A HIDALGO

 

Oh Patria Mexicana, ¡Patria mía!
tú que engendras colosos y caudillos,
soldados que destacan por su hombría
y hombres ilustres que por su valía
a tu tierra inmortal prodigan brillo.

Tú que engendraste como a Hidalgo, seres
que meciste amorosa con tu arrullo,
cariñosa, cual todas tus mujeres
yo te bendigo Patria ¡porque eres!
cuna y mortaja, bendición y orgullo.

Hidalgo te encauzó por el camino
que tus indios y criollos conquistaron
es él, el precursor de tu destino
es el primer peldaño de tu sino
que con sangre de mártir lo forjaron.

Hidalgo, el cura de la voz amable,
aquel siervo de Dios enternecido
de lánguido mirar y rostro afable
que cambió la sotana por el sable
y su voz se escuchó como un rugido.

Cual rugido feroz, que al viento aterra
y hace temblar de pánico al verdugo
y se sacude a su furor la tierra
porque sabe que sólo con la guerra
podrá el esclavo sacudirse el yugo.

Toda su mansedumbre de cordero
en valor de león trocóse un día,
nació el Patriota; del curita austero
se alzó el vasallo con desplante fiero

y tembló de pavor la tiranía.
Y así, con heroísmo que avasalla
se oyó la voz que libertad pedía
y en el oscuro campo de batalla
impávido al rugir de la metralla
sólo una luz brilló; su valentía.

¡Oh Padre de la Patria! padre bueno
tu sangre fue fecunda, pues regaste
con sangre tuya, de la tierra el seno
fecundando la mies que tú sembraste.

Para escribir tu nombre con decoro
en el libro inmortal de nuestra historia
se necesitan páginas de oro
y brillos refulgentes de meteoro
que hablen en el futuro de tu gloria.

1970

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