EL BLASFEMO

 

En un paupérrimo jacal de yagua
perdido entre la fronda del follaje
la muerte acecha con su blanco traje
allá, tras la penumbra, en su piragua.

Es de noche; la luna sobre el río,
niquelada guadaña se asemeja
y el aroma del campo al viento deja
olor a zempazuchitl; y hace frío.

En derredor cocuyos nocturnales.
a la seca hojarasca el viento azuza
y en el hueco de un árbol, la lechuza
emite sus cantares infernales.

Adentro del jacal todo es tristeza
que alumbra el parpadear de alguna vela;
las ráfagas del aire que se cuela
barren la superficie de una mesa.

La mesa está sin pan, nada la llena
en el yerto fogón sólo ceniza,
a la luz de una vela que agoniza
ni un mendrugo se ve para la cena.

Mucho tiempo ha de ser que no se come,
en aquel jacalón; las telarañas,
forman sobre la mesa ya, marañas
y en los trastos el polvo manda y pone.

Un hombre arrodillado llora y gime,
una esquelética mujer se muere;
revivirla tal vez el hombre quiere
en medio de un ambiente que deprime.

De repente, rompiendo el infinito
con aullido feroz rasga la noche
escupe al cielo su febril reproche
y lanza al viento espeluznante grito.

¡SEÑOR! ¿EN DÓNDE ESTÁS? ¿DÓNDE TE ESCONDES?
¿ES VERDAD O MENTIRA QUE TÚ EXISTES?
¿POR QUÉ SI TE ROGUÉ NUNCA ME OÍSTE?
¿POR QUÉ, HOY QUE TE LLAMO NO RESPONDES?

¿Por qué me das pesar tan infinito,
a mí, que tus doctrinas profesaba,
a mí, que tus creencias pregonaba?
¡NO ERES DIOS! ¡NO ERES DIOS!... ¡ERES UN MITO!

Ayer murieron por anemia aguda
los dos últimos hijos que tenía
hoy, mi amada se encuentra en agonía;
¿a dónde está tu bienhechora ayuda?

¿Dónde está tu bondad? ¿dónde tu estabas?
¿cuándo yo supliqué piedad divina?
Hoy no tengo ya fe; rabia asesina,
corrompe el corazón donde morabas.

Yo trabajé tremenda, duramente;
fui buen hijo, buen padre, buen esposo
tu doctrina seguí, con fe, con gozo;
¿Por qué te muestras tú tan inclemente?

El mal me lo causaron los humanos,
no tuve culpa yo... y tú lo viste
pero ¿por qué? dime ¿por qué lo permitiste?
si tuviste el remedio en vuestras manos.

Ya me siento morir, bendita sea,
la muerte, cuando llegue a mi carroña
para que acabe el odio que emponzoña
mi alma, que en negarte se recrea.

No quiero ya ver más esta miseria
me repugna ya todo lo que toco
el dolor me volvió blasfemo ¡loco!
víctima del rencor y de la histeria.

¡DIOS DE LOS HOMBRES, SI ES CIERTA TU EXISTENCIA!
y es cierto más allá postrera vida
ruégote a ti con ansia desmedida
nos lleves a gozar de tu presencia.

Mas si cierto no es, si todo es vano,
si es falso todo lo que en ti se inspira
allá en el cosmos gritaré... ¡MENTIRA!
¡NO EXISTE DIOS... PUES ME NEGO SU MANO!

1978

 

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