NO QUEDA NADA

 

Me viste sumiso rendido a tu planta
por eso pensaste que yo era tu esclavo
que yo era tu perro y tú eras la santa
que debía adorarte con vehemencia tanta
y a tus pies tenderme y mover el rabo.

Yo te di el cariño, que tú no me diste
y todo exigiste, a cambio de nada
o quizá fue cierto que algo me quisiste
pero mis anhelos nunca comprendiste
y fuiste dichosa, sabiéndote amada.

Y yo te adoraba, y yo te quería,
ansiando inocente que hicieras lo mismo,
pero tú egoísta, imperiosa y fría
no miraste nunca lo que en mi alma había
y en mi amante pecho... provocaste el sismo.

Y rompiste el ritmo que por ti latía,
al romper la cárcel que a tu amor me ataba
y de aquel cariño que te tuve un día
si mirar pudieras en el alma mía
solo encontrarías, que no queda nada.

Nada queda ya tan solo la herida;
que aunque dolorida y sangrante un poco
tengo que borrarla de mi pobre vida
para que recobre la ilusión perdida
este iluso y pobre corazón tan loco.

1967

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