ETERNAMENTE

 

No lloréis sobre mí cuando yo muera
ni nada edifiquéis sobre mi tumba
ni flores me pongáis de Primavera
cuando mi cuerpo o mi razón sucumba.

No pongáis mi cadáver mustio y yerto
dentro de los superfluos ataúdes
ni música, ni velas para el muerto;
que nada puede ver, ni oír laúdes.

No grabéis en mi tumba ¡ni epitafios!
que nadie sepa quién se pudre dentro
y no lloréis ¡hipócritas falacios!
que después de la muerte no hay encuentro.

No llores tú... si acaso me quisiste
que nadie llore a mi despojo inerte
que no hay razón para sentirse triste
y no hay razón para llorar mi muerte.

Dejad que mi cadáver putrefacto
abone la simiente en la sabana
que abonar ha de ser mi último acto
nada habrá más allá... ya no hay mañana.

No recéis sobre mí, vanas plegarias
plegarias vanas, sobre huesos yertos,
ni blancos lirios, ni azules pasionarias
me llevéis; pues no sirven a los muertos.

Si algo darme queréis, dádmelo ahora
hoy que vivo y respiro, felizmente
después... ¿ya para qué? llegó la hora
de enmudecer a todo... eternamente.

1959

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