CON LAS MANOS DESIERTAS

 

No te reprocho nada por el daño que has hecho
al pobre corazón que por ti suspiraba;
si lo has dejado triste, macilento y maltrecho,
no fue tuya la culpa... pues sólo yo te amaba.

El culpable yo he sido, por haberte adorado,
por haber pretendido alcanzar lo imposible
hoy que estoy recordando ese triste pasado
hasta el mismo dolor me parece risible.

Y tendré que burlarme de mi estúpido anhelo
de mi imbécil cariño que por ti yo sentía
¿cómo no comprendí que al volar hacia el cielo,
más mortal y más fuerte la caída sería?

Hoy que solo me encuentro... ¡con las manos desiertas!
he vivido el infierno sin haber fallecido
y he llamado y llorado, invocando otras puertas;
y tampoco ellas han mi dolor comprendido.

Más si acaso, algún día, la tristeza te hiere;
y así como yo sufro tú sufres de agonía
vuelve a mí, que este pobre corazón que se muere,
te volverá a querer... ¡como te quiso un día!

1985

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