EL MIRLO

 

Yo tuve un mirlo bello
de muy canoro trino
que cantaba a la vida
con ardiente pasión
me cantaba en el pecho
en mi labio, en los dedos
y a la vida reía
como reía yo.

Pero no sé ¿por qué?
se fue apagando el canto
cuando tras la colina
el sol se obscureció
y aquel dulce gorjeo
del melódico trino
se apagó con la tarde
cuando el sol se ocultó.

Y cantóme al oído
un famélico búho
y espectros tenebrosos
me asaltaron sin fin;
rasgando mis oídos
sus sarcásticos cantos
y su nido en mi pecho
escarbó con fruición.

El mirlo ya no ha vuelto
con sus bellas canciones
a cantar maravillas
y sonidos del mar;
se han secado las flores
que en mi jardín había
y en mis venas la sangre
resecándose está.

En mi entraña el silencio
es silencio aberrante
ya no tiembla en mis dedos
la pluma de aquel mirlo
ni mi labio sonríe,
ni la carne me llama
ni mi sangre galopa,
ni aliento tengo más.

1981

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