EL HUERFANITO

 

Cierta noche me encontré
mal vestido, sucio, hambriento
un rapazuelo harapiento
y al punto le pregunté.

¿Por qué en este quicio estás?
¿no ves que es noche y hay frío?
y es inclemente el estío;
¿por qué a tu hogar no te vas?

Y me dijo así llorando;
no tengo casa señor
y aquí buscando calor
estoy la noche pasando.

Le pido por compasión
me regale una moneda
me dijo; con voz muy queda
para calmar mi aflicción.

Hace tiempo que no como
y el estómago me duele
¿por qué nadie se conduele
y me miran con encono?

Me duele el cuerpo de frío
y esta tos que no me deja
a cada rato me aqueja
y taladra el pecho mío.

Así el pequeño decía
y fue cerrando los ojos
yo me acerqué... y de hinojos,
me di cuenta que dormía.

Con mi abrigo le tapé
y cargándolo en mis brazos
volví a encaminar mis pasos
y a mi casa lo llevé.

Lo acosté en el tibio lecho
y lo dejé descansar
pues no quería perturbar
los ronquidos de su pecho.

Un ángel me parecía
con palidez sepulcral
y pensé curar su mal,
ya que el mundo no lo hacía.

Al otro día muy temprano
cuando a despertarlo fui
al verlo me sorprendí
al ver un cristo en su mano.

Lo llamé en vano, pues yerto
se encontraba el ángel mío
estaba rígido y frío
el pobre... ¡ya estaba muerto!

Desde entonces, con cariño;
su recuerdo es obsesión
y guardo en un viejo arcón
el crucifijo del niño
... ¡y un clavo en el corazón!

1963

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