-ROM u otro medio análogo. La lectura del libro electrónico se hace directamente en una pantalla de ordenador o de otros dispositivos más recientes, o indirectamente sobre papel mediante su impresión en impresora local conectada al ordenador.

 

Economía del libro: análisis de la industria editorial. Principales retos del sector y el impacto de las nuevas tecnologías

 

            A partir de la década de los cincuenta se produjo un crecimiento notable de la industria editorial, si se tiene en cuenta que a mediados del siglo XX su presencia en la vida económica y cultural del país apenas se destacaba y su producción en términos comparativos era limitada tanto en cantidad como en calidad. Entonces es en los años noventa que la participación del sector privado en la industria tenía carácter minoritario en un mercado dominado principalmente por el sector público.

             Esta situación acrecienta las dificultades para sostener una política editorial que permita elevar de forma creciente la publicación de nuevos títulos, mediante la asignación de subsidios, y apoyos financieros. En la actualidad se presentan en primer las empresas privadas que se caracterizan por operar con capital privado y extranjero, su fin primordial es la publicación de obras orientadas al mercado con el fin de obtener un beneficio para sus accionistas. Entre ellas las que se dedican a la edición de textos escolares y empresas productoras de libros referidos a otros temas. En segundo lugar, se presentan las editoriales institucionales, que se caracterizan porque cuentan con recursos suministrados por el Estado o también aportados por el sector privado. Y en tercer lugar, tenemos las llamadas Editoriales Alternativas mejor conocidas como Editoriales Independientes, estas editoriales operan con subsidios parciales otorgados por el Estado y son básicamente pequeños editores. La producción de nuevos títulos es un indicador del estado de la industria editorial de un país.

             Corresponderá a las editoriales del futuro desenvolverse en un contexto global caracterizado por: la internalización de la educación y el establecimiento de finanzas globales, educación virtual no presencial y un fuerte desarrollo del conocimiento en una economía de redes. Referente a la internalización es conveniente destacar que actualmente muchos estudiantes están matriculados en universidades fuera de sus países de origen y, han comenzado a operar en muchos países filiales o franquicias universitarias, por otra parte las nuevas tecnologías de información y comunicación al cambiar las estructuras de los costos transformarán los niveles de cobertura y conformarán los nuevos tiempos en los que se desenvolverá la actividad del contexto probable de las editoriales.

 

            En lo referente a los estudios o educación no presencial el incremento de los niveles de conectividad  con otros países, por la caída de los costos y, también la compatibilización de los sistemas de alianza globales entre proveedores y la especialización competitiva internacional añaden elementos de incertidumbre al futuro editorial, este contexto global muy exigente para las editoriales motivado a la velocidad como están produciendo estos cambios. Por otro lado el contexto local se caracteriza por restricciones financieras en el caso de las universidades públicas el cual conllevarán a nuevas restricciones y descenso de la demanda y, la disminución de fondos para financiar los proyectos editoriales.

 

            Asimismo, el creciente desempleo profesional y la consiguiente emigración de profesionales y técnicos hacia otras latitudes, acarrearía una disminución de nuevas especializaciones, mientras que la existencia d las nuevas demandas de conocimientos actualizados, y las exigencias e habilidades y destrezas aumentará el volumen de nuevos clientes para las editoriales.

 

            En esta perspectiva, los factores que incidirán directamente en el crecimiento, fortalecimiento y desarrollo de la producción de textos, sin lugar a dudas son el mantener su mercado cautivo de consumidores, como una de sus fortalezas, en crecimiento de la universidades , vía expansión de su matricula o por la creación de nuevas instituciones, que atenderán las crecientes demandas de educación por especialización, actualización de conocimientos y cobertura del déficit de oferta académica, estos elementos son considerados importantes para la producción de nuevos títulos.

             Pero en la década de los noventa se creía que el fin del libro estaba cerca, pero las ventas dicen lo contrario. La oficina sin papeles no es todavía una realidad, de hecho muchas están usando más papel en la actualidad. Y más aún, las computadoras y otras nuevas tecnologías puede que estén reforzando la habilidad para producir y distribuir los libros impresos. El futuro del libro en todo caso estará determinado por el modelo de la economía de información que surja: si desaparece como tecnología viable porque la información digital se vuelve algo común, o si se quedará como una tecnología de información vital porque permanecerá el concepto de propiedad intelectual.

             Al plantear si se tendrán libros en el futuro, la respuesta podría ser no. Vivimos en los últimos días de la era de la impresión. La producción y distribución de libros poco a poco migrará al ciberespacio y la pantalla reemplazará a la palabra escrita sobre papel. Los alumnos podrán descargar e-books (libros electrónicos) mientras que varios textos podrán ser almacenados en un pequeño dispositivo. La publicación electrónica en journals también se está volviendo una actividad común en los escolares. Este tipo de información es no excluyente, puede ser compartida por dos o más personas y usada al mismo tiempo sin generar ningún costo. Muchos lectores a la vez pueden leer un artículo sin necesariamente usar la información, característica que se mantiene aun cuando la información se duplique y distribuye masivamente. Con la llegada del ciberespacio ha surgido también la característica de la información electrónica, su difusión puede ser libre para el beneficio de todos. Ese es el potencial de Internet, aunque muchas empresas han hecho grandes esfuerzos para mantener el control sobre las ideas, la música, los códigos y todos aquellos datos que puedan surcar el ciberespacio.

            Si se plantea nuevamente si habrá libros en el futuro, la respuesta podría ser esta vez, sí. Los argumentos apuntan al significado histórico del libro que convirtió la información escrita en propiedad intelectual, en un producto cuya distribución puede ser controlada y sujeta a leyes. Si los libros se mantienen en el futuro será porque existe un incentivo económico. Los libros sobrevivirán porque son objetos tangibles, la economía de la propiedad intelectual necesitará sobrevivir en forma impresa, en la forma de un libro. Las computadoras podrán alterar la producción y distribución de libros pero tendrán poco efecto en su apariencia física. Tal es el caso de la práctica de impresión de libros a pedido, donde un editor no imprimirá 2 mil copias para vender 500 sino tendrá almacenada la información y la imprimirá según un lector lo solicite.

            En cuanto a la apariencia, ésta podría cambiar un poco. El laboratorio de la empresa Xerox recientemente anunció el “papel inteligente”, una delgada hoja, flexible, hecho de minúsculas esferas, blanco por un lado y negro por el otro, se parece algo a una pantalla de LCD, pero la superficie es flexible en lugar de rígida, como una hoja de papel. En un futuro el libro inteligente estaría compuesto de estas páginas con una médula central que las une y contienen componentes electrónicos, mediante lo cual se podría lograr bajar un texto como libro electrónico y disfrutarlo como uno impreso. Pero incluso sin el papel inteligente, seguramente los libros encontrarán otras vías para emular los ambientes de multimedia e hipertexto de las computadoras con más elementos gráficos y táctiles incorporados.

            Si los libros sobreviven será por su rasgo material, no a pesar de. Si los libros sobreviven como una informática vital, será porque está en los intereses económicos de autores y editores mantener los libros en un formato tangible, físico. Otra de las razones por la cual los libros no han desaparecido y puede que nunca lo hagan tiene que ver con el poder económico de la propiedad intelectual. Si los autores digitales quieren recibir dinero por su trabajo, tendrían que recurrir a la publicidad, tal como han hecho las páginas Web, así los libros electrónicos podrían empezar a parecerse a los sitios desplegados en Internet. Esto podría llegar a pensar que costará mucho a los autores tener el incentivo económico para crear, por lo que Internet logrará su objetivo original de crear y distribuir contenido gratis. Si los productores y consumidores dejan de pensar en la información como propiedad, los libros no se necesitarán.

            El cambio tecnológico exclusivamente no acelerará el fin del libro. Otros factores económicos como el comportamiento de productores y consumidores de información, jugarán un importante rol en esta definición. Si la información permanece como una forma de propiedad intelectual, los autores y editores querrán seguir manteniendo el control sobre su propiedad mediante la mejor tecnología de la cual se ha dispuesto hasta ahora: el libro impreso.

 

Libre circulación el libro: arancelaria, obstáculos y características del comercio del libro. Acuerdo de Florencia y Protocolo de Nairobi.

           

            La sanción de una Ley del Libro que regule la actividad del sector parece una necesidad incuestionable aun para los espíritus más díscolos. Lo que habría que preguntarse es a quién beneficia el proyecto que actualmente aguarda sanción legislativa, proceso apurado por la manía que domina a las actuales autoridades nacionales. Radarlibros entrevistó a diferentes representantes de los sectores involucrados en la producción de libros para conocer los pormenores de un proyecto que, a los ojos de cualquier neófito, pone en pie de igualdad a las pocas editoras nacionales que quedan y a los grandes grupos multinacionales, desprotege las políticas nacionales de edición y traducción, elige la máscara de un falso federalismo (“fomentar el trabajo intelectual de los autores nacionales, particularmente aquellos residentes en el interior del país, y la edición de sus obras”, se lee entre los equívocos fundamentos del Proyecto, pero las provincias aparecen representadas en una absurda Comisión Asesora, mientras la Fundación El Libro sería miembro estable de ese mismo cuerpo colegiado), y otorga precisamente a quienes controlan el mercado editorial beneficios impositivos increíbles en un país como la Argentina (la equiparación de los “derechos del editor” y los “derechos de autor” propuestos por el Proyecto de Ley abre las puertas y las ventanas para que los grandes grupos editoriales reclamen la exención del impuesto a las Ganancias sobre las sumas que ellos mismos consideren corresponden a esa figura jurídica aberrante.

            La gente de la cultura sabe que esta ley salió porque estuvo muy consensuada con los interesados. Los interesados son, claro, las asociaciones que agrupan a los editores, impresores, etcétera. Para el entonces legislador, “esta ley es absolutamente conveniente. Si pertenezco al mundo de la cultura, voy a hacer lo posible por defender el mundo de la cultura. Si esta ley beneficia a las grandes editoriales, en última instancia beneficia al derecho de edición”.

            Los grandes grupos editoriales, por supuesto, ven con beneplácito esta Ley, en lo que se refiere a la venta electrónica de libros (aspecto sobre el cual el proyecto no legisla taxativamente), Leandro de Sagastizábal, director comercial del Grupo Planeta Argentina, considera que el Proyecto es útil porque garantiza el precio único. La salvedad es necesaria en un momento en el que, cualquiera que haya accedido a la compra electrónica del libro lo sabe, la mayor ventaja del sistema son los considerables descuentos. “El verdadero desafío es difundir la lectura. Para ello, el precio es fundamental. La rentabilidad actual de cualquiera de los actores intervinientes en la producción de libros es tan escasa que no admite costos extra”, señala Sagastizábal, simplificando mucho los aspectos que habría que tener en cuenta en relación con la sólida constitución de un público.

            Los sectores no ligados directamente con la producción de libros han manifestado diversos grados de alarma ante un proyecto desprolijo, en el que ni siquiera se define con precisión qué cosa se entiende por “libro”, que ignora con olímpico desdén el sector universitario (no representado en la Comisión Asesora del Libro), que no contempla políticas específicas para las editoriales pequeñas y que ni siquiera reconoce el estado actual del mercado de libros. Etimológicamente, necio es el que no sabe, el que elige no saber, no ver, no darse cuenta. La futura Ley del Libro padece de esa peligrosa forma de ceguera. Pues el interés que despertó entre los intelectuales y escritores la discusión y sanción en el Senado del proyecto de Ley del Libro, a diferencia de lo que sucedió con otras leyes de regulación de la actividad cultural (la de Cine, la de Teatro), que convocaron grupos tan multitudinarios como representativos de los interesados los días de discusión en el recinto. Es cierto: la sociedad se debe un debate sobre los objetivos y fundamentos de la Ley del Libro como instrumento de promoción cultural.

 

Fomento de la lectura: formación de lectores, bibliotecas públicas y programas de promoción de la lectura.

            Leer es un derecho negado durante milenios a la mayoría de la humanidad. Leer es ampliar las referencias que tenemos del mundo, entrar en contacto con el prodigio de la creación intelectual, con el trabajo de otros seres humanos: los autores de los libros o textos que elegimos entre muchos posibles. Leer es un ejercicio que expresa y sostiene la cultura de una nación, su fuerza espiritual y sus valores, su capacidad de resistencia y desarrollo. Leer, aunque parezca una experiencia íntima y solitaria, es participar.

            En la actualidad, y ante las irrenunciables aspiraciones y perspectivas de nuestro desarrollo social, debemos rescatar la dimensión ética del conocimiento frente a los embates de la banalización. La lectura, como pilar esencial de la formación cultural, puede contribuir a la batalla por preservar nuestros valores "Títulos dan los Reyes (nos recordó Martí), pero de ennoblecimiento de alma ninguno mayor que el que se saca de los libros".

            En el mundo en que vivimos, habituados a comprarlo y venderlo todo, la lectura y el libro se han convertido muchas veces en rehenes de las prácticas consumistas generadas por el mercado. Al propio tiempo ha irrumpido una industria cultural que promueve una amplia gama de producciones editoriales, audiovisuales y electrónicas alienantes y mediocres. En medio de la globalización la presencia de un mercado subcultural, tenemos que conservar y desarrollar el diálogo intelectual que propicia un buen libro.

            La necesidad de leer, entre nosotros, requiere asumirse concientemente, y se debe facilitar, inducir y estimular por diversas vías, en consideración a su profunda trascendencia y a la huella que deja en la inteligencia y en el crecimiento espiritual de los individuos en su calificación  profesional y en su conciencia.

            Cabe destacar, que en los actuales momentos existe planes para el fomento de lectura, el cual el mismo incorpora acciones orientadas a la conformación de comunidades de lectores permanentes en todos los grupos poblacionales, mediante actividades y programas de capacitación y formación de promotores, así como de acciones orientadas a mejorar las competencias comunicativas, que conduzcan a la generación de una verdadera cultura de la lectura. Para ello se estimulará la conformación de alianzas estratégicas y la articulación de propuestas, esfuerzos y experiencias que en este sentido se adelantan a nivel nacional y local.

            Además, existe también una ampliación de los sistemas de producción y circulación de los libros a través del PNLB se busca diseñar y poner en marcha, conjuntamente con otros organismos públicos, asociaciones civiles y medios de comunicación, programas y estrategias para la masificación del libro y el incremento de su circulación en todo el país. En particular se busca fomentar la producción de colecciones de circulación masiva y bajo precio, para lo cual se incentivará la activa participación del sector editorial y gráfico, como actores claves en el proceso de ampliación de la oferta editorial nacional.

            De la misma manera, estos planes orientarán acciones con el propósito de generar adecuados canales de distribución del libro. Como parte del proceso de fortalecimiento de la gestión local, se propiciará el desarrollo de actividades para producir materiales que faciliten la conservación y transmisión de la tradición oral y escrita de las comunidades, lo cual constituye un insumo fundamental para fortalecer el carácter patrimonial de las bibliotecas.

Se adelantarán, también, acciones para reorientar las políticas de fomento del libro, publicaciones oficiales y depósito legal, con el fin de estimular la producción de libros e incrementar su circulación.

            Es importante señalar que Una de las razones más graves que ocasiona la falta de lectura es que no se fomenta en el hogar, ni en la escuela, y que en general los profesores de los niveles educativos de preescolar hasta medio superior, además de no leer, carecen de un marco de referencia que les permita ubicar el problema y proponer soluciones. Pues la etapa ideal para iniciarse en la lectura es la infancia, que en la entidad existen recursos humanos con la capacidad intelectual y académica suficiente para fomentar el hábito de la lectura en niños, jóvenes y adultos, siempre y cuando sean debidamente adiestrados, ya que en esta actividad no puede haber improvisación.

 

 

Políticas generales: leyes del libro, consejos nacionales del libro y la lectura, documentos de políticas públicas y acuerdos interinstitucionales para la lucha contra la piratería.

 

            Debido a las frecuentes innovaciones y a la reducción de costes en la tecnología de la información durante la pasada década, la piratería de productos culturales, tales como la música, las películas o el software, se ha convertido en un problema creciente tanto en los países industrializados como en los países en desarrollo, con graves repercusiones a escala local para las culturas, la creatividad y el desarrollo económico. Además  tiene unos efectos desastrosos en el crecimiento de las industrias, entre los que hay que mencionar, una reducción del número de puestos de trabajo y un estancamiento de la diversidad cultural, al resultar la piratería un obstáculo para la diversificación de la producción cultural que accede a los mercados internacionales. Y las medidas encaminadas a luchar contra la piratería se dividen en tres grandes categorías: modernización y mejora de la legislación, de manera que resulte más efectiva contra la piratería; medidas de refuerzo en la aplicación de la legislación ya existente; y campañas de información, destinadas tanto a los ciudadanos, como a las instituciones implicadas, sobre las consecuencias culturales y económicas de la piratería y la necesidad de combatirla.

            Esto ha generado un impacto social y cultural, porque el comercio generado por las obras pirateadas amenaza directamente la supervivencia de autores, músicos, intérpretes, fotógrafos, artistas, editores, productores, y un amplio abanico de profesiones relacionadas indirectamente con la producción de bienes culturales, tales como los técnicos de luz y de sonido, regidores, los trabajadores de las compañías discográficas, de las tiendas especializadas, artistas gráficos, productores musicales, promotores de cine y vídeo, expertos en publicidad y en la promoción de obras culturales. Según estimaciones recientes, la piratería es la causa de la pérdida de 120.000 puestos de trabajo cada año en los EEUU y de 100.000 en la Unión Europea. Es probable que en los países en desarrollo las cifras sean incluso más elevadas, así como el coste en términos de desarrollo igualmente negativo.
 
            En los países donde la piratería tiene una mayor incidencia, se produce una disminución de la oferta de productos creativos, con el consiguiente empobrecimiento cultural. En estos países, el crecimiento de las industrias culturales se ha visto reducido en una proporción alarmante.

              La difusión incontrolada de bienes pirateados impide el desarrollo del trabajo de creación a escala local. Los piratas suelen copiar solamente las obras musicales o cinematográficas de mayor éxito, con las que inundan el mercado. Este fenómeno produce un estrangulamiento de la producción de artistas locales o menos conocidos dentro del panorama musical, debido al hecho de que los productores locales, que tienen que hacer frente al coste de la producción legal, no están, simplemente, en condiciones de competir. Esta práctica puede terminar con una cultural musical o cinematográfica que en otro contexto gozaría de buena salud, con costes sociales y culturales incalculables, si tiene en cuenta que la música y, por ejemplo, las películas preservan la memoria histórica y el diálogo cultural.
 
            El desmoronamiento de la creatividad y de las industrias culturales a escala local empobrece, además, el diálogo cultural internacional, ya que la voz de las naciones que afectadas por la piratería queda silenciada en los mercados internacionales. 

            La incubación del talento creativo, así como la producción, comercialización y distribución de música, software y películas de cine supone una inversión de alto coste y riesgo, incentivada por la existencia de la propiedad intelectual, que garantiza a las compañías el derecho exclusivo de explotación de los productos culturales que producen.
 
            La violación de los derechos de autor por parte de los piratas de productos culturales niega a los artistas e intérpretes la ganancia legítima que genera su labor de creación. Asimismo, las compañías discográficas se ven obligadas a reducir su plantilla de artistas y disponen de menos recursos para reinvertir en nuevos talentos. Por su parte, los gobiernos dejan de percibir grandes sumas en concepto de ingresos por impuestos. Como resultado, los consumidores disfrutan de una oferta reducida y menos diversificada de productos culturales.
 
            Resulta evidente que un buen sistema de leyes para la defensa de la propiedad intelectual, así como su aplicación rigurosa en el contexto internacional, es esencial en la construcción de industrias creativas sólidas que aseguren la diversidad cultural.
 
            Los derechos derivados de la propiedad intelectual, tales como el derecho de autor y los derechos conexos, permiten a las instituciones judiciales emprender acciones penales contra aquellos que copian y distribuyen contenidos creativos sin la autorización de las compañías que han realizado la inversión necesaria para producirlos. Sin el reconocimiento de estos derechos, los artistas carecerían de medios para proteger su trabajo y las empresas no encontrarían los incentivos suficientes para continuar invirtiendo en las industrias culturales.
 
            Asimismo, las actuaciones intergubernamentales resultan particularmente adecuadas para solucionar esta crisis, por lo que la UNESCO ha adoptado una posición pionera en la lucha contra la piratería, a través del lanzamiento de iniciativas en tres áreas de actuación: colaboración en la elaboración de marcos jurídicos para la protección de la propiedad intelectual; asistencia a los gobiernos en el refuerzo de las leyes destinadas a combatir la piratería; y  cooperación en la elaboración de campañas públicas de información sobre el daño que la piratería causa, en el ámbito local, a las culturas y a la creatividad.

            Establecimiento de instituciones de  gestión de derechos de autor y de la legislación sobre propiedad intelectual en el ámbito nacional. La UNESCO colabora actualmente con las instituciones públicas de Zimbabwe y Namibia en la formulación e implementación de marcos legales que hagan frente al problema de la piratería y la gestión colectiva de los derechos de autor.

            Por último, también hay problemas legales, especialmente los relacionados con el derecho de autor. Las estrategias de preservación implican normalmente la copia de la información y/o la utilización de software con derechos de autor, lo que supone que podría haber infracción de tales derechos. Esto es, en términos generales, sólo si se obtiene el permiso del propietario de los derechos se podrían llevar a cabo tales actividades. Además, la mayoría de las obras digitales están protegidas por diversos dispositivos tecnológicos (por ejemplo, los sistemas anticopia), y estos dispositivos, a su vez, están protegidos por las nuevas leyes de derecho de autor, por lo que normalmente no pueden ser eludidos sin infringir la ley.

            En resumen, si las bibliotecas quieren seguir llevando a cabo su tradicional función de preservar las publicaciones como apoyo a la investigación y al acceso al conocimiento, no sólo deben resolver problemas de carácter técnico u organizativo, sino que también deberán superar importantes obstáculos de tipo legal. Estos últimos tienen que ver fundamentalmente con la legislación de depósito legal, la de privacidad y la de derecho de autor.

 

CONCLUSIÓN

 

 

            Es urgente la sanción de una Ley del Libro que sirva para superar los obstáculos que hoy traban el desarrollo y la producción de nuestros creadores, promueva la difusión de sus obras y permita a los editores y a la industria gráfica nacionales competir con la producción extranjera. Para que ello ocurra es imprescindible una intervención indirecta del Estado, que influya sobre los planes de inversión de las empresas y sobre todo lo que involucre al sector editorial y gráfico, con un Consejo Nacional del Libro y la Lectura que debiera integrarse con cargos honorarios, tal como está contemplado en el Proyecto de mi autoría, destinado a fomentar y estimular la actividad y con un rol activo en el control de gestión de los organismos del área.

 

            Son necesarios exenciones y reintegros impositivos, ya que lo ocurrido en la actividad en los últimos años muestra que, en las condiciones actuales, las empresas tienen grandes dificultades para subsistir y se ha producido en el rubro un acelerado proceso de cierres y ventas a empresas transnacionales que puede llevar en poco tiempo a la desaparición del sector editor nacional, lo que afectaría también a la industria gráfica.
 

            La identidad propia se sustenta, de una manera cada vez más notoria, casi exclusivamente en la cultura que cada pueblo es capaz de producir y puede en los hechos consumir. La producción de cultura escrita en sus diferentes manifestaciones, sean éstas puramente literarias, ensayísticas, científicas, artísticas, educativas, de difusión o mero entretenimiento (su edición, impresión, distribución y consumo), constituyen por ello valiosísimas expresiones de identidad nacional. Identidad que sólo podrá preservarse y desarrollarse mediante un apoyo firme y sostenido, sustentado en una legislación y políticas aptas.

 

http://elgranerocomun.net/article86.html

BIBLIOGRAFÍA

 

Staley, David J: Revista The Futurist: La Industria Editorial.- Resumen "El futuro del libro en la era digital".  Publicado en Sep-Oct 2003.

 

Ferreiro, Emilia (Comp.): Nuevas perspectivas sobre los procesos de lectura y escritura. 14ª.  ed.  Edit. Siglo Veintiuno editores, S.A. de C.V. Madrid-España.

 

Cordón, José Antonio: Manual de Búsqueda documental y Práctica Bibliográfica. Edit. Ediciones Pirámide. Madrid-España. 1999.

 

Villarroel Luis: Diagnóstico de las Editoriales Universitarias  en Venezuela. 1ª. Ed. Fondo Editorial Ipasme. Caracas-Venezuela.2005

 

 

Infografía

 

 

http://informationr.net/ir/12-4/paper322.html

http://www.solareditores.com/bitacoras/quehacer/000126.shtml

 

 

 

 

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