CARTA DE UN SUICIDA

 

¿Cómo fue que la idea cruzó mi mente?
¿cómo fue que empezó? no sé decirlo
qué esfuerzo sobrehumano decidirlo
para afrontar morir serenamente.

Pero ya estoy aquí; nada me aterra,
nada espero que pueda arrepentirme
que mi sola ilusión es el morirme
y reposar al fin bajo la tierra.

Ha tiempo ya, en que lejanos días
de amor profundo cobijaron mi alma,
sentí la beatitud que con su calma
llenó de inspiración mis alegrías.

Y el momento llegó tajante y triste,
en que cruel desengaño me abatiera
y vi que la ilusión es vil quimera
y que ni Dios ni la verdad existe.

Que es mentira la vida, los amores,
la mujer, los amigos y los hijos,
los infiernos y dioses que prolijos
regalan cardos y prometen flores.

Hoy que al fin con el paso de los años
juzgo al mundo por toda su mentira
me nutro con la sabia de la ira
producto de mis crueles desengaños.

Estoy aquí frente a la boca fría
que vomita feroz plomo caliente
y pronto habrá de traspasar mi frente
deshojando mi cuerpo en forma impía.

Entonces sí, después del estampido
que fulmine mi entraña y mis ideas
que tal vez son absurdas por ateas;
pero son mi verdad... yo lo he vivido.

Al fin podré participar al mundo
el odio que en mi pecho sepultaron.
A ellos que mi vida envenenaron
a cambio yo les doy rencor profundo.

Ya no tiembla mi mano. Aquí todo se acaba
descansando en mi sien como gélido beso,
del arma que me salva ya no siento su peso,
sólo siento penumbra y vacío y... nada.

1988

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