EL NEGRO

 

Estaba un negro; muy negro, tan negro como la noche
tejiendo hamacas de pita afuera de su bohío.
la luna su luz filtraba en fantástico derroche
y una sonata de grillos cantaba detrás del río.

El negro también cantaba, con voz cansina, de bajo
la negra lavaba ropa en su rústica batea
en el brasero de leña un pedazo de tasajo
y en el centro de la choza la candela de la tea.

De pronto ¡blancos armados irrumpen en la cabaña!
entre gritos salvajunos como de fiera jauría,
al negro golpean con furia y lo atormentan con saña,
en tanto a la negra inerme, violan con alevosía.

Después silencio de muerte... y cuando llega la aurora
un panorama de sangre sobre la choza se abate,
sobre el cadáver del negro, un pequeñin negro, llora,
la negra... muerta también desnuda... sobre un petate.

... Doce años debe tener aquel negrito que gime,
en sus hinchados ojitos al demonio se adivina,
todo su ser le pregona, que se vengue, que asesine,
y ajeno de todo el drama... un tordo, de lejos trina.

... Diez años pasaron ya... sobre un cadalso sombrío
un altivo negro está con una soga en el cuello,
en sus ojos hay maldad, en su porte desafío,
y en su cuerpo musculoso sobre el sudor, el destello.

... Un sacerdote a su lado con voz solemne le indica;
Arrepiéntete hijo mío de todo lo que has pecado,
deja el odio y el rencor, de tus maldades abdica,
para que tengas perdón, de Dios, para ser salvado.

Esas muertes que has causado, esas mujeres violadas
todo el llanto y el dolor de tu conducta asesina,
son deudas de sociedad que habrán de serte cobradas
y habrán de ser castigadas por la voluntad divina .

¡Yo te conmino por Dios! a renegar del pecado.
Que se aparte Satanás de tu entraña pecadora.
¡Arrepiéntete Luzbel! ¡arrepiéntete malvado!
que quede libre tu alma de tu ansia vengadora.

... Con el odio desbordante fluyendo por su mirada
y en el pecho lacerado la furia del huracán,
del cura escupe la cara con violencia inusitada
y con voz que trueno imita, grita a todos los que están.

¡Malditos, cobardes, perros!... ¡no me importa que me maten!
que torturen o desgarren o me infamen con su voz,
de ustedes todo desprecio y la forma en que me traten
no me importa, les desprecio ¡a vosotros y a su Dios!.

Acaben con mi existencia, destrocen mi negra carne,
que nada puede cambiarme. Mi venganza es duelo abierto,
que ustedes podrán a mí, hoy que me tienen matarme;
pero el odio que les tengo no me lo quitan ¡ NI MUERTO!

Jaló la cuerda el verdugo... el negro se estremeció
mas ni una queja broto que demostrara su duelo.
Duró poco su agonía... la tarde se oscureció,
y la gente enmudeció mirando con miedo al cielo.

Y los restos de aquel negro, tan negro como la noche,
pendiendo de aquella soga impávida y asesina;
quedaron allá, colgando, como deshecho fantoche,
y ajeno de todo el drama... un tordo, de lejos trina.

1978

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