Como férvido y póstumo homenaje para mi segunda madre Mamá Mina.

 

Serena era la noche, en el cenit la luna
tras de las densas nubes apenas asomaba
y la luz que brillaba allá tras de la bruma
tal vez sin pretenderlo tragedia presagiaba.

Después de tiempo ingrato de sufrir su agonía
se apagó para siempre la luz de su mirada
más me dejó indeleble lo bello que tenía
y el cariño de madre que a mi me prodigaba.

Jamás tendré otra vez en otras navidades
la dicha que volcaba sobre de mi esta fecha
contigo te llevaste las dulces nimiedades
y las más importantes de mi alma deshecha.

Si estas contenta allá en ese valle ignoto
perdona la tristeza con que te extraño ahora
y disculpa mi llanto con que al dolor agoto
perdona al egoísta que por tu ausencia llora.

Ese cariño grande que sé que me tuviste
es la luz de mi alma que hacia tu alma sube
porque tú de mi vida lo serás... y lo fuiste
esa madre abnegada que de niño no tuve.

Gracias Mamá Mina.
Invierno de 1993

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