EL RUEGO DE UNA MADRE

 

Hace tiempo señor yo te rogaba,
víctima de una cruel egolatría
que salvases al ser que se esfumaba
y que era parte de la vida mía.

No sé porque designio del destino
ese ser inocente y moribundo
no siguió de la parca su destino
y aferróse a la vida de este mundo.

¿Puede llamarse vida su existencia,
en esa cruel penumbra en que vegeta
víctima de la incuria de la ciencia
y de esta fe tan ciega y obsoleta?

Ese fue mi castigo, hoy lo comprendo;
maldita necedad de mi egoísmo
yo no quería sufrir... y estoy sufriendo
y él sufriendo está más... y es por lo mismo.

Ya no soporto más su sufrimiento
y el mirarlo morir sin que se muera,
este dolor me nubla el pensamiento
y quiebra mi razón aunque no quiera.

Por eso Dios te pido y te lo imploro
tengas piedad de él, no de mi pena
y aunque conviertas en caudal mi lloro
líbralo por favor de su cadena.

De esa cadena cruel que no merece
y sobre mí tu voluntad se cierna,
que cada día su tormento crece
y esta pena por él se vuelve eterna.

Llévatelo señor, llévalo ahora
que no sufra ya más; a mí castiga,
que se apague su luz al ver la aurora
y para siempre su dolor mitiga.

Llévalo ya, hacia lugar ignoto
donde viva feliz en ese arcano
no vaya a ser, que el sufrimiento loco
lo libere por medio de mi mano.

Yo, ya no importo, ya morí por dentro
pero, señor escucha mi reclamo
líbralo ya de todo el sufrimiento
¡te lo pido señor... porque lo amo!.


1992

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