LUJURIA

 

De tu sinuoso encanto me prendí fieramente
y mis manos, un par de serpientes sensuales
recorrieron tu cuerpo, ansiosa, locamente,
y entre tus carnes fueron como dos manantiales.

Por las abruptas curvas reptando sigiloso
mi amor se fue tiñendo de rojo carmesí
y te fui poseyendo ardiente y tembloroso
al tiempo que jadeaba de loco frenesí.

Y tu cálida piel, que captó la caricia
respondió desbocada a mi propio calor
y yo que te estrechaba con ardiente delicia
me fundí ciegamente en tu fúlgido amor.

Y la luz de la aurora filtró sus claridades
sobre la tibia cama y al fin nos descubrió
y al ver a nuestros cuerpos unir sus liviandades;
¡hasta la misma aurora de rojo se tiño!

1985

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