NOBLEZA

 

Hombre que al monte vas, el hacha en ristre
no maceres mi carne, no me dañes
el dañar por dañar es siempre triste
y tú eres destructor aunque te engañes.

Yo soy noble, soy leal, soy constructivo;
si algo quieres de mí útil o hermoso
hombre... yo te lo doy, yo soy tu amigo
y de serlo me siento vanidoso.

Yo te doy los perfumes de mis flores,
la delicia sin par de dulces frutos,
los aromas del bosque embriagadores
en átomos de efluvios diminutos.

Te doy mi sombra si el calor te agobia,
curo tu herida con mi sabia fresca,
puedo escribir en mí toda tu historia;
¿qué más quieres, tú, hombre... que te ofrezca?

La cuna de tus sueños infantiles
formaron con las tablas de mi entraña
y fueron para ti frescos rediles
y de tu exploración primer campaña.

Soy leña de tu hogar cuando hace frío
el remo de tu barca que se agita
con rítmico vaivén cruzando el río
o cruzando la mar que es infinita.

La mesa donde comes, soy sumisa
y soy de tu descanso catre o cama
soy tu silla o sillón, soy la repisa
donde velas al santo que te ama.

Soy juguete que alegre se desliza
en la mano infantil que lo atesora
herramienta de aquel que me utiliza
o mueble de belleza encantadora.

Objeto musical: marimba, piano,
clave sonora que a bailar invita,
guitarra que en su vientre puro y llano
vuelca la inspiración más exquisita.

Soy en fin el hogar que te cobija
y me siento feliz si tú me miras
y en servirte mi empeño se prolija
y purifico el aire que respiras.

Soy la tabla final que triste baja
hasta el fondo del hoyo que te espera,
soy comida y amor, soy tu mortaja;
¿dudas hombre que soy quien más te quiera?

No me destruyas, no... porque algún día
si me matas a mí, la muerte es tuya
que causar destrucción, causa sería
que lo mismo que causas... te destruya.

1982

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